Salud
Las razones científicas detrás de la aplicación en los niños del refuerzo de la vacuna contra el COVID-19
Chile, Estados Unidos y Argentina autorizaron la administración de dosis de refuerzo. Cuál es la importancia y qué buscan con esta aplicación
El 61% de la población mundial recibió las dosis del esquema inicial de la vacunación contra el COVID-19. Sólo el 26% recibió una dosis de refuerzo o adicional. La mayoría de las dosis se aplicaron en adultos y adolescentes. Ahora se van sumando la autorización de la aplicación de las dosis de refuerzo en niñas y niños. Las autoridades regulatorias de los Estados Unidos, Chile y la Argentina ya las habilitaron.
La vacuna de refuerzo es una dosis que se administra después de que una persona haya recibido la vacuna original. La inmunidad que otorgan las dos dosis del esquema inicial puede disminuir con el tiempo. Por eso, la dosis de refuerzo ayuda al sistema inmunitario vuelva a tener la protección contra la infección por el coronavirus.
Las dosis de refuerzo se empezaron a autorizar primero para los grupos de adultos con mayor riesgo de desarrollar cuadros graves si se contagian o en personas que están más expuestas como los trabajadores sanitarios. En el caso de los niños, los estudios para evaluar los beneficios de las vacunas empezaron el año pasado. Esos resultados han sido revisados por las autoridades sanitarias y regulatorias de vacunas y medicamentos que han decidido recomendar la aplicación de los refuerzos en la niñez.
El COVID-19 suele ser más leve en los niños que en los adultos, pero la enfermedad puede ser también grave en algunos de ellos. A finales de mayo de 2022, más de 15.000 niños de entre 5 y 11 años han sido hospitalizados con COVID-19 y 180 niños han muerto en los Estados Unidos. Durante la ola por Ómicron, el 87% de los niños de entre 5 y 11 años que fueron hospitalizados con COVID-19 no estaban vacunados.
Durante la ola por Ómicron, el 87% de los niños de entre 5 y 11 años que fueron hospitalizados con COVID-19 no estaban vacunados en los Estados Unidos/ArchivoAdemás, la rara pero grave afección que puede producirse en las semanas posteriores a la infección por COVID-19, conocida como síndrome inflamatorio multisistémico en niños, o MIS-C, se produce con mayor frecuencia entre los niños de 5 a 11 años. Se han notificado más de 3.800 casos de MIS-C en ese grupo de edad de 5 a 11 años, y el 93% de los niños que desarrollaron esta complicación no estaban vacunados.
Como la eficacia de las vacunas disminuye con el tiempo, las dosis de refuerzo ayudan a mantener alta la respuesta inmunitaria. “Sabemos que los anticuerpos generados después de las dos dosis decaen con el tiempo y ahora hay alta circulación en la Argentina, por lo cual la aplicación de los refuerzos no solo protege a los niños sino también favorecerá la disminución de la cantidad de personas susceptibles a la infección. De esta forma ayuda a cortar con la transmisión”, dijo a Infobae Liliana Vázquez, que es miembro de la Sociedad Argentina de Infectología y médica infectóloga de la Clínica Maternidad Suizo Argentina y el Sanatorio Finochietto.
Las dosis de refuerzo no son algo nuevo en la inmunización de la población. Se administran como parte de muchas otras vacunas que reciben tanto los niños como los adultos. Por ejemplo, a los niños se los vuelve a vacunar cuando comienzan la escuela para reforzar las vacunas que recibieron cuando eran bebés y niños pequeños.
Chile fue el primer país en América en autorizar las dosis de refuerzo para COVID-19 en niños. En noviembre del año pasado habilitó la vacuna CoronaVac del laboratorio Sinovac a partir de los 3 años. En enero pasado, también se empezó a aplicar dosis de refuerzos en niños a partir de los 6 años y con comorbilidades.
En Chile, la dosis de refuerzo se habilitaron en niños con comorbilidades desde enero/Gentileza Ministerio de Salud ChileEn ese momento, el Ministerio de Salud argumentó que de acuerdo con la información generada en el estudio de “efectividad de la dosis refuerzo” realizado en Chile se demuestra que a los 14 días posterior a la administración de una dosis de refuerzo de vacuna de ARN mensajero del laboratorio Pfizer-BioNTech, después del esquema primario de dosis dosis de vacuna inactivada, aumentó la efectividad contra COVID-19 desde un 56% a un 80% y para la hospitalización desde un 84% a 88%.
En Chile, también se encuentran en curso estudios de las vacunas contra el coronavirus de los laboratorios Sinovac y Pfizer-BioNTech, en población pediátrica que incluyen lactantes desde los 6 meses hasta adolescentes de 17 años.
“Si bien es cierto que el COVID-19 tiende a ser menos grave en los niños que en los adultos, en la ola por la variante Ómicron del coronavirus hubo más niños que han contraído la enfermedad y han sido hospitalizados, y los niños también pueden experimentar efectos a más largo plazo, incluso después de una enfermedad inicialmente leve”, dijo el comisionado de la Administración Federal del Drogas (FDA) de los Estados Unidos, el doctor Robert M. Califf.
Al tener en cuenta el contexto actual de la circulación viral y los resultados de estudios sobre las vacunas, la FDA autorizó días atrás el uso de una dosis única de refuerzo de la vacuna elaborada por las empresas Pfizer-BioNTech para niños de 5 a 11 años. “La vacunación sigue siendo la forma más eficaz de prevenir el COVID-19 y sus graves consecuencias, y es segura”, aclaró la autoridad sanitaria.
Para decidir la autorización, la agencia regulatoria de los Estados Unidos hizo un análisis de los datos de la respuesta inmunitaria en un subconjunto de niños del ensayo aleatorizado controlado contra placebo en curso que había apoyado la autorización de octubre de 2021 del esquema principal con la vacuna de Pfizer/BioNTech en niños.
En Estados Unidos se evaluó la seguridad de una dosis única de refuerzo en aproximadamente 400 niños /REUTERS/Kai Pfaffenbach/ArchivoSe evaluaron las respuestas de los anticuerpos en 67 participantes del estudio que recibieron una dosis de refuerzo entre 7 y 9 meses después de completar un esquema principal de vacunación de dos dosis con la vacuna de Pfizer-BioNTech. El nivel de anticuerpos contra el coronavirus un mes después de recibir la dosis de refuerzo aumentó en comparación con el nivel previo a la dosis de refuerzo.
También se evaluó la seguridad de una dosis única de refuerzo en aproximadamente 400 niños. Esos niños recibieron una dosis de refuerzo al menos cinco meses (entre 5 y 9 meses) después de completar un esquema primario de vacunación de dos dosis. Los efectos secundarios notificados con mayor frecuencia fueron dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de la inyección, así como fatiga, dolor de cabeza, dolor muscular o articular, escalofríos y fiebre.
En la Argentina, el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires había llevado a cabo un estudio para evaluar el impacto de la vacunación en niñas y niños y adolescentes sobre las hospitalizaciones en el contexto de la circulación de la variante Ómicron BA.1 entre diciembre y enero pasado. El estudio aún espera revisión de pares para ser publicado en la revista The Lancet, y fue citado en un artículo en la revista Nature.
En el trabajo se incluyó a 1,5 millón de niños y adolescentes. Dentro de ese total, 96.046 aún no habían sido vacunados al momento del cierre del estudio. El equipo de investigación encontró que la efectividad de las dos dosis para prevenir cuadros graves en niños que requieren hospitalización llegaba al 83% cuando estaban circulando tanto las variantes Delta como Ómicron en diciembre pasado.
Pero luego la protección bajó al 58% cuando Ómicron se convirtió en la variante predominante, según explicó Soledad González, una de las coautoras a Infobae. “Este informe aporta pruebas en tiempo real de la protección de la vacuna contra las hospitalizaciones asociadas al COVID-19 entre niños y adolescentes de 3 a 17 años durante el brote de Ómicron; el efecto de la efectividad de la vacuna fue consistente en todos los subgrupos analizados”, escribieron. “Sin embargo, la efectividad de las vacunas disminuyó en el período de predominio de Ómicron, especialmente en los niños de 3 a 11 años. La aplicación de una dosis de refuerzo en ese subgrupo merece consideración”, destacaron. Es decir, los autores consideraron que sería necesario evaluar la aplicación del refuerzo en niños y niñas.
En Argentina se autorizó la aplicación de dosis de refuerzo contra la COVID-19 en la población de 5 a 11 años con vacunas de ARN mensajero/ REUTERS/Agustin MarcarianTras revisar los diferentes ensayos clínicos sobre vacunas y la situación de Chile y los Estados Unidos, el martes pasado el Consejo Federal de Salud (COFESA), integrado por las 24 jurisdicciones de la Argentina, y la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, consensuaron iniciar la aplicación de dosis de refuerzo contra la COVID-19 en la población de 5 a 11 años con vacunas de ARN mensajero en la Argentina.
Esas dosis de refuerzos en niños deben ser administradas, por lo menos, 120 días después de completado el esquema de vacunación inicial. La medida cuenta con el aval de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que ya había manifestado la importancia de avanzar en el refuerzo de vacunación en la población infantil de 5 a 11 años con vacunas de ARN.
Desde la Sociedad Argentina de Pediatría, la doctora Gabriela Tapponnier, secretaria del comité de infectología de la sociedad Argentina de pediatría, argumentó al ser consultada por Infobae hoy: “Por un lado, se sabe que el COVID-19 impacta en los niños. Puede provocar casos graves, muertes y secuelas. Se empezó con la vacunación en niños a fines del año pasado. Pero sabemos ahora que hay una nueva ola de COVID-19 en la Argentina, y la protección con dos dosis decae con el tiempo. Esto hace que sea necesario la aplicación de las dosis de refuerzo en los niños. Además, hay que tener en cuenta que los niños están yendo a la escuela y tienen otras actividades sociales. Por lo cual, están más expuestos al riesgo de contagiarse y necesitan la protección del refuerzo para que continúen asistiendo a sus actividades”.
Los especialistas argumentaron que ya se cuenta con suficiente información sobre la seguridad de estas vacunas en chicas y chicos, y pusieron como ejemplo el caso de Chile y Estados Unidos, donde se ha avanzado en la autorización de refuerzos para esta población. Además, advirtieron que la carga de la enfermedad COVID-19 en niñas y niños no es tan leve como se estimaba al comienzo, algo observado particularmente con la variante Ómicron, y ya se ha evidenciado la posibilidad de casos con secuelas a largo plazo incluso en cuadros iniciales leves.
En los Estados Unidos, aún está pendiente la posibilidad de usar a la vacuna de ARN mensajero de Moderna en niños de 6 meses a 6 años. La empresa biotecnológica solicitó a la FDA una autorización de uso de emergencia para su vacuna para ese rango de edad, que es una cuarta parte de la dosis de su vacuna principal para adultos.
Moderna también ha pedido a la FDA que autorice una vacuna COVID-19 para niños de 6 a 11 años, y que amplíe la autorización de uso de emergencia de su vacuna actual a los niños de 12 a 17 años. Si se autoriza para los grupos de edad más jóvenes, habrá una segunda opción de COVID-19 para niños y adolescentes en los Estados Unidos.
Fuente: Infobae
Salud
Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral
Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.
Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.
En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.
Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro
Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.
Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.
La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.
Qué tipo de juegos tienen más impacto
Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.
En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.
A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.
Bienestar mental y uso moderado
El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.
Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.
Fuente: TN
Salud
El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo
Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.
Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.
La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.
Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.
Una enfermedad con muchas aristas
La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.
En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.
“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.
Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis
El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.
A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.
Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.
Fuente: Infobae
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN