Salud
Las cinco razones científicas de por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras
Desde “soy un imán para los mosquitos”, hasta “a mí no me pican nunca”, hay un gran abanico de personas que sufren las picaduras de estos insectos o que por diversas razones nunca lucen las ronchas que provocan.
Lo cierto es que en una reunión al aire libre durante una noche de verano, de diez personas presentes, dos terminarán mucho más picadas que el resto. Y no tendrá que ver con que se hayan olvidado de aplicarse repelente.
Es que científicos estimaron recientemente, que el 20% de las personas son especialmente “deliciosas” para los mosquitos y son picadas con más frecuencia de manera constante. Y aunque los científicos aún no tienen una cura para esta dolencia, aparte de prevenir las picaduras con repelente de insectos, sí tienen una serie de ideas sobre por qué algunos de nosotros somos más propensos a sufrir picaduras que otros de acuerdo a distintos factores internos (propios) o externos que listaron.
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¿Cómo eligen a quién picar los mosquitos?
De acuerdo a un trabajo publicado en la revista Medical Discovery News de Estados Unidos, el doctor Jonathan Day, profesor de entomología médica en la Universidad de Florida en Vero Beach, explicó que entre los factores que influyen la decisión del mosquito de a quién convertir en su huésped están el tipo de sangre, el metabolismo, el color de tu ropa e incluso el hecho de tomar cerveza.
“Aproximadamente el 85 por ciento de lo que te hace más deseable o menos deseable (para los mosquitos) está integrado en tu ADN”, indicó Timothy C. Winegard, profesor de historia en la Universidad de Colorado Mesa y autor del libro El mosquito: una historia humana de nuestro depredador más mortífero, publicado por la Librería Nacional de Medicina de los Estados Unidos.
¿Todos los mosquitos pican?
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Winegard dijo que solo los mosquitos hembra pican a los humanos porque necesitan nuestra sangre para alimentar sus huevos. “Simplemente están siendo buenas mamás. Desafortunadamente, los patógenos nos vienen gratis”, destacó el experto que apuntó a la malaria, dengue, zika y la enfermedad del Nilo Occidental como algunos ejemplos de los virus que puede transmitir.
Un creciente conjunto de investigaciones ha identificado una serie de factores que parecen hacer que algunas personas sean más propensas a ser imanes para los mosquitos. Si bien algunos pueden estar bajo control de las personas, como el color de tu ropa que se utiliza o cuánta cerveza tome, otros factores no, como el tipo de sangre o la cantidad de bacterias que se tiene en la piel.
1-Tipo de sangre
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Cuando se trata de su comida preferida, algunos tipos de mosquitos parecen preferir sangre tipo 0 positiva.
En un estudio de 2019 publicado en el American Journal of Entomology, los investigadores ofrecieron a los mosquitos diferentes comederos que contenían los cuatro tipos de sangre y descubrieron que los insectos eligieron el comedero de sangre tipo O más que cualquier otro.
Otro estudio, realizado en 2004, reveló que los mosquitos aterrizan en personas con sangre tipo O con mucha más frecuencia que en aquellas con otros tipos de sangre, y casi el doble que en aquellas con sangre tipo A.
Los científicos no están seguros de por qué la sangre tipo O es tan atractiva, pero podría estar relacionada con las proteínas o sustancias químicas de la sangre.
2-Olores que atraen o ahuyentan a los mosquitos
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Investigaciones recientes sobre las preferencias de los mosquitos revelan que tener un olor particular también juega un papel importante.
“El sentido del olfato es algo en lo que mucha gente no piensa mucho, pero para los mosquitos es lo primero que tienen en mente, y así es como nos cazan y descubren su objetivo preferido”, precisó el doctor Matthew DeGennaro, profesor asociado en ciencias biológicas en la Universidad Internacional de Florida que estudia la genética y el comportamiento de los mosquitos.
Según el experto, la mayor parte del olor corporal natural proviene de la piel y es creado por una mezcla de muchos compuestos orgánicos. Los científicos están trabajando para determinar cuáles atraen y repelen diferentes tipos de insectos.
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Por ejemplo, en un estudio publicado en octubre de 2022 en la revista Cell, investigadores de la Universidad Rockefeller determinaron que las personas que tenían niveles más altos de un compuesto químico llamado ácido carboxílico son 100 veces más atractivas para un tipo de mosquito que aquellas con niveles más bajos.
DeGennaro dice que su laboratorio también está examinando qué compuestos de los olores corporales naturales atraen a los mosquitos. “Lo que estamos descubriendo es que las personas tienen diferentes conjuntos de microbios en la piel que les hacen producir olores ligeramente diferentes, y diferentes especies de mosquitos prefieren diferentes tipos de olores”, precisó DeGennaro.
3-El aliento
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Los mosquitos tienen células nerviosas que detectan el dióxido de carbono, que se emite cada vez que exhalamos. Pueden detectar la presencia de dióxido de carbono a más de 10 metros de distancia.
Algunas personas, como los adultos más grandes, emiten naturalmente más dióxido de carbono que los adultos más pequeños o los niños, lo que hace que sea más fácil cazarlos para los mosquitos.
4-Estar embarazada
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Las mujeres embarazadas atraen más mosquitos, debido al mayor calor corporal y a la tasa metabólica, y quizás a un olor distintivo. Un estudio demostró que las mujeres embarazadas producen más de un 20 por ciento más de dióxido de carbono, y por eso son picadas con el doble de frecuencia que las que no están embarazadas.
“Las mujeres embarazadas pueden resultar más atractivas para los mosquitos. Hay una serie de cambios en el sistema respiratorio durante el embarazo, incluido un aumento en la cantidad de aire que se inhala y exhala. Este aumento produce más dióxido de carbono, lo que hace que una persona embarazada “sea más atractiva para los mosquitos porque los mosquitos se sienten atraídos por el dióxido de carbono”, explicó Joseph Conlon, médico entomólogo y asesor técnico de la Asociación Estadounidense para el Control de Mosquitos.
Y agregó: “Además, el embarazo significa tener una temperatura corporal más cálida que el promedio y la posibilidad de sudar más, que son señales para rastrear, aterrizar y morder, agrega. Dado que los mosquitos pueden detectar una temperatura corporal más alta y un aumento del dióxido de carbono, las personas embarazadas se convierten en blancos fáciles. Y ser un blanco fácil también significa que las personas embarazadas pueden correr un mayor riesgo de contraer enfermedades transmitidas por mosquitos que pueden afectar directamente su salud y la de su bebé en crecimiento.
5-Tomar cerveza
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Una cerveza fría puede caer bastante bien en un día caluroso, pero puede aumentar las posibilidades de que uno sea picado por más mosquitos.
Un pequeño estudio publicado en el Journal of the American Mosquito Control Association encontró que beber una sola cerveza aumentaba la atracción de los mosquitos. En otro estudio, investigadores franceses también descubrieron que los mosquitos preferían a los participantes del estudio que bebían una cerveza en comparación con los que bebían un vaso de agua.
Los científicos no están seguros si la cerveza cambia el olor corporal, si aumenta la temperatura corporal o si hay alguna otra razón por la que atrae a los mosquitos, pero es una buena idea aplicarse un poco de repelente antes de tomar una pinta en un evento al aire libre.
Qué hacer para evitar las picaduras de mosquitos
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- Evitar áreas en donde haya mosquitos.
- Colocar mosquiteros rígidos, ya sea de metal o plástico, en puertas y ventanas, asegurándose de que se encuentran intactos.
- Proteger la cuna o cochecito del bebé con redecillas protectoras para mosquitos cuando permanezca en exteriores.
- Vestirse con zapatos cerrados, sombreros y ropa clara, cubriendo tanto los brazos como las piernas.
- Eliminar fuentes de agua estancada vaciando, cubriendo o volteando recipientes que pudieran contenerla.
Fuente: infobae
Salud
Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral
Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.
Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.
En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.
Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro
Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.
Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.
La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.
Qué tipo de juegos tienen más impacto
Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.
En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.
A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.
Bienestar mental y uso moderado
El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.
Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.
Fuente: TN
Salud
El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo
Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.
Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.
La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.
Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.
Una enfermedad con muchas aristas
La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.
En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.
“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.
Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis
El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.
A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.
Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.
Fuente: Infobae
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN