Salud
La otra pandemia continúa: cuáles son los trastornos psíquicos que afectan a niños y adolescentes
El aumento de las consultas por problemas de salud mental es del 54% si se compara con las que se registraban en 2019. Cuáles son las problemáticas que más se incrementaron, y qué señales de alarma temprana deberían advertir los padres
Desde el inicio de la pandemia por COVID-19 se desarrollaron numerosas investigaciones relacionadas con el virus, específicamente sobre sus características infectológicas, epidemiológicas, y sobre cómo dar respuesta a la crisis sanitaria que su surgimiento desató.
Como una ola, que cuando baja deja ver la orilla nuevamente, a medida que la emergencia lo fue permitiendo, los especialistas no tardaron en poner la lupa en la salud mental de las personas, y cómo la pandemia, las cuarentenas, las restricciones a la movilidad y la imposibilidad de socializar estaba afectando este aspecto no menor de la salud integral.
Puntualmente los niños y los adolescentes, que se vieron obligados a dejar no sólo las clases presenciales sino todas las actividades extraescolares, deportivas y sociales que realizaban vieron perjudicado su estado de ánimo, en una etapa de la vida en la que el contacto con los pares es clave.
Pero, ¿cuál fue el real impacto de la pandemia en la salud mental de los más chicos? Y lo más importante: ¿Cuál es la mejor manera de abordar estas problemáticas para su pronta resolución?
“La estadística que tenemos es la de consultas en la central de emergencias pediátricas, no de consultorios externos. Si comparamos 2019 con 2021 el aumento es del 54% y siguió aumentando en lo que va del año”. La que planteó a Infobae el panorama de situación es la médica psiquiatra infantojuvenil Gisela Rotblat (MN 111.628), quien describió que “los motivos de consulta más frecuente son las idas de muerte, que duplicó la incidencia; los intentos de suicidio, que se triplicaron; las crisis de angustia, que se duplicaron, y los trastornos de conducta alimentaria, que quintuplicaron sus casos”.
"Si comparamos 2019 con 2021 el aumento es del 54% y siguió aumentando en lo que va del año” (Getty)Según la jefa de psiquiatría e interdisciplina del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires, “en general, los trastornos de conducta alimentaria son la punta del iceberg: hay que ver el cuadro psicopatológico que está debajo, que en la mayoría de los casos son trastornos del estado de ánimo”.
En sincronía con ella, el médico psiquiatra del Departamento Infantojuvenil de Ineco, Fabián Triskier (MN 75.680), sostuvo que “aunque no hay datos oficiales recolectados de manera global, existe una coincidencia en diferentes servicios de salud mental y en profesionales que trabajan en sus consultorios que reportan un incremento en las consultas de adolescentes”.
Consultado sobre cuál es la causa de este fenómeno que dejó la pandemia consideró que “son múltiples”. “Tenemos que tener en cuenta que la adolescencia es un período de profunda reorientación social, con una alta sensibilidad a la mirada y aceptación de sus pares y una alta vulnerabilidad a la vivencia de ser rechazados -comenzó a analizar el especialista-. Por otra parte, es una etapa en la que el cerebro presenta cambios importantes, muchos de ellos influenciados por el contexto. Diferentes trabajos publicados desde hace más de 20 años han mostrado que al menos un 50% de las personas adultas que presentan trastornos de su salud mental refieren el inicio de los mismos alrededor de los 14 años”.
Para él, “sin duda, los efectos de la pandemia pueden haber impactado en la salud mental de las y los adolescentes, ya sea por la muerte de seres queridos, el deterioro de la situación económica de sus familias, el aislamiento obligado, la pérdida de vivencias propias de la edad, las alteraciones en el ritmo de sueño, entre otras han impactado en la salud de muchos, aunque la mayoría han mostrado una extraordinaria resiliencia”.
Sin embargo, según evidenció Triskier, “Algunos indicadores de incremento de alteraciones en la salud mental, especialmente en chicas adolescentes muy jóvenes se venía evidenciando en estudios realizados en el norte de nuestro continente y en el Reino Unido. La denominada ‘crisis de la salud mental adolescente’ no parece ser un fenómeno local sino que se repite en diferentes sociedades con características muy diferentes”.
“Sin duda, los efectos de la pandemia pueden haber impactado en la salud mental de las y los adolescentes", coinciden los especialistas (Getty)- ¿Cuál es la franja etaria donde más lo nota?
- Rotblat: El servicio es de 0 a 17 años, y el mayor incremento se dio en la franja de 13 a 17. En genera,l el sexo femenino predomina en las consultas. En los varones se observan síntomas depresivos que no ingresan por guardia.
- Triskier: En los últimos años se ha evidenciado un incremento de los trastornos de ansiedad y de desregulación emocional, con autolesiones con y sin intencionalidad letal en chicas muy jóvenes.
Al respecto, la psiquiatra infantojuvenil Andrea Abadi (MN 76.165) señaló que “particularmente post pandemia, se nota un aumento de conductas de restricción alimentaria, conductas del estado de ánimo o auto injurias en adolescentes y en púberes muy pequeñas de 12 o 13 años, que en otro momento aparecían en edades más tardías”. Para ella, “es posible que esto se deba a una cantidad de cambios que tienen que ver con cuestiones sociales que hacen que el contexto sea por momentos más hostil, la exposición en las redes , etc. Esto puede hacer que se evidencien cuestiones biológicas que en otro momento aparecerían más tarde”.
Sin embargo, en opinión de la directora del Departamento Infantojuvenil de Ineco, no debe perderse de vista “que la adolescencia no solo es una etapa conflictiva en sí misma, sino también es la etapa de la vida donde comienzan a aparecer gran parte de las patologías que se van a expresar fuertemente hacia la adultez”. “En ese sentido, nos referimos a todo lo que tiene que ver con procesos del estado de ánimo, trastornos psicóticos, trastornos de personalidad los cuales se terminan de expresar e instalar en esta etapa de la vida. Por ende, no es extraño pensar que sea una etapa de alta necesidad de atención”.
Las problemáticas que más se incrementaron
La adolescencia no solo es una etapa conflictiva en sí misma, sino también es la etapa de la vida donde comienzan a aparecer gran parte de las patologías que se van a expresar fuertemente hacia la adultez (Getty)En la mirada de Abadi, “si se observan las estadísticas, claramente hay una mayor incidencia o una mayor demanda para tratar adolescentes o jóvenes con trastornos del ánimo o con trastornos de ansiedad. Esto es algo que ha empezado a aparecer con mayor fuerza en estos últimos tiempos”.
“A pesar de ello, no podemos solamente decir que hay un aumento de prevalencia, también hay una crisis en todo el sector de salud mental, en nuestro país sino y a nivel mundial”, enfatizó la especialista, para quien “posiblemente a medida que aumenta la psicoeducación y a partir que los padres están más en contacto con sus hijos, se genera un aumento de la demanda explícita en los diferentes consultorios”.
Rotblat agrupó las problemáticas que más crecieron en el último tiempo en cuatro categorías: trastornos del estado de ánimo, ansiedad, fobias y trastornos de conducta alimentaria.
Por trastornos del estado de ánimo entendió “estados anímicos que se caracterizan por desgano, irritabilidad, tristeza, tendencia al aislamiento, pensamientos negativos acerca de sí mismo y acerca del futuro, que puede cursar con alteraciones en el sueño -ya sea por más o menos-, alteraciones en la alimentación, descenso en el rendimiento académico y la capacidad de concentración y en algunas ocasiones con ideas de muerte y conductas autolesivas”.
En segundo término, “la ansiedad es un síntoma transversal a una gran cantidad de cuadros psicopatológicos -aseguró la especialista del Hospital Italiano-. Está presente en múltiples de ellos y se caracteriza por un intenso malestar, preocupaciones frecuentes acerca del futuro, dificultades en la concentración, deterioro del rendimiento académico (estas últimas las comparten casi todos los cuadros), muchas veces aparecen síntomas somáticos como dolores de cabeza o panza recurrentes. Se caracteriza por una preocupación persistente y constante. Muchas veces cursa con inquietud”.
Hay una mayor incidencia o una mayor demanda para tratar adolescentes o jóvenes con trastornos del ánimo o con trastornos de ansiedad (Getty)“Los estados constantes de ansiedad determinan una disminución del estado anímico”, destacó.
Respecto a las fobias, las describió como “un miedo intenso muchas veces injustificado desde el punto de vista racional; el paciente es consciente que no le va a pasar nada pero no puede enfrentar cierta situación”. “Lo que se empezó a ver mucho después del periodo de aislamiento es chicos que presentaban dificultad para retornar al ámbito escolar de manera presencial -señaló Rotblat -. Las escuelas se han tenido que amoldar a la aparición de este tipo de problemáticas de manera más frecuente y hacer modificaciones para que los chicos no pierdan el año, aunque sabemos que nada se compara con una jornada académica presencial, donde no sólo se aprenden contenidos académicos sino que juegan un rol preponderante los vínculos. El trabajo en el domicilio lleva a un empobrecimiento funcional del adolescente”.
Por último, los trastornos de conducta alimentaria “se caracterizan por un intenso malestar en relación a la propia imagen corporal y determinadas conductas alimentarias particulares tendientes a lograr una imagen deseada”.
Y tras asegurar que ese es el patrón en la gran mayoría de los casos, aseguró que “hay otros casos que tienen que ver con los trastornos de evitación de la ingesta de alimentos, que sería que no pueden alimentarse adecuadamente pero la causa no es la distorsión de la imagen corporal sino otros motivos como miedo a ingerir; no incluye una preocupación por la imagen”. Este tipo de trastornos “en general se presenta en chicos más pequeños y hay que hacer una evaluación exhaustiva para ver qué es lo que está sucediendo, ya que la causa aquí no es la distorsión de la imagen sino un cuadro anímico que hay que tratar haciendo una evaluación del paciente y de su situación socio ambiental”.
El factor predisposición y la pandemia como disparador
“La pandemia fue una situación adversa donde se vivió mucha incertidumbre, cambios drásticos en el modo de vivir que hicieron que las personas con menos capacidad de adaptación tengan predisposición a desarrollar cierta problemática" (Getty)En este punto, Rotblat sostuvo que “hay personas que presentan mayor vulnerabilidad a desarrollar problemas de salud mental, ya sea por predisposición genética o factores socioambientales presentes y pasados, esto es, tener una red de poco sostén, dificultades a nivel de la sociabilidad, una madre o padre con antecedentes de depresión son circunstancias que hacen que alguien sea más vulnerable y tenga menos recursos psíquicos para afrontar una situación adversa”.
“La pandemia fue una situación adversa donde se vivió mucha incertidumbre, cambios drásticos en el modo de vivir que hicieron que las personas con menos capacidad de adaptación tengan predisposición a desarrollar cierta problemática -analizó-. En este caso fue el COVID y la crisis que desató, pero pudo haber sido otro evento desencadenante”.
Una vez hecho el “click”, en este caso a causa de la emergencia sanitaria global, hay algunas señales que quien vive con una persona con problemas de salud mental podrá observar para efectuar la consulta profesional de manera oportuna.
En el caso de los adolescentes, según Rotblat, “las señales muchas veces no son claras ya que ellos de por sí intentan no compartir con los padres lo que les sucede”.
Y si bien destacó que “los síntomas están relacionados a cada problemática”, aseguró que “en líneas generales puede decirse que si un padre observa mayor encierro, irritabilidad, aislamiento, que el joven usa todo el tiempo ropa que tape el cuerpo con intención de que no se le vean los brazos, o bien ropas muy grandes, cambios en la alimentación o en el sueño, cambios en la capacidad y la iniciativa de socialización y en el rendimiento académico es aconsejable consultar con un especialista”.
Hay algunas señales que quien vive con una persona con problemas de salud mental podrá observar para efectuar la consulta profesional de manera oportuna (Getty)Triskier coincidió: “Podrían enumerarse algunas señales como el aislamiento extremo, los cambios en el carácter, la persistencia de cambios del ánimo que puede ser tanto de tristeza como de irritabilidad, los cambios en el apetito y en el sueño, las dificultades para concentrarse y fundamentalmente la idea de muerte o las autolesiones”.
“Cuando un padre ve que hay un quiebre y siente que su hijo no es el mismo amerita buscar ayuda”, completó Rotblat.
La buena noticia es que, según explicó la especialista del Hospital Italiano, “la niñez y la adolescencia son etapas en las que el aparato psíquico está en plena transformación, con lo cual los diagnósticos son necesarios para encarar el tratamiento adecuado, pero éstos se escriben con lápiz”.
“En la mayoría de los casos los cuadros son reversibles, en todos los casos son tratables pero lo que sí se puede afirmar con rigor de verdad es que la detección precoz y el tratamiento adecuado va a mejorar el pronóstico”, agregó.
Suele decirse que el reconocimiento del problema representa gran parte de la solución. Y esta no es la excepción. “Reconocer el padecimiento de las y los jóvenes, abrir un espacio en el que puedan expresar sus emociones sin ser juzgados y validando su malestar, evitando comentarios de desvalorización, moralización o estigmatización y consultar a un o una profesional de salud mental” es para Triskier la mejor manera de abordar estas cuestiones.
En la misma línea, Rotblat agregó: “El primer paso para superarlo es saber que hay un problema. Tratar de generar un espacio de confianza empática con el adolescente sin que se sienta juzgado, que sienta la confianza de poder decir qué le pasa, y como padres poder escucharlo sin apresurarse a dar una respuesta y claramente acudiendo a un especialistas en niños y adolescentes.
Fuente: Infobae
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN
Salud
Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular
Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.
Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.
El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.
No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo
“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.
En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.
Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.
Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel
El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.
Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.
No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.
En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.
Hábitos simples que pueden hacer una diferencia
“Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.
La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.
También conviene:
- usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
- no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
- limpiar con frecuencia la funda;
- evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
- consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.
En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.
Fuente: TN
Salud
La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla
Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.
Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.
Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.
Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.
La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:
- Antioxidantes.
- Vitaminas E, B6 y B12.
- Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.
Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.
Alimentos recomendados para una buena salud cerebral
Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.
La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:
- Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
- Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
- Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
- Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
- El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
- Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
- Legumbres: cuatro o más veces/semana.
- Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
- Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.
Otros alimentos que también son buenos
Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.
Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.
Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos
Cómo adoptar la dieta MIND
Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:
- Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
- Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
- Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
- Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
- Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
- Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
- Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.
Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.
Fuente: TN