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“Isma” tiene 13 y es un caso único en el país: superó una leucemia con dos trasplantes y conocerá a su ángel

Palidez, desmayos, dos vómitos por día, moretones y un peso de 22 kilos a los 10 años. Todo eso sufrió Ismael durante dos meses hasta que le diagnosticaron cáncer de médula. “Se estaba apagando”, dijo su madre antes de que aparezca Diego, el salvador al que conocerá en unos pocos días.

El infierno que vivieron María Eugenia e Ismael comenzó en octubre de 2019, cuando ella empezó a ver a su hijo pálido. A los pocos días se le sumó un severo problema estomacal, acompañado de vómitos y una fuerte reducción de peso. Los médicos estuvieron dos meses para detectar lo que tenía y los diagnósticos fueron de todo tipo: desde un trastorno alimenticio o una gastroenteritis hasta a una anemia. Finalmente, recibieron la peor noticia posible: Leucemia SMD y síndrome midoplásico.

La leucemia que sufría Ismael no era muy frecuente en la Argentina y suele darse en adultos cuyo cuerpo no produce suficientes células sanguíneas sanas. El médico que habló con María Eugenia fue más directo: “Me dijo que tenía muerte de médula. Ya no le funcionaba, estaba secándose y tenía muy pocos registros que lo mantenían con vida, necesitaba si o si un trasplante de médula para vivir”.

A partir de ese momento quedaba una sola esperanza: que alguna de sus tres hermanas mayores fueran compatibles con él y pudieran hacer un trasplante de médula. Eso no ocurrió y la esperanza de sobrevivir se diluyó. “El médico me dijo que Ismael tenía los días y las horas contadas, que algún órgano podía fallar”, recordó María Eugenia.

Pasaron los días, los meses y los años, Ismael estaba anotado en el INCUCAI, pero el trasplante no llegaba. La rutina era la misma: María Eugenia y su hijo vivían una semana dentro del hospital oncólogico de Córdoba capital y otra en su casa de Río Cuarto. Todo en plena pandemia por el covid-19. Ella, que trabaja como personal doméstico, cuenta que tenía que pedirle a sus empleadores que los lleven en autos porque “estaba débil y sus venas se reventaban”.

En el hospital lo sometieron a un tratamiento sumamente invasivo: siete días seguidos de quimioterapia y luego otros siete de descanso, llegó a tomar 28 pastillas diarias para sostener su estado de salud. Cumplió años dos veces en el centro de salud y el pedido siempre fue el mismo: “Me pedía que le regalara una médula”, cuenta a TN su mamá.

Los médicos le habían aconsejado a María Eugenia que su hijo tome una medicación que salía $500.000, algo impagable para su familia. Fue en ese entonces que apareció a quien ella nombra como “el ángel anónimo”, un apadrinador que pagó el tratamiento durante 11 meses. “Es uno de los ángeles que tuvo”, agrega.

Ismael tuvo que someterse a un tratamiento diario de quimioterapia. (Foto: gentileza María Eugenia Cejas).
Ismael tuvo que someterse a un tratamiento diario de quimioterapia. (Foto: gentileza María Eugenia Cejas).

Once fueron los meses que estuvo transitando el agresivo y costoso tratamiento, hasta que apareció la primera posibilidad de un trasplante. Se trataba de una persona que tenía compatibilidad con Ismael desde Estados Unidos. Al donante se le dieron tres fechas para presentarse, pero jamás se presentó a la donación. “Ahí el doctor nos dijo que estaba en la cuerda floja, que lo disfrutáramos en el día a día”, relata María Eugenia.

Todo el 2020 y gran parte del 2021 lo pasaron viajando todas las semanas de Río Cuarto a Córdoba capital para tratar de mantener con vida a “Isma”. En octubre de 2021 se abrió una nueva luz de esperanza y apareció un nuevo donante. El 6 de ese mes se realizó el trasplante, Ismael estuvo internado durante 18 días hasta que le dieron el alta.

Cuatro días después, madre e hijo arribaron al hogar “Soles” de Córdoba capital donde los asistieron y les prestaron una habitación para poder estar cerca del hospital. Esa misma noche, a las tres de la mañana, Ismael la despertó a María Eugenia con una hemorragia. Inmediatamente, fue trasladado al hospital de Córdoba, donde le hicieron una punción de médula ósea que dio negativa: apenas cuatro días después del alta, el pequeño ya no tenía más células del donante.

“Mi dolor en ese momento fue mucho, porque había pasado mucho tiempo esperando a un donante. Él estaba en un peso de 22 kilos, muy sufrido, muy desganado. No tenía fuerzas para caminar, se quedaba sin oxígeno. Decayó mucho”, explicó su mamá, quien lo acompañó durante dos meses y 28 días en el hospital haciéndose transfusiones diarias -dos veces por día- alimentándose por una sonda y sin salir a la calle “por vergüenza de que lo vieran así”.

Pasados tres meses del segundo mazazo apareció un nuevo donante. Sin embargo, ella no quería que Ismael tenga una nueva desilusión, entonces le prometió que lo iba a dejar decidir a él. “Le dije que respetaba su cuerpo. Que si no quería más, iba a respetar esa decisión porque era su cuerpo, no el mío”. Parecía no haber caso: “No quería hacérselo, estaba muy enojado. Sus músculos se habían atrofiado”.

Finalmente, lograron convencerlo, pero esta vez el tratamiento fue mucho más duro: lo sometieron a sesiones de rayos. “Era riesgoso que su cuerpo lo soportara, que sus órganos lo soportaran”, contó María Eugenia Cejas. El 29 de diciembre le hicieron el trasplante y tuvo que quedarse dos meses más en el hospital. En marzo le dieron el alta y se quedaron nueve meses en el hogar mientras se hacía controles diarios, análisis y tomaba 28 pastillas diarias.

En el transcurso de esos nueve meses se le realizaron punciones de médula para evaluar el valor de las células del donante. Él necesitaba que sus células sean 100% compatibles y en el primer análisis dio 97,8%. Luego dio 100% hasta el día de hoy, aunque los médicos no pueden confirmar que ese porcentaje no disminuya.

Después de tres años pudo pasar la navidad del 2022 en su casa, pero en el medio fue testigo de un infierno que así relata su madre: “Vio morir chicos, vio el dolor de los demás y escuchó llorar padres dentro de las internaciones del hospital. Lloraba por cada nene que se iba. Una vez se enojó y pedía que le pasé a él y no al niño. Aprendió a mirar más allá de su dolor”.

Hoy Ismael volvió al colegio, cursa el segundo año del secundario, pero consciente de que puede tener recaídas a futuro. “Lo hemos hablado y él sabe que no está curado. Necesita siete años en remisión para tener el alta definitiva”, cuenta su madre.

Ismael llegó a pesar 22 kilos con 10 años, producto de la leucemia. (Foto: gentileza María Eugenia Cejas).
Ismael llegó a pesar 22 kilos con 10 años, producto de la leucemia. (Foto: gentileza María Eugenia Cejas).

El encuentro virtual con su salvador y la posibilidad de conocerlo en persona

A más de un año del trasplante, María Eugenia e Ismael querían conocer a la persona que le salvó la vida. Se contactaron con el INCUCAI y le aclararon que si no había consentimiento de ambas partes, el encuentro nunca se iba a poder realizar. Casualidad o no, Diego Olguín -su donante- se había contactado con el Instituto una semana antes. Las almas querían unirse.

El tramiterío propio de un evento así demandó dos meses y la mañana del 15 de febrero -justo el día del cáncer infantil- llegaron los tan ansiados datos. “Cuando vi el nombre y el teléfono lo quería llamar a las 8 de la mañana. Aguanté hasta las 9, lo llamé y no atendió”. A las horas, sonó el teléfono: “Hola, soy el donante y quiero saber quién está del otro lado”, dijo Diego.

Diego le contó a TN que sabía que la persona que iba a recibir su médula era un niño y quería conocerlo. “En el primer llamado lo primero que me dijo fue gracias por salvarle la vida a mi hijo, son palabras que nunca me voy a olvidar en la vida. Fue un llamado más o menos de 15 minutos, yo hablé muy poquito y ella habló mucho. Me hizo un súper resumen, me agradecía, lloraba y yo también lloraba. Yo realmente no caía sobre lo que estaba pasando, fue un golpazo muy fuerte de emoción y de alegría”, detalla.

La videollamada entre Diego e Ismael. Hoy tienen contactos cada dos semanas. (Foto: gentileza María Eugenia Cejas).
La videollamada entre Diego e Ismael. Hoy tienen contactos cada dos semanas. (Foto: gentileza María Eugenia Cejas).

El contacto con Ismael se demoró un poco más porque ninguno de los dos quería presionarlo. “Obviamente, quería hablar con él, pero me conformaba con saber que él estaba bien”, dijo Diego. En el mientras tanto, las fotos fueron y vinieron de un lado a otro, hasta que un día María Eugenia le mostró a Ismael: “Se le llenaron los ojos de lágrimas y se quedó en silencio. Le dije que podía conocerlo si quería”. Dos semanas después ocurrió el contacto.

“Conocerlo a él fue un regalo, fue de yapa. Hicimos una videollamada y fue sumamente emocionante. Se dio todo muy natural. Yo sabía que era un poco tímido, así que le hablaba y trataba de que él estuviera cómodo. Y la verdad es que en un momento estuvimos muy cómodos los dos. Me contó de su vida, de sus experiencias, en cuanto a los tratamientos. Después se súper tranquilizó y estaba muy cómodo. Fue a su habitación, me empezó a mostrar todos los juguetes, tiene una colección de motos y yo estaba feliz hablando con él”, describió Olguín.

Luego los contactos se hicieron frecuentes y Diego identifica a Ismael como “una pieza fundamental” de su vida a la que quiere conocer mucho más a futuro. Y el tan esperado encuentro se dará el próximo 4 de abril en Buenos Aires, cuando el INCUCAI realice un evento por los 20 años del primer trasplante de médula ósea en la Argentina. “Son almas gemelas que se van a encontrar”, dice su mamá.

Fuente: TN

Salud

Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral

Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.

Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.

En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.

Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro

Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.

Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.

La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.

Qué tipo de juegos tienen más impacto

Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.

En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.

A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.

Bienestar mental y uso moderado

El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.

Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.

Fuente: TN

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Salud

El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo

Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.

Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.

La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.

Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.

Una enfermedad con muchas aristas

La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.

En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.

“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.

Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis

El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.

A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.

Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.

Fuente: Infobae

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Salud

Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad

La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.

Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.

En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.

La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.

“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.

En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).

Los matices de la ansiedad

Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.

La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.

Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.

“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.

No minimizar la ansiedad

Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.

Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.

Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional

El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.

“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.

Fuente: TN

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