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Fue “la chica del accidente” hasta que se animó a contar su historia: “Cuando me quise sentar vi que ya no tenía las piernas”

Liliana Méndez era una joven de 22 años cuando el auto en el que viajaba chocó y se partió en tres pedazos. Sufrió una doble amputación, se le cortó la arteria femoral y sobrevivió pero se ocultó durante años. Hasta que un día se puso una minifalda y le pidió a su hija que le sacara una foto de cuerpo entero

Fue un cambio de planes a último momento: una decisión mínima que todavía hoy, con el diario del lunes, le genera alivio. Alguien avisó que ninguna pareja iba a llevar a sus hijos al cumpleaños, por lo que Liliana y quien entonces era su marido dejaron a las nenas con sus abuelas: la de 5 años con una, la de 3 con la otra.

“Menos mal”, repite y suspira Liliana, 12 años después de aquella noche. Cuando le permitieron volver a verlas, era una mamá distinta: una sobreviviente de un accidente feroz, una mamá sin piernas.

Liliana Méndez se había puesto en pareja en la adolescencia, había tenido a su primera hija poco después y tenía 22 años la madrugada en que su vida cambió para siempre. “Fue de estúpidos, esa es la verdad”, cuenta ahora a Infobae desde Trelew, donde todavía vive, y se refiere a que es probable que la edad les haya hecho subestimar el riesgo de ir a semejante velocidad.

La tapa del diario Chubut del día siguienteLa tapa del diario Chubut del día siguiente

Era 20 de abril de 2008, ella y el padre de sus hijas tenían un Ford Falcon azul y formaban parte de un grupo de fanáticos de ese auto. “Volvíamos de un cumpleaños en Playa Unión en caravana. Éramos como 20 Falcon”, reconstruye. Iba a ser un recorrido corto: el balneario Playa Unión, en la provincia del Chubut, queda a unos 10 minutos de Rawson, a donde pensaban ir a bailar. “Manejaba mi ex marido, a alta velocidad, sí. Recuerdo que pasamos el puesto policial y que le grité ‘¡guarda!’”. Pero ya era tarde.

A eso de las 4 y media de la madrugada, el conductor perdió el control del Falcon y chocaron contra un poste de luz de cemento: el auto se partió en tres pedazos. “Salí despedida y fui deslizándome por el asfalto, como si arrastraras fuerte una bolsa de papas por el suelo. Era una doble vía y frené de la mano contraria, me acuerdo de todo porque nunca perdí el conocimiento. Cuando caigo en firme abro los ojos, había quedado acostada boca arriba y sentía piedras dentro de la boca, como pedregullo. Cuando me quise sentar vi que ya no tenía las piernas”.

Una nube de tierra los envolvía, su ex marido corría desesperado y sin zapatillas, la gente gritaba alrededor. Le pedían que aguantara, que no se durmiera, le hablaban de sus hijas. “Se me cortó la arteria femoral, me estaba desangrando”, sigue ella.

La chapa del Falcon le había provocado una doble amputación “pero yo como que había perdido el sentido, no caía. Llegó un policía corriendo y me metió la mano en el pantalón, donde tenía cortada la arteria. Yo pensé que me quería bajar la ropa y empecé a pelear para que no me tocara, pobre. Fue la persona que me salvó la vida, porque me hizo un torniquete con mi cinturón. Se llama Javier Artal, lo conocí hace poco y se lo voy a agradecer siempre”.

Liliana pasó años sacándose fotos sólo de la cintura para arribaLiliana pasó años sacándose fotos sólo de la cintura para arriba

Fue en la camilla, mientras intentaban subirla a la ambulancia, que Liliana sintió por primera vez la falta de estabilidad: “¡Me voy a caer!”, gritaba, mientras los paramédicos le juraban que eso no iba a pasar. Todavía le causa cierta gracia el escándalo que armó cuando, ya en el Hospital Santa Teresita de Rawson, le dijeron que le iban a cortar una camperita nueva de Scombro que le habían regalado para su cumpleaños número 22, un mes antes.

“Joven terminó con sus piernas amputadas en un terrible accidente en la doble trocha”, tituló el diario Chubut la mañana siguiente. No dice su nombre pero sí que su estado era “desesperante”. De hecho, de esos primeros días en el hospital, Liliana recuerda haber visto pasar a mucha gente. “Es que decían que me iba a morir, era lo más probable”, por eso fueron amigas de la infancia, vecinos, familiares que hacía años no veía.

La doble página del diario Chubut donde nació la historia de "la chica del accidente"La doble página del diario Chubut donde nació la historia de "la chica del accidente"

Era un hospital pequeño: tuvo suerte de que hubiera sangre para las 34 transfusiones que tuvieron que hacerle y que lograron controlar la infección que había provocado la chapa del auto en el corte.

“No sentí dolor en el momento pero después ni la morfina lo calmaba. Cada vez que había que moverme sentía que se me desgarraba el cuerpo. Tenía golpes por todos lados, los vidrios clavados en la espalda”. Pasó un mes internada pero la peor parte -asegura- comenzó cuando le dieron el alta y regresó a su casa, en un segundo piso, en una silla de ruedas que ni siquiera pasaba por la puerta del baño, donde ya tampoco podía agacharse ni para bañar a sus hijas.

En minifalda, cuando se animó a volver a mostrarseEn minifalda, cuando se animó a volver a mostrarse

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Milagros, de 5 años, estaba terminando el jardín. Ciana, de 3, no había empezado. “Esa parte la sufrí bastante, ¿cómo iba a bañarlas si otros me tenían que bañar a mí? Hoy me subo a una silla de ruedas y hago cualquier cosa pero en ese momento era una dependencia total. Me levantaba a la mañana, me iba a parar medio dormida y de golpe, al piso. Además, el impacto emocional: cuando llegué a mi casa me habían llevado las botas y las zapatillas para que no me pusiera mal cuando viera lo que yo usaba en los pies”.

Menos a la familia, la onda expansiva ahuyentó a todos. “De los supuestos amigos de los 20 Falcon no quedó ninguno”. Y habla de algo que suele pasarle a las personas que tienen una discapacidad adquirida producto de una enfermedad o de un accidente:

“Hay gente que cree que tiene que venir a decirte algo muy elaborado y como no saben qué decir, se borran. Nada, flaca, cebame un mate, decime que todo va a estar bien aunque sea mentira, llevame a las nenas al jardín, tendeme la cama, invitame un helado. Nada de lo que puedas decir me va a hacer crecer las piernas, solo estate un rato conmigo, abrazame”.

“Hay gente que cree que tiene que venir a decirte algo muy elaborado y como no saben qué decir, se borran", dice“Hay gente que cree que tiene que venir a decirte algo muy elaborado y como no saben qué decir, se borran", dice

Sus piernas ya no estaban pero Liliana tenía lo que se conoce como “sensación de miembro fantasma. Seguís sintiendo dolor, porque tu cerebro sigue enviando información. Yo sentía que algo me cortaba el dedo chiquito, la sangre corriendo por las piernas. Todo una imagen y un dolor que no me dejaba comer, pensar. Fueron días muy grises, el duelo de lo que ya nunca iba a ser igual”.

El accidente había sido tan conocido que muchos en Trelew -que en ese entonces no llegaba a los 100.000 habitantes- sabían la historia de “la chica del accidente”, pero Liliana estaba guardada, enojada, triste, y nadie conocía su historia de primera mano, mucho menos cómo era su nuevo cuerpo.

Durante cinco años Liliana fue para muchos "la chica del accidente"Durante cinco años Liliana fue para muchos "la chica del accidente"

Tenía la opción de seguir su vida en silla de ruedas pero decidió que iba a intentar volver a pararse. Una vez terminada la cicatrización, le hicieron unos vendajes cónicos y empezaron a amoldar sus piernas con pilones para colocarle prótesis. “Y a los cuatro meses del accidente me volví a parar”. A los 6 empezó a caminar con prótesis, pero seguía siendo una joven coqueta de 22 años, por lo que mantuvo siempre sus nuevos miembros inferiores escondidos.

Fueron muchos años de volver y volver sobre lo que había pasado. “Algunos creen que el destino de una persona está escrito. Yo no, yo pienso que lo que pasó fue consecuencia de malas decisiones. Si la persona que iba al lado mío andaba a mil por hora era obvio que algo podía pasar”, sostiene.

“Más allá de eso yo aprendí muchas cosas. A quejarme menos, seguro. Eso se lo digo a mis hijas, que ya son adolescentes: yo también me quejaba porque tenía que caminar o tomarme un colectivo cuando tenía su edad, no saben lo que yo desearía tener mis piernas para hacerlo hoy. O no sé... sentir la agüita del mar en los pies”.

Junto a sus hijas Milagros, Ciana y FrancescaJunto a sus hijas Milagros, Ciana y Francesca

Cinco años después del accidente, Liliana quedó embarazada de su tercera hija. “Tuve miedo, pensé que con la panza me iba a tumbar para adelante, pero no, fue un embarazo hermoso”. Sin embargo, su matrimonio ya venía agonizando y enseguida se separó y terminó viviendo con sus tres hijas en la casa de su mamá. Fue un nuevo golpe pero terminó siendo el inicio de la resurrección.

Yo, en minifalda

Era 2013 y la beba tenía seis meses cuando Liliana salió por fin de su casa y empezó a trabajar en el sector de atención al público de la Obra Social de camioneros. Fue en ese contexto que salió un viaje de apuro a Buenos Aires y su ortopedista le avisó que no le daba el tiempo para cubrir con goma espuma sus prótesis, la técnica que usaban para que se parecieran más a las formas de las piernas.

"Yo no salgo a la calle así, con los dos palitos pelados”, dijo en ese momento"Yo no salgo a la calle así, con los dos palitos pelados”, dijo en ese momento

“Yo dije ‘¿qué?’. Me muero, yo no salgo a la calle así, con los dos palitos pelados”, se ríe ahora. “Pero no me quedó otra, esa era yo. Me acuerdo que en mis redes sociales tenía pocos amigos y nadie sabía lo que me había pasado, a lo sumo sabían que era ‘la chica del accidente’. Yo jamás me sacaba una foto de la cintura para abajo. Pero ese día, después de ese viaje, me puse una pollera y le dije a mi hija: ‘Sacame una foto’. Ella abrió los ojos grandes y me dijo ‘pero mamá, se te ven’”.

Liliana sonrió, le dijo “dale, sacame” y subió la foto a su cuenta de Facebook. “Y ahí empecé a contar mi historia por primera vez. Entendí que no había elegido lo que me había pasado y que aceptarse es un proceso muy personal pero bueno, había llegado el momento de decir ‘esta soy yo ahora a partir de lo que tengo, de lo que hago y de lo que me quedó’”, sigue.

No fue instantáneo, no fue la magia de Disney sino un proceso, porque en esa época Liliana volvió por primera vez a una playa y no se animó a sacarse las prótesis delante de los turistas para meterse al agua.

También compite y pasea con una bicicleta de manoTambién compite y pasea con una bicicleta de mano

“Pero le busqué la vuelta. Alquilé un bote, me metí hasta el fondo, remé con los brazos y cuando estaba sola, me saqué las prótesis y me tiré al mar. Fue una de las sensaciones más lindas de mi vida”.

Jamás había pensado en ser deportista pero se enganchó tanto con el canotaje que ahora forma parte de un equipo de personas amputadas llamado “Los cuatro mosqueteros” que compite en tetratlones (ella hace canotaje y los otros pedestrismo, bicicleta y esquí). Desde la Fundación Jean Maggi, además, le regalaron una bicicleta de mano (se impulsa con los brazos) “que me cambió la vida. La uso para competir pero también para salir a pasear con mi familia, algo que nunca había podido hacer”.

Junto a Pablo, su pareja desde hace 3 añosJunto a Pablo, su pareja desde hace 3 años

Salir de la oscuridad le trajo, además, un nuevo amor: Pablo Perrotta, un joven profesor de cross fit y dueño de un gimnasio que le envió un mensaje a sus redes después de ver su sonrisa en una nota de un diario local y leer su historia.

“Empezamos a conversar, a vernos y un día él me dijo que quería ir más allá, probar. Yo me atajé bastante, eh”, se despide Liliana. “Le dije ‘pero mirá que yo no puedo correr’ y él me dijo ‘no me importa’. Y yo: ‘Pero mirá que no puedo caminar mucho’ y él ‘no me importa’. ‘Pero mirá que todo el mundo te va mirar’, y él ‘no importa’. Ya hace tres años que estamos juntos y es lindo estar con alguien que no sienta vergüenza de vos. Yo lo adoro, lo admiro, es mi compañero. Ya no tengo pudor en sacarme las prótesis y meterme al agua delante de todos. Pablo siempre me dice ‘si lo necesitás, yo soy tus piernas’. Así que me las saco, me carga a upa y nos metemos juntos”.

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Es emprendedora y enterneció a todos cuando mostró el asistente menos esperado para sus videos

Félix no sabe de redes, reproducciones, likes y viralización. No tiene TikTok y no se preocupa por las métricas ni la difusión. Sin embargo, conoce de algo mucho más grande: amor, acompañamiento y fidelidad.

“Estas carcasas las hace mi nieta, se dedica mucho a hacerlas; están hechas con mucha dedicación y cariño, son lindas para tenerlas de recuerdo”, dijo en un video y estalló todo.

Quizás fue por su sonrisa franca, o por sus ojos llenos de ternura, o por la simpleza de un mensaje corto, pero que tenía como objetivo ayudar a su nieta, que consiguió -sin buscarlo- que todos detrás de las pantallas lagrimearan y sintieran ese cosquilleo en el corazón de eso que no termina de explicarse con palabras.

Camila quiso sacarlo de un mal momento, le pidió que le dé una mano sabiendo que no iba a decir que no y encendió la cámara sin saber que iba a llevarse para siempre un recuerdo invaluable.

La historia de Félix y Camila

Cuando volvía del colegio, los fines de semana y escapando de los retos y obligaciones de papá y mamá, como muchos, Cami encontró siempre su refugio en la casa de los abuelos Félix y Ana. Desde sus primeros pasos hasta las decisiones más importantes, ellos siempre estuvieron y él, de alguna manera, no solo se convirtió en su cómplice y su confidente, sino también en su inspiración y apoyo.

Félix es pediatra en Villa María, Córdoba. Hasta hace tres años, cuando tenía 90, todavía seguía atendiendo todos los días y fue el médico de varias generaciones. Es por eso que todos lo conocen en el pueblo. Pero ahora, su sonrisa traspasó las fronteras.

“El video surgió en un momento complicado con mi abuela. Él es muy compañero con ella, que tiene problemas graves de salud, la asiste todo el tiempo y ese día había tenido un inconveniente y lo puso mal”, recordó Camila en diálogo con TN.

Cuando todo se calmó, ella llegó a la casa con las fundas para celulares de su emprendimiento, a las cuales se encarga de hacerles diseños únicos y originales. “Siempre ando de un lado al otro con cajas y ese día las tenía encima porque me había llegado un pedido, así que para sacarlo del mal momento y distraerlo le dije ‘vamos a hacer un video’”, explicó.

Félix no dudó y enseguida se peinó y salió al patio. “Le dije ‘vos pasámelas y decí lo que quieras que yo le pongo música encima’”, detalló Cami sobre ese momento. “Así fue mostrando las carcasas y fue la mejor herramienta de marketing del mundo”, reconoció entre risas.

“Yo siempre subo videos a mis redes y hace unos meses abrí TikTok. Se me dio por subirlo y en este video él hizo magia”, reconoció la joven.

“Cuando terminé dije ‘esto es un tesoro’, porque yo me inspiro mucho en él. La marca antes se llamaba UP pero como resultaba difícil para la gente, el año pasado lo cambié por Russy (IG @russy.market) que es como me dice él desde chiquita", reveló la joven emprendedora.

Pero no solo el nombre, toda su vida, asegura, está marcada por él. “Es una relación muy presente en mi vida. Yo salía del colegio y me esperaba con la comida; siempre estuvo y fue el que me impulsó a estudiar inglés cuando terminé el secundario. Gracias a eso empecé a relacionarme con gente del exterior, diseñar ideas para productos y hasta viví afuera”, contó.

Es por eso que ella solo tiene palabras de amor hacia él: “Mi abuelo es el pilar fundamental para todo. Yo comparto mucho porque lo quiero hacer parte siempre”, aseguró Cami.

Sobre la repercusión del video, la joven expresó: “Creo que generó mucha espontaneidad, no fue nada armado, no tomé dimensión de que se podía hacer tan viral, fue algo normal. Te esperas que la gente comente, pero no así, nadie lo puede creer en la familia. La gente conectó con él y me comentaban que era el abuelo de todos. Nosotros veíamos el video y llorábamos, le ves la carita como si le explotara el corazón de orgullo, hizo una expresión que para mí eso también conectó mucho con la pantalla”.

Es por eso que la emprendedora de 31 años no escatimó en elogios: “No tengo más nada para decir que no sean cosas lindas e inspiradoras. Él me llama o voy a su casa a tomar mates, le llevamos las compras, y pasamos varios días ahí. Si necesita vamos a dormir, siempre están muy acompañados y puedo decir que de él heredé muchos valores”.

La repercusión tras la viralización

Cuando le contaron sobre la viralización del video, Félix tuvo una reacción que hizo reír a todos: “No sabía que tenía tanto poder de ventas”, dijo sorprendido.

Y aunque asegura que no lo necesita, también se llevó su parte de las ganancias: “Como todos los domingos, lo trajimos a casa a comer asado y le regalé un whisky. Esa fue su recompensa porque jamás me iba a aceptar un peso”, contó entre risas la nieta.

Hace poco Cami volvió al país después de vivir tres años en Italia. Fue entonces cuando decidió reversionar sus productos y apostar por diseños más modernos. Su emprendimiento, que tiene 12 años activo y comenzó con apenas 10 ventas, hoy vende cientos por su propio empeño, pero, claro, también gracias al impulso de Félix. De ventas dentro de su misma ciudad, ahora tiene consultas de, literalmente, todo el mundo. “Ojalá pueda seguir creciendo, creo que vamos por buen camino, tiene mucho corazón”, aseguró.

Y sobre su gran ayudante de ventas, completó: “Mi abuelo siempre va a estar presente porque es el pilar fundamental. Él dice que está orgulloso de mí, que no me voy a morir de hambre, que siempre me va a ir bien y yo siento que estoy con el cielo ganado con él. Hoy me gusta compartirlo y que la gente lo disfrute”.

Fuente: TN

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Los trucos del mentalista que deslumbra a los famosos: era oficinista y ahora llena teatros

En las redes sociales, hace solo dos meses, se empezaron a viralizar videos de un mago joven haciéndole trucos a famosos de la talla de Lali Espósito, Gimena Accardi, Pollo Álvarez, Federico D’Elía y Fer Dente. El juego consiste en que la celebridad piense el nombre de un familiar para que Agustín Canolik lo adivine.

Los clips cosechan millones y millones de vistas, pero lo que hoy es un éxito rotundo, es fruto de un trabajo de más de 15 años. En diálogo con TN Show, el hombre de 30 años contó cómo fueron sus inicios en la materia. "Estoy enamorado del arte de la magia desde que tenía cuatro años y me dedico actualmente al ilusionismo y mentalismo“, dijo.

Consultado por su interés por este arte, Canolik, que tiene más de 100 mil seguidores en TikTok y casi 300 mil en Instagram, explicó: “Hago magia porque creo que el asombro nos despierta, nos despabila de la hipnosis cotidiana en la que estamos enfocados, en ver nuestro teléfono, en tratar de trabajar o de comprar cosas. Y me parece que es una herramienta para llegar a los corazones de las demás personas y, por lo tanto, también abrir el mío”.

Su inquietud y curiosidad por hacer actividades lo topó con la magia: “Más o menos a los 11 años, un día en el corcho de mi escuela, había un cartel que decía ‘Curso de magia’ y mi mamá me veía un poco hiperactivo y me mandaba a todas las cosas. Hacía cerámica, dibujo, batería, guitarra, hasta taekwondo. Cualquier actividad que hubiera para que yo pudiera gastar la energía que tenía. Primero que nada, me atrapó porque el primer libro que yo leí, que no tenía dibujos, fue Harry Potter".

“Además, pasó que mis papás cantan y tocan la guitarra, o bailan tango, entonces cada vez que íbamos a comer a la casa de alguien, alguien o que alguien venía a comer a nuestra casa, después de que se terminaba de cenar, alguien sacaba la guitarra, se ponían a cantar”, recordó.

En ese ambiente, pudo introducir la magia: “La posibilidad de traer un mazo de cartas a la mesa apareció muy rápido después de ir a las primeras clases, y a los adultos les podía mostrar un efecto de magia que los engañaba y me decían ‘´¿pero cómo hiciste?’. Esa sensación de ver a un adulto reaccionando a lo que yo compartí con 11 años era muy impactante, entonces eso creo que fue un estímulo muy fuerte".

Sobre su trabajo, Agustín destaca: “Me parece que la mejor parte son las caras de las personas que están en frente mío. De hecho, por eso grabamos eso en los videos que comparto”.

El recorrido de Agustín Canolik hasta hacerse viral y llenar una sala de teatro

Aunque actualmente se presenta los viernes y sábados de febrero en el Paseo La Plaza con un show de mentalismo interactivo, Canolik no siempre pudo vivir de la magia. “Empecé a estudiar diseño de imagen y sonido y me fui. Empecé a trabajar en una oficina haciendo fotografía y marketing y sostuve ese trabajo durante creo que cinco o seis años. Hice edición freelance, trabajé para productoras, fui filmmaker, asistente de escenario, hice todas cosas que siempre estaban cerca del mundo de lo artístico, porque no había encontrado todavía la forma de dedicarme 100% a la magia”, declaró.

El dinero que ganaba lo destinaba a seguir formándose: “Con todo mi tiempo libre y con todos los recursos que me alcanzaron iba a tomar clases, iba a ver teatro, como creo que trato de hacer todavía hasta el día de hoy. Estoy obsesionado con formarme, con volverme una mejor versión del mago que soy, entonces sí, hice un millón de cosas y ahora tengo la suerte desde hace muy poquito de poder dedicarme 100% de esto, y no me alcanza el corazón por la gratitud que siento”.

Un momento que marcó a Agustín y lo llevó a enfocarse 100% en la magia fue una ruptura amorosa: “Empecé a trabajar sin pausa ni descanso a partir de separarme, de sentirme solo, de sentirme medio que no sabía muy bien dónde encontrar mi lugar en el mundo de nuevo, como me pasó siempre históricamente. A partir de esa sensación de vacío y un poco de angustia o tristeza, fue como ‘bueno, ahora me voy a formar mucho más, ahora voy a ser mucho mejor de lo que venía siendo y me lo voy a tomar más en serio’. Y desembocó en que hoy pueda vivir de la magia”.

El boom de los videos de mentalismo con famosos

Los videos con famosos, que terminaron viralizándose en las redes, fueron producto de un proceso más largo, en donde ni siquiera estaba contemplado que Agustín Canolik hiciera ese juego con las celebridades.

Yo pasé siete años pensando en la idea para un show y a principio de 2025 decidí contratar a alguien para que me ayude a terminar de escribirlo como guion completo. Mientras estudiaba conocí a distintas personas del mundo de la producción del teatro que estaban estudiando conmigo, que me decían ‘¿vos tenés un proyecto? ¿Por qué no nos lo mostrás y ya está?’. Fue tanta la intensidad de ese pedido que dije ‘ok, se lo voy a mostrar a alguien’, y en todo ese movimiento se produjo la posibilidad de hacerlo en una sala en Paseo La Plaza y la posibilidad de empezar a producirlo con amigos", explicó el mago en diálogo con este medio.

“Entre las personas que producen su show está Gustavo Giordani, un productor de la TV Pública que le sugirió que vaya acreditado a la alfombra roja de los Premios Hugo para, ahora sí, deslumbrar a los famosos con su arte. “La idea era ir para vender diez entradas más, y ahora uno de esos videos tiene más de dos millones de reproducciones. A partir de la viralización, entre la primera función y la segunda, pasé por todos los programas que se me podían haber imaginado, por todos los canales que se me podían haber ocurrido”, recordó.

“Hicimos la segunda función y a partir de todo ese movimiento y toda esa intensidad, surgió la posibilidad ir a los Martín Fierro de Streaming el año pasado y ahí sí hicimos un video que ahora creo que va a llegar a 10 millones reproducciones en este mes o el mes que viene”, indicó el mentalista.

Fuente: TN

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Convirtió a su chihuahua en influencer y le creó una marca de ropa para perros: “Ahora ella paga las expensas”

Por las calles urbanas de la Ciudad de Buenos Aires, entre el olorcito del café de especialidad en cada esquina de Palermo y los reflejos de sol radiante en las vidrieras emerge una modelo única en su especie. Blanca y negra impoluta, petisa, con pasitos apurados y con la lengua afuera: María Pita o “La Titi”, la chihuahua famosa en redes sociales y protagonista en la industria de la moda canina.

Martina Villar, su madre y dueña, la pasea por el barrio y la acompaña en varios de sus quehaceres. Procura cumplir responsablemente con el atareado itinerario de la estrella canina: la lleva a las producciones de fotos, a probar ropa y lidera la nueva línea de ropa canina María Pita Concept.

En una entrevista con TN, Villar contó cómo un simple video en TikTok transformó su vida para siempre y afianzó el vínculo con María Pita de la manera más inesperada.

Una chihuahua fuera de serie

Cuando la imponente puerta del departamento se abre de par en par, uno espera que detrás de ella haya una gran mascota guardiana para defender su territorio, pero en la casa de Martina se cae ese estigma. La primera en recibir a los invitados es María Pita, su chihuahua de dos kilos. Se acerca corriendo, trotando como un poni en miniatura, y se avalancha a pedir mimos y repartir lengüetazos.

El departamento, aunque algo pequeño, es del tamaño ideal para La Titi y su familia. En un cajón guardan toda su ropita y pretales; en el perchero, la correa para salir a pasear y la botella para tomar agua; al lado del sillón, una rampa para que pueda subir y, por último —pero no menos importante—, en un estante, un altar con todos los regalos de los fans: mates, termos y dibujos, todos con su carita, como si fuera una estrella de cine que recibe obsequios por correspondencia.

Es una criaturita que emana ternura –y finura– por donde sea que se la vea caminar. Gruñe un poco cuando está con algún cambio de ropa rápido, se desespera cuando escucha la palabra mágica “pasear” y se vuelve loca de llanto cuando mencionan a Bambi, una chihuahua amiga de María Pita. Más allá de eso, pocas veces se la escucha ladrar; eso solo pasa cuando se enoja y se “transforma”.

La relación entre dueña y mascota –o empleada y jefa perruna– demuestra que el amor viene en todos los talles, colores y personalidades. La famosa chihuahua tiktoker tiene 10 años, pero le quedan muchos más para hacer su estrellato en el mundo del modelaje y las redes sociales.

“Azúcar, flores y muchos colores”

La pasión de Martina por los animales comenzó desde chica. Soñaba con ser veterinaria, pero con el tiempo se dio cuenta de que su corazón no resistía ver animales sufrir. “Desde chiquitita siempre amé a los animales. Yo decía que quería ser veterinaria; claramente no lo fui y me dediqué a otra cosa porque no puedo verlos sufrir, me cuesta horrores”, contó.

La obsesión por los chihuahuas nació por esas épocas, acompañada por películas: “Cuando era chica salió una película que se llamaba un Chihuahua en Beverly Hills, que la protagonista era una chihuahuita llamada Chloe. Cuando la vi, me pareció la cosa más tierna que había visto en mi vida”, recordó. Desde entonces, insistió durante años a su familia para tener uno.

Al principio, sus padres eran reacios a la idea de convivir con perros pequeños, ya que estaban acostumbrados a razas grandes. “Mi familia no quería saber nada con los perros chiquitos… hasta que un día me la regalaron”, recuerda. El sueño de Martina finalmente se cumplió, aunque no imaginaba que la personalidad de María Pita provocaría un verdadero cambio de paradigma: “Se ‘compró’ a toda mi familia y ahora todos la aman tanto como yo”.

Martina describe a María Pita como “una mezcla de varias cosas”. “Ella sería como la definición de Las chicas superpoderosas: azúcar, flores y muchos colores”, explicó. Es tierna, amorosa y muy mimosa, pero también testaruda. “Su veterinario le dice ‘vieja loca’, porque cuando se pone cascarrabias empieza a zapatear contra el piso. Si estás comiendo algo, es como si te dijera ‘dame esa comida’, y a eso sumale los aires de diva”, bromea.

Patitas de modelo

La vida de Martina junto a María Pita transcurría con normalidad hasta que comenzó a hacer lo que hoy parece inevitable: compartir videos en redes sociales. Ese fue el primer paso de un camino largo e inesperado. “Con La Titi nos hicimos conocidas por un video que subí a TikTok donde la bañaba. La gente empezó a reaccionar y a mandarle mensajes hermosos”, recordó.

Lo que Martina no sabía era que esos comentarios positivos pronto se convertirían en oportunidades únicas. De a poco, pasaron de ser simples usuarios a marcas interesadas en que la perrita modelara para ellas.

Así, sus vidas dieron un giro. “Yo soy licenciada en Marketing y trabajo en relación de dependencia, pero cuando empezaron a llamarla me convertí en su manager, o ‘momanager’ —una combinación de mom y manager—”, contó. Entre las marcas con las que María Pita colaboró se encuentran Las Pepas, Maniac y Cher Beauty.

Pasé de ser su mamá a su empleada. Ella trabaja y paga las expensas, porque se crió con un dicho muy conocido en mi casa: ‘el que no trabaja, de patitas a la calle’”, bromeó Martina. De hecho, confirmó que los ingresos de María Pita cubre los 500 mil pesos que les cobran como excedentes en su departamento.

De pronto, los videos dejaron de ser solo paseos por la calle con algún mimo de los transeúntes. La cámara se desviaba, entraban a un local de ropa y María Pita saludaba con la cola inquieta. Pedía mimos —que las vendedoras no dudaban en darle— y, al cabo de unos segundos, ya estaba en un probador con Martina para un cambio de vestuario. En otras ocasiones, pasaba de un breve viaje en ascensor a un photo shooting en plena calle, rodeada de modelos, mimos y lengüetazos para todos. María Pita demostraba que pertenecía al mundo del modelaje.

“A mis ojos, es la perrita más linda del planeta, y creo que lo que la hace una modelo ideal es su actitud”, afirmó Martina y agregó que “le gusta estar ahí, rodeada de gente, cambiarse la ropita y caminar por el set. Lo hace tranquila, lo disfruta, y eso es lo que la vuelve ideal”. “Ella va, saluda al fotógrafo, se sube a upa de la filmmaker, las modelos le dan besos y ella está en su mundo”, relató.

Con el tiempo, la gente comenzó a preguntarse qué usaba María Pita: desde pretales hasta ropitas. Además, Martina quería conseguir prendas con una impronta propia, algo que no encontraba en la oferta local. “No conseguía en ningún lado ropa distinta a lo que se ve en otros pet shops”, explicó. A partir de esa necesidad nació la idea de crear una marca propia.

La Titi viste a la moda

Martina tenía el concepto y el conocimiento en marketing; María Pita, la imagen. Quien terminó de darle forma al proyecto fue Lucas Domínguez, su pareja y socio. Filmmaker especializado en moda y publicidad, no dudó cuando Martina le acercó la idea. “‘Vamos para adelante, hagámoslo’, me dijo. Compartimos la misma visión y estamos en plena sinergia. Él es fundamental para María Pita Concept”.

La marca propone invertir la lógica tradicional: que la elección no pase solo por el gusto del dueño, sino también por la personalidad de la mascota. “Así como las personas usan la moda para expresarse, las mascotas también pueden hacerlo y se lo merecen”, sostuvo Martina. “Cada una tiene una forma de ser única”.

“Creo que las piezas que tenemos ayudan a destacar esa realidad con creatividad y autenticidad. La idea es dejar a las mascotas expresarse y brillar”,explicó. El objetivo es combinar la personalidad del animal con el estilo de vida de su humano.

La pasarela recién empieza

Al principio, la pareja tuvo dificultades como en todo emprendimiento, pero reconoce que recién empieza: “Me falta un montón, esto de ser emprendedora es algo nuevo para mí, hay cosas que aprendo sobre la marcha”. También admite que cada logro que tuvo también representó una dificultad en sí mismo: hacer conocida la marca, tener un perro influencer y lograr que la gente quiera a ambas indiscriminadamente.

Mientras crecen y aprenden, Martina y Lucas siguen llevando adelante el emprendimiento sin descanso: “Estamos pensando una colección para marzo y la idea es que hayan sorpresas todo el año, se vienen cosas hermosas y super pensadas”.

El objetivo final es que la gente se identifique con la marca y se sienta parte. “Me encantaría que alguien use la ropita y diga: ‘¿Viste esto de María Pita Concept?’ o ‘Mi perrito usa tal cosa de la marca’. Quiero eso”, resumió.

Hoy, entre veredas porteñas, probadores improvisados y sets de fotos, María Pita sigue caminando con el mismo ritmo apurado y la lengua afuera, ajena —o quizás no tanto— al fenómeno que genera a su paso. No entiende de métricas, campañas ni estrategias de marca, pero sí de miradas, mimos y disfrute. Y eso, para Martina, es lo esencial.

La historia de La Titi no es solo la de una perrita que se volvió famosa en redes, sino la de un vínculo que encontró una forma inesperada de expresarse, de crecer y de convertirse en proyecto. Entre ropa, cámaras y sueños compartidos, Martina y María Pita construyen un universo propio donde la actitud importa más que la pose y donde cada paso —por más corto que sea— deja huella. La pasarela recién empieza, pero si algo está claro es que María Pita no camina sola.

Fuente: TN

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