Redes Sociales

Virales

¿Es bueno meter a nuestras mascotas en la cama?

Los perros o gatos invaden incluso los rincones más íntimos de las viviendas. Miradas contrapuestas de un tema que causa polémica.

Las tendencias petfriendly ganan espacio en nuestro país y en el mundo. Hay para todos los gustos, supermercados, cines, comercios, centros comerciales y bares que aceptan la visita de un amigo de cuatro patas.

Bien domesticados, son amigables, buenos y compañeros, pero ¿es sano llevarlos también a dormir con nosotros? Hay personas que aún prefieren mandarlos a la perrera, pero hay una gran parte de la población que considera al animal como su hijo o un miembro más de la familia.

Según una investigación realizada por Clínica Mayo de Minnesota – Estados Unidos, revelaron que no es buena idea subirlos a la cama ni tampoco compartir la habitación. Demostraron que no es conveniente dormir con perros o gatos ya que, según estudios, empeora la calidad del sueño de las personas durante la noche, indicando que un 80 por ciento de los individuos que durmieron con ellos sufrieron deficiencia y problemas de conciliación del sueño.

En la Argentina, para Miguel Onofrio Longo, médico veterinario especializado en homeopatía, el panorama es totalmente distinto. Señala que,si bien hay muchas personas que poseen diversos prejuicios a la hora de invitar a subir a un animal al lugar de descanso, no hay riesgos ni inconvenientes mientras se tengan los cuidados que este merece.

“Teniendo todas las precauciones, el baño,el plan sanitario completo y la desparasitación interna y externa, no habría ningún tipo de problema de que convivan en la cama con nosotros y los niños pequeños”, destacó. “Tenemos más posibilidades de contagiarnos cosas peligrosas en la calle, ni siquiera cuando ellos nos dan besos en la cara estamos en peligro porque ahí tampoco transmiten ninguna enfermedad”, aseguró el veterinario homeópata.

Por otro lado, Andrea Falconier (MN 98.319), médica del Hospital General de Agudos Ramos Mejía, también asegura que, mientras se tengan los recaudos pertinentes, es aceptable compartir con ellos la cama. “Traen mucha tranquilidad, desestresan y está comprobado porque existen estudios de acompañamiento de animales en salas de oncología pediátrica, son muy necesarios”, explica a Con Bienestar.

Cabe mencionar que, no todas las visiones de esta temática son coincidentes con una misma postura. Gustavo González Marín, médico veterinario con un magister en salud animal y epidemiología, sostiene que la tendencia de hoy radica en humanizar demasiado a los “compañeros de vida”, otorgándoles espacios que no son habituales y que a futuro terminan generando problemas de comportamiento.

“Te puede pasar que el perro tome un espacio como la cama o el sillón y cuando lo quieras sacar te muestre los dientes o muerda”, expresó. “Desde la higiene tampoco está bueno porque cuando salen a la calle toman contacto con gérmenes, microbios, parásitos y es algo que cargan consigo en el pelo, patas y boca, siendo alta la probabilidad de contagiarse algo”, culminó.

El médico epidemiológico destaca que lo mejor es generar un espacio para compartir con ellos, ya sea una manta o colchoneta y que cuando se los deja pasar, sea ese su lugar donde compartan nuestra energía.

Para diferir de una postura específica y centrada, consultamos también al doctor Juan Enrique Romero, médico veterinario de las “estrellas caninas”. En diálogo con él, enfatizó en que el tema sanitario estaría descartado ya que ellos salen a la calle tanto como las personas, y además se refirió a que los animales de compañía luchan por obtener seis recursos a lo largo de su vida: Alimentación, agua, pareja, individuo favorito, juguete y un lugar de descanso. “Si alteramos alguno de ellos, lo van a defender con sus ´armas´, por eso sería desaconsejable que un perro duerma en el mismo lecho que el ser humano, porque es uno de los recursos por los cuales él pelea”, remarcó.

Fuente: TN.com.ar

Virales

Fue “la chica del accidente” hasta que se animó a contar su historia: “Cuando me quise sentar vi que ya no tenía las piernas”

Liliana Méndez era una joven de 22 años cuando el auto en el que viajaba chocó y se partió en tres pedazos. Sufrió una doble amputación, se le cortó la arteria femoral y sobrevivió pero se ocultó durante años. Hasta que un día se puso una minifalda y le pidió a su hija que le sacara una foto de cuerpo entero

Fue un cambio de planes a último momento: una decisión mínima que todavía hoy, con el diario del lunes, le genera alivio. Alguien avisó que ninguna pareja iba a llevar a sus hijos al cumpleaños, por lo que Liliana y quien entonces era su marido dejaron a las nenas con sus abuelas: la de 5 años con una, la de 3 con la otra.

“Menos mal”, repite y suspira Liliana, 12 años después de aquella noche. Cuando le permitieron volver a verlas, era una mamá distinta: una sobreviviente de un accidente feroz, una mamá sin piernas.

Liliana Méndez se había puesto en pareja en la adolescencia, había tenido a su primera hija poco después y tenía 22 años la madrugada en que su vida cambió para siempre. “Fue de estúpidos, esa es la verdad”, cuenta ahora a Infobae desde Trelew, donde todavía vive, y se refiere a que es probable que la edad les haya hecho subestimar el riesgo de ir a semejante velocidad.

La tapa del diario Chubut del día siguienteLa tapa del diario Chubut del día siguiente

Era 20 de abril de 2008, ella y el padre de sus hijas tenían un Ford Falcon azul y formaban parte de un grupo de fanáticos de ese auto. “Volvíamos de un cumpleaños en Playa Unión en caravana. Éramos como 20 Falcon”, reconstruye. Iba a ser un recorrido corto: el balneario Playa Unión, en la provincia del Chubut, queda a unos 10 minutos de Rawson, a donde pensaban ir a bailar. “Manejaba mi ex marido, a alta velocidad, sí. Recuerdo que pasamos el puesto policial y que le grité ‘¡guarda!’”. Pero ya era tarde.

A eso de las 4 y media de la madrugada, el conductor perdió el control del Falcon y chocaron contra un poste de luz de cemento: el auto se partió en tres pedazos. “Salí despedida y fui deslizándome por el asfalto, como si arrastraras fuerte una bolsa de papas por el suelo. Era una doble vía y frené de la mano contraria, me acuerdo de todo porque nunca perdí el conocimiento. Cuando caigo en firme abro los ojos, había quedado acostada boca arriba y sentía piedras dentro de la boca, como pedregullo. Cuando me quise sentar vi que ya no tenía las piernas”.

Una nube de tierra los envolvía, su ex marido corría desesperado y sin zapatillas, la gente gritaba alrededor. Le pedían que aguantara, que no se durmiera, le hablaban de sus hijas. “Se me cortó la arteria femoral, me estaba desangrando”, sigue ella.

La chapa del Falcon le había provocado una doble amputación “pero yo como que había perdido el sentido, no caía. Llegó un policía corriendo y me metió la mano en el pantalón, donde tenía cortada la arteria. Yo pensé que me quería bajar la ropa y empecé a pelear para que no me tocara, pobre. Fue la persona que me salvó la vida, porque me hizo un torniquete con mi cinturón. Se llama Javier Artal, lo conocí hace poco y se lo voy a agradecer siempre”.

Liliana pasó años sacándose fotos sólo de la cintura para arribaLiliana pasó años sacándose fotos sólo de la cintura para arriba

Fue en la camilla, mientras intentaban subirla a la ambulancia, que Liliana sintió por primera vez la falta de estabilidad: “¡Me voy a caer!”, gritaba, mientras los paramédicos le juraban que eso no iba a pasar. Todavía le causa cierta gracia el escándalo que armó cuando, ya en el Hospital Santa Teresita de Rawson, le dijeron que le iban a cortar una camperita nueva de Scombro que le habían regalado para su cumpleaños número 22, un mes antes.

“Joven terminó con sus piernas amputadas en un terrible accidente en la doble trocha”, tituló el diario Chubut la mañana siguiente. No dice su nombre pero sí que su estado era “desesperante”. De hecho, de esos primeros días en el hospital, Liliana recuerda haber visto pasar a mucha gente. “Es que decían que me iba a morir, era lo más probable”, por eso fueron amigas de la infancia, vecinos, familiares que hacía años no veía.

La doble página del diario Chubut donde nació la historia de "la chica del accidente"La doble página del diario Chubut donde nació la historia de “la chica del accidente”

Era un hospital pequeño: tuvo suerte de que hubiera sangre para las 34 transfusiones que tuvieron que hacerle y que lograron controlar la infección que había provocado la chapa del auto en el corte.

“No sentí dolor en el momento pero después ni la morfina lo calmaba. Cada vez que había que moverme sentía que se me desgarraba el cuerpo. Tenía golpes por todos lados, los vidrios clavados en la espalda”. Pasó un mes internada pero la peor parte -asegura- comenzó cuando le dieron el alta y regresó a su casa, en un segundo piso, en una silla de ruedas que ni siquiera pasaba por la puerta del baño, donde ya tampoco podía agacharse ni para bañar a sus hijas.

En minifalda, cuando se animó a volver a mostrarseEn minifalda, cuando se animó a volver a mostrarse

Volver

Milagros, de 5 años, estaba terminando el jardín. Ciana, de 3, no había empezado. “Esa parte la sufrí bastante, ¿cómo iba a bañarlas si otros me tenían que bañar a mí? Hoy me subo a una silla de ruedas y hago cualquier cosa pero en ese momento era una dependencia total. Me levantaba a la mañana, me iba a parar medio dormida y de golpe, al piso. Además, el impacto emocional: cuando llegué a mi casa me habían llevado las botas y las zapatillas para que no me pusiera mal cuando viera lo que yo usaba en los pies”.

Menos a la familia, la onda expansiva ahuyentó a todos. “De los supuestos amigos de los 20 Falcon no quedó ninguno”. Y habla de algo que suele pasarle a las personas que tienen una discapacidad adquirida producto de una enfermedad o de un accidente:

“Hay gente que cree que tiene que venir a decirte algo muy elaborado y como no saben qué decir, se borran. Nada, flaca, cebame un mate, decime que todo va a estar bien aunque sea mentira, llevame a las nenas al jardín, tendeme la cama, invitame un helado. Nada de lo que puedas decir me va a hacer crecer las piernas, solo estate un rato conmigo, abrazame”.

“Hay gente que cree que tiene que venir a decirte algo muy elaborado y como no saben qué decir, se borran", dice“Hay gente que cree que tiene que venir a decirte algo muy elaborado y como no saben qué decir, se borran”, dice

Sus piernas ya no estaban pero Liliana tenía lo que se conoce como “sensación de miembro fantasma. Seguís sintiendo dolor, porque tu cerebro sigue enviando información. Yo sentía que algo me cortaba el dedo chiquito, la sangre corriendo por las piernas. Todo una imagen y un dolor que no me dejaba comer, pensar. Fueron días muy grises, el duelo de lo que ya nunca iba a ser igual”.

El accidente había sido tan conocido que muchos en Trelew -que en ese entonces no llegaba a los 100.000 habitantes- sabían la historia de “la chica del accidente”, pero Liliana estaba guardada, enojada, triste, y nadie conocía su historia de primera mano, mucho menos cómo era su nuevo cuerpo.

Durante cinco años Liliana fue para muchos "la chica del accidente"Durante cinco años Liliana fue para muchos “la chica del accidente”

Tenía la opción de seguir su vida en silla de ruedas pero decidió que iba a intentar volver a pararse. Una vez terminada la cicatrización, le hicieron unos vendajes cónicos y empezaron a amoldar sus piernas con pilones para colocarle prótesis. “Y a los cuatro meses del accidente me volví a parar”. A los 6 empezó a caminar con prótesis, pero seguía siendo una joven coqueta de 22 años, por lo que mantuvo siempre sus nuevos miembros inferiores escondidos.

Fueron muchos años de volver y volver sobre lo que había pasado. “Algunos creen que el destino de una persona está escrito. Yo no, yo pienso que lo que pasó fue consecuencia de malas decisiones. Si la persona que iba al lado mío andaba a mil por hora era obvio que algo podía pasar”, sostiene.

“Más allá de eso yo aprendí muchas cosas. A quejarme menos, seguro. Eso se lo digo a mis hijas, que ya son adolescentes: yo también me quejaba porque tenía que caminar o tomarme un colectivo cuando tenía su edad, no saben lo que yo desearía tener mis piernas para hacerlo hoy. O no sé… sentir la agüita del mar en los pies”.

Junto a sus hijas Milagros, Ciana y FrancescaJunto a sus hijas Milagros, Ciana y Francesca

Cinco años después del accidente, Liliana quedó embarazada de su tercera hija. “Tuve miedo, pensé que con la panza me iba a tumbar para adelante, pero no, fue un embarazo hermoso”. Sin embargo, su matrimonio ya venía agonizando y enseguida se separó y terminó viviendo con sus tres hijas en la casa de su mamá. Fue un nuevo golpe pero terminó siendo el inicio de la resurrección.

Yo, en minifalda

Era 2013 y la beba tenía seis meses cuando Liliana salió por fin de su casa y empezó a trabajar en el sector de atención al público de la Obra Social de camioneros. Fue en ese contexto que salió un viaje de apuro a Buenos Aires y su ortopedista le avisó que no le daba el tiempo para cubrir con goma espuma sus prótesis, la técnica que usaban para que se parecieran más a las formas de las piernas.

"Yo no salgo a la calle así, con los dos palitos pelados”, dijo en ese momento“Yo no salgo a la calle así, con los dos palitos pelados”, dijo en ese momento

“Yo dije ‘¿qué?’. Me muero, yo no salgo a la calle así, con los dos palitos pelados”, se ríe ahora. “Pero no me quedó otra, esa era yo. Me acuerdo que en mis redes sociales tenía pocos amigos y nadie sabía lo que me había pasado, a lo sumo sabían que era ‘la chica del accidente’. Yo jamás me sacaba una foto de la cintura para abajo. Pero ese día, después de ese viaje, me puse una pollera y le dije a mi hija: ‘Sacame una foto’. Ella abrió los ojos grandes y me dijo ‘pero mamá, se te ven’”.

Liliana sonrió, le dijo “dale, sacame” y subió la foto a su cuenta de Facebook. “Y ahí empecé a contar mi historia por primera vez. Entendí que no había elegido lo que me había pasado y que aceptarse es un proceso muy personal pero bueno, había llegado el momento de decir ‘esta soy yo ahora a partir de lo que tengo, de lo que hago y de lo que me quedó’”, sigue.

No fue instantáneo, no fue la magia de Disney sino un proceso, porque en esa época Liliana volvió por primera vez a una playa y no se animó a sacarse las prótesis delante de los turistas para meterse al agua.

También compite y pasea con una bicicleta de manoTambién compite y pasea con una bicicleta de mano

“Pero le busqué la vuelta. Alquilé un bote, me metí hasta el fondo, remé con los brazos y cuando estaba sola, me saqué las prótesis y me tiré al mar. Fue una de las sensaciones más lindas de mi vida”.

Jamás había pensado en ser deportista pero se enganchó tanto con el canotaje que ahora forma parte de un equipo de personas amputadas llamado “Los cuatro mosqueteros” que compite en tetratlones (ella hace canotaje y los otros pedestrismo, bicicleta y esquí). Desde la Fundación Jean Maggi, además, le regalaron una bicicleta de mano (se impulsa con los brazos) “que me cambió la vida. La uso para competir pero también para salir a pasear con mi familia, algo que nunca había podido hacer”.

Junto a Pablo, su pareja desde hace 3 añosJunto a Pablo, su pareja desde hace 3 años

Salir de la oscuridad le trajo, además, un nuevo amor: Pablo Perrotta, un joven profesor de cross fit y dueño de un gimnasio que le envió un mensaje a sus redes después de ver su sonrisa en una nota de un diario local y leer su historia.

“Empezamos a conversar, a vernos y un día él me dijo que quería ir más allá, probar. Yo me atajé bastante, eh”, se despide Liliana. “Le dije ‘pero mirá que yo no puedo correr’ y él me dijo ‘no me importa’. Y yo: ‘Pero mirá que no puedo caminar mucho’ y él ‘no me importa’. ‘Pero mirá que todo el mundo te va mirar’, y él ‘no importa’. Ya hace tres años que estamos juntos y es lindo estar con alguien que no sienta vergüenza de vos. Yo lo adoro, lo admiro, es mi compañero. Ya no tengo pudor en sacarme las prótesis y meterme al agua delante de todos. Pablo siempre me dice ‘si lo necesitás, yo soy tus piernas’. Así que me las saco, me carga a upa y nos metemos juntos”.

Sigue leyendo

Virales

Se conocieron en la infancia, se reencontraron de grandes y terminaron viviendo una historia de amor y tragedia

Se conocieron cuando ella tenía 8 años. Stephy iba a tercer grado y ya era una nena flaca y alta que jugaba al básquet en Vélez. Marco tenía 10 y era el hermano mayor de una de sus compañeras de equipo. Lo que siguió en la línea de tiempo borrosa de la niñez fue una mudanza: 1.300 kilómetros de distancia y 17 años en los que ninguno supo nada más del otro.

En 2013, Stephy intentaba terminar de cerrar una relación de 4 años mientras alimentaba una certeza: “Pensaba: ‘No me voy a enamorar nunca más, los hombres son todos una porquería'”, se ríe ahora, mientras conversa con Infobae. Ella no lo sabía pero Marco ya había regresado de Bariloche e intentaba, al mismo tiempo, poner punto final a una relación de pareja de seis años.

Fue una red social, que por supuesto no existía cuando se perdieron el rastro, la que le sugirió su nombre: “Yo dije ‘mmm… mirá a Marquito, ya no es el chiquito que conocí en el club a fines de los 90′. Empezamos a hablar, salimos. Un mes después estábamos viviendo juntos. Tres meses después nos casamos”, cuenta ella, que en ese entonces ya tenía 24 años.

infobae-image

Hasta ahora, Disney: ella, que siempre había querido ser madre, le dijo que quería que él fuera el padre de sus hijos (en plural). El, que siempre había deseado ser padre, quiso lo mismo.

— ¿Te imaginaste que los esperaban tantas tragedias, Stephy?
—Jamás. Creía que si algún día me tocaba atravesar algo grave se me iba a acabar el mundo. Yo, por ejemplo, veía a una persona ciega por la calle y pensaba: “Si a mi me falta la vista, me muero”.

Una cadena de tragedias

Un año después del casamiento, Stephanie Salas quedó embarazada por primera vez. La alegría que trajo la noticia fue proporcional al desconcierto que la arrastró: perdió el embarazo a las 5 semanas de gestación, nadie supo explicar bien por qué.

infobae-image

En 2015 volvió a quedar embarazada: respiró cuando pasó la quinta semana pero lo perdió durante la séptima. Fue escuchando a la actriz María Fernanda Callejón en la televisión que escuchó por primera vez la palabra “trombofilia“. El análisis dio positivo: los trombos que se formaban en el útero ocasionaban abortos espontáneos.

Ese año y sin imaginar todo lo que estaba por venir, Stephy le escribió a Marco Castellacci, su marido, una carta: “Siento que estamos haciendo las cosas bien. Cómo no hacerlo cuando cuento con la mejor persona que me ha podido tocar en la vida: vos. Somos un buen equipo, vamos a salir adelante”.

Fue escuchando a la actriz María Fernanda Callejón en la televisión que Stephy escuchó por primera vez la palabra “trombofilia”Fue escuchando a la actriz María Fernanda Callejón en la televisión que Stephy escuchó por primera vez la palabra “trombofilia”

A mediados de 2016 murió el abuelo de Marco. “Fue muy duro, era como un papá para él. En esa misma semana, yo me lastimé un dedo del pie pero no le di importancia”. Stephy tenía diabetes tipo 1 desde la infancia y la omisión no era un tema menor para alguien con su enfermedad, con el fantasma de lo que se conoce como “pie diabético” dando vueltas.

“Me entró una bacteria por esa lesión y causó una infección. Quedó alojada adentro, desintegró parte del hueso y me terminaron amputando un dedo. Tuve suerte digamos, porque lograron salvarme el pie. Además, la bacteria llegó a la sangre, si hubiera llegado al corazón no la contaba”.

Buscando un símbolo de paz, Stephy y Marco decidieron mudarse a Mar del Plata. Al año siguiente, mientras se inyectaba Heparina para la trombofilia, quedó embarazada por cuarta vez.

infobae-image

“Yo tenía cierto daño en la vista pero estaba controlado. El tema es que el combo entre esa retinopatía con el anticoagulante hicieron una explosión“, sigue. La presión ocular era tan elevada que no quedó otra opción que hacerle una cirugía: “Me operaron en la semana 14 de embarazo. De la operación salí ciega”.

Volvió a esta misma casa desde la que ahora habla con Infobae, cerca del puerto de Mar del plata, en la oscuridad total. “Me sentía mal, por Marco también. Pensaba ‘voy a ser un obstáculo siempre, una columna en medio de una habitación‘”. Una semana después de la cirugía, el dolor en las sienes y en las cervicales avanzó hasta que se volvió insoportable. Stephy terminó internada, sumida en un pico de estrés, presión alta y una insuficiencia renal declarada.

“Si decidís continuar con el embarazo corrés grandes riesgos de que sea ella la que no pueda continuar“, le dijeron a Marco. El riesgo, a decir verdad, era que ninguno de los dos saliera vivo de la clínica. Tomaron la decisión juntos pero fue Marco quien tuvo que firmar los papeles para interrumpir legalmente el embarazo.

infobae-image

“Fue muy duro. Ya se me había venido un poco el mundo abajo cuando quedó ciega, porque yo quería que no dejara de ser ella, que siguiera viajando a ver a su familia, que visitara a sus amigos. Y después vino esto”, cuenta Marco (32). “Después me llené de dudas: ‘¿cómo voy a hacer para mantener a mi familia y sostenerla a ella, para que no se caiga?”.

Tres meses después del legrado, mientras Stephy aprendía a sobrevivir con ataques de pánico, fue a hacerse un chequeo ginecológico. Ya habían decidido que iban a recurrir a la adopción pero tenía que hacerse estudios para asegurarse de que no hubieran quedado restos.

“Yo ya estaba ciega. Me acuerdo la voz de la doctora y la de Marco, que en un momento la interrumpió y le preguntó: ‘¿qué es eso que late?'”. Así se enteró de que estaba embarazada por quinta vez.

infobae-image

“Lo deseábamos, siempre lo habíamos deseado, pero esa vez no lo esperábamos. Yo le dije a la doctora: ‘¿En qué estado me agarra?, no puedo volver a pasar por algo así. La doctora me dijo: ‘Mirá, las fallas renales o frenan o empeoran, nunca mejoran. No entendemos bien cómo pero vos estás mejor, llegó en tu mujer momento“.

Fue la coordinadora de la escuela de rehabilitación -una madre no vidente- quien la llamó aparte y dijo lo que necesitaba escuchar: “‘Mirá Stephy, no te tiene que preocupar que no vayas a conocerle la cara a tu bebé, vas a ver que igual lo vas a conocer mejor que nadie‘. Gianluca nació a los 7 meses de gestación: es el bebé de 4 meses que ahora llora de fondo mientras su mamá cuenta su historia.

Gianluca nació a los 7 meses de gestaciónGianluca nació a los 7 meses de gestación

Era la primera vez que las enfermeras de neonatología de la clínica 25 de mayo, en Mar del Plata, recibían a una mamá no vidente y fueron ellas quienes le explicaron cómo cambiarle a tientas los pañales a un bebé que llegó a pesar un kilo y medio.

Para el resto de las tareas, se las fue ingeniando: “Claro, te dicen: ‘Tiene que tomar una mamadera de 90′, ¿y yo como cargo 90 en una mamadera?’. Una madrugada me desvelé pensando en eso y se me ocurrió comprar jeringas, una de 60, una de 20 y una de 10. Y así aprendí a hacerle la mamadera a mi hijo sin ayuda”.

Claro que le dolió saber que no va a conocer su cara. “Lo que los demás hacían de buena onda a mi me hacía pelota: ‘Ay, mirá cómo sonríe’, ‘mirá cómo le gusta el agua’. Yo no podía darme cuenta cuando él disfrutaba. De a poco fui aprendiendo otras maneras. Ahora sé que él balbucea cuando me ve, entonces no me olvido más de prender la luz. Y empezó con las carcajadas así que imaginate…”

Cuando Gianluca tenía un mes y medio, a Marco lo echaron del trabajoCuando Gianluca tenía un mes y medio, a Marco lo echaron del trabajo

Cuando Gianluca tenía un mes y medio, a Marco lo echaron del trabajo. “Todos aprendimos mucho”, sigue él. “Cuando pasó todo yo trabajaba 10, 12 horas por día, me iba a dormir al hospital con ella, venía a bañarme y me volvía a ir a trabajar. Eso nos suele pasar: ponemos el trabajo en primer lugar y cuando te pasa algo ¿qué? Más allá de que todos necesitamos trabajar, yo aprendí a respetar el espacio de mi familia”.

Sobreviven como pueden: ella prepara tortas, budines, pizzas y conservas a pedido, él la ayuda con la elaboración, las compras y las entregas a domicilio.

infobae-image

Después se despiden y las palabras de aquella carta que Stephy le escribió a Marco cuando todavía podía ver cobran un nuevo sentido: “Somos un buen equipo, vamos a salir adelante”.

Fuente: Infobae.com

Sigue leyendo

Virales

Cómo superar una infidelidad

La persona engañada puede experimentar tristeza, enojo, conmoción e incredulidad. Perdonar es una tarea muy difícil, pero no imposible.

La infidelidad es uno de los temas más debatidos en la terapia de pareja. Se plantea cómo superar las heridas del engaño. Y brontan las preguntas: ¿Por qué alguien es infiel? ¿Se podría haber evitado? ¿Lo hizo por una necesidad emocional, sexual o por otra causa? ¿Es necesario confesar una infidelidad? ¿Volverá a ocurrir?

“El impacto vincular de la infidelidad está atravesado por diversos factores. Entre ellos, la idea que tenían del contrato previo de pareja que podía estar implícito, explicito o pseudoexplicito, como el popular ojos que no ven corazón que no siente“, detalla a Con Bienestar Federico Rinaldi, psicólogo (M.N. 46.757) y miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).

Qué corresponde a una situación de infidelidad y qué no, si hubo episodios previos, la historia de la pareja, las historias individuales, los valores, son aspectos que influyen en el análisis de la situación.

Las parejas pasan por tres fases principales al vivir una infidelidad:

  • Crisis: la infidelidad sale a la luz por ser descubierta o confesada. Esta fase es una montaña rusa de emociones por ambas partes: vergüenza, enojo, humillación, tristeza, culpa.
  • Sentido: la persona traicionada tratará de entender qué pasó, por qué paso y en qué consistió la infidelidad. Va más allá de entender los hechos como tales, sino el significado que tuvo para uno mismo, para la pareja y para la relación.
  • Visión a futuro: implicará determinar si van a permanecer juntos o separados y cómo se integraría esta experiencia a la relación.

“Hoy en día, creo que parte de la población ha logrado flexibilizar la rigidez cognitiva y la intensidad emocional asociada a un episodio de infidelidad. Según estudios, el 90 por ciento de las personas que son infieles refiere que lo hace bajo condiciones que lo justifican”, refiere Rinaldi.

El propio término infidelidad fue cambiando. La forma de interpretar y practicar la infidelidad varía en los distintos contextos socioculturales. Por ejemplo, en Grecia y Roma, se consideraba que un hombre era infiel si tenía relaciones sexuales con una mujer casada que no fuera su esposa, pero no era tenido en cuenta si lo hacía con esclavas, concubinas o prostitutas.

Actualmente, está de moda la palabra “poliamor” tratándose de parejas que deciden tener varias relaciones emocionales simultáneas basadas en la honestidad con uno mismo o una misma y con las parejas.

“La fase de reparación de confianza es donde los integrantes de la pareja se redescubren y renuevan sus contratos, suele vincularse a un aumento en el compromiso, la toma de responsabilidades, el incremento en la función comunicacional y el perdón”, finaliza el experto.

Fuente: TN.com.ar

Sigue leyendo
Advertisement

Nuestro Clima

Facebook