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Emigró en 2001, vive en España y apostó por la Argentina con alfajores “patriotas”

Maximiliano Alonso tiene 51 años y en 2001 emigró a España enojado con su tierra: la Argentina. Decepcionado con la gente y con la “pérdida de valores”, sin embargo, jamás perdió la esperanza de que el país del Río de la Plata pudiera mejorar.

Por eso, aunque ahora trabaja en España en el rubro de la construcción, hace cinco años decidió invertir en la Argentina de una manera muy característica, vendiendo alfajores “premium” a un precio imbatible y con un diseño icónico que hace referencia a la patria. Las primeras ediciones fueron de chocolate negro y dulce de leche, con diseño de José de San Martín y las Islas Malvinas.

En una entrevista con TN, contó su historia, los inicios de la fundación y reflexionó sobre un fenómeno recurrente: que el argentino jamás pierde sus raíces.

El argentino que jamás se fue

Maximiliano emigró a España hace 24 años, enojado porque sentía que no encajaba en la sociedad: “Sentía que no estaba alineado a lo que yo estaba acostumbrado y a cómo había sido criado. Vengo de una familia de muchos principios: la palabra, ser serio, cumplir lo que se dice. No me gusta la demagogia”. Pero recordando aquellos años, se apura a aclarar: “Me fui enojado con la sociedad, no con la Argentina”.

Allá empezó su vida de vuelta, consiguió trabajo, formó una familia y admitió que las complicaciones no faltaron, pero jamás se despegó de su país de origen. Ningún argentino se resiste a su suelo, sin importar la distancia: “Viajo constantemente, estuve en agosto, en octubre, ahora seguro vaya en febrero.”

“Mucha gente me critica diciendo que podría haber hecho lo mismo en la Argentina, pero la fundación está allá y está ayudando a la gente”, aclaró, y reafirmó que su presencia en el país es constante: “Nunca me fui realmente”. Controla todo desde Europa gracias a la virtualidad, lo que le permite mantener la fundación activa. Se adapta a la diferencia horaria, organiza videollamadas y no deja ninguna idea afuera para el emprendimiento.

Héroes de la Patria

“Me fui hace más de veinte años, pero decidí aportar mi granito de arena al país”, contó Maximiliano. Su entusiasmo por invertir en el desarrollo de la Argentina se gestó mucho antes de que apareciera la idea de los alfajores. “Hace tiempo venía queriendo hacer algo. La pandemia me permitió inspirarme y centrarme en qué podía hacer por la Argentina”.

Así nació Héroes de la Patria, una fundación creada “básicamente para aportar fondos al ámbito educativo, pero de una forma diferente a cómo suele funcionar una organización”. Maximiliano explicó cuál es la clave distintiva del proyecto: “Nosotros donamos lo que haga falta: computadoras para escuelas, colectivos, estatuas para instituciones o apoyo a asociaciones, pero no dinero. Les damos la caña y les enseñamos a pescar”.

El sustento para las donaciones proviene de la venta de alfajores icónicos. Actualmente, una caja de 12 vale $25.000. “Donamos el 95% del margen a esas instituciones y escuelas para que se financien. No es un negocio, está regulado bajo mi estricta supervisión”, aseguró.

“Hacemos lo que necesitan: proyectos de huerta, talleres de radio, todo adaptado a su realidad edilicia”, detalló, y compartió ejemplos concretos: “Algunas escuelas obtienen rendimientos de las huertas que armamos y con eso pueden comprar computadoras. Si necesitan algo más grande, como un motocultor, se lo damos”. Uno de los proyectos más ambiciosos fue la donación de un colectivo a una escuela rural para que sus 200 alumnos pudieran asistir a clases.

“La idea es volver a transmitir valores que quedaron olvidados con el tiempo, pero de una forma distinta, para que las nuevas generaciones aprendan historia”, explicó. Para Maximiliano, el valor histórico y cultural es central: que los chicos puedan identificar a los próceres en las golosinas y, al mismo tiempo, ayudar al país.

Una inversión a futuro

“La Argentina es un país de muchas oportunidades”, sostuvo al hablar de emprendimientos. “Hay que aprovechar la picaresca argentina para hacer las cosas bien, no mal”, insiste. Bajo ese principio, la fundación implementa medidas para evitar aumentos de precios y reducir costos, con el objetivo de mantener el valor del alfajor accesible.

“Hay mucho por hacer en la Argentina, por eso me gusta fomentar y apoyar a quienes quieren emprender”, señaló. Contó que tienen varios proyectos pensados para este año y que priorizan ayudar a jóvenes e instituciones. “Queremos llevar la cultura del emprendimiento a las escuelas: que los alumnos presenten proyectos y seleccionar algunos para apoyarlos”, explicó, y remarcó la importancia de fomentar la cultura del trabajo: “Hay que estudiar muchísimo, pero también tenemos la capacidad de emprender”.

Mientras impulsa nuevas ideas para ayudar al país, Maximiliano también proyecta su futuro personal. “Esto me apasiona. Cuando termine de organizar mis cosas acá, mi sueño es dedicarme pura y exclusivamente a la fundación”, advierte. No solo piensa en la patria a través de los próceres que aparecen en los alfajores, sino también en volver a pisar suelo argentino.

“No descarto volver. No sé si definitivamente, pero estamos pensando hacer unos meses allá y otros acá”, finalizó Alonso, con planes de seguir impulsando su trabajo y regresar al país tantas veces como sea necesario.

Su historia combina la solidaridad con la construcción, porque a pesar de su disgusto inicial hace más de 20 años, decidió invertir en su país como uno lo haría en su casa. Porque él es uno de los que quiere que la sociedad mejore y, como la reparación de una casa, eso lleva tiempo, esfuerzo y mucho trabajo en equipo. Su caso (como el de muchos otros) es la prueba que reafirma un principio implantado dentro de los argentinos, que “no importa a donde vayamos, siempre pensaremos en nuestro hogar”.

Fuente: TN

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Resistencia vuelve a ser epicentro grandes eventos con la Convención Mundial “Crece y Multiplícate” 2026

Del 5 al 7 de marzo de 2026, en la Iglesia Portal del Cielo, vamos a vivir una convocatoria sin precedentes con la Convención Mundial “Crece y Multiplícate” de Invasión del Amor de Dios.

Estamos preparando este encuentro con profunda expectativa, sabiendo que Resistencia será nuevamente un punto de referencia espiritual a nivel mundial, al recibir delegaciones de los cinco continentes. Para nosotros, este evento confirma que 2026 será un año de cosecha sobrenatural, donde Dios está levantando hombres y mujeres preparados para llevar el mensaje de salvación hasta los confines de la tierra.

Nos honra contar con la presencia de ministros internacionales como el Obispo Dag Heward-Mills (Ghana), los pastores Miguel y Montserrat Bogaert (República Dominicana) y el Apóstol Leandro Quipungo (Angola), junto a nuestros anfitriones, el Apóstol Jorge y la Profeta Alicia Ledesma (Argentina).

Durante estos tres días, viviremos plenarias enfocadas en el crecimiento y la multiplicación, con tiempos de impartición, activación espiritual y entrenamiento ministerial, creyendo que la gloria de Dios se manifestará con poder.

Nos inspira la promesa de Génesis 35:11, donde Dios declara: “Crece y multiplícate”, marcando el llamado profético que guía esta convención.

Invitamos a todos a sumarse y ser parte de este tiempo histórico. La inscripción puede realizarse a través del link oficial www.invasiondelamordedios.com

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Es campeona de oratoria de la Argentina y sueña con representar al país en un concurso internacional

Pilar Urbina alcanzó una meta que nunca imaginó cuando comenzó a estudiar oratoria a los 17 años: ganó un campeonato nacional y tendrá la oportunidad de representar a la Argentina en Antigua y Barbuda.

La primera vez que tuvo que dar un discurso frente a 200 personas fue casi imposible. Leyó un papel sin poder levantar la vista, colorada de vergüenza y con la voz trabada. Pero gracias a su empeño, será parte del campeonato mundial de la JCI (Cámara Junior Internacional).

La pasión por el debate y la oratoria

Desde muy chica, se apasionó por la lectura y a los 16 ya había ganado concursos de literatura. Pero a los 17, conoció la JCI de Bahía Blanca, una organización internacional presente en más de 110 países que busca desarrollar líderes jóvenes.

“Era post pandemia, yo estaba en el último año de secundaria y la JCI hizo un programa que se llamaba ‘Aprendiendo a debatir’”, recuerda. Ella y una amiga se anotaron en la competencia, sin saber nada de debate. “Nos había copado la idea, pero era exponernos por primera vez”, confiesa.

Al año siguiente, se mudó de Saavedra, su pueblo natal, a Bahía Blanca para estudiar Abogacía y se sumó de lleno a la organización, donde recibió formación en habilidades blandas, comunicación, gestión de proyectos y, sobre todo, oratoria. Para ella, la oratoria y su carrera van de la mano para generar bueno cambios en la sociedad y visibilizar problemas que suelen ser ignorados.

Pero el camino de la oratoria no fue fácil. “Al principio no me gustaba hablar en público, como a todo el mundo”, reconoce. “Me ponía muy nerviosa, me empezaba a poner colorada, me daba cuenta de que me ponía colorada y me ponía más nerviosa todavía. Me trababa toda, la pasaba muy mal”.

Su primera presentación pública en la JCI fue un desastre confesado: “Ninguna de las dos nos animamos a hablar. Pasamos con un papel al frente porque realmente no nos animábamos. No podíamos ni mirar al público, nos daba mucha vergüenza”.

Pero sabía que quería dominar esa habilidad. “La clave para mejorar era tratar de hacerlo la más veces posible”, explica. Entonces empezó a exponerse más: dio capacitaciones en colegios secundarios, compitió en debate a nivel nacional y se sumó al equipo de litigación penal de su universidad.

“Muchas veces me frustré mucho, me largué a llorar porque las cosas no me salían como quería. Soy muy exigente”, admite. Pero con el tiempo aprendió a manejar los nervios: “Ya no era que no había nervios, pero sabía cómo manejar la presión”.

La competencia que lo cambió todo

En 2025, se anotó por primera vez en la competencia nacional de oratoria de la JCI en Mendoza. Entre sus rivales había competidores que ya habían llegado a instancias internacionales, por lo que se propuso disfrutar de la experiencia y trató de no pensar en el resultado.

El tema que le asignaron para su discurso fue “Educar para liderar es la mejor estrategia para transformar el destino de un país”. Basándose en el libro “Mindset” de Carol Dweck, Pilar construyó su argumento en torno a la mentalidad de crecimiento de los líderes. Y contra todo pronóstico, ganó.

“Fue una confirmación de que este era el camino, de que esto es lo que me gusta”, dice. “Fue una sorpresa enorme porque no me lo esperaba”.

Esta victoria le dio la oportunidad de representar a la Argentina en el campeonato americano de oratoria durante la Conferencia de América de la JCI. El evento tendrá lugar en Antigua y Barbuda desde el 13 al 16 de mayo.

Ahora, Pilar necesita recaudar fondos para poder cumplir ese sueño. En vista de que la JCI es una organización voluntaria, debe autofinanciarse el viaje completo, explica. Tiene que cubrir el ticket de la conferencia, los vuelos (un día y medio de viaje), hospedaje y comida.

En diciembre, lanzó un video en su cuenta de Instagram (@pilarurbina_) para recaudar fondos y contactó empresas. El objetivo es cubrir los costos mientras entrena para el campeonato.

Su campaña, asegura, ha tenido “muy buena recepción”, y agradece el apoyo de su universidad y de los medios. Además, inspiró a otros chicos que ahora le escriben para pedirle consejos sobre oratoria, y Pilar asegura que está “a disposición” para ayudar a quienes necesiten una guía.

“Me gustaría que la gente que no se anima a salir de esa zona de confort pueda animarse. Yo también fui una persona que no le gustaba hablar en público, que la pasaba mal, pero que tenía ganas. Y creo que si tenés ganas, no hay ningún tipo de limitación que te haga no poder hacerlo”, afirma.

Antes de cerrar, hace una mención especial a tres personas de su círculo cercano: Mariela, Pamela y Raúl. “Son pilares que tenés a lo largo de tu vida, te dan confianza para todo lo que hacés y creen en vos. Se merecen ese agradecimiento”, dice emocionada.

Fuente: TN

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La historia de Leo, el delivery que recorre la ciudad en silla de ruedas para mantener a su hijo

Leo tiene 41 años y sale todos los días a las calles de Belgrano, San Fernando y Morón para ganarse la vida. Lo hace en silla de ruedas y trabajando como repartidor de delivery, en una rutina marcada por el esfuerzo, la constancia y el deseo de salir adelante pese a las dificultades.

“Estoy haciendo seis u ocho horas. No soy ejemplo de nada, estoy en silla de ruedas, trabajo lo mismo que alguien que lo hace caminando; el esfuerzo es el mismo”, dice Leo en diálogo con Telenoche.

Su objetivo es claro: demostrar que las personas con discapacidad también pueden trabajar y sostenerse por sus propios medios. “Los límites se los pone uno mismo hasta donde quiere llegar”, expresó.

Sin embargo, cada jornada empieza con un obstáculo. Cuando prende la aplicación para salir a repartir, se encuentra con una barrera que lo excluye. “Solo aparece auto o bicicleta para trabajar. No contemplan que alguien reparta en silla de ruedas”, explicó. A pesar de eso, se las ingenia para sumar pedidos y horas de trabajo.

La elección de cada envío no es azarosa. “Es un trabajo que me lo tomo tranquilo. Si me sale $1500 y tengo que hacer tres kilómetros, por ahí no lo tomo y prefiero otro que deje un poco más de plata”, detalló sobre cómo mide el esfuerzo físico que implica cada recorrido.

Leo reconoce que el delivery es una ayuda, pero no alcanza. “Necesito un trabajo para mejorar mi calidad de vida y darle lo mejor a mi hijo. Tengo una pensión y los pedidos me ayudan, pero no llego a fin de mes”, lamentó.

Su historia está atravesada por la superación desde la infancia. “Tuve meningitis de chico. Pero la vida no me detuvo. Tengo que seguir adelante, tengo por quién”, sostuvo.

Lejos del enojo, destaca lo que aprendió en el camino: “La discapacidad me dio un montón y yo estoy agradecido de la vida, pese a esta situación”.

A las dificultades laborales se suman las del espacio público. Las rampas para personas con discapacidad son escasas o están mal hechas: “Uno se la tiene que ingeniar. Vas a mitad de cuadra y buscás una rampa de estacionamiento”.

Aun así, Leo no baja los brazos. Sale todos los días, enfrenta los obstáculos y repite una frase que lo define: “La vida sigue”.

Fuente: TN

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