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El trágico final de un grande: René Favaloro y la última carta que dejó antes de morir
El 12 de julio de 1923, nacía en La Plata René Favaloro, una de las personalidades argentinas más importantes del siglo XX, que es recordado y homenajeado no sólo hoy, sino siempre.
Cuando se habla de la historia de la cardiología, la figura de René Gerónimo Favaloro es indisoluble. Y es que su invención, la cirugía de revascularización coronaria o de by-pass, logró salvar, y aún lo hace, millones de vida a lo largo y ancho del planeta.
Sin embargo, también es recordado por su trágico final, y es que a sus 77 años, el 29 de julio del 2000, el cirujano argentino que hasta último momento pidió ser considerado como un “médico rural”, pero que fue eminencia mundial, decidió suicidarse.
Y lo hizo dejando siete cartas escritas para varios destinatarios, algunos sobres con dólares para seres queridos y tres carteles pegados en el espejo. Uno pedía "avisar a Roberto y Liliana", y sus números telefónicos, otro simplemente decía "hasta siempre". En la tercera dejaba indicaciones sobre qué hacer con su cuerpo: “Cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz”.
Favaloro realizó prácticas en la prestigiosa Cleveland Clinic bajo la tutela del reconocido Donald Effler y se centró en analizar cinecoronarioangiografías, estudiar la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco. Esto lo hizo en el laboratorio de Mason Sones, padre de la arteriografía coronaria, que tenía la colección más importante de Estados Unidos.
Tras 5 años de arduo trabajo que lo llevaron a realizar una intervención que revolucionó la historia de la medicina cuando, realizó el primer bypass coronario del mundo, en una mujer de 51 años.
Sin embargo, lejos de buscar alcanzar los laureles, Favaloro reconoció el camino previo y afirmó: “Los avances en la medicina son siempre el resultado de muchos esfuerzos acumulados a lo largo de los años”. Por esto, luego del logro, recibió a cientos de médicos que, desde todos los puntos del planeta, viajaron a Estados Unidos para conocer esta innovadora técnica. “Quisiera ser recordado como docente más que como cirujano”, afirmó.
A los 47 años decidió que debía volver a Argentina, para cumplir su gran sueño: establecer un centro de investigación y atención médica. No obstante, esta no fue una tarea sencilla.
Como lo dejó bien claro en la última carta de despedida, la situación en la Fundación Favaloro, que tenía tan solo 25 años, se volvió insostenible. Las deudas que tenía, por 40 millones de pesos, la estaba poniendo en jaque. Pero no era sólo eso. Al mismo tiempo le debían más de 18 millones, principalmente desde el IOMA y PAMI, en ese entonces dirigido por el actual jefe de gobierno porteño, Horario Rodríguez Larreta.
Al respecto, el doctor aseguró: “Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno", explicó. Por otro lado, apuntó: “El PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95), la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían”.
Este contexto es necesario para entender la injusticia que rodeó la muerte del "doctor de los milagros", quien dedicó su vida a la gente. E incluso cuando llegó a la cima del prestigio se lo dedicó todo a la comunidad, trabajando hasta el último momento por ella.
A continuación, la última carta de René Favaloro:
Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de postgrado a todos los niveles. Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno.
La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces. La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada). Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía. A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo. Este era nuestro único contacto.
A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado. La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno.
Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!
Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país. Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.
Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio? Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, ¿usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!
Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre. Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional. Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.
La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter echo, cámara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos.
No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre correspondiente!
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’. Nuestro juramento médico lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben. Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.
Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta. ¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?
Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic, le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español! Sin duda la lucha ha sido muy desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.
Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’.
Sí al retorno, sí al ana-ana.
‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben cómo hacerlo. ‘Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado’. ‘Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación’ ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!
En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil.
No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla.
Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo. ‘¡La leyenda, la leyenda!’
Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.
Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.
En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.
A mi familia, en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.
Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Un abrazo a todos. René Favaloro.
Fuente: MediosYEstrategias
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Comenzó a coser a los 5 años, se convirtió en diseñador de alta costura y hoy viste a su sobrina para “sanar a su niño interior”
Hay una escena que se repite en la casa de Michel: él llega con una tela nueva y Calu se acerca. La mira, la toca, la observa frente al espejo. Tiene apenas tres años, pero ya sabe que detrás de ese retazo puede aparecer un vestido, una pollera o alguna otra prenda hecha especialmente para ella.
No necesita demasiadas explicaciones. Su tío es diseñador y desde que ella era bebé encontró en esos pequeños pedacitos una manera de compartir con ella algo que lo acompaña desde que era un nene.
“Desde chiquito me gustaba hacer ropita para muñecas. A los cinco arranqué cosiendo a mano, pero por bullying lo dejé de hacer”, relata a TN el joven diseñador sobre sus primeros pasos en la costura.
Sin embargo, pese a los comentarios, el deseo de crear permanecía intacto a pesar del contexto y finalmente el sueño reflotó: “Como me veía muy triste, a los 12 mi padrastro me regaló mi primera máquina para coser. Ahí arranqué y no paré, hacía ropa que quería comprarme y no podía”.
Ese impulso creativo pronto se convirtió en un gesto hacia su entorno más cercano. “Mi mamá una vez me pidió un kimono de una marca costosa, me mostró una foto, fuimos a buscar la tela y ahí arranqué a hacer más ropita para otros”, recuerda.
Con el tiempo, fue ganando experiencia y emprendiendo a pequeña escala: “También un tiempo laburé por mi cuenta y les hice ropa a las egresadas de colegios de la zona”. Y hoy, el boca a boca a es su mayor marketing.
El sueño de vestir a Calu: moda, complicidad y juego
La llegada de un nuevo integrante a la familia marcó un punto de quiebre tanto en su vida personal como en su vocación. Su hermana quedó embarazada y Michel no dudó en empezar a diseñar para la pequeña que venía en camino.
“Empecé a hacer ropita de nena para Calu. Al principio tenía miedo de que no le gustara, pero ella salió re coqueta. Le encanta cuando nos vestimos a juego y le hago ropita que acá no hay”, cuenta emocionado sobre su sobrina de tres años.
La dinámica entre ambos trascendió el simple vestuario para convertirse en una complicidad única. “Lo de matchear arrancó por hacer ropa para mí; siempre me sobraba poquito de tela y no la iba a tirar. Calu era re bebé, tenía cuatro meses, yo me había hecho una camisa blanca de lino y dije ‘le voy a hacer una pollerita’, Así fui haciéndole prendas con todo lo que sobraba. Cuando fue más grande era más fácil, porque compraba una tela y le preguntaba qué quería que haga, me decía ‘quiero un vestido’, yo me hacía una camisa y combinabamos”, detalla.
Hoy en día, la pequeña es su mayor crítica y compañera de proyectos. “Yo estoy muy presente siempre en su vida, es muy malcriada porque es mi sobrina única: ella pide algo y lo tiene. Después de tanto escucharme, no dice ‘me gusta’, me dice ‘no me mata’, y cuando le gusta algo dice ‘me encanta’. Cuando ve que compro tela se pone a mirarlas frente al espejo. Yo también le corto el pelo, entonces también tenemos esa relación. Mientras ella quiera seguir modelando, yo regio, sigo. Conmigo tiene todo su equipo”, explica sonriendo.
Para Michel, esta experiencia va más allá del diseño de moda infantil. Hay una razón profunda detrás de cada prenda que confecciona para la pequeña: “Todo lo que le doy a ella lo quería cuando era chiquito y no lo podía tener, es como sanar mi niño interior”.
Aunque Michel ya trabajaba activamente en sus creaciones, la repercusión masiva llegó de manera inesperada a través de internet. Un video luciendo una prenda inspirada en una princesa clásica captó de inmediato la atención del público.
“El video de Blancanieves que se viralizó no lo iba a subir porque lo había grabado dos meses antes. El día que lo hice estaba con fiebre, el video tenía mala calidad; mi hermana me pasó más fotos y dije ‘el vestido quedó re lindo’, pero no se veía bien. Lo que tiene es que es un vestuario, no está hecho con tela de disfraz, es como un mini vestido de 15, capaz eso genera también un poco de impacto”, detalla.
Sin esperar demasiado lo publicó y el alcance de la publicación lo tomó por sorpresa: “Las redes las uso como una vidriera para llegar a más gente, pero no más. Un día lo subí y al otro tenía 200 mil vistas. Me angustió porque no quería exponer a mi sobrina, pero por suerte no tuve nada de hate. A veces lloro por los comentarios hermosos de la gente”, cuenta.
Sin embargo, pese a su edad y la viralización que le dieron las redes, asegura que no es algo que lo atraiga tanto. “Algún día me gustaría no usarlas tanto; es una gran herramienta para el trabajo y conectar con la gente, pero si bien dan mucha exposición, mi mayor trabajo es el boca en boca”, explica.
De las aulas de costura a desafiar los códigos urbanos
El aprendizaje de Michel combinó el estudio formal con una fuerte impronta autodidacta. “El 80% de las cosas las aprendí solo. Con la peluquería pasó igual: empecé a hacerle el pelo a todas las mujeres de mi familia y surgió, todo pasó muy de chico, fui muy emprendedor siempre”, sostiene.
Con respecto a la costura, el joven asegura que nunca consideró estudiar porque sentía que tenía hacer algo más técnico, pero como le gustaba tanto la ropa se convenció: “‘Si es lo que más amo hacer, ¿por qué no?’“.
Estudió en la escuela en Roberto Piazza y se enamoró del oficio. “Las profesoras me ayudaron un montón a aprender a fabricar y a compartirlo con mi familia y amigos. A los 22 años me recibí”, rememora sobre sus años de formación.
“Lo de ‘ropita old money para planes no money’ es porque yo, antes de empezar a estar más en entornos de moda, hacía ropa de gasa con volados porque me inspiro mucho en el cine. Me encantan las películas de vampiros y la época romántica victoriana, y quería camisas así. Me las hago, pero después en la vida real, cuando terminan de salir de la máquina y me las tengo que poner, salgo a la calle y me miran raro porque no están acostumbrados”, relata.
La idea tomó fuerza al ver la reacción de las clientas en su otro oficio: “Cuando tenía una cápsula de eso y les mostraba en la pelu, me decían ‘es hermoso, pero ¿dónde me lo pongo?’. Y ahí dije: ‘hay que usarlo igual, aunque sea para ir a comprar pan. Capaz mañana nos morimos, así que no hay que tener guardada la ropa; si la tenés, usala’. De esa manera surgió la idea de mostrarlo y de usarlo aunque sea solo para tomarse el colectivo".
Pese a que su mundo es la costura, el joven diseñador asegura que la moda no es algo que le interese: “Es algo pasajero; a mí me gusta mucho la ropa y crear personajes. Entonces mi intención es hacer una prenda que te genere algo, ver qué te hace sentir. Yo me ponía las camisas de gasa y me creía que era lujoso y estoy en un yate; es vivir la fantasía”, relata entre risas.
La autogestión, la alta costura y el camino del esfuerzo
A pesar de los logros y del reconocimiento, el camino dentro de la industria textil independiente implica enfrentar constantes desafíos económicos y logísticos.
“Trabajo de dos cosas: soy peluquero —me dediqué hace muchos años, ya no tanto— y hago vestuarios. Tengo un cliente que hace obras y estoy haciendo unas cositas para su show de Navidad, pero ahora en septiembre. Ahora me estoy abocando más a la alta costura; es todo a pedido. Me gustaría tener una marca de ropa también para niños”, reconoce.
Sin embargo, sabe que no escapa al gran dilema de un oficio no tan amplio. “Lo que tiene el tema de la alta costura, con la situación del país, es que te lleva a remarla bastante, está todo muy caro”, lamenta.
Aun así, no baja los brazos: “Hace un par de años siento que la remo y cuesta muchísimo. Necesitás plata para todo si querés hacerlo bien y eso tiene que ser con buenas telas, y si no tenés equipo no podés mandar a confeccionar, así que todo lo tenés que hacer vos. Necesitás mucha plata y contactos, más que nada para entrar a desfiles, fotógrafos. Cuando no conocés a nadie cuesta un poco más, tenés que ir, mandarte... hay gente que no es tan buena”.
Con el esfuerzo diario, asegura que no va a alejarse de sus proyectos y a la hora de diseñar, su proceso no empieza con el lápiz sobre el papel, sino con la imaginación y la narrativa. “Amo el cine. Para hacer ropa o diseñar para colección, lo imagino, lo escribo. No dibujo, solo si lo tengo que mostrar a alguien; elijo la música, edito, imagino la pasarela, el peinado de la modelo, maquillaje. Siento que los desfiles son una re herramienta para performance”.
Y entre los caminos que se fue abriendo durante su joven carrera, el diseñador también recuerda su reciente experiencia en la Argentina Fashion Week y cómo la perseverancia le abrió puertas: “Fue una experiencia muy linda. Siempre quise ir, pero no podía. Este año finalmente me anoté en un concurso y participé”.
Sin embargo, nada detiene sus ganas de buscar oportunidades en el medio: “La semana que viene, para que veas cómo me la busco y sigo luchando, es la semana de la alta costura y me metí de peinador”.
Fuente: TN
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Diego Mengual, el científico que investiga la cura del cáncer y defendió la camiseta argentina en un Mundial de hockey
Diego Mengual es una rara avis en el mundo del deporte. Pasa sus días en el laboratorio investigando curas y paliativos contra el glioblastoma —un agresivo tumor cerebral sin cura— y sus tardes entrenando con la camiseta de la Selección Argentina de hockey máster +45, con la que acaba de disputar la Copa del Mundo.
Para el biotecnólogo formado en la Universidad Nacional de Quilmes, la convivencia entre ambas disciplinas es perfecta. La descompresión de la cancha le permite destrabar respuestas científicas en la mesada, mientras que el método del laboratorio le enseña a gestionar las frustraciones en el deporte.
Sin embargo, el orgullo de haber marcado su primer gol mundialista convive con un presente complejo. Sin subsidios públicos vigentes, Mengual y su equipo sostienen la investigación con recursos residuales, demostrando que la resiliencia es su principal motor tanto en la ciencia como en la cancha.
¿Cómo se compatibilizan dos pasiones tan exigentes como la investigación científica contra el cáncer y el deporte de representación nacional?
Mi primera pasión fue el deporte y después fue apareciendo la ciencia. Hoy, la mezcla de las dos me permite fluir. Tener la cabeza despejada en el deporte me permite liberar tensiones para después reformular respuestas y soluciones a los problemas que me trae el laburo en la ciencia. Y viceversa: la frustración que te da el trabajo científico, donde los resultados tardan años, la llevás al deporte para decir: “Hoy no soy titular, pero hay que darle el doble para estar
Trabajás en el desarrollo de fármacos contra el glioblastoma. ¿En qué consiste esa investigación y en qué situación se encuentra hoy?
Es un tumor cerebral muy agresivo que no tiene cura actual y cuyo tratamiento no cambia hace más de dos décadas. Iniciamos el proyecto en 2018. Sin embargo, hoy el trabajo disminuyó porque dos chicos dejaron el laboratorio por falta de financiamiento y becas dignas. Veníamos trabajando con subsidios del sector público (Agencia, CONICET, Instituto Nacional del Cáncer) y hoy nos mantenemos con lo residual que nos quedó de insumos. Tratamos de no abandonar el proyecto, buscando una nueva dirección conceptual para optimizar los recursos.
¿Cuánto tiempo le dedicás a la investigación de glioblastoma y cuánto a practicar el hockey?
Hoy en día, el trabajo es muy demandante, requiere de mucha atención y de trabajar muy a conciencia con lo que estamos haciendo. Sabemos que nuestra investigación no tiene un resultado inmediato y que el desarrollo de fármacos puede llevar años. Por eso, tener esos momentos en los que la cabeza respira otra cosa, en este caso, el hockey, y te lleva a otro lugar, permite que el día a día sea más productivo.
¿Cómo fue el camino que te llevó de jugar en los clubes de barrio a vestir la celeste y blanca en un Mundial?
Empecé de chico en el club Ducilo de Berazategui y pasé por otros clubes que me hicieron enamorar del hockey. Tuve idas y vueltas por el estudio y la familia, pero nunca lo solté. El año pasado jugamos un amistoso con el preseleccionado máster, me invitaron a entrenar y en abril dieron la lista para el Mundial de este año. Recibir la camiseta celeste y blanca con tu apellido fue la primera dosis de realidad y un broche de oro maravilloso para la entrega que uno le dio al deporte amateur.
¿Qué sentiste al convertir tu primer gol en la Copa del Mundo?
Fue supremo. En el segundo partido tuve la posibilidad de hacer el primer gol de la Selección en el Mundial. En el instante en que le pegás a la bocha y entra, se te pasan mil imágenes por la cabeza: tu familia bancándote, los pibes que te insistieron para no dejar de jugar o mi ‘pequeño yo’ agarrando un palo por primera vez.
¿De qué manera se cruzan la disciplina del laboratorio y la del deportista en tu día a día?
Tiene un poco de todo. Lo metódico que tenés que ser para entrenar te lleva a ponerle un plus y creo que es complementario con lo metódico que tenés que ser en la mesada. Y después, el compromiso que te da la familia del club para formar parte de un equipo lo traés acá y lo llevás al plano científico.
Rompés bastante con el estereotipo del científico encerrado en un laboratorio sin vida social...
La imagen del científico encerrado es bastante real, pero somos gente común y corriente. Tenemos mucha formación académica (grado, doctorado, posdoctorado), pero eso no quita que le dediques tiempo a la familia o a hobbies que te hagan salir de la mesada. En mi caso, el deporte me da una energía increíble y es de lo más cotidiano quitarle tiempo a otras cosas para dárselo a la cancha.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN