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El repudiable comentario del Chaqueño Palavecino a una cronista

El músico se desubicó durante un móvil con una periodista, que luego publicó un mensaje sobre lo ocurrido en las redes sociales.

El Chaqueño Palavecino realizó un repudiable comentario al aire durante una entrevista con Ivana Freitag, cronista de Canal 10 de Córdoba. Después del hecho, la periodista realizó un contundente mensaje a través de las redes sociales.

El escándalo se desató cuando Guadalupe Zamar, conductora del programa cordobés, presentó a su compañera, Freitag, que estaba realizando un móvil con el cantante desde la Plaza de la Música.

Qué bien acompañada estás”, le dijo. En ese momento, la pantalla gigante del estudio mostraba al cantante folclórico mirando a Freitag de atrás y tocándole la espalda. Entre risas, un tanto incómoda, la cronista contó: “Me estaba mirando el tatuaje”.

Y le acercó el micrófono al Chaqueño, quien hizo de cuenta que estaba describiendo el tatuaje. “Dice ‘no hay cama que no haya recorrido'”, fueron las desubicadas palabras del cantante. Freitag aclaró que eso no era cierto y él, entre risas, le contestó: “Ah, ¿No dice eso? Problemas de vista…”

Después de la repercusión que tuvo el hecho en las redes sociales, la periodista utilizó su cuenta en Facebook para manifestarse sobre lo sucedido: “Si en estos días me mantuve en silencio fue porque siento una profunda pena, tristeza y angustia por haber sido víctima de dichos sexuales y machistas por parte de un entrevistado, una acción que repudio desde lo más profundo de mi corazón“.

El mensaje completo

El mensaje completo

“Quiero decir que mi valor fue seguir adelante con la entrevista que estaba realizando en vivo, tratando de esquivar la situación para evitar la violencia verbal o la tensión que se podría haber generado trabajando en ese momento. Los móviles en vivo no tienen margen de error. Los nervios muchas veces nos traicionan y en esta cultura patriarcal machista en la que nos movemos no posibilitan respuestas claras para poner límites sin ser bruscos. Parece que la educación o la amabilidad se confunden”, continuó.

“En medio de mi aturdimiento por la repercusión de este hecho quiero celebrar y aprobar que la gente fue la responsable de repudiar la acción desubicada de un hombre que, como otros tantos, aún no se adaptan a estos tiempos que corren de lucha femenina por igualdad de condiciones. Deseo que este hecho ayude o por lo menos que sea de gran aporte para que entre todos reaccionemos y digamos basta“, concluyó.

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Un patovica tiró a una chica por una escalera de un boliche, le fracturó la pierna y advirtió: “¿Alguien más quiere?”

La joven intentó intervenir en defensa de un amigo agredido por el seguridad. Testigos registraron el momento y lo viralizaron. Atención las imágenes pueden herir tu sensibilidad.

Una chica sufrió una fractura expuesta en la pierna después de ser empujada por la escalera por un patovica de un boliche de la localidad bonaerense de General Madariaga. La caída fue registrada por los celulares de varios testigos, al igual que la intimidante advertencia del agresor.

“¿Alguien más quiere?”, se lo escucha decir al seguridad, vestido totalmente de negro, en la grabación que se viralizó en las últimas horas. El relato de los testigos puso en palabras después la violenta secuencia ocurrida este fin de semana en el local ubicado sobre la calle Pellegrini.

Todo empezó con una discusión entre el acusado y un joven en el descanso de la escalera. En la filmación se observa como otro grupo se acerca a ellos y el patovica le da un golpe en la cara a uno de los chicos.

La chica interviene y defiende a su amigo agredido y recibe también un empujón que la arroja escaleras abajo. La joven no puede levantarse por una fractura expuesta en la pierna izquierda y tiene que ser auxiliada por otros asistentes al boliche mientras de fondo se escuchan las provocaciones del hombre de seguridad.

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La clase que aprendió el lenguaje de signos por su compañero Ílias

Imagine que sale a la calle y, allá donde vaya, se le entiende, sea su barrio o cualquier parte de la ciudad: las personas comprenden lo que quiere decir. Es decir, hablan su lenguaje. Parece obvio porque cada día cualquier persona habla, dialoga o se comunica con sus amigos, con su familia o con el que tiene al lado en el metro.

Ahora imagine el silencio o, como mucho, una especie de tumulto o de ruido que apenas permite diferenciar lo que se escucha. ¿Entiende algo? Así es como se sienten miles de personas con discapacidad auditiva cuando salen a la calle: necesitan de la ayuda de los demás.

Ílias Charif es un niño sordo de 13 años con implante coclear. Cada día, acude al centro de refuerzo escolar Puente de Vallecas, de la organización Save The Childen, a hacer los deberes del cole. Es un chico con la sonrisa puesta y aunque “se integraba muy bien en clase y daba todo lo que tenía de sí, le faltaba comunicación con sus compañeros”, cuenta Rocío, educadora e intérprete de Ílias en el centro.

Así que planteó la siguiente idea: que en clase de Ílias se enseñase -y aprendiese- el lenguaje de signos. Poco después de la puesta en marcha del proyecto, lo que surgió como una ayuda para Ílias se convirtió en una completa entrega por parte de sus compañeros. La comunicación estaba mejorando entre ellos y “con la lengua de signos los niños se habían integrado muchísimo en clase. Estaban todo el rato cooperando entre unos y otros”, detalla Rocío.

Ílias llevaba bastante tiempo yendo a las clases de refuerzo pero, hasta la llegada de Rocío, no había tenido oportunidad de comunicarse plenamente con todos y cada uno de sus compañeros. “Cuando Rocío llegó, vio raro que después de tanto tiempo los profesores o el resto de niños en clase no tuviéramos un signo para comunicarnos con Ílias. Pero claro, no habíamos tenido ocasión. El interés de los niños fue increíble y todos nos volcamos con la iniciativa”, cuenta Noelia, educadora del centro de Vallecas.

Al principio, cuenta Ílias a EL MUNDO desde su clase en el colegio, “cuando los niños no sabían el lenguaje de signos, yo estaba un poco aburrido porque no podía hablar con mis compañeros todo lo que quería, pero poco a poco aprendieron y me empecé a sentir más contento y feliz”.

La última hora de los miércoles era el turno de la lengua de signos. Rocío, intérprete de Ilías, y Noelia, la educadora, dedicaban el final de la tarde a enseñar a SaraSusanaPabloPaulaIsmael Farah. Noelia, que tampoco controlaba la lengua de signos, dice que también “estaba muy motivada”. “Porque me gustaba bastante y aprendí mucho”, especifica.

El primer paso era aprender el abecedario dactilológico, la representación de cada una de las letras que componen el abecedario con las manos. Los días de la semana, los meses, los colores… Después, lo aprendido se puso en práctica con diferentes actividades lúdicas que iban proponiendo las profesoras, cómo El juego del más rápido.

“La profesora decía una palabra y había dos personas que tenían que expresarla con lenguaje de signos. El que más rápido lo hacía ganaba”, rememora Ílias, que en los juegos es competitivo y, si no gana, a veces se enfada.

Otro juego era El pistolero, que servía para aprender los signos de las personas. Pero, ¿qué son los signos de las personas, Ílias? “Cada uno tenemos un nombre y, para referirnos a alguien, le asignamos un determinado signo para identificarlo, algo relacionado con el cuerpo o con lo que te gusta de esa persona”. De este modo, explica también su intérprete, “no pierdes tanto el tiempo en deletrear el nombre de cada persona”.

Ílias era el rey de los signos para sus compañeros de clase, se encargaba de ponérselo a cada uno. Incluso el de él mismo: suyo es el signo de la sonrisa porque de pequeño siempre estaba sonriendo. Así, cuando alguno quiere decir algo sobre Ílias, se lleva el puño cerrado con el meñique hacia arriba hasta el lado derecho de la boca y mueve el dedo varias veces, hacia arriba y abajo.

Poco a poco, todos los compañeros de Ílias han entrado de lleno en este aprendizaje e incluso lo continúan cuando están fuera de clase. Cuenta Noelia que sus alumnos dicen con orgullo que saben lengua de signos o “esto se dice así” y que se preguntan: “Cómo puedo decir esto?”. “Les ha motivado mucho a todos los compañeros”, prosigue.

Sara Montoya, compañera de clase de Ílias, fue una de las niñas que más rápido aprendió el dactilológico y que mejor se comunicaba con Ílias. Es una disfrutonadel lenguaje de signos: “No sólo aprendemos a hablar con Ílias, sino con más gente que es sorda”, explica.

Otra compañera de clase es Susana Heredia, de 13 años: “Nosotros intentamos que se sienta bien, que sepa que nos tiene ahí para cuando nos necesite. Es un niño diferente pero a la vez igual que todos, porque tiene los mismos derechos que todos los niños“, argumenta.

Aunque ya ha pasado un año desde la puesta en marcha del proyecto en el centro de Save The Children e Ílias ya no va con los mismos compañeros a clase porque ya ha pasado a Secundaria, sus compañeros del año pasado no dejan de insistir a los profesores para retomar las clases de lenguaje de signos. Los nuevos compañeros de Ílias también insisten en lo mismo. Así, el centro volverá a poner este año en marcha el proyecto, “con la intención de juntar a ambos grupos, ya que hay una gran motivación”, explica Noelia.

La relación con los hermanos

En casa, Ílias es el único sordo y enseña la lengua de signos a sus padres y a sus tres hermanos. Aunque dice que a sus padres al principio les costó, también afirma que cada día quieren aprender más. Su hermana Dúa, de tres años, ha aprendido el abecedario, los colores, los días de la semana…

“Ella sabe muchos signos pero cada día aprende más”, cuenta. Osama tiene un año menos que Ílias y se entiende perfectamente con su hermano. También acude cada semana al centro de refuerzo escolar y, cuando no hay intérprete en el centro, él explica todo lo que quiere decir su hermano.

En el centro de Vallecas también hacen actividades de ocio en verano. “En los campamentos que hemos hecho en la Comunidad de Madrid hemos compartido muchos momentos con Ílias”, cuenta Noelia. Aunque en verano él no tenía intérprete, “es un niño que se adapta perfectamente y lo coge todo al vuelo. Puede haber siempre alguna equivocación pero, a la hora de jugar, él sabía integrarse y comunicarse con sus compañeros. Nunca se ha sentido limitado y siempre se ha mostrado dispuesto a todo”, aclara.

No obstante, si en los campamentos había algún problema de comunicación, los responsables se dirigían “a su hermano Osama, un año menor que él, y él trasladaba todo lo que su hermano quería decir”, explica. Además, se dieron cuenta “de algo muy curioso: Ílias y su hermano hablaban con su propio lenguaje, nada técnico como lo hace la intérprete sino que, como se han criado juntos, tienen sus propias fórmulas“.

Los tres hermanos Charif van al colegio El Sol, en Ciudad Lineal (Madrid). Un colegio público bilingüe en el que hay oyentes y sordos. En algunas clases, como matemáticas, siempre hay un profesor que habla el lenguaje de signos y otro que habla de manera oral. Asimismo, la pizarra suele dividirse en dos, con una estructura más fácil para los niños sordos y con otra para los oyentes.

Mayor autonomía gracias al implante coclear

Aunque el implante coclear ayuda a superar algunos problemas de audición cuyo origen está en el oído interno o cóclea, “con él no se ha conseguido que Ílias pueda escuchar lo suficiente como para no tener que usar el lenguaje de signos. Con el aparato puede escuchar ciertos sonidos y eso es fundamental para el niño, ya no sólo a nivel comunicativo, sino a nivel emocional, ya que se siente más seguro y con mayor autonomía”, explica Rocío Montes, coordinadora del centro.

Aún así, personas como Ílias siguen enfrentándose cada día a cosas tan básicas como entenderse con el cajero cuando van a comprar al supermercado. Lo que para cualquiera es un hábito más, para muchos otros es un obstáculo diario.

“Para mí sería mucho más fácil y cómodo comunicarme con el lenguaje de signos y estaría bien que todo el mundo supiese algo de esta lengua”, cuenta a EL MUNDO Ílias Charif. Lo mismo opinan en su centro de refuerzo, donde dicen que les “gustaría que en los colegios se impartiese lenguaje de signos, para que se dieran cuenta de la realidad que vive Ílias día a día”.

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Existen personas que no beben alcohol, y aun así, se divierten

Cuenta la leyenda que hay personas que salen de fiesta y no prueban ni la espuma de la cerveza.

Aunque no lo crean, existen personas que pueden pasarse toda una noche de parranda, llegar a las 6 mañana y no haber bebido ni una gota de alcohol. Se pasaron toda la fiesta rechazando ofrecimientos embriagantes con gran estilo y bailaron al compás de algo llamado música, junto a la risa de las personas que le acompañaban, pero sin haber ingerido trago alguno.

Estas personas en la mayoría de sus grupos sociales, se han convertido en seres mitológicos, de los cuales se ciernen diversos rumores acerca del porque no disfrutan de ingerir una sola gota de alcohol. Pero créanlo o no, estas personas existen y doy prueba de eso porque mi mejor amigo es uno de ellos.

Por muy raro que parezca, no todo el mundo disfruta de un vaso espumeante de cerveza o un atractivo coctel de ron, vodka o tequila.

Esta gente no es nada diferente a los demás mortales que padecemos las resacas los domingos: les gusta ir a festivales de música, tomar algo con amigos en un bar o simplemente ir de fiesta a una discoteca, pero el estigma que siempre llevan con ellos son las palabras como “abstemio”.

Entonces llega el choque…

Sí, el primer choque de la tarde, noche o del evento con aquella persona que te pregunta porque no tomas. Podríamos decir que es algo como:

– ¿Tú no bebes?

– Bueno, tal vez suene tonto, pero la gaseosa también cuenta como bebida.

– Me refiero a que no tomas un trago. ¿Acaso vas a conducir?

– No, es que no me gusta beber alcohol.

– ¿Cómo? Anda, pídete una cerveza hombre.

– No, gracias. Descuida. (Cara de fastidio)

– Anda, tómate una conmigo, yo te invito.

– (Cara de “no entiendes que no me gusta”)

Sí conoces a personas que no gusta de beber, te contarán muchas conversaciones o historias similares a la anterior. Y del mismo modo esto te podría ayudar a preguntarte y reflexionar un poco porque las personas tienen que insistir tanto en que otras beban, cuando su premisa es clara: no necesitan el alcohol para divertirse.

Algunos pueden preguntarse: ¿Y esta gente sale por ahí y no bebe? ¿Cómo hace para divertirse? ¿Cómo logra desenvolverse sin ninguna “ayudita”? Y aunque es complicado para aquellos que no consumen alcohol, responder todo el tiempo interrogantes como las anteriores. La forma en que lidian con estas interrogantes es con algo de sarcasmo y respuestas precisas.

Algunas veces, las personas se pueden volver tan incasables con el tema del ¿por qué no bebes?, que es mejor no perder el tiempo tratando de explicarle que simplemente no se disfruta del alcohol.

Imagen: pexels

Entonces, si conoces o llegas a conocer a alguien que no necesita beber para divertirse, pasarla genial o desinhibirse totalmente, sé amable. No preguntes cosas tontas y déjala disfrutar del momento, mientras tú, saboreas de tu cerveza.

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