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“El mate no puede faltar”: tres argentinos emprendieron una travesía para llegar en bicicleta al Mundial 2026

Vicente Conculini (28) estaba viviendo tranquilo en Holanda hasta que, en marzo de 2025, por medio de un mensaje le llegó una propuesta tan irresistible que abandonó todo para sumarse a un viaje en bicicleta a Norteamérica con sus amigos Miguel Silio (55) y Yamandú Martínez (48) para ver a la Selección Argentina. En una entrevista con TN, compartió la experiencia, desde la planificación hasta la ejecución de su plan de viaje.

Todo comenzó con un mensaje de Vicente a Miguel: “Lo saludo para el cumpleaños en marzo y me manda la fecha 16 de agosto. Yo le dije: ‘No me digas que esa es tu fecha para salir al Mundial’, a lo que él me contestó: ‘Sí, y estás invitado’“. Tomar la decisión le llevó un mes, pero accedió: “Dejé mi vida en Holanda, compré el pasaje y volví a la Argentina”.

Desde entonces recorren América hasta llegar a destino: el norte, donde jugará la Argentina en 2026. Aún se desconoce la sede para la Selección, pero podría ser cualquiera de los tres: México, Estados Unidos o Canadá. Los amigos documentan todo su viaje a través de su cuenta @enbicialmundo en redes sociales.

De mundial en mundial

Miguel fue el cerebro de la idea. Él ya había viajado a los dos mundiales anteriores, Rusia 2018 y Qatar 2022; pero esta vez no quiso ir sin sus compañeros.

Los tres son amigos desde más de quince años y compartieron un viaje en 2019 de Argentina a Cusco en bicicleta. “Ese fue mi primer viaje y de Yama y varios de Miguel” recordó Vicente. Allí se conocieron más, la amistad se afianzó y compartieron muchos momentos juntos: “Miguel es como un padre para mí y a Yama lo conozco desde el viaje que compartimos a Perú”.

No estuvieron nunca solos, partieron hacia el norte el 16 de agosto desde la municipalidad de Gualeguaychú, Entre Ríos, y fueron despedidos por el intendente, sus familias y amigos.

La planificación general la llevó adelante Silio, quien hizo el trazado de la ruta, tuvo en cuenta caminos principales y alternativos en caso de que afectaran factores como viento en contra, altitud o lugares por descubrir que no conocían. “Vamos trazando la ruta diaria entre los tres todos los días”, contaron, y demostraron lo esencial que es el trabajo en equipo para viajes de esa magnitud.

El equipamiento es completo: ropa, bolsas de dormir, utensilios para cocinar y comida de más para prevenir imperfectos. Lo más imprescindible para ellos son las ganas de viajar, el desafío físico y mental, las ganas de conocer gente y lugares nuevos, “la bicicleta y el equipo de mate, por supuesto” comentaron.

10 meses de viaje

La travesía empezó el 16 de agosto y el viaje completo está calculado para durar 10 meses, sin contar otro mes de mundial. Actualmente van por el tercer mes: 102 días.

Para este viaje no sólo hace falta expectativa y pasión por el fútbol, sino también preparación física y mental: “El esfuerzo es diario. En Ecuador y Colombia nos encontramos con subidas durísimas: subimos 1500 metros en 30 kilómetros, con 60 kilos de peso encima. Mientras más preparado esté físicamente uno, más podrá disfrutar el viaje“, relataron.

Los tres ya cuentan con experiencia en viaje en bicicleta y se prepararon juntos: “Nos preparamos corriendo y yendo al gimnasio durante todo el año, de manera rutinaria para cuidar nuestra salud. Incluso así me costaron los primeros días y las subidas”, se reía Vicente.

El dinero es importante, pero no es todo: “Comés en todos lados, viajando en bici o en tu casa. El hospedaje lo vamos alternando: carpa, alojamientos económicos o gente que nos abre las puertas”, explican.

También contaron cuáles creen que son sus tramos más desafiantes, mencionaron el Tapón de Darién. Es una selva impenetrable y pantanosa que divide Panamá de Colombia. Más allá del desafío ellos ya proponen sus alternativas: “Hay que estudiar el cruce para bordearla, puede ser en lanchas, avión, balsa, velero. Todas son un desafío grande y todavía estamos estudiando, no descartamos ninguna”.

El sueño de ver a la selección

Las familias y amigos los apoyan, aunque piensan que están “un poco locos”. Pero la experiencia y el cuidado entre los tres son la garantía para seguir adelante. “Nos gustaría ver todos los partidos de la Selección, pero va a depender de muchos factores. Después de 10 meses de viaje, vamos a estar listos para alentar a la celeste y blanca en cada sede”, aseguran.

Sueñan con cruzarse con las mejores selecciones: Francia, España, Alemania, Brasil, Portugal, Colombia. “Queremos que el equipo demuestre la entrega y la garra de siempre, pero también estaría bueno que toquen partidos accesibles para pasar de fase”, bromean.

Para ellos, esta Selección y Messi despiertan algo único. “No son solo un equipo, son amigos, se respetan y tiran todos para adelante. No por nada son los últimos campeones. Nos encanta juntarnos a ver los partidos, disfrutamos como todos los argentinos”, dice Vicente. “Llegar al Mundial en bicicleta es la frutilla del postre. Hay que ser fan de la Selección y de Messi para hacer algo así”, suman.

Mientras tanto, disfrutan del camino, los paisajes, la gastronomía y la cultura de cada país. “La idea es siempre pasarla bien, a pesar de cualquier adversidad, compartir y ayudarnos. Una frase típica del viaje es: ‘A esto vinimos’, ya sea si llueve, si hay que subir una montaña o si se rompe algo de la bici”, coinciden los amigos.

La travesía sigue, el sueño está intacto y la pasión por la albiceleste los empuja a seguir pedaleando con la esperanza de llegar al Mundial y gritar los goles de la Selección bien de cerca.

Fuente: TN

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Es uruguaya, dejó la docencia y desde sus redes muestra lo que nadie conoce de África

Cuando se habla de África, por lo general, la zona se asocia a tres tópicos: pobreza, safari y guerra, dejando de lado la belleza de sus tierras y las virtudes de sus habitantes. Y eso es lo que busca demostrar Franca Levin, más conocida en redes sociales como @dementeconmochila, una viajera que recorre las distintas naciones que conforman el continente africano para mostrarlas desde otra óptica.

Pero la historia no comienza allí, sino el día que Franca, que nació en Uruguay, decidió dejar la docencia, más precisamente en el área de las matemáticas. “En mi país uno puede llegar a ascender o tener una mejora en el cargo, pero por antigüedad, cosa que en su momento, a mis 24 años de edad, no le veía mucho futuro”, asegura, desde un hotel de Conakri, Guinea, donde se encuentra al momento de la comunicación con TN.

“Entonces decidí emprender otro camino. Así estuve bastante tiempo en un Work & Holiday de Australia, donde logré ahorrar y hacer un colchón de dinero importante. Luego, tras un primer viaje a la India, descubrí mi pasión por viajar y mis ganas de mostrar eso que desconocemos o que tenemos mal informado”, agrega.

Franca, que algunos días duerme en plena montaña, y otros en algún hospedaje, empezó su travesía en diciembre de 2024 por Marruecos y va muy lentamente hacia Sudáfrica, bordeando la costa. “A este ritmo seguramente llegue a dicho destino dentro de tres años”, manifiesta.

En cada lugar que habita, sea por unos días o semanas, da testimonio a sus casi 80 mil seguidores en Instagram, de los distintos choques culturales y costumbres nunca vistas por los sudamericanos.

Con respecto a lo musical, por ejemplo, descubrió que si bien existe un estilo autóctono, como es el ritmo dundunba, los habitantes locales tienen un gran fanatismo por la música cubana, más precisamente en una de las Guinea.

Sin ir más lejos, la influencer fue a un bar y se dio una escena que ella titula “una uruguaya en Guinea que canta con una banda local la canción que un cubano le escribió a un argentino”.

A su vez, entre las curiosidades, Franca contó cómo en Guinea se celebran casamientos sin marido: “Parece insólito, pero yo veía que las familias e invitados rodeaban y bailaban con la ‘mujer’ protagonista del evento, y ahí fue donde empecé a preguntar por la otra parte en cuestión”.

”El hombre se encontraba en Guinea-Bisau y lo representaba su hermano mayor. ¿Por qué esto? No hay por qué, a este matrimonio se le denomina “por poderes o representación” y está más que normalizado", precisa.

Cómo financia el viaje y los miedos de viajar sola

La “demente” (como se hace llamar en las redes) explica que si bien el ahorro inicial es la parte central de la inversión en esta travesía, actualmente se encuentra generando ingresos de manera online. “Existe una realidad y es que con la visa de turista no es legal ponerte a trabajar, más allá de que mucha gente lo haga”, expresa.

En ese contexto, agrega que “el dinero hoy ingresa por muchos ´kioscos´ distintos, ya sea monetizando mi canal de YouTube, colaborando en medios con la escritura de una crónica, y básicamente, como dice la metáfora, poniendo los huevos en distintas canastas”.

Por otra parte, muchos creerían que lo más “seguro” sería viajar con amigos o conocidos. Ella optó por hacerlo completamente sola, gracias a su “carácter fuerte” y su “capacidad de ponerle un freno a cualquier persona que quiera pasar por encima o pasarse de la raya”.

Sin embargo, destaca la hospitalidad de cada casa en la que pasó un determinado tiempo, y de las diversas comunidades en las que se introdujo. Sobre esto, uno de sus reels más virales exhibe un texto que reza “viajar sola por Senegal es peligroso, dicen”, y paradójicamente muestra a una serie de niños camino a la escuela aprendiendo algo de español.

No todo es color rosa

Al margen de las reliquias retratadas, Franca explica que, “así como estás en un hotel con wifi, conectividad y agua caliente, también me tocó bañarme en distintos ríos y que la única luz que tengamos sea la del sol”.

Ahí es donde se presenta el instinto de supervivencia, pero en comunidad, tal cual le ocurrió en el tren de Mauritania, que transporta hierro, pero que muchos habitantes utilizan como polizones para poder moverse dentro del país sin pagar.

“Mientras viajaba no solo tuve que proteger mi cara, porque el material se mete en los ojos, boca, algo ultra riesgoso, sino que me dormí en uno de los vagones y desperté con grito de un hombre, que me alertó sobre una separación en la formación. Cuando me di cuenta vi que quedó un vagón detenido y el resto en movimiento. Obviamente, yo estaba en el detenido”, grafica.

Como si fuera poco, ella debió correr con su mochila y volver a subirse al tren en pleno movimiento, algo que considera haberle salido “de pura suerte”.

Y así y todo Franca no se arrepiente de nada, y por eso, sin fecha de regreso, confiesa que ya se prepara para su próximo destino: Sierra Leona.

Fuente: TN

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De un encuentro casual en Iguazú a una nueva forma de viajar: dos amigos que inspiran a explorar la Argentina

Javier Sarrelli y Nicolás Borini no podían imaginar que un encuentro fortuito cambiaría sus vidas para siempre. Dos colegas de Buenos Aires, con escritorios contiguos durante cuatro años, que apenas cruzaban palabras más allá de un saludo o alguna charla en el comedor, terminaron convirtiéndose en socios de una aventura que hoy inspira a miles de personas a descubrir rincones desconocidos de la Argentina y el mundo.

La historia comenzó de la manera más insólita: en plena pandemia, cuando la rutina de oficina se trasladó a los hogares y el home office los distanció, ambos decidieron escapar, por separado, a Iguazú. “Lo increíble es que lo decidimos por separado, sin tener la menor idea del plan del otro”, recuerda Javier. Ese destino, elegido casi por impulso, sería el punto de partida de algo mucho más grande.

Lo que parecía una coincidencia cualquiera pronto se transformó en un momento surrealista. Javier subió una historia a Instagram anunciando su viaje y, minutos después, recibió un mensaje de Nicolás: “¡No te puedo creer, yo también estoy yendo para allá!”. Pero ese mensaje fue apenas un preludio. La verdadera magia ocurrió dentro del Parque Nacional Iguazú, a bordo del tren ecológico que recorre la selva y conecta los circuitos de las cataratas. Allí, en medio de la naturaleza, se encontraron por casualidad.

“Nos cruzamos y empezamos a charlar. Las coincidencias se apilaban una sobre otra de forma casi cómica: estábamos en el mismo lugar, nos quedábamos la misma cantidad de días y, para rematar, ¡teníamos pasaje en el mismo vuelo de vuelta! No lo podíamos creer. En ese momento sentimos que era una de esas señales que te manda la vida”, cuenta Javier.

El kilómetro cero

Ese encuentro cambió su vínculo para siempre. Dejaron de ser simplemente compañeros de sistemas y se convirtieron en amigos exploradores. “Yo había llevado un dron y empezamos a filmar sin ningún plan, solo por el placer de registrar la belleza que teníamos enfrente. El material que juntamos, con vistas aéreas espectaculares de una de las siete maravillas naturales del mundo, se convirtió casi sin querer en nuestro primer video de YouTube”, recuerda Javier.

Lo que comenzó como un viaje vacacional terminó siendo el kilómetro cero de Exploranding, el proyecto que los conecta hoy con miles de personas. Javier, licenciado en sistemas, y Nicolás, contador, no tenían experiencia en el rubro: “El mundo audiovisual nos era completamente ajeno. No somos filmmakers ni expertos. Somos aprendices constantes, y creo que eso es lo que conecta con la gente. Nos propusimos mostrar algunos recorridos que se pueden hacer por nuestro hermoso país y dar a conocer el increíble patrimonio humano, que también merece ser mostrado”, dice Javier.

Cuatro años después, en mayo de 2025, regresaron a Iguazú. La diferencia fue abismal. “En aquel primer viaje filmábamos con un celular y un dron pequeño que apenas sabíamos usar. El video que salió de ahí era pura voz en off; nos daba vergüenza hablarle a la cámara. Esta vez volvimos equipados con cámaras, micrófonos y, lo más importante, la confianza para mirar a la lente y contar lo que sentíamos en el momento. De un único destino, esta vez sacamos cuatro videos, cada uno enfocado en una experiencia distinta”, relata Javier.

Ese regreso sirvió como espejo de su evolución. Pasaron de ser dos amigos que filmaban con un celular a creadores de contenido con una intención clara. Y, aunque hoy suene más profesional, el motor sigue siendo el mismo: la pasión por viajar y descubrir. “Exploranding es la excusa perfecta que inventamos para seguir viajando”, asegura Javier.

Redescubriendo la Argentina y el mundo

La pandemia, con todo su aislamiento, los llevó a redescubrir su propio país. “Nos dimos cuenta de que Argentina era un continente en sí mismo, lleno de lugares por explorar. Pero a medida que el mundo se abría, también lo hacían nuestras ganas de ver qué había más allá”, comenta Javier.

El primer salto fuera del país fue a Río de Janeiro. “No hubo una estrategia de marketing detrás, simplemente surgió. Nuestra forma de decidir destinos es muy nuestra: cada uno propone tres lugares, y si alguno coincide, ¡listo! Ese es el próximo avión que tomamos”, explica. Así, sin planearlo demasiado, mezclaron recorridos locales con viajes internacionales, explorando desde rutas argentinas hasta ciudades de Europa y otros continentes.

Entre sus destinos favoritos, la Puna salteña y catamarqueña ocupa un lugar especial. “Si me preguntan por ‘la joya escondida’, la respuesta es unánime: la puna. Llegamos ahí por un reel de Instagram que mostraba el Cono de Arita, pero lo que encontramos fue un universo. Lugares como Tolar Grande, Antofalla, El Peñón… sitios donde el turismo masivo aún no ha llegado. Fue un viaje en 4x4 que nos puso a prueba: pasamos del frío que congela los huesos al calor del desierto en cuestión de horas, nos perdimos, nos encontramos, y vivimos experiencias que nos marcaron para siempre”, cuenta Javier.

Compartiendo la aventura

Exploranding no quedó en manos de solo dos. Con el tiempo, sumaron a su equipo a seres queridos y amigos, multiplicando la mirada y la energía de cada viaje. La novia de uno de ellos, Stella Maris, conocida como Eti, se convirtió en una pieza clave: “ella está muchas veces detrás de cámara, aporta ideas frescas, nos empuja cuando dudamos. Es el sostén que el proyecto necesita”.

“También se han sumado amigos. Su visión y sus ganas nos ayudan a no estancarnos, a ver las cosas desde otra perspectiva. Si por nosotros fuera, alquilaríamos un micro en cada viaje y nos llevaríamos a todos los que quieran venir. Porque de eso se trata, de compartir”, asegura Javier.

Los imprevistos como oportunidad

Si bien son cuidadosos y nunca pierden un vuelo, Javier y Nicolás saben que los planes rara vez salen perfectos. “Aprendimos que los imprevistos no son problemas, son oportunidades. De hecho, tenemos una regla no escrita: cuando no sabemos para dónde ir o algo falla, siempre doblamos a la derecha. Muchas veces, un ‘error’ nos ha llevado a descubrir lugares o personas que no estaban en ningún mapa y que terminaron siendo lo mejor del viaje. Las cosas fallan por una razón, y casi siempre, es para mejor”, comenta Javier.

De seguidores a comunidad

El proyecto comenzó como una forma de compartir sus aventuras con familiares y amigos, pero hoy su alcance es internacional. En Instagram (@exploranding_ok.), la interacción va mucho más allá de la simple visualización.

Ya no es solo ‘hacer un video’, es responder a la gente que nos pide consejos, que confía en nuestra palabra para planificar sus propias aventuras. Nos llegan mensajes que nos dejan sin palabras: personas que esperan el fin de semana para ver nuestros videos como si fueran una serie de Netflix. Seguidores de Barcelona, México, Chile, nos agradecen por mostrarles un rincón del mundo. Esos mensajes son nuestra nafta. Producir contenido de calidad lleva muchísimo trabajo, y a veces el cansancio se siente, pero leer esos agradecimientos nos recarga las pilas y nos recuerda por qué empezamos todo esto”, dice Javier.

El futuro

El lema del proyecto sigue siendo una pregunta: “¿Nos acompañás?”. Para Javier y Nicolás, esa frase resume su filosofía: inspirar a que más personas se animen a viajar, descubrir y compartir experiencias. “Viajar no empieza cuando te subís al avión, empieza en el momento en que lo soñás, cuando abrís el mapa y empezás a trazar la ruta”, reflexiona Javier.

El sueño, por ahora, es seguir expandiendo el proyecto: organizar viajes con la comunidad, llevar la experiencia de los videos a la vida real y continuar recorriendo caminos que aún esperan ser explorados. Mientras haya una ruta por descubrir, ahí estarán Javier y Nicolás, con sus cámaras, con sus amigos, con Eti, listos para ver qué hay más allá de la próxima curva y seguir haciendo la pregunta que los inspiró desde aquel primer encuentro en Iguazú.

Y así lo que nació de la casualidad, de un encuentro inesperado y de la curiosidad de dos amigos, hoy es mucho más que un proyecto de viajes: es una invitación a mirar la Argentina y el mundo con ojos abiertos, a redescubrir paisajes, a encontrar aventuras donde menos se esperan y a comprender que, a veces, la magia surge de lo inesperado.

Fuente: TN

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Desafió dos duros diagnósticos, le dijeron que no podía tener hijos y un año después ocurrió el milagro

Un baño silencioso, el agua corriendo, y un mechón de pelo escurriéndose entre sus dedos. En ese instante, Ornella entendió que su vida había cambiado. Tenía 26 años, un diagnóstico devastador y un futuro reducido a preguntas. Lo que en aquel momento no sabía era que ese viaje lleno de vértigo recién empezaba, pero que, en medio de tanto dolor, iba a nacer su mayor milagro.

Un día, la joven empleada descubrió que tenía un bulto en la mama izquierda. Enseguida fue al médico y le dijeron que era una displasia mamaria, que no había de qué preocuparse y, sin preguntarle sobre sus antecedentes familiares, la dejaron ir.

Ornella había vivido de cerca el cáncer con su padre, que lo había sufrido dos veces, y sabía de qué se trataba. Sin embargo, para aquel entonces, nada la acercaba a ese pronóstico.

El tiempo pasó y después de largos meses descubrió que el bulto seguía creciendo. Ante la incertidumbre fue su abuela quien accionó y la llevó a un centro especializado. Allí la travesía acababa de comenzar.

“Cuando llegué me hicieron una ecografía mamaria y me dijeron que lo que veían no pintaba bien, así que iban a completar con una mamografía. Ahí comenzó todo”, relató Ornella en diálogo con TN.

Un diagnóstico devastador

Corría el año 2014 y por su edad, muchos médicos no hacían mamografías hasta después de los 40 años, salvo por casos excepcionales donde hay antecedentes. Pero en esta ocasión, el estudio fue clave. “Las dimensiones no eran buenas y deciden hacerme una biopsia. En ese momento viví la angustia de esperar 15 días hasta que finalmente me llamaron del hospital para decirme que ya estaban los resultados, que vaya acompañada”, explicó.

Orne emprendió camino con su mamá y apenas llegó notó que algo no andaba bien. “Me acuerdo que me recibieron unas chicas muy jovencitas, residentes, con lágrimas en los ojos, sabiendo lo que me iban a decir”, recordó.

Y el devastador diagnóstico llegó. “Era cáncer de mama triple negativo, uno de los mas agresivos. Había que actuar ya porque tenía metástasis en los ganglios linfáticos. El pronóstico no era nada bueno”, detalló.

La noticia la impactó de llenó. “En ese momento lloré mucho porque no estaba preparada para que me den esa noticia. Nadie está preparado para que le digan ‘tenés cáncer’. Lo primero que se te viene a la cabeza es que te vas a morir, o te haces la pregunta al menos. Se me vino el mundo abajo, no sabía muy bien para dónde correr, fue una semana donde no sabía qué hacer”, contó Orne.

Los médicos fueron rápidos: a la semana, Ornella había comenzado a hacer quimioterapia para reducir el tumor que tenía un tamaño importante. Luego de ello, la idea era sacarlo. “Cuando empieza el tratamiento, la primera pregunta que se me vino a la mente es ‘¿se me va a caer el pelo?’. Y sí, se iba a a caer. Empecé con la primera sesión y a la semana me estaba bañando y veo como me caían los mechones, fue un golpe bastante duro para mí“, recordó.

“La gente te puede decir ‘te están salvando la vida, qué superficial’, pero para mí fue una bomba, un shock, que me costó, me costó volver a encontrarme con esa nueva Ornella que estaba atravesando tantos cambios desde lo físico y emocional”, señaló.

Las amistades, para entonces, fueron clave. Ella no quería aceptarlo, intentaba sostener lo que quedaba hasta último momento, pero una amiga que tenía una máquina para cortar el pelo se animó y la acompañó. “Me rapó. Fue un momento muy emotivo. Ella se quedó con mi pelo y hasta el día de hoy lo tiene”, detalló emocionada.

El tratamiento continuó, le habían realizado seis sesiones de quimioterapia y el tumor se había reducido considerablemente, por lo que restaba realizar la cirugía para sacarlo. Finalmente, la operación se llevó adelante y todo salió perfecto.

Había sido un gran paso, pero no terminaba allí. “Lo que seguía eran más quimio, más tratamiento porque al haber tenido metástasis, debían asegurarse de matar toda célula mala que haya quedado en el cuerpo”, explicó.

Del “no vas a poder tener hijos” a Isabella, el “milagrito”

Lo que se le avecinaba a Ornella era mucho más fuerte. Esta nueva etapa iba a arrasar con todo para sanarla y ahí llegó otro duro diagnóstico. “El médico me dijo no vas a poder tener hijos, te doy un tiempo para que puedas congelar óvulos si querés’”, recordó. “Yo no tenía obra social, económicamente no estaba bien y tenía que comenzar con el tratamiento cuanto antes. Decidí arrancar y dije ‘seré madre de otra manera, adoptaré, si es el destino, si Dios lo quiso así por algo será’”, contó.

Así comenzó: 60 sesiones de rayos lograron barrer con todo lo malo. Finalmente, después de tanto luchar, la situación comenzaba a mejorar y ella ya podía volver a su vida. Pero en ese momento descubrió una situación inesperada. “Más o menos al año, un día, volví a menstruar. El médico no lo podía creer cuando se lo conté, lloramos juntos”, recordó Orne.

Todo comenzaba a ponerse en orden. Para entonces se había puesto de novia y había vuelto a su rutina. Pasaban cosas nuevas y buenas, pero la mejor todavía no la conocía.

Síntomas, malestares, cambios. Un día la joven decidió hacerse un test y no creyó lo que veía. “Estaba embarazada, fue un milagro, no lo podía creer. Estaba feliz, pero también con miedo porque después de todo lo que pasó por mi cuerpo me preguntaba de qué manera uno puede gestar vida y cómo iba a ser”, manifestó.

Pero esa vida se hizo presente más allá de cualquier cosa. “Tuve un embarazo hermoso, super a término, y un día llegó Isabella”, contó con emoción. “Nació con casi cuatro kilos, super sana. Ahí mi vida empezó de nuevo. Sentí que me había congelado en el tiempo, un tiempo en el que estuve muy para adentro, muy para mí, tratando de hacerme todas las preguntas, y cuando llego a ella fue arrancar una nueva vida, sana”, insistió.

“Fue un desafío haberme convertido en mamá. La llegada de Isa fue como mi salvación, todo empezó a tener sentido, como que todo lo que había pasado no había sido en vano, con la llegada de ella mi vida se volvió linda, todo el sufrimiento, los malos momentos, la angustia habían quedado en el pasado”, dijo con los ojos llenos de lágrimas y la mano de su hija agarrada a la suya.

“Cuando empecé a menstruar fue loco, pero el primer test que dio positivo fue una mezcla de llanto, de incertidumbre. Ahí me cayó la ficha y dije ‘evidentemente tenía que ser mamá’. Estaba escrito, ni la ciencia fue exacta conmigo, quizás mi propósito era ese: traer vida”, aseguró.

El segundo golpe

Cuando todo estaba acomodándose, Ornella tenía un trabajo que le gustaba y su hija -de entonces ya 6 años- crecía sana y feliz, sintió, una vez más, un bulto.

“Fue igual que la vez pasada: un bultito en la mama derecha, muy chiquito. Saqué turno con la mastóloga, me palpó y me dijo que íbamos a hacer una biopsia directamente, no le podíamos dar tiempo a nada”, explicó.

Orne, que ya estaba acostumbrada a los controles, creyó que se trataba de algo de rutina, estaba segura de que todo iba a ir bien. Para ese momento ya sabía leer con claridad los estudios que les realizaban a ella y a sus amigas, y esa capacidad fue clave cuando recibió el segundo diagnóstico.

“Me llegó por correo un sábado a las 15. Cuando veo el diagnóstico y leo ‘carcinoma triple negativo’ no lo podía creer, fue un shock, estaba en un rincón de la casa cargando el teléfono y me agarró una crisis. Me encerré en el baño y empecé a preguntar por qué, por qué otra vez, lloré mucho, sentí mucha angustia porque era de nuevo vivir todo eso que yo ya había pasado y que no quería volver a vivir. Gracias a Dios mi hija no estaba ese día porque yo estaba completamente descompensada y no podía mirarla a la cara”, recordó.

Ornella, ahora, tenía la dura situación de contarle del diagnóstico a su hija: “La vi a ella y pensaba qué iba a hacer si me pasaba algo. Yo sabía que la iba a luchar, que no me iba a dejar vencer, era fuerte, pero ahora era mamá. La senté, le conté que mamá tenia una bolita mala, que se la tenían que sacar, que iba a estar todo bien. Ahí empezó otra vez el recorrido: en este caso primero me operaron para sacarlo, porque iba a crecer muy rápido”.

“Me dijeron que se me iba a volver a caer el pelo y a la semana, otra vez, tenía mechones en la mano y, otra vez, el sostén de siempre: vino una amiga a raparme”, destacó la joven mamá. “El momento más difícil fue con Isa, ella no toleraba verme sin pelo, fue un shock muy fuerte así que fuimos a comprar una peluca y le pusimos Jacinta. Todo era ir de a poquito para que se vaya amigando a esta nueva mamá”, resaltó.

Isabella no solo lo fue incorporando, sino que también se convirtió en un gran refugio para su madre. “A medida que fue pasando el tiempo intentábamos transformar el dolor y los malos momentos en alegría, en risa y transmitirle a ella que, si bien era feo lo que estábamos pasando, era importante poder sacarle el lado positivo, buscar la manera de reírnos para que sea más fácil. Es como el mensaje que le quiero transmitir a ella, el legado que le quiero dejar: no importa lo que pase, siempre hay una lucecita al final del camino, algo de qué agarrarse para salir”, aseguró.

Y así pasó la enfermedad, una vez más. El cuerpo sanó y todo comenzó a estabilizarse. “Hoy estoy en pleno proceso de reconstrucción, es algo que marcó mi vida, primero a mis 26 años y después a mis 35. Sin duda fue algo fuerte y me ha dejado mucha enseñanza, mucha sabiduría. Quizás suena como medio trillada la frase pero es cierto que uno valora todo después. Yo exprimo cada segundo, cada minuto de la vida. Por supuesto no todo el tiempo estoy feliz pero trato de disfrutar y mirar el lado positivo. Hoy siento que estoy encontrándome devuelta conmigo, después de tanto tratamiento y medicación, hoy tengo un cuerpo diferente, soy otra persona”, aseguró.

El cáncer, igualmente, dejó sus secuelas. “Cuando me diagnosticaron por segunda vez la doctora me mandó a hacer un análisis genético porque no era común que en poco tiempo haya vuelto a hacer el mismo cáncer. El resultado fue positivo así que lo que venía era sacarme los ovarios porque, al ser genético, lo más probable era que, después de la mama, vaya a los ovarios".

Finalmente, le extrajeron los ovarios y una vez más el anuncio: “La médica me dijo ‘no vas a poder ser mamá, si querés tener otro hijo no vas a poder’, pero yo con Isa estaba recontra realizada, sentía que mi milagro ya estaba en la tierra”, reconoció Ornella.

A los 36 años, entonces, quedó menopáusica y fue un duro proceso atravesarlo, un shock que también le generó problemas físicos, hormonales, anímicos. Pero pese a todo, de la mano de Isa, Orne avanza. “Hoy estoy reconstruyéndome”, concluyó.

Fuente: TN

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