La época de la infancia y adolescencia es muy importante en la vida de un ser humano porque es donde podrá desarrollarse en todo sentido, aunque a veces a la hora de realizar una actividad o practicar algún deporte suele aparecer un fenómeno que puede empañar ese momento. Es que a veces los padres, en muchos casos, con la intención de acompañarlos lo único que hacen es crearles una presión o intimidación que termina en la infelicidad del chico.

Es por eso que la doctora Edith Vega (M.N. 14.363 y psicóloga de la Fundación Hospitalaria y Fundación Aiglé) se refirió a diversos pareceres respecto a esta situación que suele “marcar” el camino de un joven para el resto de su vida. Consultada sobre si es correcto que los padres vayan a cada juego, actividad o partido de sus hijos, la facultativa admitió que “es importante que los padres se muestren interesados en las actividades de sus hijos, incluidas sus participaciones deportivas”. 

Asimismo, hay que tener en cuenta cuál es la percepción que los hijos tienen de la presencia de sus padres y cuál es la intención de estos en ir a “verlos”. Si van “ver” cómo juegan para criticar, para exigirles tener un mejor rendimiento, para “mostrarse” que son los padres del “mejor”, lo ideal es que los padres revisen sus motivaciones. Es probable que sus hijos sientan que los van a evaluar y como consecuencia en vez de “jugar por el placer de hacer un deporte” comiencen a sentir angustia de desempeño. Es altamente factible que se exijan para “mostrar” que son buenos y que se frustren ante los “errores o los resultados no esperados”.

Vega agregó sobre el tema antes referido que “si los hijos perciben que sus padres van a acompañarlos, los pensamientos (área cognitiva) podrían favorecer su desarrollo, los estados internos (emociones) posiblemente sean placenteras y las conductas (comportamientos) podría facilitar que los niños (o adolescentes) jueguen sin la exigencia de ser el mejor, de no sentir terror de cometer errores”. En cambio, si la percepción es que van a “observarlos” para marcar las faltas, hacer comparaciones; “los pensamientos podrían ser negativos sobre la autoeficacia, las emociones displacenteras y la conducta se podría ver impulsada para alcanzar lo que suponen que los padres esperan de él y se habrá evaporado las ganas de jugar por jugar”.

¿Cómo alentarlos?

Ahora bien, la pregunta entonces sería cómo hacer para alentarlos o apoyarlos de manera que no se les cause algún daño, a lo cual la facultativa se refirió a que “la definición de alentar, acompañar y la de apoyar dan la respuesta”. Alentar es motivar a dar lo mejor de sí para llegar al objetivo, que en una actividad deportiva puede ser: 1) ganar o jugar o 2) ver el error como una oportunidad de aprender y no un fracaso inexorable. Recordarles que no existe el fracaso sino el aprendizaje.

Acompañar es estar junto al hijo, es festejar el éxito y comprender cuando éste no se da. Es estar presente con apertura para entender las emociones del hijo, es respetarlas, es darle validación. Es estar dispuesto a charlar, a dar apoyo y contención.

Apoyar es “colaborar para que piense y sienta que, sin importar el resultado del juego, los padres están para felicitar o para contener el desánimo”. Vale una aclaración, si los padres ponen en sus hijos sus propias expectativas de “ser el mejor”, “el que se destaca”, el que tiene que llegar a ser reconocido como un “futuro profesional de ese deporte para ser famoso y adinerado” el aliento y el apoyo llegan con mensajes distorsionados generando en sus hijos frustración e impotencia. Puede, como consecuencia, dañarse su propia valoración en sus dos extremos: “gano no importa cómo, porque debo ser un ganador” o “haga lo que haga voy a perder porque soy un perdedor”. Alentar apoyando y acompañando. Apoyar acompañando y alentando.

En el afán desmedido por ver triunfar a sus hijos, muchos padres pierden la esencia de lo que significa jugar

Presión negativa

Finalmente es importante saber que tan negativo es presionar a los hijos en una actividad o deporte, ya que los riesgos de presionar a los hijos en un juego son varios y todos igualmente importantes para el desarrollo y crecimiento sano del niño o adolescente. En las palabras de los padres va implícito su sistema de creencias que será transmitida al hijo. “Ser el mejor siempre no importa cómo”, “ganar o ganar”, “el mundo no es para los perdedores” son algunas de las desafortunadas frases que los padres pueden verbalizarles a sus hijos creyendo que se los alienta y apoya.

En realidad se están transmitiendo valores que impactarán en todos los aspectos de la vida de los hijos. “Las consecuencias pueden ser tan distantes como perjudiciales: que los hijos se identifiquen con el éxito como la única manera de ser feliz -de esta manera se está minando la tolerancia a la frustración- o ir abonando de poco que los hijos se sientan perdedores (entonces no hay mundo para ellos)”, admitió la psicóloga. El riesgo de presionar es grande, los padres deben preguntarse qué están proyectando de sí mismos en esa presión y hacer una revisión para no dañar a sus hijos.

Padres

El interés y presencia de los padres son factores clave para conocer la vida deportiva de sus hijos, cuál es el ambiente en dónde adquieren o desarrollan sus habilidades deportivas. Al estar presente se conoce por experiencia personal al entrenador y sus compañeros de actividad, resaltando la importancia del interés.

“Si el chico habla siempre de la importancia de ganar como única opción, expresa verbalizaciones despectivas hacia los que pierden, la actividad deportiva se convierte en el centro de toda su atención, se observan estados emocionales de miedo, frustración o impotencia y es el momento de tener una charla con el hijo y el entrenador”.

Si se observa que la exigencia del entrenador es alta, un plan de acción eficaz es que los padres se planteen si deben hacer una intervención “como padres” como hacer un cambio de institución deportiva. No debe perderse de vista que el niño está practicando un deporte y debe ser respetado. Si bien una práctica deportiva requiere de disciplina y compromiso no debe ser fuente de exigencia desmedida y frustración”, dijo Veg.

Fuente: cronica