Salud
El estudio que confirma que los niños corren riesgos de contraer gripe grave si no son vacunados en forma oportuna
Un estudio sin precedentes realizado en instituciones de referencia de Argentina expuso una realidad preocupante: más del 60% de los menores de 5 años hospitalizados por influenza padecen comorbilidades, lo que amplifica el riesgo de complicaciones severas. A pesar de que la vacunación antigripal es gratuita y obligatoria —al menos para los bebés de entre 6 meses y 24 meses—, solo poco más del 30% de estos niños internados había recibido la vacuna, lo que deja a un grupo muy importante, y vulnerable, frente a una amenaza que podría evitarse.
De acuerdo con el estudio al que tuvo acceso Infobae, el 63% de los niños hospitalizados a causa de cuadros de gripe presentaban enfermedades de base como asma, obesidad o inmunosupresión, y solo el 30% de ellos había recibido la vacuna antigripal. La doctora Ángela Gentile (MN 49908), infectóloga pediatra, Jefa del Departamento de Epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de la Ciudad de Buenos Aires, presentó estos datos durante el último Flu Forum, encuentro anual de actualización científica que reúne a los principales expertos del país.
Las tasas de hospitalización fueron especialmente elevadas en los menores de dos años y en los que no completaron el esquema de dos dosis, lo que refuerza la necesidad de mejorar la vacunación oportuna antes del inicio de la circulación del virus.
“Tenemos que seguir trabajando para instalar la importancia de la prevención porque los chicos se hospitalizan y mueren por influenza”, advirtió la prestigiosa experta la influencia de la gripe en los niños . “La percepción de riesgo sobre el impacto de la influenza y otras enfermedades se pierde cuando hay otras urgencias pero de hecho, en pediatría, en los grupos con comorbilidades, tenemos más mortalidad por influenza que por virus sincicial respiratorio”, afirmó.
Según los datos para todas las edades informados por el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) 721 del 16 de septiembre, entre las semanas epidemiológicas 1 y 35 de 2024 (última de agosto), se registraron en Argentina un total de 854.324 casos de Enfermedad Tipo Influenza (ETI).
El documento señaló también que, “en las primeras 36 semanas de 2024, se notificó el fallecimiento de 167 personas con diagnóstico de influenza”, una cifra superior a la totalidad reportada en todo 2023, que fue de 106 víctimas mortales por la enfermedad. En los casos de gripe registrados este año, la mayoría fueron de Influenza A (91,3%) y los restantes fueron de Influenza B.
El análisis desarrollado por expertos argentinos abarcó el antes y el después de la pandemia por COVID-19, y dejó al desnudo un cambio en el comportamiento de ese virus respiratorio.
En este marco de peligro que representa esa enfermedad, especialmente para los niños, los datos de vacunación pediátrica contra la gripe enfrentan importantes desafíos, como la baja cobertura de la segunda dosis y la falta de vacunación oportuna antes de la circulación del virus.
De acuerdo con la información del mismo estudio argentino, solo el 31% de los niños de entre 6 y 24 meses, considerados el grupo de mayor riesgo, recibieron las dos dosis necesarias para una protección adecuada. Los especialistas advierten que la influenza afecta la salud de los niños, pero también contribuye a la transmisión del virus en sus hogares, escuelas y otros espacios comunes, donde los más pequeños se convierten en transmisores principales y pueden contagiar a personas vulnerables, como ancianos o pacientes con enfermedades crónicas.
“Sabemos que incluso en los casos en los que la vacunación no evita la enfermedad, la evidencia demuestra que reduce la gravedad de la infección, haciendo más leve sus consecuencias, disminuyendo la mortalidad y el uso de recursos sanitarios”, explicó, por su parte, el doctor José Montes (MN 86.431), médico infectólogo y director médico de CSL Seqirus para Argentina y Latinoamérica.
El impacto de la gripe en niños vulnerables
Siguiendo el mismo trabajo, entre 2018 y 2023, se registraron 5.838 casos de infecciones respiratorias agudas bajas (IRAB) en pacientes pediátricos hospitalizados. De estos, se realizó una prueba diagnóstica en el 96,6% de los pacientes, 66,4% de los cuales dio positivo para detección viral.
El virus respiratorio sincitial (VRS) fue el patógeno más frecuente en estos niños, seguido por la influenza, que mostró patrones estacionales similares a los años previos, aunque con algunas excepciones en la pospandemia.
La mayoría de los pacientes con influenza eran niños menores de cinco años, con un 81% de los 354 casos de gripe registrados en ese grupo de edad. Además, el 63% de estos niños presentaba comorbilidades como asma, enfermedades cardíacas o inmunodepresión, lo que aumentó su riesgo de complicaciones severas. La letalidad por influenza A fue mayor que por otros virus, ya que alcanzó un 1,86% frente al 0,15% por VRS. En cuanto a la gravedad de los casos, el 14,1% de los niños hospitalizados con influenza requirieron ingresar a la unidad de cuidados intensivos.
En la alta incidencia de comorbilidades en los casos graves de influenza se basa la importancia de identificar a los grupos de riesgo y asegurar su acceso a la vacunación y tratamientos preventivos, en especial durante los picos de circulación viral. Esta población aún es la más vulnerable a los efectos graves de la infección.
La influenza tiene un impacto desproporcionado en los niños con comorbilidades, un grupo que incluye a pacientes con asma, obesidad, enfermedades neurológicas o inmunodepresión. El estudio multicéntrico se llevó a cabo en cinco instituciones de referencia de Argentina:
1. Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez (Ciudad de Buenos Aires)
2. Hospital Nacional “Prof. Alejandro Posadas” (Provincia de Buenos Aires)
3. Hospital de Niños Víctor J. Vilela (Rosario)
4. Hospital Pediátrico “Fernando Barreyro” (Posadas)
5. Hospital Pediátrico Dr. Humberto Notti (Mendoza)
Alli, los autores observaron a personas menores de 18 años hospitalizados por infecciones respiratorias agudas bajas (IRAB) y gripe. De estos, la mayoría de los casos de influenza (81%) afectaron a niños menores de 5 años, con una media de edad de 9,5 meses.
Como se mencionó, más del 60% de los niños hospitalizados con influenza presentaban una condición médica subyacente, lo que los coloca en un riesgo elevado de desarrollar complicaciones severas. Estos niños, que ya cuentan con una mayor susceptibilidad debido a sus condiciones preexistentes, enfrentan tasas de hospitalización más altas y un riesgo de mortalidad superior al promedio.
La vacunación es la clave en grupos pediátricos de riesgo
La protección contra la influenza para los grupos vulnerables es crucial para evitar la progresión de la enfermedad a estadios más graves. Además, el riesgo no solo reside en la hospitalización, sino también en las secuelas que pueden generar episodios graves de influenza en estos pacientes.
A pesar de que la vacuna contra la influenza es gratuita y obligatoria para los grupos de riesgo en Argentina, las tasas de cobertura vacunal en niños pequeños siguen siendo alarmantemente bajas. El estudio reveló que solo el 31% de los pequeños de entre 6 y 24 meses —incluidos en el Calendario Nacional de Vacunación— recibió las dos dosis recomendadas, un dato particularmente preocupante dado que esta población es una de las más susceptibles a las complicaciones graves.
La baja percepción de riesgo y la falta de urgencia en la vacunación oportuna son dos de los principales factores que contribuyen a las bajas tasas de inmunización en esa etapa. La doctora Gentile destacó la importancia de mejorar la cobertura vacunal en este grupo. “El dato de cobertura de vacunación antigripal en pediatría no marca la realidad del riesgo. Las últimas coberturas registradas son del 76% en primera dosis y 64% la segunda, pero refieren a las dosis aplicadas en todo el año y no indican si se vacunó oportunamente antes que empiece a circular el virus de la influenza en los meses de marzo, abril o mayo. Los datos registrados en hospitalizaciones responden a que no estamos vacunando oportunamente”, indicó.
A pesar de los esfuerzos por aumentar la cobertura en los niños, la implementación efectiva de la vacunación contra la influenza enfrenta varios escollos en Argentina. Uno de los más importantes es la administración de la segunda dosis en los niños pequeños, que es fundamental para asegurar una protección completa. Sin embargo, los datos sugieren que muchos niños no completan este esquema de vacunación.
La doctora Gentile hizo hincapié en la importancia de administrar las dos dosis requeridas con un intervalo de 4 semanas en aquellos niños que se vacunan por primera vez. “La cobertura es baja en la segunda dosis y completar este esquema inicial es un gran desafío”, señaló la experta.
El dato es relevante si se tiene en cuenta que las respuestas de anticuerpos a las infecciones por influenza en la primera infancia se recordarán más adelante al exponerse a cepas virales antigénicamente distintas del mismo virus por lo que es clave ese primer contacto con el virus de la gripe que debe ser con una vacuna y no con el virus salvaje, y con inoculantes capaces de otorgar una importante “huella inmunológica” inicial para respuestas protectoras futuras contra una variedad de cepas de influenza estacionales y pandémicas.
Esto se conoce en su término en inglés como “immunoimprinting”, un concepto que describió por primera vez el virólogo y epidemiólogo estadounidense Thomas Francis Jr. en 1960 (bajo el nombre de “pecado original antigénico”), al estudiar la respuesta del organismo frente a la vacunación antigripal y da cuenta de que la huella inmunológica dejada por el primer contacto con el virus, determina la futura respuesta frente a cepas similares.
La doctora Gentile destacó la necesidad de desarrollar campañas de concienciación más efectivas para asegurar que los padres comprendan la importancia de este paso. El intervalo de cuatro semanas entre la primera y la segunda dosis debe respetarse para garantizar la efectividad de la vacuna, ya que los anticuerpos se generan plenamente solo después de la segunda dosis.
Además, la vacunación oportuna es otro reto importante, ya que muchos niños no reciben la vacuna antes de que el virus comience a circular en los meses de marzo, abril y mayo. Esto limita la capacidad de la vacuna para prevenir las complicaciones graves e incrementa el número de hospitalizaciones.
Los datos del estudio argentino muestran que la vacunación infantil también puede proporcionar una protección indirecta o “de rebaño” a otros miembros de la familia y la comunidad que no están vacunados. Esto se debe a que los niños vacunados tienen menos probabilidades de contraer y transmitir el virus. Además, la vacunación puede disminuir los casos de ausentismo escolar y reducir la carga sobre los sistemas de salud.
Por qué la pandemia de COVID-19 tuvo impacto en los otros virus respiratorios
Antes de la pandemia de COVID-19, la influenza seguía su curso con una precisión casi inmutable, prevaleciendo durante los inviernos del hemisferio sur. Pero la llegada del SARS-CoV-2 rompió ese orden y desató dinámicas virales impredecibles que desafiaron las expectativas en los años siguientes. En 2022, como un eco de lo imprevisto, el virus mostró un doble golpe en su avance, con picos inusuales que irrumpieron tanto en el verano como en la primavera, trastocando el ritmo conocido.
Así, la pandemia de COVID-19 ha alterado profundamente la epidemiología de los virus respiratorios, incluidos los que no están relacionados con el SARS-CoV-2, como los de la gripe. El estudio realizado en Argentina comparó los periodos pre y post-pandemia y reveló cambios importantes en la estacionalidad y prevalencia de la influenza y otros virus respiratorios en los niños.
En 2022, por ejemplo, la influenza mostró un patrón bimodal inusual, con un primer pico tardío en verano (entre las semanas epidemiológicas 9 y 14) y un segundo pico en primavera (semanas 38 a 45). Este comportamiento atípico no se observó en los años previos a la pandemia, cuando la circulación del virus se concentraba mayoritariamente en los meses invernales. La co-circulación de influenza A y B en el segundo pico de 2022 fue otra característica distintiva del periodo post-pandemia.
La doctora Gentile subrayó que este cambio en la estacionalidad refleja la alteración en los patrones de transmisión viral tras el impacto del COVID-19, lo que hace más difícil predecir la circulación de estos virus y, por lo tanto, organizar campañas de vacunación.
El estudio mostró, además, que las tasas de detección de influenza fueron más bajas en los primeros meses tras la pandemia, debido probablemente a las medidas de confinamiento y distanciamiento social, que también redujeron la circulación de otros virus respiratorios. No obstante, con el regreso a la normalidad, la influenza volvió a repuntar, aunque de manera menos predecible.
Este cambio en los patrones de transmisión y estacionalidad de la influenza resalta la urgencia de revisar las estrategias de prevención, además de la planificación de las campañas de vacunación, para responder a las nuevas realidades de circulación viral.
Fuente: Infobae
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN
Salud
Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular
Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.
Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.
El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.
No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo
“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.
En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.
Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.
Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel
El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.
Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.
No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.
En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.
Hábitos simples que pueden hacer una diferencia
“Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.
La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.
También conviene:
- usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
- no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
- limpiar con frecuencia la funda;
- evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
- consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.
En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.
Fuente: TN
Salud
La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla
Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.
Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.
Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.
Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.
La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:
- Antioxidantes.
- Vitaminas E, B6 y B12.
- Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.
Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.
Alimentos recomendados para una buena salud cerebral
Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.
La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:
- Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
- Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
- Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
- Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
- El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
- Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
- Legumbres: cuatro o más veces/semana.
- Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
- Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.
Otros alimentos que también son buenos
Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.
Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.
Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos
Cómo adoptar la dieta MIND
Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:
- Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
- Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
- Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
- Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
- Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
- Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
- Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.
Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.
Fuente: TN