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Salud

El corazón en números: qué factores hay que controlar para evitar infartos y cuidar la salud cardiovascular

La clave es el cuidado alimentario, de descanso y los chequeos médicos. Qué parámetros es imprescindible conocer sobre nuestro sistema cardíaco para evitar enfermedades

La principal causa de muerte en el mundo y también en la Argentina son las enfermedades cardíacas.

Anualmente hay más de 100.000 fallecimientos por esta causa, es decir, casi el 30% del total de muertes en el país. A pesar de este panorama desalentador, expertos en salud cardiovascular destacan que a través de la prevención, los chequeos médicos y el cambio de hábitos esta realidad puede cambiar.

A nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son responsables de la muerte de 18 millones de personas al año, con lo cual se posicionan como la primera causa de fallecimiento. Si bien existen factores de riesgo naturales, como la edad o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular en edad temprana, existen otros que pueden ser adquiridos como hábitos de la vida diaria. Los más comunes son: tabaquismo, consumo de alcohol, sedentarismo, mala alimentación, entre otros.

“El tabaquismo, la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes y el exceso de peso son algunos de los factores de riesgo asociados al desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Se estima que 8 de cada 10 eventos cardiovasculares pueden ser prevenidos con adecuado control de estos factores y con hábitos saludables tales como mantenerse activo y alimentarse de forma adecuada”, señaló a Infobae, en una reciente consulta, el doctor Hugo Sanabria (MN 98220), jefe de la Clínica Diabetes del ICBA Instituto Cardiovascular.

Según el experto, no todas las personas tienen la misma probabilidad de padecer un problema vinculado al corazón. Por eso, la estratificación del riesgo es uno de los términos clave en la medicina preventiva y está vinculada a un proceso que evalúa las probabilidades de un paciente para desarrollar un evento cardiovascular a corto o mediano plazo.

Es por eso que varios expertos recomiendan controlar algunos factores clave del organismo, conociendo los valores actualizados de:

  • Presión arterial
  • Salud de las arterias
  • Colesterol
  • Niveles de azúcar en sangre
  • Peso corporal
  • Cantidad de horas de sueño

Así lo consideró la doctora Laxmi Mehta, directora de Cardiología Preventiva y Salud Cardiovascular de la Mujer en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, que lideró una encuesta en la que se preguntó a más de 1.000 adultos de Estados Unidos si sabían los números de su presión arterial, peso ideal, colesterol o niveles de azúcar en sangre, los cuatro factores de salud incluidos en las 8 pautas esenciales (Life’s Essential 8) de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés).

Los resultados decepcionaron a los médicos, ya que menos de la mitad conocía su presión arterial y su peso ideal y apenas uno de cada cinco conocía su colesterol o azúcar en la sangre. “Es más probable que conozcan el número de teléfono de sus padres o el cumpleaños de su mejor amigo, que el de los predictores de enfermedades cardíacas como la presión arterial y los niveles de colesterol”, explicó Mehta en el estudio.

Y agregó: “La mayoría de las personas asocian la diabetes con antecedentes familiares o con sobrepeso, y no establecen la conexión con la enfermedad cardíaca. Las personas con diabetes tienen el doble de probabilidades de sufrir enfermedades del corazón o ACV”.

La especialista en salud cardíaca recordó que “es importante no sólo conocer las cifras, sino también ser proactivo con los medicamentos y los cambios en el estilo de vida, como la dieta y el ejercicio”. “Cuando visites a tu médico -aconsejó-, preguntale cuáles son tus cifras de presión arterial, colesterol y azúcar en sangre y cuál es el rango normal para vos. Discutí sus hábitos de sueño junto con la dieta, el ejercicio, el tabaquismo y el consumo de alcohol. Además, a ninguno de nosotros nos gusta hablar de nuestro propio peso, pero es una conversación importante porque el sobrepeso es un factor de riesgo de enfermedad cardíaca”, recordó.

Presión Arterial

La hipertensión es la enfermedad que se desarrolla cuando la presión de la sangre en los vasos sanguíneos del organismo humano es demasiado alta (140/90 mmHg o más). Generalmente no da síntomas y la única forma de detectarla es tomarse la presión arterial. Se trata de un trastorno que afecta a uno de cada tres adultos en todo el mundo. Al no estar controlada, puede causar ataques cerebrovasculares (ACV), infartos de miocardio, insuficiencia cardíaca, daños renales y muchos otros problemas de salud.

El número de personas con hipertensión arterial se duplicó entre 1990 y 2019, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pasó de 650 millones personas con la afección a 1.300 millones. Casi la mitad de las personas con hipertensión arterial en todo el mundo desconocen actualmente que sufren esta afección. Más de tres cuartas partes de los adultos con hipertensión arterial viven en países de ingreso mediano y bajo.

Pablo Rodríguez, médico especialista en Cardiología, Medicina Interna e Hipertensión Arterial, vicepresidente 1° de la Sociedad Argentina de Hipertensión y jefe de la clínica de hipertensión del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, igualmente resaltó que “las mejores mediciones de la presión arterial son realizadas fuera de la clínica, en el hogar, y que las pautas son plenamente extrapolables”. Siempre se deben usar equipos automáticos validados.

La persona debe hacer 3 tomas consecutivas de la presión en el consultorio. Fuera del consultorio, son 2 tomas, subrayó Rodríguez, en diálogo con Infobae. Si se obtienen valores iguales o superiores a 140/90 mmHg (o 14/9 como se menciona popularmente), es clave ir a la consulta para seguir un programa integral de tratamiento.

Salud de las arterias

En pleno Siglo XXI, la relevancia de herramientas nuevas y perfeccionadas en la medicina, como las ecografías y tomografías son clave para monitorear la salud cardiovascular interna.

“Para mejorar nuestra precisión actualmente disponemos de herramientas importantes que nos permiten evaluar la salud de nuestras arterias por medio de imágenes de forma directa y no invasiva. Podemos identificar si aquellas que irrigan el cerebro o las piernas presentan placas de ateroma (lesiones de la pared arterial) a través de una ecografía de las arterias del cuello y piernas; o conocer el monto de calcio (lo que nos habla de la presencia de placas de ateroma) que presentan nuestras arterias que irrigan el corazón a través de una simple tomografía que no requiere contraste”, explicó el cardiólogo Sanabria, que es jefe del Programa de Prevención Cardiovascular que desarrolla el ICBA.

Estos estudios revelan no sólo la presencia de placas de ateroma en arterias específicas y la cantidad de calcio en ellas, datos que determinan el riesgo de eventos cardíacos en el paciente. El experto afirmó que muchos pacientes llegan al consultorio del cardiólogo asumiendo que tienen algún nivel de riesgo, ya sea por su edad, por ser o haber sido fumadores o por llevar una vida sedentaria. Pero muchos otros —que son los que habitualmente postergan la consulta— presuponen que sus chances de padecer un evento cardiovascular son bajas y se sorprenden al enterarse de lo contrario.

Medición de glucosa en sangre

La glucemia es la concentración o cantidad de glucosa en la sangre del ser humano. Esa glucosa es un azúcar proveniente de los alimentos, en especial los carbohidratos, que el cuerpo descompone y usa como energía para funcionar. En un examen de sangre realizado después de un ayuno de ocho horas, el nivel de azúcar en sangre debe ser menor a 100 mg/dL en las personas que presentan factores de riesgo y menor a 110 mg/dL en quienes no los padecen.

Los niveles de glucosa en la sangre varían según el momento del día. Y las personas que tienen diabetes —que implica alteraciones en el nivel de glucemia— pueden necesitar la medición para saber si están dentro del rango deseado. Las cifras en el país de personas que padecen diabetes, son preocupantes: casi el 13% de los mayores de 18 años la padece, lo que equivale a unas 4 millones de personas. Y lo peor es que casi el 50% desconoce que tiene esta enfermedad silenciosa.

La tasa de absorción de glucosa se puede reducir comiendo más fibra, ya que este ingrediente natural ralentiza la digestión. Los especialistas recomiendan ingerir 30 gramos de fibra al día, que se puede encontrar en alimentos como legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas, frutas y verduras.

De acuerdo con estudios observacionales realizados en Argentina, aproximadamente 4 de cada 10 personas con diabetes tipo 2 presentan enfermedad cardiovascular, principalmente de tipo aterosclerótica, y enfermedad renal crónica. A pesar de su elevado riesgo, solo la mitad de los pacientes alcanza un óptimo control metabólico y menos del 20% logra un adecuado control de todos los factores de riesgo cardiovascular en forma conjunta.

Colesterol alto

El colesterol es una sustancia grasa (también llamada lípido) producida en el hígado. Es esencial para producir membranas celulares, hormonas y otros elementos. Normalmente, el hígado produce todo el colesterol que necesitas.

El colesterol tiene mala fama porque hay pruebas fehacientes que relacionan unos niveles elevados con la acumulación de placa en las arterias y el endurecimiento de las paredes de los vasos sanguíneos con el paso del tiempo; en términos médicos, esto se denomina aterosclerosis.

Con el tiempo, la acumulación puede bloquear el flujo sanguíneo que va hacia al corazón y provocar un infarto. Los trozos de placa también pueden romperse y desplazarse a otras partes del cuerpo, provocando un derrame cerebral. La mayoría de las personas no presentan síntomas hasta que sus arterias están gravemente obstruidas. Por eso los médicos se fijan en los niveles de colesterol para detectar y tratar con anticipación los problemas cardiovasculares.

Todos los adultos de 20 años o más deben chequear el colesterol cada cuatro o seis años. Y muchos especialistas recomiendan empezar a medir el colesterol entre los 9 y los 11 años o a partir de los 2 años si hay antecedentes familiares de colesterol alto y cardiopatías.

El médico puede medir el colesterol mediante un análisis de sangre denominado lipidograma o perfil lipoproteico. Este mide el colesterol total, el colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL), el colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL) y los triglicéridos, otro tipo de grasa que endurece las arterias y procede principalmente de los alimentos. Todos estos valores se expresan en miligramos por decilitro (mg/dl).

El LDL, considerado el “colesterol malo” que se acumula en las paredes de las arterias es al que más debemos prestar atención. Para la mayoría de las personas, el LDL debe estar por debajo de 100 mg/dl, y cuanto más bajo, mejor. Las personas con diabetes, placa acumulada u otros factores de riesgo de cardiopatía deben mantener el LDL por debajo de 70 mg/dl.

En cuanto al HDL, debe estar por encima de 40 mg/dl, y superior a 60 se considera óptimo. Sin embargo, cuando el HDL supera los 80 mg/dl en los hombres o los 100 mg/dl en las mujeres, es posible que pierda su función protectora y acelere la aterosclerosis.

Peso e IMC

Conocer el peso y el el índice de masa corporal nos ayuda a prevenir le sobrepeso, la obesidad y todos los factores de riesgo que estos estados con llevan.

El índice de masa corporal (IMC) es una métrica que se obtiene al dividir el peso de una persona en kilogramos, por el cuadrado de la estatura en metros.

Es un método de evaluación fácil y económico que ha permitido clasificar a las personas en las categorías de bajo peso, peso saludable, sobrepeso, u obesidad. En la década de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo adoptó como índice oficial de tamizaje de la obesidad.

El índice de masa corporal es el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la estatura en metros. Permite clasificar a las personas según bajo peso, peso saludable, sobrepeso, y obesidad. Pero ahora recomiendan que no debe ser la única métrica/Archivo El índice de masa corporal es el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la estatura en metros. Permite clasificar a las personas según bajo peso, peso saludable, sobrepeso, y obesidad. Pero ahora recomiendan que no debe ser la única métrica/Archivo

La Asociación Médica Estadounidense sugirió que el índice de masa corporal “se utilice junto con otras medidas válidas de riesgo como, entre otras, las mediciones de la grasa visceral, el índice de adiposidad corporal, la composición corporal, la masa grasa relativa, el perímetro de cintura y los factores genéticos/metabólicos”.

En Argentina, 6 de cada 10 personas están por encima de su peso saludable, según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) publicada en 2019.

Buen descanso

El mal o poco descanso de manera habitual impacta negativamente en la salud y la calidad de vida. Si bien algunas personas consideran que dormir es una pérdida de tiempo y relativizan el rol clave del descanso para la salud física y mental. Sin embargo, desde el nacimiento hasta la adultez es primordial alcanzar un descanso reparador para el equilibrio de todos los sistemas del organismo. Por eso los expertos en medicina del sueño afirman que es necesario dormir entre 7 y 9 horas todos los días.

Días atrás, el doctor Daniel Pérez Chada (MN 47.085), presidente de la Fundación Argentina del Sueño y director de la Clínica del Sueño del Hospital Universitario Austral, remarcó en Infobae que “aunque algunos aún descrean su importancia, dormir es una función vital, no solamente para nuestro organismo, sino también para que podamos enfrentar tanto nuestras obligaciones profesionales, laborales, como estudiantes, sino también nuestros espacios de placer”.

Las personas con trastornos del sueño suelen buscar soluciones por sí mismas, sin embargo emplean estrategias que pueden agravar el cuadro. Mediante reglas específicas, es importante desarrollar hábitos y actitudes que favorecen el sueño, con el objetivo de minimizar o eliminar los factores externos que agravan el problema. Con esto en mente, la Asociación Mundial del Sueño creó los 10 mandamientos para alcanzar un descanso reparador.

  1. Establece un horario regular para acostarte y despertarte.
  2. Si tenés la costumbre de tomar siestas, no excedas los 45 minutos.
  3. Evita la ingestión de alcohol 4 horas antes de acostarte y no fumes.
  4. Evita la cafeína 6 horas antes de acostarte.
  5. Evita los alimentos pesados, picantes o azucarados 4 horas antes de acostarse, se puede incorporar una colación liviana antes de ir a la cama.
  6. Haz ejercicio regularmente, pero no inmediatamente antes de acostarte. Usa ropa de cama cómoda.
  7. Procura una temperatura de sueño agradable y mantén la habitación bien ventilada.
  8. Bloquea todo el ruido que te distraiga y elimina la mayor cantidad de luz posible (también de los artefactos electrónicos).
  9. Reservá la cama para dormir y tener relaciones sexuales. Esto implica no usarla para el trabajo o la recreación.

Fuente: Infobae

Salud

Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral

Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.

Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.

En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.

Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro

Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.

Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.

La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.

Qué tipo de juegos tienen más impacto

Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.

En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.

A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.

Bienestar mental y uso moderado

El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.

Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.

Fuente: TN

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Salud

El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo

Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.

Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.

La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.

Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.

Una enfermedad con muchas aristas

La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.

En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.

“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.

Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis

El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.

A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.

Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.

Fuente: Infobae

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Salud

Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad

La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.

Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.

En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.

La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.

“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.

En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).

Los matices de la ansiedad

Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.

La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.

Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.

“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.

No minimizar la ansiedad

Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.

Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.

Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional

El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.

“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.

Fuente: TN

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