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Durmió en la calle, fue albañil y hoy es clave en la carrera de Enzo Fernández: la historia de Giuliano Pagano

“Quedé en la calle, trabajé de albañil, armando cajas, endeudado”, recuerda Giuliano Pagano sobre su paso por el fútbol de Polonia, una experiencia que lo marcó. Tenía 25 años y había llegado a Europa con la ilusión de estirar una carrera profesional, que no era tan buena como imaginó cuando era un niño. Sin embargo, lejos de derrumbarse, ese momento extremo terminó por darle un quiebre a su vida y el inicio de un nuevo camino dentro del deporte.

En ese contexto adverso fue donde empezó a construir lo que hoy define como su método. Sin contratos, sin estabilidad y con la necesidad de reinventarse, Pagano apostó por el coaching y comenzó a trabajar con futbolistas desde lo mental. Con formación en programación neurolingüística y un título certificado, empezó a ofrecer sesiones mientras todavía intentaba sostener su carrera como jugador, hasta que entendió que su lugar estaba fuera de la cancha.

El punto de quiebre llegó de manera inesperada y lo conectó con la elite. A partir de una sesión grupal, Enzo Fernández lo escuchó “de fondo” y decidió contactarlo. “Me llamó y empezamos a trabajar tres meses antes del Mundial”, cuenta Pagano sobre un vínculo que se transformó en su caso más emblemático. Desde entonces, su método fue creciendo y hoy reúne a más de 100 de futbolistas, con una premisa clara que resume su experiencia personal: “La técnica suma, el físico suma, pero la mente multiplica”.

¿Cómo pasas de ser un futbolista profesional a convertirte en coach?

Tuve una carrera difícil, con muchas trabas deportivas y psicológicas que me llevaron por distintos clubes del ascenso argentino, pero también del mundo. En una de esas aventuras terminé en un club de Polonia, que quebró y me dejó en la calle. Había llegado en un momento difícil, con una guerra de por medio, lo que hizo que quedara en la calle, sin dinero y con deudas. Un par de días dormí en la calle, hice changas y también trabajé como albañil. Esa situación marcó un antes y un después. Yo ya había empezado a interesarme por el coaching y finalmente terminé por decidirme de dejar el fútbol.

¿Y cómo conseguís tus primeros clientes?

Empecé a contactarme con muchos jugadores y les comenté lo que estaba haciendo. Al principio tenía dudas por cómo me iban a ver si yo era una persona que no había triunfado en el fútbol, pero nada de eso pasó. El método que había creado empezó a funcionar y varios chicos se fueron sumando.

¿Cómo llega Enzo Fernández a tu curso?

Fue casi de casualidad. Un persona que estaba con él se unió a mi curso de manera virtual y él lo escuchó de fondo. Le gustó y me contactó para que trabajemos juntos. Fue tres meses antes del Mundial de Qatar.

¿Qué podés decir de la mentalidad de Enzo Fernández?

Yo nunca conocí una mentalidad tan ganadora como la de Enzo. Que sea tan profesional, tan líder, que tenga tanta presencia, que esté tan obsesionado con con hacer las cosas bien, con querer ser mejor, es algo increíble. Te cuento que es así en muchos aspectos de su vida, desde ser el mejor padre hasta jugar a la bolita. Creo que por eso se le abrieron tantas puertas, ¿no?. Él es capaz de sostener todo ese éxito por la persona que es y porque creó una mentalidad que hace que esas cosas le pasen.

¿Qué buscan los futbolistas que se acercan a vos?

Llegan por la falta de confianza que les genera la falta de resultados. Es decir, si son delanteros, no están haciendo goles y se empiezan a preocupar y empiezan a sentirse más inseguros y demás. Lo mismo siendo arquero, defensor, mediocampista, etcétera. Tienen temor de no estar a la altura o no ser suficiente. Ese es el patrón que más se repite.

Están sometidos a mucha presión...

Si, ese sentiemiento de insuficiencia empieza a generar una presión que se convierte en desmotivación. Ahí se genera esa baja en el rendimiento, que no lo motiva ni lo hace disfrutar. Ese sentimiento no les permite avanzar y lo bloquea.

¿Cuánto tiempo necesitan tener un coach?

Siempre se suele recomendar un proceso de coaching en base a objetivos, que pueden ser personales o deportivos. Puede ser desde plantear una conversación incómoda o lograr confianza para encarar situaciones o proyectos. Mi método abarca unas ocho sesiones, pero si el futbolista decide seguir ya es su elección.

¿Cuál es la diferencia entre la psicología y el coaching?

A diferencia, tal vez, de la psicología, lo que hace el coaching es que te da las herramientas para que puedas vos mismo autocoachearte. Es que no dependas de alguien para que puedas cambiar la perspectiva de alguna situación. El coaching lo que hace es, a través de preguntas, invitarte a que reflexiones y tomes conciencia.

¿Cuántos futbolistas están practicando tu método?

En “futbolista consciente” ya hay más de 100 futbolistas. En el equipo que me tiene como cabeza también hay otros coach, una psicóloga, una directora de operaciones, un líder de operaciones, etc. Los chicos se conectan a las clases, y muchos ya han renovado como por tercera vez el proceso de 6 meses. Esta situación, como te dije antes, depende de la circunstancia del jugador y qué tan abierto está a trabajar su mentalidad.

Según tu experiencia, ¿cuál creés que es el principal temor de un futbolista?

El principal temor es el miedo a no estar a la altura, ya sea si sos un jugador de la elite o un semiprofesional. La principal preocupación se reduce a a no saber qué va a pasar y si voy a ser capaz de poder resolverlo. Ahí es donde se ve nuestro trabajo de recordarles dónde está su poder, y qué cosas están dentro de su responsabilidad. De esta manera, el futbolista empieza a encontrar regularidad en su estado de ánimo y, por consecuencia, en su rendimiento.

¿Qué creés que pasa con aquellos futbolistas que no trabajan la gestión emocional?

La gran mayoría nunca trabajó la gestión emocional. Es ahí cuando duplican el esfuerzo físico, pensando que esa incomodidad interna o ese miedo va a desaparecer. Van a lo que ya conocen: entrenar más, restringirse más, sacrificarse más, hacer todo demás. Todo por esa falta que sienten internamente. Y ahí llega el momento que hablábamos antes, donde se saturan, se desmotivan, se frustran, se enojan y no encuentran una solución.

Tu propuesta habla de “disfrutar de nuevo del fútbol”. ¿Creés que el profesionalismo está alejando al jugador de ese disfrute?

La dificultad de disfrutar en el deporte hoy en día se debe a la presión de la viralidad y la constante competencia. Es esencial jugar desde la autenticidad y el disfrute, en lugar de la exigencia, para encontrar gratitud y generar buenos resultados.

Fuente: TN

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Irina Werning, la fotoperiodista que se dedica a documentar la realidad dondequiera que esté

Irina Werning nació en Buenos Aires y estudió en la Universidad de San Andrés; se licenció en Economía, obtuvo un máster en Historia y luego se fue de viaje como mochilera. Anduvo en India, se quedó un tiempo en Israel, pasó de lugar en lugar y por fin aterrizó en Europa.

No tenía claro qué quería hacer hasta que leyó en una revista un reportaje a Colin Jacobson, un legendario editor que describió la vida de un fotoperiodista: alguien que sale por el mundo a la caza de historias, documentando la realidad.

Eso decidió su vocación. Werning comenzó a estudiar Fotoperiodismo en la Universidad de Westminster, en Londres; tenía 30 años y nunca antes había tenido una cámara en las manos. Sus compañeros no hacían otra cosa desde la infancia. No es una tarea fácil, afirmó: hay que salir a la calle, probar, cometer errores y aprender. Por fin se graduó con un máster en la carrera y comenzó a trabajar.

Su mirada peculiar, la curiosidad por las tradiciones de las diferentes culturas, el interés por las costumbres y creencias de lugares remotos colocaron a Irina Werning en un lugar destacado del mundo de la fotografía. Comenzó a obtener becas y reconocimientos: la revista Time declaró que era una de los nueve fotógrafos argentinos a quienes era preciso seguir, y su libro Back to the Future (Regreso al futuro) fue declarado en 2014 uno de los mejores libros de fotografía. Obtuvo una beca de la National Geographic y en 2021 la de Pulitzer. Hubo más premios y subsidios, muchos más.

El proyecto Back to the Future es una colección de fotografías en las que Irina Werning propone a una serie de personas o grupos de personas reproducir en la edad adulta una fotografía de su infancia. Los sujetos invitados aceptaron con gusto y el resultado es asombroso y divertido, casi milagroso.

Werning buscó y encontró en cierta zona de América Latina una comunidad que venera la cabellera de las mujeres: nunca se cortan el pelo porque entienden que cortar el pelo es como cortar una parte de su alma. Es una tradición de orgullo generacional que afirma su vínculo con la tierra a la que pertenecen. Las cabelleras son formidables.

Hay una colección de conmovedora belleza en las pequeñas escuelas enclavadas en los Andes, donde las ventanas de las modestas aulas se apoyan en la base de la cordillera. Y resulta irresistible el Proyecto Chin, su perro crestado chino, para quien armó infinitas situaciones: en la playa, en la cárcel, en un auto convertible, como músico, cocinero, astronauta, constructor y arquero de fútbol. Irresistible.

Fuente: TN

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Tiene 21 años, fue admitido en “la universidad de los astronautas” y necesita ayuda para cumplir su sueño

En una casa de Bahía Blanca, mientras sus padres trabajaban afuera durante horas, un chico se quedaba solo y pasaba parte de ese tiempo frente a una computadora investigando sobre el espacio. Ahí empezó a tomar forma una meta que todavía sostiene: ser astronauta.

Ese chico, Tomás Agustín Lopreite, hoy tiene 21 años, estudia en la Universidad Nacional de La Plata y está ante el paso más importante de su vida: fue admitido en Embry-Riddle, una de las universidades aeronáuticas más reconocidas de Estados Unidos, donde obtuvo una beca parcial para cursar ingeniería aeroespacial.

La institución, con sede en el estado de Florida, que tiene entre sus egresados a astronautas en actividad, le otorgó el beneficio más alto disponible para estudiantes extranjeros.

“Postulé en diciembre del 2025 y saqué 1360 de 1600 puntos. Rendí un examen de proficiencia de inglés, entregué dos cartas de recomendación de profesores y finalmente, envié un ensayo sobre por qué quería ir a la universidad, ambiciones y camino académico”, explicó Tomás a TN Tecno. “Al no ser ciudadano estadounidense, no puedo aspirar a beca completa. En mi caso, al ser admitido, me dijeron que podían darme entre 3000 a 17.000 dólares anuales, pero recibí mucho más”, contó.

La administración de Embry-Riddle le otorgó 23.500 dólares anuales durante los cuatro años de carrera. Pero no alcanza. Para empezar a cursar en agosto, Tomás necesita completar el resto (otros 25.000 dólares por año) más los gastos de alojamiento y comida. Y el tiempo corre.

Tomás creció en el Barrio Noroeste de la ciudad del sur de la Provincia, en una casa alquilada donde el techo se filtraba cuando llovía y las paredes acumulaban humedad. Su padre no terminó el secundario y durante más de 30 años trabajó como canillita, repartiendo diarios y haciendo changas. Su madre finalizó la escuela, pero nunca pudo acceder a la universidad; durante muchos años limpió casas en jornadas que a veces superaban las 12 horas diarias. Cuando no había dinero para pagarle a una niñera, Tomás se quedaba solo. A los 6 años ya sabía barrer, lavar los platos, tender su cama y calentar su propia comida. “Trataba de darle el menor trabajo posible a mis padres”, recordó Tomás, que es hijo único.

En esa soledad, la computadora familiar se convirtió en su ventana al mundo. Buscaba lanzamientos de cohetes, imágenes del cosmos, información sobre misiones espaciales. También jugaba horas interminables al Kerbal Space Program, un simulador donde se construyen cohetes, se diseñan satélites y se lanzan naves. “Tenía una PC con la cual investigué y aprendí muchas cosas sobre el espacio que terminaron encendiendo la llama de curiosidad por ese tema. Igual, yo ya venía con un interés que no sé de dónde salió. Pero en ese tiempo, ese interés se transformó en pasión”.

La primaria tampoco fue fácil. Repitió primer grado cuando se descubrió que no veía el pizarrón: tenía miopía y astigmatismo severos, -4 en cada ojo. Tuvo además dificultades en el habla que con el tiempo logró trabajar, pero que en esos años lo exponían ante sus compañeros. Fue blanco de burlas. Le costaba socializar. “Eso me hizo mucho más tímido. No me adaptaba”, confesó. Y cuando alguien le preguntaba qué quería ser de grande y él respondía astronauta, la respuesta era siempre la misma: que fuera realista, que pensara en otra cosa. “Eso me bajaba mucho la moral”, recuerda. Igual no cambió de idea.

El punto de inflexión llegó en cuarto año del secundario, cuando pasó a la Escuela Técnica N°2 “Ingeniero César Cipolletti” de Bahía Blanca, con orientación aeronáutica. Antes cursaba en un bachillerato que no lo motivaba. “Era un alumno mediocre”, reconoció. Cuando llegó a la técnica, todo cambió. Los profesores eran ingenieros, arquitectos, profesionales que venían directamente del mundo aeronáutico. Los problemas para relacionarse con sus compañeros desaparecieron. Y el rendimiento académico se disparó. “El cambio fue de 720 grados. Di dos vueltas completas sobre mí mismo”, bromeó.

Lo que construyó desde entonces es para aplaudir de pie. Participó dos años consecutivos en las Olimpiadas Matemáticas Argentinas y llegó a instancias provinciales. Alcanzó la final de los Juegos Bonaerenses en ajedrez. Dio una charla en el Planetario de la Universidad Nacional del Sur sobre el cosmos y el sistema solar. Fue presidente del Centro de Estudiantes durante dos períodos consecutivos y participó en la mesa bonaerense de educación técnica junto al Ministerio de Educación. Con su curso, diseñó y construyó un simulador de vuelo para trasladar la enseñanza del plano teórico al práctico. Y ganó las Olimpiadas Aeronáuticas con medalla de oro, una competencia en la que participan escuelas técnicas de todo el país. Egresó con promedio de 9,87 y el título de técnico aeronáutico.

Tomás no habla del espacio desde la emoción desbordada del fanático, sino desde la convicción metódica del que lleva años estudiando cómo llegar. “A todo el mundo le encantan los astronautas y las naves espaciales. Pero ¿a quién le gusta diseñarlas o construirlas? Ser astronauta no es solo ir al espacio, también es colaborar desde la Tierra. Es todo un proceso que hay que recorrer, y yo quiero hacerlo desde el principio”, afirmó a TN Tecno. Lo que le interesa en concreto es la construcción, el diseño, la planificación y el mantenimiento de vehículos espaciales: cohetes, satélites, sondas.

En busca de esa meta, se mudó a La Plata para cursar ingeniería aeroespacial en la UNLP, donde hoy transita su segundo año, vive en una habitación con un amigo y, para costear sus gastos, da clases particulares de matemática y cuenta con el apoyo de Bis Blick, una organización que acompaña a jóvenes con alto potencial para que sean los primeros profesionales de su familia. Valora profundamente lo que la educación pública le dio: “La UNLP es excelente en muchos ámbitos, y puedo afirmarlo porque curso en ella actualmente”. Pero en paralelo a esa cursada, apuntó más lejos.

El año pasado aplicó a Embry-Riddle y a principios de 2026 llegó la respuesta: admitido, con la beca más alta disponible para extranjeros. Fue el reconocimiento más grande de su vida. Y también el inicio de una nueva carrera contra el reloj.

Los 23.500 dólares anuales que le otorgó Embry-Riddle son una cifra importante, pero dejan un hueco enorme. Para comenzar a cursar en agosto, Tomás necesita otros 35.000 dólares por año: 25.000 para completar la matrícula, y unos 10.000 para alojamiento, comida y materiales de estudio. Así, lanzó una colecta (se lo puede contactar en Instagram @tomas_lopreite), que ya acumula 6.200.000 pesos, para afrontar los primeros gastos concretos: pasaje, pasaporte, visa, chequeos médicos. Además, está en negociaciones con la universidad para ver la posibilidad de trabajar mientras estudia y aliviar parte de esos costos.

Lo que busca en Embry-Riddle es específico y lo puede enumerar sin dudar. “Tiene proyectos y profesores con experiencia directa en la industria, trabajando de la mano con la NASA, la FAA, Lockheed Martin y Boeing, además de laboratorios avanzados”, describió. “Espero tener contacto directo con la industria de la cohetería, en diseño y mantenimiento, además de prácticas físicas con aviones y laboratorios. Lo que puedo traer al país son contactos, conocimiento específico del sector y experiencia real en el mundo aeroespacial que, sin lugar a duda, enriquecerían a la Argentina”, agregó.

El problema es que, si Tomás no consigue el dinero que le falta, la beca se pierde. En ese año, el plan B es seguir en la UNLP y volver a postular el año que viene, aunque el nuevo monto podría ser menor. No lo dice con resignación, pero sí con urgencia. “Quiero iniciar una startup, quiero que Argentina vuelva a tener lanzadores. Este país está lleno de profesionales que terminan yéndose porque la industria está muy debilitada. Hay que ponerle empeño, porque las cosas no salen solas”, aseguró.

Y finalizó con una sencillez que contrasta con la enormidad de todo su recorrido, agrega lo que tal vez resume mejor que nada su historia: “Este país lo dio todo por mí. Quiero seguir haciendo que mis viejos estén orgullosos de mí”.

El mismo chico que se quedaba solo en casa mirando cohetes en una pantalla e imaginaba viajar al espacio, está a solo un paso de comenzar su sueño. Solo falta el empujón que lo ayude a despegar.

Fuente: TN

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Según un estudio privado, la mitad de los argentinos no llega a fin de mes y el 40% busca un segundo empleo

La situación económica de muchos hogares argentinos se complicó en los últimos meses. Según un relevamiento de la consultora Delfos, apenas 17% de la población logra cubrir sus gastos y ahorrar, mientras que cuatro de cada diez trabajadores ya está buscando un segundo empleo porque el sueldo actual no alcanza.

El informe muestra que el 52% de los argentinos asegura que no llega a fin de mes. Es el valor más alto registrado por la consultora y confirma una tendencia que viene en alza desde principios de año.

Otro 31% dijo que le alcanza “con lo justo”, lo que amplía el universo de personas con serias dificultades para cubrir sus necesidades básicas. “Si sumamos a los que llegan con lo justo, el porcentaje de argentinos en situación de vulnerabilidad económica asciende al 83%”, indicó la consultora en X.

Así, solo una minoría (17%) logra ahorrar o tener un margen para imprevistos. Si bien este segmento creció cinco puntos respecto a meses anteriores y se acercó al promedio histórico, sigue siendo muy reducido frente al resto de la población.

“Los datos exponen un deterioro progresivo del poder adquisitivo de las mayorías argentinas, que conlleva una dependencia creciente de redes de contención para sobrevivir, ya sean familiares, sociales o estatales”, advirtió el estudio.

La serie mensual muestra que, tras una baja puntual a comienzos de 2026, cuando llegó a 35%, el porcentaje de quienes no llegan a fin de mes volvió a subir para marcar 40% en febrero49% en marzo y 52% en abril. Al mismo tiempo, el porcentaje de quienes llegan con lo justo bajó, y el grupo con capacidad de ahorro se mantuvo en niveles bajos.

Mas de 40% de los argentinos buscan un segundo empleo

La misma consultora publicó otro informe relacionado con esta situación, en el que advirtió que 43% de los argentinos está buscando un segundo trabajo porque necesita sumar ingresos. El hallazgo supera a los últimos datos del INDEC, que indicaban que al cuarto trimestre del año pasado, había un 16,5% de ocupados demandantes de empleo.

“Este diagnóstico expone que los problemas laborales de los argentinos no pasan únicamente por el acceso al empleo, sino por la incapacidad de cubrir sus necesidades básicas”, indicó la consultora.

En contraste, solo el 20% de los consultados afirmó que no necesita un trabajo adicional. El resto se reparte entre quienes no participan del mercado laboral o están enfocados en otras actividades.

Con respecto a la ubicación geográfica de aquellas personas que demandan un segundo trabajo, Delfos mostró que 20% viven en Buenos Aires; 19% en el noreste; y 17% en el nororeste.

La búsqueda de un segundo empleo atraviesa distintos perfiles. Entre quienes buscan ingresos extra se destacan trabajadores independientes (28%) y empleados del sector privado (15%). Pero también llega a los jubilados, que representan un 14% de ese universo, lo que muestra la necesidad de complementar ingresos incluso después de la vida laboral activa.

Fuente: TN

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