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Desde manifestaciones en la piel hasta efectos psicológicos: algunos síntomas que indican que ya tuviste COVID-19
Existe la posibilidad de que una persona haya contraído COVID-19 y simplemente no se haya enterado, ya que justamente no siempre aparecen los síntomas. Pero, ¿qué señales pueden ayudar a develarlo y por cuánto se pueden prolongar? Esto es lo que sabemos hasta ahora
Si bien el COVID-19 lleva más de un año propagándose por el mundo y cobrando millones de vidas, aún hay muchos aspectos que no conocemos del todo sobre este nuevo coronavirus, incluidos los efectos a largo plazo en nuestro cuerpo y todos los síntomas que pueden persistir. Es un virus engañoso y nuevo en muchos sentidos.
Pero una investigación publicada el 19 de febrero en la revista médica JAMA Network Open arroja algo de luz sobre este enigma que se ha denominado “covid largo”, “covid prolongado”, “síndrome pos-covid” o “síndrome pos-covid agudo”. De manera simple, las personas contagiadas de COVID-19 pueden sufrir síntomas o efectos a largo plazo. Sin importar la gravedad de la enfermedad que atravesaron cuando se contagiaron. “En algunas personas, algunos síntomas pueden persistir o volver a aparecer por semanas o meses luego de la recuperación inicial. Esto también puede ocurrirle a personas con una enfermedad leve”, indicó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un documento publicado en septiembre de 2020. Además, la OMS detalló que la persistencia de los síntomas puede ocurrir independientemente de si se ha necesitado o no atención hospitalaria.
Entonces, ¿qué señales o síntomas indican que ya tuviste COVID-19 y por cuánto se pueden prolongar? Esto es lo que sabemos hasta ahora.
Fatiga y dificultad para dormir
La fatiga es uno de los síntomas más comunes de la infección por COVID-19 y también uno de los que más perdura (Getty Images)La fatiga es uno de los síntomas más comunes de la infección por COVID-19 y también uno de los que más perdura, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés). Una investigación publicada el 19 de febrero en la revista Jama Network Open encontró que más del 30% de los 177 participantes que siguió por 9 meses reportaron síntomas persistentes. La fatiga fue lo más común, junto a la pérdida del olfato o gusto. Todas las personas que participaron en este estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Washington, tuvieron COVID-19 confirmado por pruebas de laboratorio. El 30% también informó una peor calidad de vida, en comparación con el momento anterior a contraer el nuevo coronavirus. Y el 8% de los participantes indicó que tenía problemas para realizar al menos una actividad cotidiana, como tareas diarias en la casa.
De manera similar, un estudio que siguió a más de 1.700 pacientes de COVID-19 en Wuhan, el epicentro original de la pandemia en China, registró que el 76% sufrió al menos un síntoma meses después de ser dados de alta del hospital. ¿Los más comunes? Fatiga y dificultades para dormir, con el 63% y 26%, respectivamente, de los pacientes reportándolos medio años después de su diagnóstico inicial de COVID-19.
“Cuando miramos a los síntomas a largo plazo las grandes cosas que vemos son fatiga, letargo y trastornos del sueño. Y eso representa probablemente más de la mitad de lo que vemos”, señaló en diálogo con la CNN el doctor Christian Sandrock, profesor de medicina en cuidados intensivos pulmonares y enfermedades infecciosas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Califonia en Davis, California. También advirtió que muchos pacientes experimentan múltiples síntomas, y que estos pueden ser intermitentes.
Confusión o niebla mental
“Es algo real, aunque no se reconoce formalmente como una condición médica o psicológica. Intentamos definirlo como un concepto de las personas comunes utilizado para describir disminuciones sutiles en la atención, concentración, memoria y toma de decisiones: una confusión mental o falta de claridad” (Getty Images)Los pacientes que sufren de efectos a largo plazo del COVID-19 enfrentan, en gran medida, una condición que se conoce como confusión o “niebla” mental. Este fenómenos se está percibiendo de manera global. Así, por ejemplo, Caroline Gurvich, subdirectora del Centro de Investigación de Psiquiatría Monash Alfred en Melbourne, ha confirmado su existencia. “Es algo real, aunque no se reconoce formalmente como una condición médica o psicológica. Intentamos definirlo como un concepto de las personas comunes utilizado para describir disminuciones sutiles en la atención, concentración, memoria y toma de decisiones: una confusión mental o falta de claridad”.
En la misma línea, la doctora Allison Navis, profesora asistente en la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Mount Sinai en Nueva York, señaló a la CNN que la confusión mental “es un síntoma, no un diagnóstico. Y significa muchas cosas distintas para diferentes personas. Con frecuencia es una combinación de problemas de memoria a corto plazo, concentración o dificultad para expresarse”.
Y hay otro asunto relevante, según Navis. Esta confusión mental no parece tener una relación clara con la gravedad de la infección por COVID-19, la edad u otros factores de riesgo. Según explicó, los médicos han observado estos síntomas en pacientes jóvenes -tanto niños como adolescentes-, que tuvieron un COVID-19 leve y eran sanos.
Dificultad para respirar, tos y pérdida del olfato o gusto
Estos síntomas también son unos de los más indicativos de una infección de COVID-19 y suelen persistir en los pacientes, tiempo después del diagnóstico inicial (Getty Images)Estos síntomas también son unos de los más indicativos de una infección de COVID-19 y suelen persistir en los pacientes, tiempo después del diagnóstico inicial. En el estudio publicado en JAMA Network Open, la dificultad para respirar fue uno de los más comunes. Mientras que la tos y la pérdida del olfato o gusto aparecen en lo alto de las listas de la OMS y los CDC sobre los síntomas que pueden persistir.
“Nuestro análisis indica que la mayoría de los pacientes continúan viviendo con al menos algunos de los efectos del virus después de salir del hospital. Por lo que destaca la necesidad de atención después del alta, en especial para aquellos que experimentan infecciones graves. Nuestro trabajo también subraya la importancia de realizar estudios de seguimiento más prolongados en poblaciones más grandes”, dice el comunicado del estudio que siguió a 1.700 pacientes de COVID-19 en Wuhan.
Señales en la piel
Los fenotipos cutáneos que fueron identificados y pueden relacionarse al COVID-19 son: urticaria, erupciones morbiliformes en las extremidades y el tronco, reacciones cutáneas similares a la varicela, presencia de lesiones símiles a los sabañones, livedo reticularis y vasculitis, con posible formación de úlceras en miembros inferiores (REUTERS)Un análisis del Hospital General de Massachusetts, publicado en octubre de 2020, encontró que algunas personas contagiadas de COVID-19 tuvieron síntomas relacionados con la piel tiempo después de su infección inicial. Esas señales en la piel se podían extender por hasta 60 días o más.
El equipo evaluó casi 1.000 casos de pacientes con diversas manifestaciones de COVID-19 en la piel, como erupciones de urticaria, papuloescamosas e inflamación de manos y pies. La persistencia de estas condiciones se extendió desde los 12 hasta los 130 días, dependiendo del caso. “Nuestros hallazgos revelan un subconjunto no reportado previamente de pacientes con síntomas cutáneos de larga duración por COVID-19, en particular aquellos con ‘pies de covid’”, dijo el hospital en un comunicado. Y añadieron: “La piel es una ventana visible potencial a la inflamación que podría estar ocurriendo en el cuerpo”.
En abril 2020, un estudio publicado en el British Journal of Dermatology por investigadores españoles describió las lesiones en la piel de 375 pacientes con COVID-19. La más frecuente en la serie estudiada, con el 47% de los casos, fue el de unas ronchas de forma y extensión muy variables, algunas parecidas a las que salen cuando nos pican los mosquitos o las pulgas, otras como múltiples manchitas rojas diseminadas, según el prestigioso médico oncólogo Elmer Huerta.
Efectos psicológicos duraderos
Los hallazgos de esta investigación sobre fatiga, dificultades para dormir y ansiedad o depresión encajan con estudios anteriores sobre pacientes que tenían un coronavirus relacionado que causó el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en 2003 y 2004 (Getty Images)El estudio que siguió a 1.700 pacientes de COVID-19 en China por seis meses también encontró que el virus podría tener complicaciones psicológicas duraderas, con ansiedad o depresión en el 23% de los participantes. En ese sentido, los hallazgos de esta investigación sobre fatiga, dificultades para dormir y ansiedad o depresión encajan con estudios anteriores sobre pacientes que tenían un coronavirus relacionado que causó el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en 2003 y 2004, según los investigadores chinos. Además, la depresión fue uno de los síntomas a largo plazo que registraron los CDC sobre el COVID-19.
Otros síntomas que pueden persistir tras tener COVID-19
Como el COVID-19 aún representa un enigma para la ciencia, hay síntomas a largo plazo sobre los que no se ha indagado en profundidad como los ya mencionados. Según la OMS, los CDC y la Clínica Mayo a la lista se suman:
– Dolores de cabeza y cuerpo
– Dolor en las articulaciones
– Diarrea, náuseas
– Dolor de pecho o abdominal
– Latidos rápidos o fuertes del corazón
– Erupciones o pérdida del cabello
Problemas a largo plazo a los que debes prestar atención
A las condiciones a largo plazo que puede causar el COVID-19 en los órganos, la Clínica Mayo suma efectos en el cerebro como “accidentes cardiovasculares, convulsiones, y el síndrome de Guillain-Barré, una afección que causa parálisis temporaria” (Europa Press)Los CDC señalan que las “complicaciones más graves a largo plazo parecen ser menos comunes, pero se han notificado algunos casos”. Justamente porque el COVID-19 no solo afecta los pulmones, sino que apunta a varios órganos del cuerpo. Estas son las condiciones que enumeran los CDC:
– Cardiovasculares: inflamación del músculo cardiaco
– Respiratorias: anomalías en la función pulmonar
– Renales: lesión renal aguda
– Dermatológicas: sarpullido, pérdida de cabello
– Psiquiátricas: depresión, ansiedad, cambios de humor
– Neurológicas: gusto, olfato, problemas para dormir, concentrarse y memoria
Sin embargo, la agencia señaló que aún “se desconoce lo que implican estos efectos en el largo plazo” y se necesita mayor investigación. “Hay estudios en curso que durarán varios años para investigar en mayor profundidad”, indicó. Un punto en el que también insistió la OMS, ya que explicó que se conoce “muy poco sobre la evolución en el tiempo de las personas afectadas por el COVID-19”.
A las condiciones a largo plazo que puede causar el COVID-19 en los órganos, la Clínica Mayo suma efectos en el cerebro como “accidentes cardiovasculares, convulsiones, y el síndrome de Guillain-Barré, una afección que causa parálisis temporaria”. Además, señaló la institución, el COVID-19 puede aumentar “el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson y la de Alzheimer”. Así mismo, el virus puede llevar a que sea más posible que se formen coágulos en la sangre y generen problemas de los vasos sanguíneos. “Mientras que los coágulos grandes pueden causar ataques al corazón y accidentes cardiovasculares, se piensa que mucho del daño al corazón causado por el COVID-19 viene de coágulos muy pequeños que bloquean los diminutos vasos sanguíneos (capilares) en el músculo del corazón”, explicó la Clínica Mayo. Y añadió que los coágulos pueden afectar otras partes del cuerpo como pulmones, hígado, riñones y piernas.
“Todavía no se sabe mucho sobre cómo el COVID-19 va a afectar a la gente con el tiempo. Pero los investigadores recomiendan que los médicos vigilen de cerca a las personas que han tenido el COVID-19 para ver cómo están funcionando sus órganos después de su recuperación”, concluyeron desde la entidad sin ánimo de lucro.
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El Comité Provincial de Emergencia mantiene un monitoreo permanente y refuerza la prevención en todo el Chaco
El Gobierno del Chaco informó que el Comité Provincial de Emergencia mantiene un monitoreo permanente de las condiciones climáticas y territoriales, mientras continúan las tareas preventivas en distintos puntos de la provincia ante posibles eventos meteorológicos.
El Centro de Monitoreo de Operaciones, que funciona en el entrepiso de Casa de Gobierno, concentra información de organismos provinciales, nacionales y de los 70 municipios chaqueños con el objetivo de anticipar escenarios, coordinar protocolos y fortalecer la capacidad de respuesta ante eventuales emergencias.
La secretaria de Coordinación de Gabinete y responsable del Comité Provincial de Emergencia, Carolina Meiriño, explicó que actualmente no existen alertas que requieran activar los protocolos de emergencia.
“Al momento no presentamos ningún tipo de alerta que nos obligue a activar los protocolos, sí a estar atentos”, señaló la funcionaria.
El centro articula información del Servicio Meteorológico Nacional, el Ministerio de Gobierno, la Secretaría de Asuntos Estratégicos, Defensa Civil, la Administración Provincial del Agua (APA), Vialidad Provincial, la Subsecretaría de Municipios y otras áreas del Estado.
De acuerdo con lo informado, el seguimiento incluye los pronósticos de precipitaciones, el estado de los caminos, los sistemas de bombeo, los canales de drenaje y la situación de los ríos, entre otros indicadores que permiten anticipar posibles complicaciones y definir la distribución de recursos.
“Chaco tiene los protocolos de emergencia y estamos preparados para brindar una respuesta ágil ante las situaciones que puedan presentarse y los recursos estarán puestos donde se necesiten”, afirmó Meiriño.
Prevención y obras en distintos puntos de la provincia
La funcionaria destacó que las tareas de prevención comenzaron meses atrás e incluyen trabajos de mantenimiento y limpieza de canales, sistemas de drenaje, caminos y estaciones de bombeo, además del fortalecimiento de los protocolos vinculados con salud y seguridad.
“Nunca antes pasó que todo se haga con tiempo. Las obras de limpieza y prevención continúan en toda la provincia, como lo pide el Gobernador Zdero, y además, este Centro de Monitoreo permanente que funciona aquí, en Casa de Gobierno, demuestra que no somos improvisados”, sostuvo Meiriño.
Desde el Gobierno provincial señalaron que la planificación busca contar con información actualizada antes de que se produzcan eventuales contingencias y mejorar los tiempos de respuesta frente a situaciones que puedan afectar a las distintas localidades.
Coordinación con los 70 municipios
El ministro de Gobierno, Justicia, Trabajo y Derechos Humanos, Carim Peche, destacó que desde comienzos de año se vienen realizando trabajos preventivos en diferentes puntos de la provincia.
“De todas maneras, si en un día caen 300 milímetros de agua es una gran complicación. Se está realizando un trabajo conjunto y a conciencia, este no es un gobierno de improvisados, es un gobierno que prevé las cosas”, afirmó.
En la misma línea, el subsecretario de Municipios, Marcelo Barrios, remarcó la necesidad de contar con información actualizada de cada localidad para que el Comité Provincial de Emergencia pueda definir las acciones correspondientes.
“Tener información en tiempo y forma nos permite como Comité de Emergencias tomar las decisiones adecuadas”, indicó.
En este marco, se solicitó a los municipios que mantengan actualizados los datos sobre el estado de sus sistemas de drenaje, las capacidades operativas y los recursos disponibles para atender eventuales contingencias.
El Gobierno provincial indicó que las novedades y las acciones oficiales relacionadas con posibles emergencias serán comunicadas a través de los canales oficiales, mientras continúa el monitoreo de las condiciones climáticas y territoriales.
De la jornada participaron también el subadministrador de Vialidad Provincial, Gustavo De Martini; el subsecretario de Municipios, Marcelo Barrios; el subsecretario de Protección Civil, Gustavo Santo, y personal y técnicos del Comité Provincial de Emergencia.
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De la Ferrari negra de Maradona al DeLorean: los autos más icónicos de la historia se pueden ver en Palermo
El automóvil trascendió su función mecánica para integrarse profundamente en el imaginario colectivo, convirtiéndose en uno de los símbolos más potentes y versátiles de la cultura moderna. Más que simples objetos de transporte, son extensiones de la identidad, reúnen características aspiracionales y están cargados de narrativas.
Esta semana llegaron a Buenos Aires 15 de los modelos más icónicos de todos los tiempos, históricamente vinculados a celebridades y personas que dejaron su huella en el arte, la música y el deporte, entre otros campos.
La exhibición “Íconos sobre Ruedas” presentó por primera vez en Argentina varios vehículos de la colección de Jorge Yarur, creador de la Fundación Museo de la Moda que se encuentra en Santiago de Chile.
Acacia Echazarreta, integrante del Departamento de Curaduría de la institución, le contó a TN de qué trata la muestra. “Nuestra colección, con sus 19.000 piezas de vestuario y accesorios, busca congelar el tiempo. Tratamos de retratar distintos estilos, artes decorativas, el aspecto deportivo… de cómo la gente vestía para jugar fútbol, con camisetas y botines, entre otras prendas y objetos que se vinculan al deporte. En este caso, además, tenemos el auto de Maradona: un Ferrari Testarossa negro“.
La Ferrari negra de Diego Maradona, por primera vez en la Argentina
El modelo que protagoniza una de las mejores anécdotas relacionadas a la vida de Diego estuvo de visita por primera vez en el país, luego de casi cuatro décadas de estadía en Europa. Fue el primer obsequio que recibió “Pelusa” tras conquistar la Copa del Mundo de México 1986, cortesía del por entonces presidente del Napoli, Corrado Ferlaino.
El proceso para que las llaves de aquel mítico auto deportivo llegaran a las manos de Maradona fue caótico. Guillermo Coppola, exmanager del Diez, tuvo que convencer al mismísimo Enzo Ferrari de pintar de negro un modelo que solo conocía el rojo. Luego, gestionó la venta del coche en un aeropuerto por un precio mayor al que había pagado originalmente, con el fin de reconciliar a Ferlaino con Diego. Algo de esa historia estuvo presente en Buenos Aires.
“Tenemos una gran colección de Maradona porque obviamente es un gran ícono del fútbol. Se puede ver la evolución de su vestuario desde que tiene un short del Cebollitas, pasando por mítico año 86 y llegando hasta cuando le hacen su partido despedida», explica Acacia. Junto a la Ferrari negra se iluminó la camiseta titular del Napoli que usó Diego.
“Traer estos objetos y vehículos fue toda una experiencia”, cuenta la curadora. «Esta fue una primera vez que tuvimos que traer vehículos y toda una colección pasando la cordillera. Se necesitaron unos 11 camiones especializados para estos 15 autos. Fue un trabajo bien inusual para el museo: tuvimos que esperarlos, bajarlos, recibirlos y subirlos a las plataformas para luego ubicarlos en el pabellón».
Luego, explicó el criterio con el que se montó el evento al que pueden concurrir los fanáticos hasta el 2 de octubre en Costa Salguero. “La idea de la exposición, como decía el título, fue ‘Íconos sobre Ruedas’. Por lo tanto, se eligieron vehículos emblemáticos. Obviamente, para la Argentina, este de Maradona es muy simbólico. Otros que le gustan mucho al coleccionista son por la época o por el personaje, como Marilyn Monroe».
Entre los coches exhibidos también estuvo el legendario DeLorean que se utilizó en la célebre película Volver al Futuro. El modelo fue abierto para el público, mostrando los detalles de un tablero que permanece impoluto y colorido.
“El fuerte de la colección del museo son los años 60 y los años 80, por lo que también hay personalidades de ese tipo y autos icónicos del cine, como el DeLorean, que es muy representativo de la máquina del tiempo de esa película. La selección tuvo que ver con la visión y la colección del propietario“, expresó Acacia.
“Si podemos nombrar algunos de los autos, el más representativo es el de Diego Maradona. Pero también tenemos el Thunderbird de Marilyn Monroe; un Beetle de Olivia Newton-John; un Lincoln de la colección presidencial, que es un modelo similar al que usaba Kennedy; y el Corvette del ’66 de Slash (de Guns N’ Roses), entre otros».
De esta manera, los fanáticos disfrutaron de una exposición casi sin precedentes en el que, con autos y piezas históricas, pudieron revivir parte de la experiencia que estos objetos les brindaron a las mayores celebridades de la historia.
Fuente: TN
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Eran adolescentes, sus familias se oponían al noviazgo y un embarazo los llevó al altar: el amor de 38 años que resiste prejuicios
Viajemos en el tiempo hacia 1987. Fue ese año que Fernando B. y Graciela D. se conocieron. Ella estaba en tercer año y por cumplir los 16. Él cursaba quinto en el mismo colegio y tenía 17. Si bien Fernando era compañero del hermano de Graciela, fue un amigo en común quien los terminó uniendo. El amor naciente se selló formalmente con un beso el día del cumpleaños de 16 de ella: el domingo 25 de octubre, en un boliche de Berazategui, en una especie de lo que ahora llamaríamos “matiné”, eventos donde solían sortearse viajes de egresados. Y el amor que los atravesó fue fulminante.
Resistencia intramuros
Fernando cuenta que con su compañero y hermano de Graciela eran “como el agua y el aceite. Te hago una metáfora musical… él era Rolling Stones y yo era Beatle, ¡muy distintos”!. Pero no solo el hermano era diferente, también la familia de su novia era muy estructurada. Graciela es la menor y además de tener dos hermanos varones, su padre es militar. Es de la marina. Ella era la única mujer y siempre intentó transgredir en lo que podía esas estrictas normas. Y bueno, hacía cosas que no aprobaban… ¡Yo era parte de lo que no aprobaban! Creo que me rechazaban por una cuestión de diferencias. Mi suegro es del interior y quizá pensaba que yo pretendía hacerme más de lo que era, que mi padre era medio como un intelectual… qué sé yo. No sé realmente. Pero no era fácil y a Graciela la controlaban completamente. Por todo esto, al principio, ella no les contó que estábamos de novios. Yo iba a visitarla con este amigo en común, pero un día empecé a ir solo y se volvió evidente que algo pasaba entre nosotros. Decidí que tenía que hacer algo para que su padre me habilitara a visitarla sin problemas. Sabía que él volvía de trabajar a las 16 y, entonces, me paré en la calle a esperarlo a las 15.30, cerca de su casa. Cuando lo vi llegar, lo paré y hablamos. ¡No se lo esperaba! Formalmente su respuesta fue que sí, que estaba todo bien, pero me advirtió que la cuidara…”.
Fernando quedó habilitado para las visitas como novio. Pero la resistencia a la relación entre ellos aseguran que se percibía en el aire. También en la casa de Fernando su madre se oponía: “El único que nos apoyó sin condiciones fue mi viejo. Él había estado casado dos veces antes, tenía más hijos, hasta que se casó en la tercera oportunidad con mi mamá a quien le llevaba veinte años. Había vivido mucho, era más abierto y nos entendía. Era mucho más permeable a nuestras elecciones y se lo notaba contento con mi pareja.. Se notaba contento con mi relación. ¡Nos bancó siempre!”.
A pesar de los recelos no abiertamente expresados por sus familias, el noviazgo siguió su curso.
La despedida
Fernando recuerda con profundo dolor esa época: “Yo ya estaba cursando medicina. Ella, en el colegio todavía. Pasado enero y febrero de 1989, Graciela empezaría quinto año del secundario en el sur. Fue un verano insoportable porque sabíamos que nos íbamos a tener que separar en breve. Me fui con mis padres y mi hermana de vacaciones a Córdoba, como todos los años. La pasé mal porque descontaba los días. Éramos dos adolescentes enamorados hasta el tuétano que estábamos devastados porque tendríamos que vivir lejos el uno del otro”.
Y llegó el momento de la despedida. Era un día gris de fines de marzo. El suegro de Fernando ya estaba instalado en el sur desde hacía algún tiempo. Ahora, viajaban su suegra con su novia y sus hermanos. Saldrían de Ezeiza en un avión de la marina.
“Fui con ellos para poder despedirme y estar con Graciela hasta el último segundo. Nos tomamos el tren en Berazategui, luego algo de Constitución a Retiro y de Retiro un micro de la Marina hasta Ezeiza. El vuelo se demoró porque había muchísima niebla. En esas horas de espera pensamos en fugarnos. Estábamos desesperados. Pero en un momento de normalidad pensé que no era una opción hacerlo, íbamos a lograr que hubiera más lío del que ya existía. ¡Nos mirábamos y nos decíamos nos vamos! Lo hablamos, pero al final no lo hicimos. En un momento, hasta llegamos a ir a la puerta, pero no pudimos tomar la decisión. Recuerdo que ella se iba caminando y me quedé, pegado al vidrio, mirando cómo subían a la escalera del avión. Hice el mismo recorrido que habíamos hecho juntos para volver. Solo y con un dolor inmenso”, recuerda Fernando como si fuera hoy.
Hoy no tienen dudas de que ese fue el momento más triste de sus vidas.
Ya para este entonces la joven pareja, es importante contarlo, ya mantenía relaciones sexuales.
Un reencuentro crucial
“Desde el principio, empecé a pensar cómo me iría hasta Río Grande para poder volver a verla”, admite Fernando quien aclara que no tenía un peso, eran muy chicos todavía y viajar en avión era carísimo.
La vida siguió con eternas llamadas telefónicas a diario. Horas y horas de teléfono diciéndose cuánto se amaban. Tanto se extrañaban que los padres de Graciela terminaron aceptando dejarla ir una semana a Buenos Aires en el mes de mayo.
Graciela llegó el 6 de mayo y se quedó unos días en la casa de Fernando y otros en la casa de una tía de ella.
“Mis suegros y mis padres estaban en contacto permanente porque imaginate que querían saber qué hacía su hija cada día. En mi casa dormía en la habitación con mi hermana. Pero estábamos todo el tiempo juntos. Te reconozco que mi mamá también boicoteaba, sutilmente, la relación. Creía que éramos muy chicos. Pero nosotros estábamos tan comprometidos con nuestro amor que si nos decían que teníamos que irnos a vivir abajo de un puente o a un caño lo hubiéramos hecho. No pensábamos mucho, sentíamos”, reconoce.
Cuando Graciela volvió al sur ya no lo hizo sola.
A las semanas notó que tenía un retraso en su menstruación. Como no se cuidaban, era claramente posible un embarazo. No dudó en hacerse un test. ¡Positivo!
“Me llamó a escondidas de todos -cuenta Fernando- y me dijo que tenía que hablar conmigo. Me dijo: Estoy embarazada. Imaginate, ¡yo estaba a 3000 kilómetros de distancia! Llorábamos los dos en el teléfono. Sabíamos que podía pasar y sucedió. Bueno, ahora había que ver qué hacíamos, cómo seguíamos”.
Era junio de 1989. Fernando eligió hablar primero con su padre porque era quien lo apoyaba siempre.
“Mi viejo fue sumamente práctico. Con él se podía hablar de todo, con mi vieja no podías. Me planteó las tres alternativas, no juzguemos si eran buenas o malas ideas, simplemente fue lo que me dijo y agregó que me iba a bancar lo que decidiera: interrumpir el embarazo, seguir adelante o hacerme el tonto y ver qué pasaba. Obviamente no pensaba hacerme el tonto, la amaba, era una pareja seria y mi novia. Tampoco quería un aborto porque era nuestro hijo. Íbamos a seguir adelante, eso le dije. Me dijo que nos ayudaría como pudiese. Yo sentía que necesitaba hablar con Graciela frente a frente, no por teléfono, para planear el futuro”.
La ayuda del cuñado
Fernando estaba decidido a verla. Tenían mucho para conversar y ponerse de acuerdo.
“Justo mi cuñado vino del sur por unos días. Graciela le había contado a su hermano lo que pasaba, no a sus padres. Así que hablé con él y le conté que pensaba viajar a verla y charlar pero que no tenía manera de hacerlo porque carecía del dinero necesario”.
Así fue que a Fernando se le ocurrió una transgresión. Le pidió a su cuñado el documento y le dijo que sacaría un pasaje gratis de la marina a su nombre e intentaría usarlo él para viajar. Su cuñado terminó accediendo, después de todo su hermana estaba en una situación compleja.
“Me lo prestó y fui al Edificio Libertad y saqué el pasaje a su nombre. Hasta ahí era todo legal. Pero lo que hice después fue devolverle el documento porque él lo necesitaba y el día del viaje fui solo con el pasaje. Me haría pasar por él. Como no era un vuelo comercial era distinto y, en esa época, por ahí era más fácil porque no había los controles actuales. Había un tipo de la marina que te miraba y pasabas. Pero justo el tipo que me recibió el pasaje era un compañero de mi suegro… Se dio cuenta de que yo no era el hijo de su amigo. Me miró, hizo una cara y me dijo: Pasá. Creo que fue de onda porque sabría del noviazgo, no sé. Salimos y en la parada de Trelew nos dijeron que había una tormenta brava y anunciaron que a lo mejor tendríamos que hacer noche en Río Gallegos y que para eso nos pedirían los documentos y los pasajes. Me quería matar… yo tenía el pasaje con un nombre y mi documento. Estaba en el horno. Pero otra vez tuve suerte: de pronto el clima mejoró y seguimos viaje hacia Río Grande. Cuando aparecí en la casa de mis suegros no entendían nada. Creo que se querían matar que estuviera ahí. A él se le salían los ojos de la cara como en los dibujitos animados… (se ríe) Creo que nunca supo cómo llegué ese día. Hasta hoy… ¡si es que lee esta nota!”
Fernando se quedó tres semanas en la casa de Graciela conviviendo con sus padres y hermanos. En esos días contaron lo del embarazo. Hubo discusiones, caras largas y muchísima tensión en el ambiente.
“Yo siempre fui bastante diplomático y traté de evitar el conflicto, pero un día de esos me cansé. Y dije me voy, armé mi bolso y dije que iba a dormir a la calle o dónde fuera. Dejé la casa sin un peso y hacía un frío brutal, doce grados bajo cero. Primero me fui al playón donde están los camiones y empecé a preguntar a los conductores si alguien me podía llevar hasta Buenos Aires. Nadie quiso. ¡Ahora que soy productor de seguros lo entiendo! Pero en ese entonces no lo entendí y me sentí decepcionado por la falta de ayuda. Luego pensé en irme al hospital, ahí habría calefacción. Finalmente los padres se apiadaron de mí y me fueron a buscar para que volviera. Tres o cuatros días después mi suegro me consiguió un vuelo de la marina para regresar a Buenos Aires. Llegué de sorpresa a mi casa, porque no tenía ni monedas para llamar por teléfono de una cabina pública. Mi madre estaba entre contenta y enojada por toda la situación”, relata, “Graciela y yo teníamos nuestros planes, no los consultábamos con nadie. Estos eran: casarnos, tener nuestro hijo y estar juntos donde pudiéramos. Mi viejo tenía un negocio de cirugía y ortopedia y otra vez nos puso el hombro, se convirtió en nuestro ángel guardián: me dio trabajo. Informamos a nuestras respectivas familias que nos íbamos a casar. No quedó otra que lo aceptaran, sino lo hacían esperaríamos a que ella cumpliera 18 y lo haríamos igual”.
Una cama prestada y la primera hija
En septiembre Graciela consiguió viajar a Buenos Aires. Ya cursaba el cuarto mes de embarazo. Fernando la esperaba con la fecha para casarse por civil: 28 de septiembre de 1989. En esos días, además, fueron juntos a hablar con el sacerdote Luis Farinello quien los recibió en Quilmes y aconsejó con infinita paciencia. Explica Fernando: “Yo soy católico, pero no practicante. Pero ella sí lo es. Quería el casamiento por iglesia. Entonces nos fuimos hasta Quilmes para reunirnos con él. Le reconocí a Farinello que lo hacía por ella, que no era creyente. Él nos habló de una manera que me llegó al alma. Aceptó la situación y me agradeció la sinceridad. Pusimos fecha en su iglesia de Quilmes para el día siguiente del civil: el 29. Las dos familias, medio a regañadientes, fueron a los dos casamientos, al civil y a la iglesia. No aprobaban, pero fueron”.
Pero eso no era todo. No tenían casa.
“No teníamos donde ir a dormir después de casarnos. Así que en los días previos le pedí a mi vieja si me prestaba el pequeño departamento de atrás de la casa de ellos, pero no aceptó. Y me recitó un dicho popular: El casado casa quiere. Mi viejo apareció una vez más para salvarnos y me alquiló enseguida, a escondidas de ella, un departamento pequeño y salió de garante. Pagó y listo. Se lo dijo a mamá cuando todo estaba cocinado y resuelto”.
Fernando trabajaba con su padre y empezó a estudiar menos. No le alcanzaba el tiempo. Pero ya estaban juntos, tenían un techo, una cama y una mesa prestadas. Eso les alcanzaba. El amor bastaba.
En febrero de 1990 nació M. La situación se fue normalizando de a poco. Con el tiempo consiguieron otro departamento, también ayudó un poco su padre, y Fernando optó por dejar definitivamente los estudios universitarios.
“No podía sostener la situación de trabajar y estudiar. Con un dinero que me prestaron puse un negocio de ortopedia, igual al de mi papá, en San Francisco Solano. Sorpresivamente, nos empezó a ir muy bien. Un año y medio después pudimos comprar nuestra primera casa. Era una quinta semiabandonada. Pagarla fue otro lío porque en el medio me estafaron con un plan de ahorros. En fin, por suerte el dueño me esperó a que sacara un crédito y en diciembre de 1993 nos instalamos ahí. Claro, pero no teníamos auto. Yo tuve varios trabajos distintos, uno en San Fernando, para sumar más dinero y Graciela trabajaba en el negocio que teníamos en Solano, al cual iba con nuestra hija. Abría a la mañana y a la tarde, en el medio volvía a casa por un par de horas. Para ir al local desde donde vivíamos tomábamos 3 colectivos, ¡entre ida y vuelta eran 6! Pero, como iba dos veces, terminaba tomando 12 por día. Hacíamos una vida de locos. Pero en la pareja siempre estábamos muy bien, enamoradísimos. Así que no había quejas. En 1996, nació X. Para esta época estábamos más acomodados, pero curiosamente siempre distante con nuestras familias. Quizá un poco por orgullo propio y no querer pedir nada más. Pero lo cierto es que, salvo mi viejo, nadie nos ofrecía ayuda con las chicas ni nada. Hacíamos nuestra vida como podíamos. Con mis suegros nos veíamos una vez cada ocho meses. A veces creo que ellos creían que nuestra pareja se iba a desmoronar, pero lo loco es que fue la única que perduró. En 2004 nació V. nuestra tercera hija que hoy tiene 20 años y trabaja conmigo”.
Deseos no cumplidos y mensajes
Fernando tiene guardados sentimientos encontrados con su familia política. Siente que no se interesaron lo suficiente por sus nietas: “Es como si no les interesaran demasiado. Nunca las llevaron a una plaza. ni al cine, ni al circo, ni a nada. En mi familia pasó algo parecido. Pero bueno eso generó discusiones, pases de factura de unos y otros y, por supuesto, lejanía. En el 2003 nos mudamos a Mar del plata, pensé que de alguna manera estaríamos más cerca de mis suegros que ya vivían en esa ciudad desde 1995. Pero tampoco fue remedio. En 2020, finalmente, nos compramos una casa en Mar del Plata. Mis suegros viven a 30 cuadras de mi casa, pero ¿podés creer que no la conocen? No los veo desde hace unos 5 años, mi mujer creo que desde hace 3. Es un poco frustrante porque nunca nos pudimos sentar a hablar bien de por qué es así la relación. Nuestro matrimonio fluye increíblemente, disfrutamos viajar, hacemos deporte, somos felices con nuestras hijas. No podemos entender qué es lo que pasa. Mi papá murió en 2003 y mamá vive, pero también la veo poco”.
El dolor por la lejanía familiar se nota presente en su relato. Pero el matrimonio de Fernando y Graciela parece indisoluble, se los percibe unidos, eligiéndose cada día.
“Llevamos ya 38 años juntos, 36 de casados. Sentimos que la familia somos nosotros cinco. Mis hijas tienen 35, 28 y 20 años. No entendemos por qué no se dio la de la familia extensa, no se terminó de resolver las diferencias. No creo que haya habido maldad, pero sí preconceptos o prejuicios. ¡Nos hubiera encantado tener una relación cercana con nuestras familias! Pero bueno si no sucede, ya está, qué le vamos a hacer”.
A Fernando -quien, además de productor de seguros, tiene inmobiliaria- le dio por la música y hace poco le grabó a su mujer una canción de Alejandro Lerner: Amarte así: “… es vivir un sueño eterno junto a ti, es confiarle al universo este milagro de sentir, amarte así, entregándome al destino que elegí, y que es ese mi camino y yo en el tuyo y compartir…”. La letra, dice, refleja con precisión lo que siente. Graciela, por su parte, maneja desde hace veinte años una escuela de pastelería. Todo el resto de sus vidas lo realizan juntos: suben al Lanín, cruzan la cordillera, realizan largas bicicleteadas y acompañan el camino de sus hijas. Siguen amándose, asegura, con la misma intensidad de aquel 1987. Imposible no creerles.
Fernando dice que se decidió a escribir a Infobae porque lee siempre la sección y observó que muchas historias de amor terminan mal: “¡Nuestro amor terminó bien! Mejor dicho ¡no terminó! Nuestro mensaje es que cuando te amás de verdad no hay boicot posible. Le diría a todos: nunca dejes que nadie frustre tus sueños y siempre peleá hasta el último round de la vida porque ¡vas a obtener tu recompensa!”.
Fuente: Infobae