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Cuánto ejercicio hay que hacer por semana para una longevidad saludable

El ejercicio es una pieza clave para una vida saludable, pero ¿cuánto es suficiente?

Las recomendaciones de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU (HHS) establecen pautas claras sobre la cantidad de actividad física necesaria para distintos grupos de edad.

Además, diversos estudios destacan los múltiples beneficios del movimiento en el sistema inmunológico, la prevención de enfermedades y la longevidad.

¿Cuánto ejercicio se debe hacer a la semana?

No hay duda de que la actividad física es fundamental para la salud. Sin embargo, la cantidad exacta que una persona necesita puede variar según la edad, la condición física y otros factores de salud.

De acuerdo con las Pautas de actividad física para estadounidenses del HHS, los adultos deben realizar un mínimo de 150 a 300 minutos de actividad aeróbica moderada o 75 a 150 minutos de actividad vigorosa cada semana.

Esto equivale a 30 minutos a una hora diaria de actividad moderada o de 15 minutos a 30 minutos al día de actividad vigorosa al día. Las actividades aeróbicas de intensidad moderada abarcan caminar con ritmo constante, andar en bicicleta, nadar a un ritmo suave o realizar tareas como cortar el césped. En cambio, las de intensidad alta comprenden correr, nadar con esfuerzo, o practicar danza aeróbica.

Para tener una buena masa muscular, especialmente a partir de los 40 años, a esto se deben sumar dos sesiones de ejercicios de fortalecimiento muscular, como el entrenamiento de resistencia o el levantamiento de pesas.

Estas mismas pautas se aplican a los adultos mayores de 65 años, aunque en este grupo es crucial incluir actividades que ayuden a mejorar el equilibrio y la movilidad, como caminar hacia atrás, mantenerse en una pierna o fortalecer el core.

Para los niños y adolescentes, la OMS recomienda al menos 60 minutos de actividad física diaria de intensidad moderada a vigorosa, con ejercicios de fortalecimiento muscular y óseo incorporados en la rutina.

En el caso de mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas, las recomendaciones son similares, pero se recomienda adaptar la actividad física según sus necesidades y consultar con un especialista.

A primera vista, estos números pueden parecer elevados. Sin embargo, el doctor William Li, médico y autor del libro Come para vencer las enfermedades, aclara que no es necesario hacer todo el ejercicio de una sola vez. “No hay una fórmula única para lograr estas pautas. Se pueden distribuir los minutos a lo largo de la semana, incluso en sesiones cortas”, afirmó.

Cuáles son los beneficios del ejercicio en la salud física y mental

Los beneficios de mantenerse activo son innumerables. Desde la prevención de enfermedades hasta la mejora del bienestar mental, el ejercicio impacta directamente en la calidad de vida.

  • Protección del sistema inmunológico. El ejercicio fortalece las defensas del organismo. Según Li, la actividad física “reduce la inflamación y mejora el flujo sanguíneo, el metabolismo y la sensibilidad a la insulina”. También estimula las células madre para regenerar tejidos, lo que contribuye a reducir el riesgo de infecciones y enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardíacas, cáncer y demencia.
  • Salud del corazón y el cerebro. A medida que el ejercicio aumenta el flujo sanguíneo, transporta más oxígeno al corazón y al cerebro, favoreciendo un mejor funcionamiento cardiovascular y cognitivo. De hecho, se demostró que el ejercicio regular mejora la memoria, la concentración y el estado de ánimo, reduciendo el riesgo de ansiedad y depresión. Además, la experta en kinesiología Anne Brady, de la Universidad de Carolina del Norte, explicó que la actividad física “mejora el estado de ánimo y la función cognitiva”, factores clave para la salud mental.
  • Prevención de lesiones y fortalecimiento muscular. El entrenamiento de fuerza es particularmente crucial a partir de la mediana edad. La licenciada en alto rendimiento deportivo y profesora de educación física Claudia Lescano destacó en una nota a Infobae que “entrenar la masa muscular ayuda a mantener huesos densos y firmes”, reduciendo el riesgo de fracturas y osteoporosis. Asimismo, los ejercicios de resistencia fortalecen las articulaciones y mejoran la movilidad, reduciendo el riesgo de lesiones por caídas o movimientos bruscos.
  • Longevidad y envejecimiento saludable. Uno de los efectos más novedosos del ejercicio es su impacto en el proceso de envejecimiento. Estudios recientes han demostrado que la actividad física regular mantiene los telómeros largos y flexibles, contrarrestando el efecto de los radicales libres y reduciendo la inflamación crónica. “El ejercicio puede prolongar la juventud”, aseguró Lescano, al contribuir a la reparación celular y prevenir el envejecimiento prematuro.

Cómo combatir el sedentarismo en la rutina diaria

A pesar de los beneficios del ejercicio, el sedentarismo sigue siendo un problema global. Según la OMS, el 31% de los adultos y el 81% de los adolescentes no cumplen con las recomendaciones mínimas de actividad física, lo que aumenta el riesgo de enfermedades.

Para contrarrestarlo, los expertos sugieren estrategias simples que ayudan a mantenerse activo sin necesidad de ir al gimnasio.

  • Integrar el ejercicio en la vida cotidiana: caminar en lugar de usar el auto, subir escaleras en lugar de tomar el ascensor o hacer pausas activas durante la jornada laboral.
  • Distribuir el ejercicio en pequeñas sesiones: los expertos recomiendan dividir los 30 minutos diarios en tres bloques de 10 minutos para facilitar su incorporación.
  • Realizar pausas activas: interrumpir largos períodos de inactividad con caminatas breves puede mejorar la presión arterial y los niveles de energía, según el investigador Keith Diaz, de la Universidad de Columbia.
  • Reducir el tiempo frente a pantallas, especialmente en niños y adolescentes.

La OMS enfatiza que incluso pequeñas cantidades de ejercicio son beneficiosas. “Incluso un poco de actividad es mejor que ninguna y cada movimiento cuenta”, destaca un comunicado del organismo.

¿Cuánto ejercicio es mucho ejercicio?

A diferencia de otros hábitos saludables, no hay un “máximo” establecido de actividad física que pueda considerarse perjudicial. De hecho, un estudio de 2022 encontró que las personas que realizaron cuatro veces la cantidad recomendada no experimentaron efectos negativos.

Sin embargo, es posible sobreentrenarse, lo que puede causar fatiga crónica, irritabilidad, insomnio, lesiones y disminución del rendimiento. Si aparecen estos síntomas, los especialistas aconsejan reducir la intensidad del entrenamiento y dar prioridad a la recuperación.

El ejercicio es una herramienta poderosa para mejorar la salud y prolongar la vida. Con tan solo 150 minutos de actividad moderada a la semana, es posible reducir el riesgo de enfermedades y mejorar el bienestar general. Además, mantener una rutina variada y evitar el sedentarismo puede hacer una gran diferencia en la calidad de vida. Como subraya la OMS, cada movimiento cuenta y nunca es tarde para empezar.

Fuente: Infobae

Salud

Cómo lograr que tus años entre los 65 y los 85 sean los más saludables de tu vida

A partir de los 65 años, el envejecimiento adquiere nuevas dimensiones. Según la Dra. Sabine Donnai, médica y especialista en longevidad, entender los cambios fisiológicos precisos y ajustar el estilo de vida puede permitir que estas décadas sean no solo duraderas, sino activamente saludables. Su enfoque, basado en investigación y experiencia clínica, aborda aspectos centrales como los “saltos de edad”, el poder de la epigenética, y la necesidad de cultivar cuatro pilares fundamentales para preservar la vitalidad y la independencia.

Cambios clave con el envejecimiento: los “saltos de edad”

Donnai explicó en diálogo con The Telegraph que no envejecemos gradualmente, sino a saltos. “Hay tres saltos de edad principales: alrededor de los 50, alrededor de los 65 y de nuevo alrededor de los 80”.

A los 50 años, el cuerpo enfrenta cambios predominantemente hormonales; cerca de los 65 años, las transformaciones se centran en el cerebro, la mentalidad y el estilo de vida; mientras que a los 80, el metabolismo se ralentiza y se pierde masa muscular de manera acelerada. Reconocer y anticipar estos saltos permite actuar con antelación y adoptar hábitos que preparen el cuerpo y la mente para cada etapa.

Genética versus epigenética: ¿Qué pesa más?

Un mito frecuente sobre la longevidad es que la salud en la vejez está predestinada por los genes. Donnai desmitifica esta creencia, señalando que solo entre el 10% y el 20% de las enfermedades tienen una relación directa con la genética. La gran mayoría de enfermedades, sostiene, están determinadas por la epigenética: el estilo de vida, entorno y mentalidad de cada persona. “Los genes predisponen; el estilo de vida desencadena la enfermedad”, resume la médica. Esta perspectiva subraya que las decisiones cotidianas tienen un impacto mucho mayor del que usualmente se reconoce.

Los cuatro pilares de la salud en la vejez

El método de la Dra. Donnai se construye sobre cuatro pilares íntimamente ligados entre sí: actividad física, gestión del estrés y el sueño, nutrición y desintoxicación. Cada uno actúa de manera sinérgica y fortalecerlos otorga las mejores probabilidades de llegar a los 80 años y más allá con salud, autonomía y calidad vital. Donnai incide en que los beneficios de mejorar estos aspectos no se limitan al futuro, sino que surgen rápidamente tras incorporar cambios positivos.

Actividad física y sus efectos fisiológicos

Mantenerse en movimiento resulta esencial para conservar fuerza y flexibilidad, así como para preservar la independencia mental y física. A partir de los cincuenta años, la masa muscular empieza a caer rápidamente salvo que se entrene de forma deliberada. Donnai enfatiza que el simple hecho de caminar es insuficiente; recomienda introducir entrenamiento de resistencia, ya sea en el gimnasio o mediante actividades cotidianas como cargar bolsas, subir escaleras o manejar equipaje. El objetivo clave es mantener y mejorar la masa muscular, central para la salud metabólica y la longevidad.

Las cifras respaldan su consejo: mejorar de una mala a una buena condición física puede aumentar la probabilidad de sobrevivir a enfermedades en un 80%. Incluso quienes logran pasar de una muy mala condición a una moderada experimentan mejoras sustanciales. Los efectos positivos del ejercicio son notorios en pocas semanas: reducción de presión arterial, mejor sueño y ánimo, normalización de colesterol e insulina, y hasta cambios morfológicos aumentados en el cerebro relacionados con una mejor lucidez y función emocional. El entrenamiento del equilibrio ocupa un lugar destacado, ya que reduce el riesgo de caídas, que son causa frecuente de hospitalización en adultos mayores.

“Ese es mi mantra. El movimiento te mantiene fuerte, flexible y mentalmente activo”, afirmó.

Estrés y sueño: reparadores del cerebro

El sueño profundo y reparador es crítico para el bienestar cerebral. Durante estas fases del sueño, el cerebro elimina toxinas —incluyendo proteínas ligadas a la demencia— gracias a la actividad linfática. Dormir entre siete y ocho horas se torna cada vez más irrenunciable, pues la privación crónica produce consecuencias graves a partir de los cincuenta años. Uno de los trastornos más infradiagnosticados en mayores es la apnea obstructiva del sueño, que puede incrementar el riesgo cardiovascular; por ello, es crucial diagnosticar y tratar síntomas como ronquidos persistentes o episodios de falta de aire al dormir.

Dormir es absolutamente fundamental: es cuando el cerebro elimina toxinas y realiza lo que yo llamo su ‘limpieza nocturna’” explicó Donnai.

Desintoxicación: limitar la exposición a compuestos tóxicos

La exposición acumulada a plásticos, pesticidas y otros productos químicos ambientales desempeña un papel significativo en el origen de enfermedades crónicas. Enfermedades como el Parkinson tienen un vínculo directo con la exposición a toxinas ambientales, especialmente en actividades como la agricultura o la vida cerca de campos tratados con pesticidas. Para reducir el riesgo, la doctora recomienda consumir alimentos orgánicos, emplear productos de limpieza naturales (vinagre en vez de lejía), evitar plásticos en microondas y seleccionar cosméticos libres de compuestos nocivos como los SLS y PFAS. Asimismo, sugiere donar sangre periódicamente como vía sencilla de reducir ciertos contaminantes acumulados en el organismo.

Un estudio realizado en Estados Unidos en mayo de 2025 reveló que las personas que viven a menos de un kilometro de un campo de golf tienen un 126 % más de riesgo de padecer Parkinson. Los campos de golf se rocían abundantemente con productos químicos para controlar las malas hierbas. Los agricultores se enfrentan a riesgos aún mayores debido a la exposición a pesticidas: “Desde el punto de vista de la salud, la agricultura es una de las profesiones más peligrosas“ explicó Donnai.

Nutrición óptima en la vejez: prioridades y errores comunes

La clave nutricional, según la Dra. Donnai, está en la diversidad y la adecuada ingesta proteica. Recomienda consumir hasta cien alimentos diversos semanalmente, variando hierbas, especias y recetas culturales, para enriquecer la microbiota intestinal. Un error habitual en edades avanzadas es reducir severamente el consumo de proteínas, lo que acelera la pérdida muscular. Para adultos en la vejez, el objetivo proteico diario debe adaptarse al peso y la edad, priorizando que cada comida contenga una dosis significativa de proteína de calidad. Favorecer tentempiés como huevos cocidos, frutos secos o pollo ayuda a alcanzar estos requerimientos sin recurrir a comidas vacías en nutrientes.

Los tres puntos no negociables para una vida larga y saludable

Donnai establece tres fundamentos esenciales para mantener la salud en la vejez: preservar la masa muscular mediante entrenamiento de resistencia, realizar análisis regulares para conocer los principales marcadores de salud, y vivir con un propósito claro. Recomienda iniciar controles de glucosa, colesterol, inflamación y vitamina D desde los 40 años, repitiéndolos con regularidad según resultados y evolución del estilo de vida.

Propósito vital y actividad intelectual

La longevidad no solo depende de cuestiones físicas. Mantener una vida activa y significativa, aprender habilidades nuevas y desafiar al cerebro con actividades variadas (como bailar, tocar instrumentos o sumar retos intelectuales) son, para la doctora, los verdaderos catalizadores del bienestar duradero. Más que sumar años, se trata de añadir vitalidad a cada año vivido.

Fuente: Infobae

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Salud

Cómo eliminar restos de pesticidas en frutas y verduras, según expertos

Las frutas y verduras frescas son alimentos esenciales en cualquier dieta saludable, pero su consumo también plantea dudas sobre la presencia de residuos de pesticidas. Aunque su aspecto sea impecable y provengan de canales certificados, la posibilidad de que conserven compuestos químicos invisibles sigue generando preocupación.

La limpieza y la seguridad de los productos frescos forman parte de la vida cotidiana, incluso para quienes eligen opciones “orgánicas” o “naturales”. Ante este escenario, saber cómo minimizar estos riesgos de un modo sencillo y efectivo marca la diferencia en la alimentación diaria.

Lavar frutas y verduras frescas con agua fría y limpia es, según especialistas citados por Verywell Health, la forma más sencilla y eficaz de reducir los residuos de pesticidas. A pesar de la existencia de productos comerciales y métodos alternativos, la evidencia respalda que el enjuague bajo el grifo sigue siendo la medida más conveniente y accesible para promover la seguridad alimentaria en el hogar. Sin embargo, ni siquiera este método puede eliminar por completo todos los residuos presentes.

Enjuague bajo el grifo: alcance y limitaciones

El lavado con agua fría elimina suciedad, insectos y adhesivos de etiquetas, contribuyendo también a disminuir la presencia de pesticidas en la superficie de los alimentos. Verywell Health señala que, en la mayoría de los casos, este procedimiento basta para reducir una parte considerable de los compuestos presentes. A pesar de esta eficacia, los pesticidas pueden atravesar la piel de las frutas y verduras e impregnarse en la pulpa, lo que impide eliminarlos completamente mediante el lavado.

Otras técnicas, como el pelado o la cocción, ofrecen beneficios limitados. Al pelar, se remueven ciertos pesticidas superficiales, pero muchos atraviesan la cáscara y permanecen en el interior.

Además, eliminar la piel implica perder nutrientes valiosos. En cuanto a la cocción, la mayoría de los pesticidas son termoestables y no se degradan fácilmente con el calor, lo que reduce el impacto de este proceso sobre la presencia de residuos.

La inevitabilidad de los residuos y el significado real de las etiquetas

Residuos de pesticidas pueden aparecer incluso en productos etiquetados como “orgánicos”, “naturales” o “libres de pesticidas”, hecho que subraya verywell health de manera clara.

Estas etiquetas responden a normativas que pueden permitir el uso de pesticidas naturales o no sintéticos, y son insuficientes para garantizar la ausencia total de compuestos. De hecho, la única forma real de garantizar que un alimento está completamente libre de pesticidas sería conocer cada etapa de su producción, algo inviable para la mayoría de los consumidores.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) establece límites estrictos en los residuos permitidos de pesticidas sintéticos y recalca que trazas mínimas no representan un peligro para la salud pública, de acuerdo con Verywell Health. Aun así, la información sobre la presencia de estos compuestos no figura en las etiquetas de ingredientes, lo que genera incertidumbre sobre la composición auténtica de los productos frescos.

Desde 2025, entraron en vigencia modificaciones en los requisitos para el registro de pesticidas en Estados Unidos, situación que ha complicado el monitoreo para los agricultores. Por este motivo, ni siquiera los propios productores pueden asegurar con certeza la ausencia total de residuos en sus cosechas. El control absoluto sobre el proceso resulta casi imposible en la producción a gran escala.

Productos comerciales de lavado y su eficacia

En el mercado existen productos comerciales orientados al lavado de frutas y verduras, pero Verywell Health advierte que su eficacia para eliminar pesticidas no está comprobada. Además, el uso de estos productos puede dejar otros residuos sobre los alimentos, introduciendo nuevas sustancias no deseadas en la dieta diaria. Añadir productos adicionales durante el lavado no resuelve el problema de raíz y puede generar incertidumbre sobre los compuestos ingeridos.

A la luz de la evidencia científica, la recomendación prioritaria se mantiene inalterable: el enjuague con agua fría y limpia es la opción más segura y práctica para reducir los residuos de pesticidas en frutas y verduras frescas. Este método permite mejorar la seguridad alimentaria, limita la exposición a compuestos indeseados y evita problemas ligados al uso de productos químicos adicionales durante el lavado.

En definitiva, aunque la eliminación completa de residuos de pesticidas no es viable en el contexto actual, lavar adecuadamente los alimentos frescos sigue siendo una medida fundamental e insustituible para minimizar riesgos en el consumo diario.

Fuente: Infobae

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Salud

Los errores más comunes al descongelar carne y cómo prevenir intoxicaciones

Dejar la carne sobre la mesada “para que se descongele sola” puede parecer una costumbre inofensiva o incluso práctica. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano se esconde uno de los mayores errores en la manipulación de alimentos.

La carne cruda, cuando permanece demasiado tiempo a temperatura ambiente, se convierte en el escenario perfecto para la proliferación de bacterias peligrosas como Salmonella, E. coli o Listeria.

Especialistas de Sportlife y de la Universidad de Harvard advierten que un descongelado incorrecto puede no solo arruinar el sabor y la textura del alimento, sino también poner en riesgo la salud.

Las bacterias pueden multiplicarse en cuestión de minutos cuando la carne entra en la llamada “zona de peligro” (entre 4°C y 60°C). Por eso, conocer los errores más frecuentes —y cómo evitarlos— es clave para garantizar la seguridad alimentaria en casa.

Descongelar parcialmente y volver a congelar la carne aumenta el riesgo de contaminación alimentaria (Freepik)

1. Dejar la carne a temperatura ambiente

Uno de los errores más comunes es dejar la carne sobre la mesada durante horas. Según Harvard Environmental Health & Safety, los alimentos perecederos nunca deben descongelarse a temperatura ambiente, ya que en ese rango las bacterias se multiplican rápidamente.

La opción más segura es hacerlo en el refrigerador, donde la temperatura se mantiene constante. Si se necesita acelerar el proceso, se puede recurrir al microondas en modo descongelación o al baño de agua fría, cambiando el agua cada 30 minutos.

2. Usar agua caliente o microondas sin supervisión

El agua caliente puede calentar de forma desigual y generar zonas propicias para el crecimiento bacteriano. Lo mismo ocurre si se usa el microondas sin controlar el tiempo: parte del alimento puede comenzar a cocinarse mientras otra permanece congelada.

Lo correcto es sumergir la carne en agua fría dentro de una bolsa hermética, renovando el agua cada media hora.

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) recomienda usar siempre la función específica de descongelación del microondas y girar la carne varias veces para un resultado uniforme.

3. Dejarla fuera del refrigerador durante la noche

Esta práctica es tan habitual como peligrosa. Dejar la carne a temperatura ambiente durante toda la noche la expone durante horas a la zona de riesgo. Según el Food Safety and Inspection Service estadounidense, ningún alimento perecedero debe permanecer más de dos horas fuera del frío.

4. Descongelar parcialmente y volver a congelar

Descongelar un trozo de carne y luego volver a congelarlo es un error frecuente que puede tener consecuencias. Durante la descongelación, las bacterias comienzan a multiplicarse, y la recongelación no las elimina. Si se descongela más cantidad de la necesaria, lo ideal es cocinarla completamente y refrigerar las porciones sobrantes.

5. Ignorar las instrucciones del fabricante

Los productos congelados suelen incluir indicaciones específicas sobre su descongelación. Respetarlas garantiza tanto la seguridad como la textura y sabor adecuados del alimento.

6. No planificar con tiempo

Descongelar “a último momento” puede llevar a decisiones riesgosas, como recurrir al agua caliente o dejar la carne sobre la mesada. Planificar las comidas con antelación permite descongelar de manera segura en el refrigerador.

7. Usar el horno o el calor para acelerar el proceso

El horno o las fuentes de calor pueden elevar la temperatura de la superficie mientras el centro sigue congelado, generando un ambiente ideal para las bacterias. Por eso, los especialistas desaconsejan este método y recomiendan optar por el refrigerador o el baño de agua fría.

Diversas investigaciones respaldan estas recomendaciones. Un estudio publicado en Frontiers in Nutrition demostró que las muestras de carne descongeladas a temperatura ambiente desarrollaron más bacterias y mayor pérdida de jugos que las descongeladas en refrigerador.

Adoptar hábitos seguros en la cocina puede marcar la diferencia entre una comida deliciosa y un riesgo para la salud. Tal como señala Harvard, la seguridad alimentaria comienza con pequeñas decisiones cotidianas: mantener el frío, evitar la improvisación y descongelar con conciencia. Con planificación y buenos hábitos, es posible disfrutar de carnes más seguras, sabrosas y saludables.

Fuente: Infobae

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