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Al momento del retiro jubilatorio, por qué las mujeres llegan en peores condiciones económicas que los varones
Así como las mujeres aún hoy ganan menos que los varones por la misma tarea en sus trabajos, esta situación continua incluso al momento de retirarse. Es que, según diferentes estudios, ellas llegan a la jubilación con entre un 25% y un 35% menos de capital acumulado que los hombres en promedio.
Esta situación se debe a una combinación de factores, “entre ellos la brecha salarial, la mayor informalidad laboral y las interrupciones en la carrera profesional, ya sea por maternidad o el cuidado de familiares. Además, las mujeres realizan una mayor proporción de trabajo no remunerado y suelen contar con menos años de aportes previsionales, lo que impacta directamente en su estabilidad económica y en su acceso a mejores oportunidades financieras”, enumera Sabrina Castelli, fundadora de Mujer Financiera.
En Argentina, según datos de CIPPEC y ANSES, las mujeres reciben hasta un 34% menos de jubilación promedio que los hombres. A esto hay que agregar que “la expectativa de vida de las mujeres es, en promedio, 5 años mayor que la de los hombres, por lo que necesitan planificar un retiro más largo con menos recursos”, suma Castelli.
Para esta emprendedora, uno de los factores principales para que esto suceda es la brecha salarial. “Como las mujeres ganan menos por igual tarea, también tienen menos capacidad de ahorro y menor acumulación de aportes jubilatorios. Esa desigualdad se acumula a lo largo de toda la vida laboral y se profundiza en el retiro. Además, las madres enfrentan penalizaciones salariales y menos oportunidades de ascenso, lo que empeora esta situación”, advierte Castelli.
A esto se agrega la menor participación femenina en el mercado laboral, lo que “impacta directamente en su capacidad de generar ingresos y contribuir a planes de retiro. Mientras que el 80% de los hombres trabaja, solo el 50% de las mujeres participa en la fuerza laboral, y muchas lo hacen en empleos informales o de menor calidad. Esto significa menor acceso a aportes previsionales y, por ende, jubilaciones más bajas”, complementa Verónica Pulis, asesora en planificación financiera.
“En Argentina, solo 1 de cada 10 mujeres llega con los 30 años de aporte al momento de jubilarse. En los hombres son 3 de cada 10. A eso hay que sumar la informalidad laboral que, por ejemplo, en América latina, alcanza el 48% entre las trabajadoras, haciendo que no gocen de derechos jubilatorios. Y la brecha de la informalidad laboral se ha ido incrementando”, sostiene Georgia Rothe, coordinadora de Género, Diversidad, Equidad e Inclusión de Pro Mujer.
Planificar para ganar
El llegar al momento del retiro en desventaja, tiene un correlato con lo que sucede en los años anteriores. “Según un estudio de Merrill Lynch, 4 de cada 10 mujeres siente incomodidad al hablar de finanzas con su entorno cercano. Además, el 77% prefiere delegar las decisiones económicas en su pareja, su hermano contador, su padre, su mejor amigo trader, entre otros”, señala Pulis.
“Detrás de estas cifras, hay un factor clave: la educación. Argentina es el país de la región con mayor desigualdad de género en conocimientos financieros, según un informe de Mercado Pago y Trendsity”, añade la asesora.
Por su parte, Dolores Liendo, líder de Ventas para Marsh McLennan Argentina y Uruguay y Directora de Wealth en Mercer Argentina, Uruguay y Paraguay, suma tres elementos más que influyen en cómo se llega al retiro:
- Enfoque en la seguridad financiera: Las mujeres suelen priorizarla en su planificación de jubilación. Esto puede llevarlas a optar por inversiones más conservadoras, lo que puede limitar el crecimiento de sus ahorros a largo plazo.
- Impacto de las responsabilidades familiares: Muchas asumen la responsabilidad principal del cuidado de los hijos y otros familiares, lo que puede afectar su capacidad para contribuir a planes de jubilación.
- Expectativas de vida más largas: Ellas, en general, viven más tiempo que los hombres, lo que significa que deben planificar para un período de jubilación más largo. Esto puede generar ansiedad sobre la suficiencia de sus ahorros.
“Las mujeres tienen la carga mental, lo que les deja poco tiempo para poder planificar. En el país, el 92% realiza tareas domésticas diarias no remuneradas. Además, la plata que tienen es de resguardo para cuidados. Por esto, es necesario redistribuir las tareas de cuidado”, enfatiza Rothe.
Inversoras, pero conservadoras
A la hora de invertir, las mujeres tienen un perfil mucho más cauteloso. “Según la segunda edición de nuestro informe sobre cómo invierten las mujeres, identificamos una diferencia significativa en las motivaciones de inversión entre géneros. Mientras que el 16% de los hombres declaró invertir con su retiro en mente, solo el 9% de las mujeres lo hizo. De hecho, las mujeres encuestadas afirmaron que buscan inversiones seguras y evitan arriesgar más del 10% de su sueldo, lo que sugiere una estrategia de manejo del dinero más conservadora en comparación con los hombres”, detalla Mayra Sciarrillo, Chief Product Officer (CPO) de Ualá.
“Los datos de nuestro informe revelan que, en su mayoría, las mujeres priorizan el corto plazo en sus decisiones de inversión, enfocándose en proteger sus ahorros ante la inflación o contar con un respaldo para emergencias. Esto da cuenta de que, si bien toman en cuenta su futuro financiero, la planificación de su retiro puede verse relegada. Sin embargo, esta realidad está cambiando. El acceso a herramientas financieras impulsado por la tecnología, está permitiendo que cada vez más mujeres puedan dedicar tiempo a planificar su futuro económico. Creemos que cuanto más accesible sea la información y la experiencia de inversión, mayor será la autonomía financiera y la posibilidad de tomar decisiones de largo plazo”, refiere Sciarrillo.
En sintonía, Lorena Malatesta, Vice President of Marketing en IOL invertironline, señala que es “de suma importancia comenzar con una educación financiera a temprana edad, para asegurarnos el control de nuestras finanzas, y permitirnos proyectar a futuro, en pleno conocimiento de nuestro dinero y en qué conviene invertirlo”.
“Hoy existen múltiples herramientas para aprender y entender este universo que parece más complejo de lo que es y cumplir objetivos que requieren mayor capital. A la par, entendemos lo importante que es desarrollar el hábito de ahorro no solo para darnos gustos, sino también para la vejez. No hay razones por las cuales las mujeres participemos menos en el mundo de las inversiones que los hombres. Consideramos que esta diferencia responde a una matriz histórica, social y cultural que hay que derribar: al momento de invertir, tanto el conocimiento como la confianza son pilares claves”, afirma Malatesta.
Incluso, Valeria Czarnota, Chief People Officer de Interbanking, va más allá y plantea la necesidad de un cambio cultural. “Para transformar la tendencia conservadora de las mujeres en sus inversiones y animarlas a explorar opciones más rentables, no basta con educación financiera, sino que es necesario trabajar también sobre la cultura y los estereotipos sociales. A través de programas educativos claros y accesibles, podemos aumentar su confianza en la toma de decisiones financieras y ayudarles a desmitificar el riesgo”, dice la experta.
“Históricamente las mujeres han tendido a invertir en instrumentos más conservadores, como fondos de ahorro, bonos y depósitos a plazo fijo, principalmente por una tendencia cultural a priorizar la seguridad y la estabilidad. Sin embargo, animamos a nuestras colaboradoras a ir más allá de esas opciones y explorar instrumentos que puedan ofrecerles mayores rendimientos y oportunidades de crecimiento, como fondos indexados, acciones de empresas con alto potencial de crecimiento y ETFs. Estos instrumentos no solo permiten diversificar riesgos, sino que también dan acceso a mayores rendimientos a largo plazo”, aconseja Czarnota.
Si bien históricamente las mujeres han estado más enfocadas en el presente, priorizando el corto plazo y las necesidades familiares, “cada vez más jóvenes están tomando conciencia de la importancia de la planificación financiera. Hay un creciente interés en la educación financiera y en la necesidad de planificar el retiro con anticipación. Para ello es clave promover la educación financiera desde edades tempranas y generar políticas que faciliten el ahorro previsional”, concluye Guillermo Pellerano, gerente general San Cristóbal Retiro.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN