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A los 13 años le escribió una carta a un soldado de Malvinas y 42 años después de la Guerra se conocieron

María Melián tenía solo 13 años cuando estalló la guerra de Malvinas. En ese momento, los bombardeos y las trincheras estaban lejos de su tranquila vida en Tres Arroyos. Todo era nuevo en un país que venía golpeado por los conflictos internos, pero que no estaba acostumbrado a los enfrentamientos internacionales de ese calibre.

Héctor Urbieta, sin embargo, ya hacía un año que estaba haciendo el Servicio Militar Obligatorio. Tenía 19 años y estaba a punto de obtener la baja cuando el batallón que integraba fue enviado al sur del país. Luego de varios días, de manera casi repentina, ese grupo estaba pisando por primera vez Las Islas.

Sus vidas estaban completamente separadas, sin embargo, por esas casualidades del destino, terminaron unidos para siempre. Una carta que llegó por equivocación volando en la oscura y fría noche de Malvinas fue el inicio de un camino que 42 años después concluyó en un conmovedor abrazo.

La carta a un soldado

María no olvida los días terribles que vivió el país mientras los bombardeos se desataban en Malvinas. El último tren con pasajeros que vio pasar en Tres Arroyos había sido el que trasladó a los soldados que se encaminaban al sur. Es por eso que hoy insiste en recordar y mantener viva la memoria, pero desde el lado del amor. Por eso cuenta y cuenta su historia a todo aquel que quiera escucharla.

“Teníamos solo la radio Tres Arroyos y el diario La Voz del Pueblo y a través de ellos nos convocaron para que escribiésemos cartas a los soldados, nos dijeron que a ellos les iban a llegar, que íbamos a ser madrina de guerra”, precisó la mujer en diálogo con TN.

Así se despertó la inquietud de aquella niña que comenzaba su adolescencia y que se decidió a escribir tres cartas. Una de esas, una noche, llegó hasta Héctor de una forma muy particular. “Yo tenía la ilusión de que llegara, pero de ahí a que sucediera... Uno pensaba en la distancia, no era como es todo hoy”, rememoró.

Pero la carta llegó. Del otro lado del mar, el papel que llevaba sus palabras había sido recibido por Héctor. Aunque decir que la recibió es simplemente una manera de explicar que aquella carta le impactó, literalmente, en el pecho al joven soldado.

“Vengo de Corrientes, a los 18 años, entré al Servicio Militar porque era obligatorio en esos años. Fui a Curuzú Cuatiá en el comando de la tercera brigada de Infantería. Yo estaba a punto de salir de baja cuando nuestro batallón se alistó y emprendemos el viaje al sur”, recordó Héctor a TN.

Fue así cuando una noche, cargando y descargando cosas, la carta le pegó directo. Cuando la leyó, se encontró con la ternura de aquella pequeña y sintió que en la fría noche de Malvinas, todo comenzaba a tomar calor. Es por eso que decidió responderle. “La oscuridad de Malvinas basta con cerrar los ojos para entenderla. En ese contexto, mientras descargábamos los aviones, cuando no se prendía ni la luz de un cigarrillo, algo me tocó el pecho. Lo agarré, vi que era un sobre y lo guarde entre mi ropa. Al otro día vi que era una carta y que decía ‘para un soldado de la Marina’, pero yo era del ejército”, detalló el excombatiente.

“Esa carta, a mí y a mis compañeros, nos sirvió para seguir adelante, nos dio fuerzas leerla. Cada tanto me hacía saber que el pueblo argentino estaba con nosotros, que todo un país nos alentaba y la tuve mucho tiempo hasta que caí prisionero y ahí me la quitaron”, amplió el veterano de Malvinas. Sin embargo, la historia no culminó allí. Antes de que finalice la guerra, Héctor respondió y la respuesta a María llegó.

“Al mes, más o menos, el cartero que nos conocía a todos en el pueblo, gritó en la puerta que había una carta de Malvinas. Salí corriendo y la recibí: era la primera carta de Héctor, un chico de 19 años que me contaba que estaba defendiendo la patria y que me pedía disculpas porque yo le había escrito a un soldado de la Marina y él era solo un soldado de tierra” explicó María.

Hoy, a lo lejos en el tiempo, la mujer tiene hijos que duplican la edad de aquel jovencito y se sorprende al entender la importancia de aquellas palabras en la madurez que rápidamente debió ganar ante una situación así. “Me contó que estaba defendiendo la patria, que estaba orgulloso de eso. No hablaba de si estaba bien o mal. Me contó que era de San Luis del Palmar, una localidad de Corrientes, y me pedía que le vuelva a escribir, que le mande una foto y le cuente más de mi historia”, agregó.

“Yo le contesté la carta, la mandé con una foto y él me volvió a mandar una carta, pero ya estando en territorio argentino devuelta y quedó esa promesa de que nos íbamos a encontrar”, recordó. Sin embargo, nada salió como esperaban: “En aquel momento, cuando volvieron los chicos, la Argentina hizo una negación de todo lo que había sucedido y quedaron un poco olvidados”, lamentó la mujer.

Esa negación fueron años de no poder volver a comunicarse con su amigo. Las personas le decían que mejor no lo moleste, que no sabía quién era e infinitas excusas más. Inclusive, del lado de los veteranos, hubo quienes también se negaban a contar que habían estado defendiendo la patria o inclusive hasta hablar del tema.

De la forma que sea, María nunca perdió la esperanza de volver a encontrar a Héctor. “Durante años atesoré esas cartas. Va a ser siempre mi gran ejemplo de vida porque él es algo maravilloso para mí”, insistió la mujer. “Yo siempre pensé que seguramente estaba con frío o miedo, pero nunca me hizo ver eso”, añadió.

Un abrazo luego de 42 años

Durante varios años no lo buscó, pero la irrupción de las redes sociales la hizo repensar aquella idea. “Me hice una cuenta de Facebook cuando estalló todo y se me vino él a la cabeza. Lo busqué, le mandé una solicitud de amistad y esperé. En ese momento uno no abría las redes todos los días como hoy, así que cuando volvía a entrar ya tenía su respuesta y eran fotos de las dos cartas que yo le había mandado”.

La siguiente interacción entre ambos fue conocerse, a la distancia, pero recomponer ese vínculo que tantos años de lejanía se los impidió. “Siempre nos quedó eso de que un día nos teníamos que conocer y darnos un abrazo. Siempre le dije que era como mi timón, mi gran héroe”, insistió María.

La vida, con sus vueltas increíbles, la encontró a María formando parte de un colectivo de Malvinas del pueblo. Ella contó todas sus vivencias y la invitaron a formar parte para seguir replicando la historia viva de este país. Allí, además, les habló de Héctor. En medio de las lágrimas, todos quedaron atentos a su emocionante relato.

Los meses pasaron, pero la historia de ambos amigos siguió recorriendo lugares y quedó resonando en los compañeros del colectivo del que formaba parte María. Así, el 12 de octubre del año pasado, la invitaron a un asado, al cual ella se negó por problemas de salud, pero al que terminó asistiendo por la constante insistencia hasta de su marido.

En medio del asado, ella volvió a sacar sus cartas y a releerlas. “Islas Malvinas. 27 de mayo de 1982...”, dijo cuando una voz masculina que acaba de entrar a la sala acompañó su relato. Allí, detrás de ella, estaba Héctor, por primera vez en 42 años en carne y hueso.

“Fue una cosa gigante, tocarnos, mirarnos, fue algo increíble”, aseguró la mujer entre lágrimas. El conmovedor momento quedó registrado y demostrado en dichas imágenes, colmadas de amor y empatía. Ese abrazo, que se hizo esperar tanto, por fin tuvo lugar. Así, entre risas, anécdotas, lágrimas y más abrazos, transcurrió la noche.

Al día siguiente, los amigos se juntaron a desayunar, cada uno con sus respectivas parejas. Luego almorzaron y más tarde merendaron. Héctor se tenía que ir porque tenía otro compromiso, pero ese abrazo que se hizo esperar 42 años no iba a quedar tan corto. Así, de la mano, abrazados, entre risas y llantos, caminaron por el pueblo, recorriendo cada museo y recordatorio de Malvinas.

Antes de irse, Héctor le hizo un regalo a María: le dejó sus dos cartas para que ella “siga malvinizando”. “Son tuyas porque tu trabajo es malvinizar con esta historia que es la que vivimos los dos y que tiene mucho amor”, le insistió el excombatiente.

“Siempre quise darle ese abrazo, yo estaba seguro que la iba a conocer. Quería darle las gracias porque a mí me ayudó mucho su carta, me dio fuerzas para salir adelante. Muchas veces uno en la guerra se siente vencido, nos codeamos con la muerte, sufrimos hambre, frío. Fue realmente importante”, remarcó el soldado.

Sobre esto, también se refirió a la importancia de mantener la memoria viva por los compañeros que quedaron en Las Islas y por quienes sufrieron las consecuencias luego de volver. “Hubo una gran desmalvinizacion, se prohibió hablar de Malvinas, se mostraron mucho las miserias de la guerra, pero yo tengo compañeros, hermanos, camaradas que tuvieron hechos heroicos de traer a compañeros bajo fuego enemigo, ponerlo a resguardo. Eso poco se cuenta y es maravilloso”, recordó con emoción.

Hoy Héctor vive en Santa Fe y visita cada tanto Córdoba. Tiene tres hijas, once nietos y una compañera de vida que lo banca en cada aventura que él inicia. María también formó su familia, pero nunca se fue de Tres Arroyos. Ambos continúan su tarea de seguir relatando la historia viva para nunca olvidar y que las nuevas generaciones también sean parte de ella. “Una vez escuché que un veterano, que también difunde la causa Malvinas, dijo que no se puede amar algo que no conocés. Entonces nosotros lo que hacemos es enseñar lo que es Malvinas, que es parte de la patria, para que empiecen a querer ese pedacito de tierra”, explicó el excombatiente.

“Hoy tratamos de disfrutar la vida, Yo tuve una segunda oportunidad, la guerra no se la deseo a nadie y por eso vivo así”, concluyó Héctor.

Fuente: TN

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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

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