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Habló la hermana de la personal trainer argentina detenida hace un mes en EE.UU.: “Lo que está viviendo es terrible”

Ernestina “Tina” Pavlovsky, la personal trainer argentina que vive desde hace más de una década en Estados Unidos, permanece detenida en un centro de inmigración en Laredo, Texas, desde hace un mes.

Su hermana Manuela habló con Telenoche y contó detalles de la situación que atraviesa desde que fue arrestada en el aeropuerto de Miami. “Lo que está viviendo es terrible”, indicó.

Las hermanas habían pasado juntas cerca de un mes de vacaciones. Manuela volvió a la Argentina, mientras que Ernestina tenía previsto viajar a Aspen, donde vive. Sin embargo, mientras esperaba para abordar el avión, fue detenida por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

“Estuvimos un mes de viaje juntas. Ella vive en Aspen y nos encontramos en Miami. Ya habíamos hecho esto, no es que era nuevo”, explicó Manuela. Según detalló, la última comunicación que recibió de su hermana antes de la detención fue un mensaje alarmante: “Me dijo: no te asustes, pero me están llevando detenida el ICE’”.

Manuela explicó que Ernestina se encontraba en Estados Unidos en situación migratoria irregular. Había estado casada con un ciudadano estadounidense y, después de divorciarse, no logró completar el proceso para regularizar su permanencia.

“Estaba ilegal. Estaba casada y divorciada. Y estaba de novia con Cody, que es su novio americano. Y no tenía los papeles todavía”, señaló.

Aclaró que, si bien había iniciado un trámite anteriormente, no tenía actualmente una solicitud en curso ni una audiencia programada ante las autoridades migratorias. “Hace 11 años que vivía allá. Ella pagaba sus impuestos, trabajaba ahí y la verdad que no tenía ninguna ‘red flag’ de nada”, sostuvo.

Según explicó la mujer, Ernestina y su pareja estaban planeando casarse antes de que fuera detenida. La intención era que, a partir del matrimonio, pudiera iniciar un nuevo proceso para regularizar su situación.

Cuando fue detenida, a Ernestina le ofrecieron la posibilidad de aceptar una deportación voluntaria, pero decidió rechazarla. “Ella dijo que no, que quería pelear su caso, porque estaba hace muchos años viviendo allá”, indicó Manuela.

La argentina cuenta con un abogado que trabaja para conseguir su liberación y continuar la disputa migratoria desde Colorado. Sin embargo, un juez le negó la posibilidad de salir bajo fianza al considerar que existía riesgo de fuga.

Mientras espera una nueva instancia judicial, Ernestina continúa detenida en Texas. Su próxima audiencia está prevista para el 1° de septiembre.

La denuncia por las condiciones de detención

Manuela también habló de las condiciones en las que se encuentra su hermana y aseguró que el principal problema es el estado del centro de detención.

Según su relato, Ernestina comparte una habitación con otras 62 mujeres y permanece en condiciones que describió como “deplorables”. “No tienen higiene. Hay ratas y cucarachas por todas partes”, manifestó.

También aseguró que las detenidas tienen problemas con el acceso al agua. “No tienen agua potable para bañarse, para lavarse los dientes, lo que sea. Es agua de cloaca”, sostuvo.

A pesar de estar detenida a miles de kilómetros, Manuela mantiene contacto frecuente con Ernestina. “Ella me llama casi todos los días”, reveló.

Mientras su familia intenta conseguir su liberación, una campaña de apoyo impulsada por la comunidad de Aspen ya reunió cerca de 50.000 dólares para afrontar los gastos de su defensa legal.

Fuente: TN

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La increíble historia de Celeste: tiene 15 años, vive en una comunidad originaria de Misiones y se recibió de árbitra

El fútbol es una máquina de sueños inagotable. Así se presenta también para Celeste Núñez, una chica de apenas 15 años que vive en la comunidad originaria mbya guaraní de Misiones y que, tras dar sus primeros pasos como jugadora, hoy sueña con convertirse en árbitra profesional y llegar a los estadios más grandes del mundo.

“Desde los 11 años que el fútbol es mi pasión”, le dijo Celeste a TN desde la casa que comparte con su mamá Laura, su papá Marcos y sus ocho hermanos.

Hace cuatro años, Celeste fue seleccionada para integrar uno de los equipos femeninos del Municipio de Fracrán en las Ligas Interculturales, un encuentro de fútbol que reúne a todas las comunidades originarias de Misiones. El conjunto, además, juega también a nivel local bajo el nombre de Paula Mendoza, en homenaje a la esposa del primer cacique de su comunidad. La aldea se conoce como Paí Antonio Martínez y está compuesta por unas 140 familias. Allí viven unas mil personas, sobre la ruta nacional 14.

La joven, que empezó a jugar en su equipo como delantera y luego alternó posiciones como mediocampista, pronto empezó también a interesarse por el arbitraje. ”Mis ganas de ser árbitra nacieron por el gran amor que siento por el fútbol y porque quería conocer el deporte desde otro punto de vista”, explicó.

Marcos, el papá de Celeste, jugó al fútbol a nivel local hasta los 34 años. Tras dejar la actividad, se volcó al arbitraje. A sus conocimientos prácticos le sumó la teoría, aprendida en el curso que hizo en San Vicente, una localidad cercana a Fracrán. Hasta allí también llegó hace un tiempo la joven que, con clases dos veces al mes, logró obtener su diploma de árbitra: “En ese curso estudiamos todas las reglas que se ponen en juego dentro de la cancha”.

El primer partido de Celeste como árbitra

El debut de Celeste en el arbitraje fue como asistente (jueza de línea) en un partido de fútbol infantil masculino en la localidad de San Pedro. Sin embargo, su experiencia fue algo problemática: “Me puse nerviosa y nos terminaron corriendo a todos de la cancha”, relató hoy ya con cierta tranquilidad por el paso del tiempo.

Y precisó: “Yo estaba de jueza de línea y mi compañero, de árbitro principal. No cobré un offside. Después de eso paré un tiempo, pero no dejé de ir a la cancha para ver los partidos en los que dirigía mi papá”.

El papá de Celeste, además de trabajar en su chacra y en el Municipio de Fracrán, actualmente se desempeña como árbitro todos los fines de semana y es el único integrante de su comunidad en la Comisión de Árbitros de San Vicente. Dirige partidos los fines de semana en localidades como El Soberbio, San Pedro, Fracrán, San Vicente y Dos de Mayo, entre otras. Hasta allí va la joven para seguir formándose y, tal vez, tener alguna oportunidad de entrar a la cancha a dirigir.

Cómo sigue la carrera de Celeste

Cuando Celeste hizo el curso para ser árbitra, solo había tres mujeres en su clase. Ella, además, era la única de su comunidad. Ahora, tomó la decisión de dejar su equipo de fútbol y de no participar de la liga como jugadora, para poder ser designada como árbitra en algún partido.

La joven, cuya historia fue dada a conocer por el colectivo de fotógrafas llamado “Cuerpas reales, hinchas reales”, está decidida a dejar atrás ese mal trago de su debut oficial. Acompañando a su papá, logró entrar como asistente a algunos partidos y así va ganando confianza.

“Si no hay nadie, me voy con vos”, le dijo Celeste hace algunas semanas a su papá y se subió a la moto con él para recorrer los 120 kilómetros hasta El Soberbio. Con el equipo completo a cuestas (indumentaria, silbato, banderines, banderas del tiro de esquina) llegaron hasta la cancha a la que el juez de línea designado no pudo asistir. “Mi hija es árbitra”, le dijo Marcos a uno de los organizadores del torneo, que pronto dio el visto bueno.

“Tuve un poco de nervios, pero ya sabía lo que tenía que hacer y fue una experiencia muy linda”, reconoció la joven sobre esa nueva oportunidad que se le presentó en su carrera.

Celeste está cursando tercer año del secundario en una escuela que está dentro de su comunidad. “Me va muy bien. Hace poco retiramos los boletines y no me llevo ninguna materia hasta ahora”, destacó. En paralelo, quiere seguir creciendo en el arbitraje, siendo actualmente la única mujer de su comunidad que desarrolla ese rol: “Voy a seguir metiéndole las pilas para seguir estudiando”.

La búsqueda de oportunidades y el camino detrás de un sueño

“En mi comunidad no hay muchas oportunidades para seguir creciendo y yo quiero llegar a lo más alto”, sostiene Celeste. Con su tono firme, busca que no queden dudas de cuáles son sus ilusiones y sus aspiraciones.

Para Marcos, su papá, es importante poder ofrecerle una esperanza a su hija: “Nosotros la apoyamos emocional y económicamente, pero cuesta mucho. Queremos que la sociedad vea que los jóvenes de los pueblos originarios también tienen ganas de superarse y de tener un futuro”.

La expectativa de la joven es poder, en algún momento, recibir una beca o una invitación para seguir formándose en alguna escuela de árbitros profesional.

“Yo la animo, me comprometo y la llevo a las canchas de manera continua para que pueda dedicarse de lleno a esto y superarse”, señaló Marcos.

Con el italiano Pierluigi Collina como referente, Celeste no titubea cuando habla de su máximo sueño: “Me gustaría en unos años ir a dirigir en canchas de mundiales, como por ejemplo el Monumental. Quiero llegar a esos lugares”.

Fuente: TN

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Se quedó pelado a los 9 años, vivía pendiente del espejo y una decisión le cambió la vida

Perder el pelo suele estar asociado con el paso del tiempo. Para muchos hombres, la caída comienza recién durante la adultez. Sin embargo, hay casos en los que el proceso aparece mucho antes.

Santiago Marzano tenía apenas nueve años cuando comenzó a quedarse pelado. Durante años probó distintos peinados para disimular la falta de pelo, hasta que a los 15 tomó una decisión que marcaría un antes y un después: se rapó por completo.

Hoy tiene 24 años y lleva más de la mitad de su vida siendo pelado. Lo que alguna vez fue motivo de preguntas, comentarios y miradas terminó convirtiéndose en una característica de su identidad y en una experiencia que ahora lo impulsa a acompañar a amigos y conocidos que atraviesan situaciones similares.

En diálogo con TN, Santiago contó de qué forma descubrió que estaba perdiendo el pelo, cómo vivió ese proceso durante su infancia y de qué manera logró aceptar su apariencia.

Cómo descubrió que se estaba quedando pelado

Su familia fue la primera en notar que algo era diferente con su pelo. “Desde muy chico, en los primeros años de mi vida, mi familia empezó a notar que algo no andaba bien en mi cabeza, porque siempre tuve muy poco pelo o pelo muy finito”, recuerda Santiago.

Con el paso de los años, él también comenzó a tomar conciencia de la situación. “Cuando empecé a tener uso de razón y empecé a compararme, a verme al espejo y demás, notaba que algo no estaba del todo bien”, cuenta.

Sus padres decidieron llevarlo a distintos especialistas. “Me llevaron con dermatólogos porque les preocupaba que, a tan temprana edad, me estuviera quedando pelado”, explica Santiago.

Después de realizarse diferentes estudios, llegó el diagnóstico: alopecia androgenética, de origen genético. “Todos los estudios concluyeron que era una alopecia androgenética, 100% genética y heredada, que no tenía ninguna otra complicación más allá de la cuestión estética”, señala.

La noticia fue un golpe para él. “A mí ya me estaba afectando bastante la situación y, cuando me comentaron que la única solución era un trasplante, pero que a mi edad era inviable porque era muy chico, la verdad que fue muy frustrante”, recuerda.

“Sentía que no encajaba”

Durante su infancia, Santiago no podía evitar sentirse diferente del resto. “Por mucho tiempo sentí que no era parte de la escuela, de mis compañeros y de los grupos que frecuentaba siendo tan chico. No me veía igual a ellos; notaba que era el único que tenía eso. Me costó mucho tiempo sentirme parte”, relata.

Aunque se recuerda como un chico sociable, la situación afectaba su manera de relacionarse con los demás: “Sentía que no encajaba porque era distinto, me veía mayor y era algo muy feo, muy frustrante para ser tan chico”.

Sin embargo, aclara que el sufrimiento no estuvo relacionado con las burlas. “En la escuela no me hicieron bullying; los pensamientos pasaban por mi cabeza y por dentro, no con los demás. Tuve la gran suerte de que nunca me hicieron bullying”, afirma.

Durante la primaria y la secundaria, Santiago hacía todo lo posible para ocultar su alopecia. “Fue una odisea mental. Era levantarme una hora antes para acomodarme el pelo y que quedara perfecto, para que no se me viera la pelada”, cuenta.

Cualquier situación cotidiana podía convertirse en un problema. “Si llovía, era el peor día de mi vida porque se me mojaba el pelo y se notaba; si tenía que transpirar en Educación Física o había viento, también”, recuerda.

Los recuerdos que más se le vienen sobre esa época son estar frente a su reflejo buscando el peinado perfecto: “Era todo el tiempo estar con un espejo cerca o reflejándome con el celular para verme si estaba todo en orden”.

Mantuvo ese ritmo hasta que un día no aguantó más: “Hice de todo hasta que a los 15 años tomé la decisión de que no daba para más y me rapé. Agarré la máquina y me pelé a cero. Fue como sacarme una mochila de encima”, destaca.

Para Santiago, pelarse no solo fue un quiebre, sino también un aprendizaje: “Cuando me pelé, acepté todo y empecé a vivir la mejor etapa de mi vida”.

Todo lo que cambió después de raparse

A día de hoy, Santiago reconoce que su experiencia le trajo mucho conocimiento y cambió su forma de ver las cosas: “Haber atravesado una situación así desde tan chico y no conocer a nadie que lo haya vivido me hizo muy resiliente”.

Y, al mismo tiempo, transformó su manera de afrontar la vida: “Siento que puedo enfrentar cualquier tipo de problema, porque el problema más grande que me podría haber puesto la vida fue quedarme sin pelo siendo tan joven”.

“Fortaleció mucho mi carácter, mis convicciones. No me importan los comentarios ajenos, las miradas ajenas, nada”, destaca Santiago.

No solo lo inspiró, sino que también cambió su percepción sobre los demás: “Cambió mucho mi tacto y mi mirada sobre los demás, sobre todo con las personas que son diferentes o tienen una cualidad distinta al resto. Me dio mucha empatía y siento que falta bastante en la sociedad”.

Su mensaje hacia su yo del pasado es claro: “Si yo tuviera a ese Santi de nueve años enfrente, le diría que es un bajón, que lo entiendo, que es algo muy triste y difícil de aceptar, pero que cuanto antes se pele y lo acepte, va a ser mucho mejor”.

A los 24 años, Santiago mira hacia atrás y encuentra una conclusión diferente a la que tenía durante su infancia: “Por más que sea una diferencia estética que te marca, todo está en la mente y con personalidad se llega a todos lados”.

Fuente: TN

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Dos prendas por $ 5000 y un gasto promedio de $200 mil: cómo compran los argentinos en pleno boom de tiendas de ropa importada

“Primero los chicos”. La respuesta de una mujer que recorría los percheros junto a su hija resume una de las estrategias que adoptan las familias cuando llega el momento de comprar ropa. En un contexto en el que el presupuesto obliga a establecer prioridades, renovar el guardarropa dejó de ser una decisión impulsiva: se comparan precios, se buscan promociones y se aprovechan las cuotas.

Ese comportamiento se pudo ver en el nuevo local de Kiabi en la calle Florida, el primero que la cadena francesa de indumentaria abrió en la Argentina. Su desembarco se da en medio de la llegada de nuevas marcas extranjeras y de una mayor presencia de ropa importada. TN recorrió la megatienda y habló con los clientes para saber cuánto gastan, qué compran y qué estrategias utilizan para cuidar el bolsillo.

La mujer que pronunció aquella frase contó que habitualmente va hasta Flores para conseguir mejores precios y que, incluso, compra por mayor. Esta vez había llegado al nuevo local después de enterarse de la apertura a través de TikTok.

“Vi que las remeras estaban en buen precio, dos prendas por $ 5000, así que voy a chusmear a ver qué encuentro, algo que sea lindo y que no sea un peso para el bolsillo”, explicó la mujer. La búsqueda era para su hija, que cumple años en pocos días, aunque no descartaba llevarse algo para ella. “Uno prioriza a los chicos, pero de vez en cuando me encantaría darme un gusto”, reconoció.

El comportamiento se repite entre los clientes. No todos llegan con una compra planificada y muchos recorren primero el local de punta a punta para decidir cuánto están dispuestos a gastar.

“Está todo muy caro y uno tiene que irse conforme”, aseguró otra mujer. Había gastado alrededor de $80.000 y se llevaba unas cinco prendas. Para ella, la elección no depende únicamente del valor de la etiqueta: “Tiene que ver con los precios, tiene que ver con que me guste, tiene que ver con el color que ando buscando”.

Una familia que buscaba ropa para dos chicos de cuatro y un año también puso el foco en las promociones. “Hay que buscar dónde comprar, dónde hay descuentos, dos por uno, precios accesibles. Tenés dos chiquitos, hay que vestirlos y hay que gastar mucho”, contó la madre. Además, explicó otra estrategia frecuente entre las familias: el más pequeño hereda buena parte de la ropa de su hermano mayor.

Las compras relevadas por TN mostraron presupuestos muy diferentes. Dos pijamas y un buzo infantil sumaron cerca de $90.000, mientras que otro cliente gastó algo más de $50.000 entre un regalo para un chico y un pantalón.

Desde la caja del local también perciben ese comportamiento. Una empleada contó que los clientes suelen llevar varias prendas y que la financiación tiene un peso importante en la decisión. Según indicó, el promedio desde la apertura era de aproximadamente cuatro artículos y $200.000 por ticket. La compra más grande que había registrado hasta ese momento había alcanzado $1 millón por 28 prendas.

El precio aparece una y otra vez en los testimonios. Y la diferencia se vuelve todavía más evidente para quienes llegan a Buenos Aires desde otras provincias.

Una pareja de Puerto Madryn estaba paseando por Florida cuando vio la tienda y decidió entrar. No conocían la marca ni tenían previsto comprar ropa, pero salieron con varias prendas.

“Hicimos una compra que no teníamos necesidad de hacer, pero me encantaron los precios”, contó uno de ellos. Según su experiencia, comprar determinada indumentaria en el sur puede resultar hasta “un 70% más caro” por los costos asociados a la distancia.

También hubo quienes simplemente entraron por curiosidad. Una mujer que trabaja a pocos metros aprovechó su horario de almuerzo para recorrer el local y terminó mirando un jean de casi $50.000. Otros clientes destacaron la posibilidad de encontrar variedad de talles, probarse las prendas y financiar el gasto.

Detrás de las bolsas y las promociones aparece así una fotografía del consumo actual. Las nuevas cadenas extranjeras encuentran un mercado más abierto, mientras los compradores argentinos desarrollan sus propias estrategias para adaptarse: recorrer, comparar, aprovechar descuentos, buscar cuotas y decidir qué compra puede esperar.

En una de las recorridas por el local, una clienta lo sintetizó mientras miraba las prendas: “Hay que recorrer para encontrar no solo el precio, sino también lo que a uno le guste”. Y para muchas familias, antes de llegar a esa elección hay una decisión todavía más básica: primero, los chicos.

Fuente: TN

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