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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”
De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.
Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.
Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.
Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida
Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.
Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.
En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.
Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.
Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?
La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.
La noche en que todo cambió
Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.
Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.
“¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que sí. Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.
A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.
Una historia con fecha de vencimiento
Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.
Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.
Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.
Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.
La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.
El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?
Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.
Los trenes que los separaban también los volvían a unir
El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.
Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.
Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.
Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.
Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.
Fuente: TN
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La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse
Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.
El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.
El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.
Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia
Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.
En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.
Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.
El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.
Cómo comprobaron los resultados
La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.
Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.
La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.
Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.
La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa
El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.
También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.
Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.
El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.
Fuente: UNNE Medios.
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Estos celulares podrían quedarse sin WhatsApp en noviembre de 2026: revisá si está el tuyo
WhatsApp continúa actualizando sus requisitos técnicos y algunos teléfonos antiguos podrían dejar de ser compatibles con la aplicación. Entre los dispositivos que conviene revisar aparecen modelos de Samsung, Motorola, LG y Sony que ya no reciben actualizaciones oficiales.
La lista difundida por La 100 incluye los siguientes equipos:
Samsung: Galaxy S3, Galaxy S4 Mini, Galaxy Note 2, Galaxy Core, Galaxy Trend y Galaxy Trend Lite.
Motorola: Moto G de primera generación, Moto E de primera generación y Droid Razr HD.
LG: Optimus G, Optimus L5, Optimus L7, Optimus F7, Lucid 2, Nexus 4 y G2 Mini.
Sony: Xperia Z y Xperia SP.
Qué hay que revisar antes del 1 de noviembre
La fecha mencionada en la publicación es el 1 de noviembre de 2026. Sin embargo, la compatibilidad depende de los requisitos oficiales del sistema operativo: WhatsApp exige Android 6.0 o posterior desde septiembre de 2026, mientras que el requisito para iPhone será iOS 15.5 o posterior desde el 30 de noviembre.
Por eso, antes de concluir que un teléfono dejará de funcionar, hay que revisar qué versión tiene instalada y si admite una actualización.
Cómo proteger los chats
Si el equipo ya no puede actualizarse, conviene preparar la migración a otro teléfono compatible. Para evitar perder conversaciones, fotos y documentos, se recomienda realizar una copia de seguridad desde Ajustes, dentro de la sección Chats de WhatsApp.
La cuenta no desaparece automáticamente por el cambio de compatibilidad: el problema es que el dispositivo antiguo puede dejar de ejecutar la aplicación.
Revisar el sistema operativo y guardar una copia de los chats son los pasos principales para evitar inconvenientes.
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Lunes con cielo despejado en Resistencia: la máxima llegará a los 23 grados
El último lunes de octubre comenzó con cielo despejado y una temperatura de 13,1 °C en Resistencia. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la máxima llegará a los 23 °C durante la tarde, cuando se espera que aumente la nubosidad.
Durante las primeras horas del día, la humedad se ubicó en el 89%, la presión atmosférica fue de 1014 hectopascales y los vientos soplaron desde el sudeste a 6 kilómetros por hora. La visibilidad, en tanto, alcanzó los 15 kilómetros.
Para la tarde se prevé cielo parcialmente nublado y una temperatura máxima de 23 °C. Por la noche, el termómetro descenderá hasta los 17 °C.
De acuerdo con el pronóstico, las condiciones serán similares durante el martes, aunque se espera que las temperaturas comiencen a subir progresivamente a lo largo de la semana.
De esta manera, Resistencia tendrá una jornada con temperaturas moderadas y sin cambios bruscos previstos en el panorama meteorológico informado.