Actualidad
Es de Lanús, médica espacial, se postuló para ser astronauta de la NASA y sueña con viajar a la Luna
Mientras la exploración espacial vive una nueva etapa dorada impulsada por misiones lunares y programas científicos de largo alcance, una médica argentina que trabaja en conjunto con la NASA es candidata a ser astronauta de la agencia y sueña con viajar a la Luna en Artemis IV.
Lorna Evans, de 37 años y nacida en Lanús, provincia de Buenos Aires, vive en Estados Unidos desde hace una década y participa como investigadora externa en proyectos científicos de la NASA a través de la Mayo Clinic. En diálogo con TN Tecno, la argentina relató con emoción su postulación como astronauta al programa HERA (Human Exploration Research Analog), una instancia clave en el camino hacia la selección formal de las personas que viajarán a nuestro satélite.
“Mi sueño, desde chica, es ir al espacio. Y mi meta ahora es ser candidata para una misión de larga duración en Artemis. Pero si termino siendo médica de vuelo o investigadora, ya estaré feliz porque esta es mi pasión”, expresó.
HERA es un programa de astronautas análogos de la NASA diseñado para simular las condiciones de una misión espacial de larga duración antes de que esta ocurra en la realidad. “Antes de ir a la Luna o a Marte, se hace investigación en aislamiento para estudiar la fatiga y los ritmos circadianos en un módulo que simula la ISS o un hábitat lunar”, describió Evans. “Estás 45 días observado las 24 horas para ver cómo te desenvolvés en grupo. Es un paso previo para recolectar datos y prevenir riesgos.”
La argentina está en proceso de selección y espera, en breve, un llamado con la confirmación oficial. “El proceso está algo parado por la misión Artemis II, pero sigue vigente”, aclaró. Si queda seleccionada, será uno de los pasos más concretos hacia su objetivo mayor: una misión en Artemis 4.
De Lanús a la Luna
Las opciones para viajar al espacio no son muchas. Desde hace un tiempo, empresas privadas como Blue Origin, Space X o Axiom, tienen la capacidad de enviar personas a la órbita terrestre, e incluso a la Estación Espacial Internacional. No es necesario ser astronauta para ver la Tierra desde allí. Solo alcanza con acordar con alguna de las firmas y comprar un pasaje (que cuesta hasta 100 millones de dólares). Katy Perry, en un vuelo suborbital, y por ende a menor costo, lo hizo el año pasado.
Pero el camino de Evans será otro: a través de trabajo, investigación y experiencia. “No existe un entrenamiento previo para ser astronauta de la NASA”, afirmó. “La agencia te entrena una vez que te selecciona según tu perfil. Haber trabajado con la NASA, tener publicaciones y cartas de recomendación de sus mentores suma muchos puntos”.
Ese perfil, Evans lo construyó durante años y con paciencia. Lorna se crió en Lanús, en el seno de una familia de clase media baja: su padre, médico intensivista; su madre, bibliotecaria con varios cargos para sostener a tres hijas. Vivían en la parte trasera de la casa de sus abuelos. “Mis viejos siempre decían que lo más importante era el conocimiento, porque es algo que no nos pueden robar ni podemos perder”, recordó.
La curiosidad estuvo presente desde chica. “Era muy curiosa e investigaba todo, desde romper un huevo para ver qué había dentro hasta preguntarme cómo una semilla sabe que tiene que crecer hacia arriba buscando el sol”, contó. Su padre la llevaba de vacaciones a Capilla del Monte y le enseñaba a guiarse con las estrellas. Al terminar el secundario quería estudiar Ingeniería Aeronáutica o Ingeniería Nuclear en el Instituto Balseiro. Terminó eligiendo medicina en la UBA y, mientras cursaba, obtuvo el título de piloto privada: “Quería estar lo más cerca del cielo posible”, confesó a TN Tecno.
La medicina aeroespacial la descubrió cuando fue a hacerse el psicofísico para piloto: “Me pregunté: ‘¿Qué son estos médicos que hacen el psicofísico?’. Ahí descubrí el estudio del estrés que recibe el cuerpo de un piloto de caza o de un astronauta.”
Luego de unos años, crisis del 2001 de por medio y una prometedora carrera tenística que tuvo que abandonar por problemas económicos, Lorna llegó a Estados Unidos ya recibida de médica para hacer cursos y rotaciones de observación en hospitales, en las que ni siquiera tenía permiso para hablar ni tocar pacientes.
“Al principio fue duro. Mandaba muchos mails a todos lados pidiendo oportunidades de investigación, pero nadie respondía; es un campo muy cerrado”, recordó.
Un contacto argentino la conectó con un cirujano de la Mayo Clinic que le abrió la puerta a la investigación en cirugía robótica. Desde ahí conoció a los flight surgeons (médicos de vuelo) de la NASA y empezó a aplicar para trabajar en la organización de sus sueños. Fueron dos años en los que la agencia la rechazó cuatro veces. A la quinta, entró. “Mis mentores me amaron porque trabajaba de sol a sol con pasión, sin importarme dormir tres o cuatro horas. Sentí una felicidad que nunca había experimentado en mi vida”, contó.
Así, Evans forjó un vínculo con la NASA: “No tengo un cargo interno, sino que soy investigadora externa. Trabajo a través de la Mayo Clinic en colaboración con ellos”, aclaró.
Hoy, sus proyectos apuntan a entender cómo el cuerpo humano responde al entorno espacial. Uno de sus estudios analiza las concentraciones de dióxido de carbono dentro de la ISS y en vehículos como la cápsula Orión. “La NASA tiene un límite operacional de CO2, y nosotros vimos que, cuando se supera, los astronautas experimentan fatiga, cefalea, congestión nasal y deterioro cognitivo”, explicó. La razón física es precisa: “En microgravedad, el CO2 que uno exhala no se dispersa, se queda como una burbuja alrededor de la cara”, explicó a TN Tecno.
También investiga el síndrome SANS (Síndrome neuroocular asociado al vuelo espacial), que provoca cambios visuales por la vasodilatación intracraneal que genera la microgravedad. Y trabaja en el diseño de dietas basadas en plantas para misiones de larga duración.
Futuro espacial
Hoy, además de su carrera científica, Evans dirige ALMA-IB, una ONG orientada a facilitar el acceso de argentinos y latinoamericanos a becas, pasantías y rotaciones en la NASA. “Queremos abrir las puertas que a mí me costaron años tocar”, señaló. En noviembre, la organización llevará adelante en Argentina el primer Congreso Latinoamericano de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología.
Su mensaje para las jóvenes que sueñan con el espacio desde Argentina fue directo: “Que el sueño no tenga techo. Si te apasiona la astrofísica o la ciencia, hacé ese camino aunque parezca que en la Argentina no existe. Las oportunidades aparecen si hay convicción y perseverancia”.
Si el programa HERA la confirma y su candidatura a Artemis IV prospera, Lorna Evans podría convertirse no solo en la primera astronauta análoga argentina en la historia de la NASA, sino la primera argentina en viajar al espacio e incluso pisar la Luna. Un sueño que nació mirando las estrellas desde Capilla del Monte y que hoy está cada día más cerca de cumplirse.
Fuente: TN
Actualidad
La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse
Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.
El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.
El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.
Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia
Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.
En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.
Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.
El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.
Cómo comprobaron los resultados
La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.
Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.
La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.
Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.
La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa
El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.
También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.
Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.
El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.
Fuente: UNNE Medios.
Actualidad
Estos celulares podrían quedarse sin WhatsApp en noviembre de 2026: revisá si está el tuyo
WhatsApp continúa actualizando sus requisitos técnicos y algunos teléfonos antiguos podrían dejar de ser compatibles con la aplicación. Entre los dispositivos que conviene revisar aparecen modelos de Samsung, Motorola, LG y Sony que ya no reciben actualizaciones oficiales.
La lista difundida por La 100 incluye los siguientes equipos:
Samsung: Galaxy S3, Galaxy S4 Mini, Galaxy Note 2, Galaxy Core, Galaxy Trend y Galaxy Trend Lite.
Motorola: Moto G de primera generación, Moto E de primera generación y Droid Razr HD.
LG: Optimus G, Optimus L5, Optimus L7, Optimus F7, Lucid 2, Nexus 4 y G2 Mini.
Sony: Xperia Z y Xperia SP.
Qué hay que revisar antes del 1 de noviembre
La fecha mencionada en la publicación es el 1 de noviembre de 2026. Sin embargo, la compatibilidad depende de los requisitos oficiales del sistema operativo: WhatsApp exige Android 6.0 o posterior desde septiembre de 2026, mientras que el requisito para iPhone será iOS 15.5 o posterior desde el 30 de noviembre.
Por eso, antes de concluir que un teléfono dejará de funcionar, hay que revisar qué versión tiene instalada y si admite una actualización.
Cómo proteger los chats
Si el equipo ya no puede actualizarse, conviene preparar la migración a otro teléfono compatible. Para evitar perder conversaciones, fotos y documentos, se recomienda realizar una copia de seguridad desde Ajustes, dentro de la sección Chats de WhatsApp.
La cuenta no desaparece automáticamente por el cambio de compatibilidad: el problema es que el dispositivo antiguo puede dejar de ejecutar la aplicación.
Revisar el sistema operativo y guardar una copia de los chats son los pasos principales para evitar inconvenientes.
Actualidad
Lunes con cielo despejado en Resistencia: la máxima llegará a los 23 grados
El último lunes de octubre comenzó con cielo despejado y una temperatura de 13,1 °C en Resistencia. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la máxima llegará a los 23 °C durante la tarde, cuando se espera que aumente la nubosidad.
Durante las primeras horas del día, la humedad se ubicó en el 89%, la presión atmosférica fue de 1014 hectopascales y los vientos soplaron desde el sudeste a 6 kilómetros por hora. La visibilidad, en tanto, alcanzó los 15 kilómetros.
Para la tarde se prevé cielo parcialmente nublado y una temperatura máxima de 23 °C. Por la noche, el termómetro descenderá hasta los 17 °C.
De acuerdo con el pronóstico, las condiciones serán similares durante el martes, aunque se espera que las temperaturas comiencen a subir progresivamente a lo largo de la semana.
De esta manera, Resistencia tendrá una jornada con temperaturas moderadas y sin cambios bruscos previstos en el panorama meteorológico informado.