Salud
El cáncer de pulmón afecta a no fumadores y los científicos quieren saber por qué
Antes se pensaba que fumar era casi la única causa del cáncer de pulmón, pero aproximadamente entre el 10 y el 25% se dan en personas que nunca han fumado.
Annie Chen notó por primera vez que tenía una dificultad respiratoria inusual en 2017, mientras corría para alcanzar el autobús de vuelta a Nueva Jersey desde su trabajo en Manhattan. Se lo comentó a su médico de cabecera, al pensar en su padre, quien murió de cáncer de pulmón a los 71 años. Pero el médico le dijo que no se preocupara: su padre era un fumador empedernido y Chen nunca había fumado.
Sus dificultades para respirar continuaron, pero no fue hasta dos años después cuando un médico ordenó una radiografía, y a Chen le diagnosticaron un cáncer de pulmón de estadio 4. “Todo mi mundo se vino abajo”, dijo. Solo tenía 48 años, una hija de 11, un marido que también tenía problemas de salud y una hipoteca que pagar.
“Mi familia me necesita”, recordó haber pensado.
El caso de Chen representa una realidad confusa para los médicos que estudian y tratan el cáncer de pulmón, el más mortífero de Estados Unidos. La incidencia y las tasas de mortalidad de la enfermedad han descendido en las últimas décadas, en gran parte gracias a la disminución del consumo de cigarros, pero los cánceres de pulmón no relacionados con el tabaquismo han persistido.
Antes se pensaba que fumar era “casi la única causa de cáncer de pulmón”, dijo Maria Teresa Landi, investigadora principal del Instituto Nacional del Cáncer, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud. Pero ahora, en todo el mundo, aproximadamente entre el 10 y el 25 por ciento de los cánceres de pulmón se dan en personas que nunca han fumado. Entre determinados grupos de mujeres asiáticas y asiático-americanas, se calcula que ese porcentaje es del 50 por ciento o más.
Estos cánceres atraen cada vez más la atención de investigadores como Landi, que estudian el papel que pueden desempeñar las exposiciones ambientales, las mutaciones genéticas u otros factores de riesgo. Ya han encontrado algunos primeros indicios, entre ellos una clara relación con la contaminación atmosférica.
Los médicos también prueban nuevos enfoques para detectar mejor el cáncer de pulmón en los no fumadores, e intentan comprender por qué es más frecuente en las personas de ascendencia asiática y en las mujeres, y por qué se está observando entre la gente más joven.
“Todos seguimos pensando en el hombre Marlboro como la imagen del cáncer de pulmón”, dijo Heather Wakelee, jefa de oncología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Sin embargo, en muchos casos eso ya no es cierto. “No sabemos por qué”, dijo.
En busca de pistas
Muchos cánceres de pulmón en no fumadores no tienen causa conocida y se descubren solo por casualidad.
Ese fue el caso de Sandra Liu, de 59 años, que vive en Nueva Jersey. A Liu le diagnosticaron este año un adenocarcinoma, el tipo de cáncer de pulmón más frecuente entre los no fumadores. Los médicos descubrieron la masa después de que ella se sometiera a un chequeo médico completo durante una visita a China, un procedimiento popular entre algunos expatriados chinos que visitan el país y que incluye una tomografía torácica.
“Nunca se me habría ocurrido ir a hacerme una TC”, dijo, usando la sigla para la tomografía computarizada, y señaló que no tenía síntomas importantes y que nunca había fumado.
Los científicos comienzan a ver que la biología del cáncer en no fumadores como Liu difiere de los cánceres observados en personas con antecedentes de tabaquismo, y puede requerir estrategias diferentes de prevención y detección.
Un estudio a gran escala, denominado Sherlock Lung y dirigido por Landi y sus colegas de la Universidad de California en San Diego, analiza las firmas mutacionales, o las regularidades de las mutaciones en los genomas del cáncer, de 871 no fumadores con cáncer de pulmón de todo el mundo.
Sus últimas conclusiones, publicadas en Nature este mes, muestran que determinadas mutaciones, o cambios en el ADN, son mucho más frecuentes en quienes viven en zonas con una elevada contaminación atmosférica, como Hong Kong, Taiwán y Uzbekistán. A más contaminación, más mutaciones. (El estudio no incluyó datos de India, considerada el país con mayores niveles de contaminación exterior).
Los investigadores no solo descubrieron que la contaminación puede dañar directamente el ADN. También observaron indicios de que la contaminación hace que las células se dividan más rápidamente, lo que aumenta aún más la probabilidad de cáncer.
Los estudios también han mostrado que las personas que no fuman pero tienen antecedentes familiares de cáncer de pulmón, como Chen y Liu —los dos abuelos de Liu padecieron la enfermedad—, tienen un mayor riesgo. Esto podría deberse a la genética compartida, a un entorno común o a ambas cosas, dijo Jae Kim, jefe de cirugía torácica del City of Hope de Duarte, California.
Además, los científicos saben que los no fumadores con cáncer de pulmón son más propensos que los fumadores a presentar ciertos tipos de mutaciones “impulsoras”, cambios en el genoma que pueden causar cáncer e impulsar su propagación, dijo Kim. Por el contrario, las personas que fuman tienden a acumular muchas mutaciones que, con el tiempo, pueden derivar en cáncer. Esta diferencia en el tipo de mutaciones puede ser una de las razones por las que el cáncer de pulmón entre las personas menores de 50 años es más frecuente entre los no fumadores que entre los fumadores.
También es probable que haya otros factores, como la exposición al radón, al asbesto o amianto, y posiblemente al ácido aristolóquico, un compuesto antaño habitual en la medicina tradicional china. La investigación de Landi relacionó este compuesto con mutaciones de cáncer de pulmón entre pacientes taiwaneses. (Taiwán prohibió los productos que lo contenían en 2003).
Algunos estudios realizados en Asia también han sugerido como posibles culpables el humo de segunda mano, los vapores de los aceites de cocina y los antecedentes de tuberculosis u otras enfermedades pulmonares. Sin embargo, estos posibles factores son menos frecuentes en Estados Unidos, donde las mujeres estadounidenses de origen asiático que no fuman siguen teniendo casi el doble de probabilidades que otras mujeres de ser diagnosticadas con la enfermedad, dijo Scarlett Gomez, profesora de epidemiología y bioestadística de la Universidad de California en San Francisco.
Para comprender qué impulsa esta disparidad en Estados Unidos, Gomez, Wakelee y sus colegas de otras instituciones del norte de California ahora estudian las relaciones entre los genes, los contaminantes ambientales y el cáncer de pulmón en las mujeres asiático-americanas no fumadoras.
“En última instancia, queremos ser capaces de encontrar factores de riesgo procesables, al igual que hacemos con el cáncer de mama y el cáncer colorrectal”, dijo Gomez.
Revisar las pautas de detección
Estudios como el de Gomez pueden ayudar a abordar la cuestión de quién debe someterse a las pruebas de detección del cáncer de pulmón. En Estados Unidos, el cribado rutinario se recomienda solo a las personas de 50 a 80 años que hayan fumado al menos el equivalente a un paquete de cigarros al día durante 20 años.
Por ello, el cáncer de pulmón en los no fumadores a menudo no se detecta hasta que está avanzado, dijo Elaine Shum, oncóloga de NYU Langone Health. Esto puede tener consecuencias devastadoras para pacientes como Chen, quien sigue en tratamiento tras una tercera metástasis de su cáncer.
Shum y otras personas estudian si debería ampliarse el cribado. En Taiwán, un ensayo a escala nacional probó la eficacia de la TC en personas de 55 a 75 años que nunca habían fumado pero tenían otro factor de riesgo. Los médicos detectaron cáncer en el 2,6 por ciento de los pacientes, lo suficiente para que Taiwán ofrezca ahora un cribado rutinario a los no fumadores con antecedentes familiares de cáncer de pulmón.
Shum y sus colegas recientemente realizaron un estudio piloto similar entre mujeres de ascendencia asiática que tenían entre 40 y 74 años y nunca habían fumado. Encontraron cáncer invasivo en tasas comparables a las del estudio de Taiwán.
Sin embargo, ese estudio solo incluyó a unas 200 mujeres. Haría falta mucha más investigación para determinar quién en Estados Unidos, si es que hay alguien, se beneficiaría de un cribado más amplio y si podría reducir significativamente las muertes por cáncer de pulmón. Analizar a más personas puede dar lugar a más falsos positivos, lo que puede significar que los pacientes se sometan a biopsias y otras intervenciones que no necesitan. Y algunos cánceres que los médicos detectan son de crecimiento tan lento que quizá nunca causen daños, dijo Natalie Lui, cirujana torácica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.
“¿Y si estamos extirpando todos estos diminutos cánceres de pulmón que no habrían sido mortales?”, dijo Lui.
Por otro lado, piensa en los pacientes a los que atiende regularmente que tienen cánceres de pulmón agresivos o avanzados, pero que nunca han fumado. “Si se hiciera el cribado, podríamos salvarles la vida”, dijo Lui.
La buena noticia es que la supervivencia de los cánceres avanzados ha mejorado con nuevas terapias que mantienen a raya la enfermedad durante años en muchos pacientes.
Estos tratamientos han beneficiado a Leah Phillips, de Pewee Valley, Kentucky. Los médicos primero le diagnosticaron erróneamente asma y luego ansiedad. Más tarde, le dijeron que tenía neumonía. Cuando un oncólogo le dijo por fin en 2019 que tenía cáncer de pulmón metastásico, le dio entre seis y doce meses de vida. “Vete a casa y pon tus asuntos en orden”, Phillips recordó que le dijo. Ella tenía 43 años, y sus hijos 9, 13 y 14.
“No voy a dejar a mis hijos”, pensó Phillips. Tras pedir una segunda opinión, empezó a tomar un fármaco que ataca una de las mutaciones impulsoras del cáncer de pulmón. Rezó para llegar a la graduación de su hijo mayor. “Lloré durante todo su último año”, dijo.
En junio, vio cómo se graduaba su segundo hijo. “Ahora tengo que llegar al siguiente”, dijo.
Phillips, cofundadora de una organización sin ánimo de lucro llamada Iniciativa contra el Cáncer de Pulmón Joven para crear concienciación sobre esta enfermedad, dijo que la gente la miraba con recelo cuando les decía que tenía cáncer de pulmón, pero que nunca había fumado. No sabían que era posible.
Ya no es el cáncer de pulmón que les daba a los abuelos, les dice.
Nina Agrawal es reportera de salud del Times.
Fuente: TN
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN
Salud
Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular
Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.
Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.
El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.
No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo
“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.
En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.
Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.
Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel
El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.
Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.
No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.
En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.
Hábitos simples que pueden hacer una diferencia
“Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.
La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.
También conviene:
- usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
- no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
- limpiar con frecuencia la funda;
- evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
- consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.
En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.
Fuente: TN
Salud
La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla
Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.
Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.
Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.
Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.
La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:
- Antioxidantes.
- Vitaminas E, B6 y B12.
- Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.
Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.
Alimentos recomendados para una buena salud cerebral
Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.
La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:
- Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
- Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
- Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
- Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
- El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
- Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
- Legumbres: cuatro o más veces/semana.
- Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
- Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.
Otros alimentos que también son buenos
Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.
Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.
Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos
Cómo adoptar la dieta MIND
Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:
- Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
- Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
- Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
- Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
- Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
- Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
- Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.
Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.
Fuente: TN