Salud
El cáncer de pulmón afecta a no fumadores y los científicos quieren saber por qué
Antes se pensaba que fumar era casi la única causa del cáncer de pulmón, pero aproximadamente entre el 10 y el 25% se dan en personas que nunca han fumado.
Annie Chen notó por primera vez que tenía una dificultad respiratoria inusual en 2017, mientras corría para alcanzar el autobús de vuelta a Nueva Jersey desde su trabajo en Manhattan. Se lo comentó a su médico de cabecera, al pensar en su padre, quien murió de cáncer de pulmón a los 71 años. Pero el médico le dijo que no se preocupara: su padre era un fumador empedernido y Chen nunca había fumado.
Sus dificultades para respirar continuaron, pero no fue hasta dos años después cuando un médico ordenó una radiografía, y a Chen le diagnosticaron un cáncer de pulmón de estadio 4. “Todo mi mundo se vino abajo”, dijo. Solo tenía 48 años, una hija de 11, un marido que también tenía problemas de salud y una hipoteca que pagar.
“Mi familia me necesita”, recordó haber pensado.
El caso de Chen representa una realidad confusa para los médicos que estudian y tratan el cáncer de pulmón, el más mortífero de Estados Unidos. La incidencia y las tasas de mortalidad de la enfermedad han descendido en las últimas décadas, en gran parte gracias a la disminución del consumo de cigarros, pero los cánceres de pulmón no relacionados con el tabaquismo han persistido.
Antes se pensaba que fumar era “casi la única causa de cáncer de pulmón”, dijo Maria Teresa Landi, investigadora principal del Instituto Nacional del Cáncer, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud. Pero ahora, en todo el mundo, aproximadamente entre el 10 y el 25 por ciento de los cánceres de pulmón se dan en personas que nunca han fumado. Entre determinados grupos de mujeres asiáticas y asiático-americanas, se calcula que ese porcentaje es del 50 por ciento o más.
Estos cánceres atraen cada vez más la atención de investigadores como Landi, que estudian el papel que pueden desempeñar las exposiciones ambientales, las mutaciones genéticas u otros factores de riesgo. Ya han encontrado algunos primeros indicios, entre ellos una clara relación con la contaminación atmosférica.
Los médicos también prueban nuevos enfoques para detectar mejor el cáncer de pulmón en los no fumadores, e intentan comprender por qué es más frecuente en las personas de ascendencia asiática y en las mujeres, y por qué se está observando entre la gente más joven.
“Todos seguimos pensando en el hombre Marlboro como la imagen del cáncer de pulmón”, dijo Heather Wakelee, jefa de oncología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Sin embargo, en muchos casos eso ya no es cierto. “No sabemos por qué”, dijo.
En busca de pistas
Muchos cánceres de pulmón en no fumadores no tienen causa conocida y se descubren solo por casualidad.
Ese fue el caso de Sandra Liu, de 59 años, que vive en Nueva Jersey. A Liu le diagnosticaron este año un adenocarcinoma, el tipo de cáncer de pulmón más frecuente entre los no fumadores. Los médicos descubrieron la masa después de que ella se sometiera a un chequeo médico completo durante una visita a China, un procedimiento popular entre algunos expatriados chinos que visitan el país y que incluye una tomografía torácica.
“Nunca se me habría ocurrido ir a hacerme una TC”, dijo, usando la sigla para la tomografía computarizada, y señaló que no tenía síntomas importantes y que nunca había fumado.
Los científicos comienzan a ver que la biología del cáncer en no fumadores como Liu difiere de los cánceres observados en personas con antecedentes de tabaquismo, y puede requerir estrategias diferentes de prevención y detección.
Un estudio a gran escala, denominado Sherlock Lung y dirigido por Landi y sus colegas de la Universidad de California en San Diego, analiza las firmas mutacionales, o las regularidades de las mutaciones en los genomas del cáncer, de 871 no fumadores con cáncer de pulmón de todo el mundo.
Sus últimas conclusiones, publicadas en Nature este mes, muestran que determinadas mutaciones, o cambios en el ADN, son mucho más frecuentes en quienes viven en zonas con una elevada contaminación atmosférica, como Hong Kong, Taiwán y Uzbekistán. A más contaminación, más mutaciones. (El estudio no incluyó datos de India, considerada el país con mayores niveles de contaminación exterior).
Los investigadores no solo descubrieron que la contaminación puede dañar directamente el ADN. También observaron indicios de que la contaminación hace que las células se dividan más rápidamente, lo que aumenta aún más la probabilidad de cáncer.
Los estudios también han mostrado que las personas que no fuman pero tienen antecedentes familiares de cáncer de pulmón, como Chen y Liu —los dos abuelos de Liu padecieron la enfermedad—, tienen un mayor riesgo. Esto podría deberse a la genética compartida, a un entorno común o a ambas cosas, dijo Jae Kim, jefe de cirugía torácica del City of Hope de Duarte, California.
Además, los científicos saben que los no fumadores con cáncer de pulmón son más propensos que los fumadores a presentar ciertos tipos de mutaciones “impulsoras”, cambios en el genoma que pueden causar cáncer e impulsar su propagación, dijo Kim. Por el contrario, las personas que fuman tienden a acumular muchas mutaciones que, con el tiempo, pueden derivar en cáncer. Esta diferencia en el tipo de mutaciones puede ser una de las razones por las que el cáncer de pulmón entre las personas menores de 50 años es más frecuente entre los no fumadores que entre los fumadores.
También es probable que haya otros factores, como la exposición al radón, al asbesto o amianto, y posiblemente al ácido aristolóquico, un compuesto antaño habitual en la medicina tradicional china. La investigación de Landi relacionó este compuesto con mutaciones de cáncer de pulmón entre pacientes taiwaneses. (Taiwán prohibió los productos que lo contenían en 2003).
Algunos estudios realizados en Asia también han sugerido como posibles culpables el humo de segunda mano, los vapores de los aceites de cocina y los antecedentes de tuberculosis u otras enfermedades pulmonares. Sin embargo, estos posibles factores son menos frecuentes en Estados Unidos, donde las mujeres estadounidenses de origen asiático que no fuman siguen teniendo casi el doble de probabilidades que otras mujeres de ser diagnosticadas con la enfermedad, dijo Scarlett Gomez, profesora de epidemiología y bioestadística de la Universidad de California en San Francisco.
Para comprender qué impulsa esta disparidad en Estados Unidos, Gomez, Wakelee y sus colegas de otras instituciones del norte de California ahora estudian las relaciones entre los genes, los contaminantes ambientales y el cáncer de pulmón en las mujeres asiático-americanas no fumadoras.
“En última instancia, queremos ser capaces de encontrar factores de riesgo procesables, al igual que hacemos con el cáncer de mama y el cáncer colorrectal”, dijo Gomez.
Revisar las pautas de detección
Estudios como el de Gomez pueden ayudar a abordar la cuestión de quién debe someterse a las pruebas de detección del cáncer de pulmón. En Estados Unidos, el cribado rutinario se recomienda solo a las personas de 50 a 80 años que hayan fumado al menos el equivalente a un paquete de cigarros al día durante 20 años.
Por ello, el cáncer de pulmón en los no fumadores a menudo no se detecta hasta que está avanzado, dijo Elaine Shum, oncóloga de NYU Langone Health. Esto puede tener consecuencias devastadoras para pacientes como Chen, quien sigue en tratamiento tras una tercera metástasis de su cáncer.
Shum y otras personas estudian si debería ampliarse el cribado. En Taiwán, un ensayo a escala nacional probó la eficacia de la TC en personas de 55 a 75 años que nunca habían fumado pero tenían otro factor de riesgo. Los médicos detectaron cáncer en el 2,6 por ciento de los pacientes, lo suficiente para que Taiwán ofrezca ahora un cribado rutinario a los no fumadores con antecedentes familiares de cáncer de pulmón.
Shum y sus colegas recientemente realizaron un estudio piloto similar entre mujeres de ascendencia asiática que tenían entre 40 y 74 años y nunca habían fumado. Encontraron cáncer invasivo en tasas comparables a las del estudio de Taiwán.
Sin embargo, ese estudio solo incluyó a unas 200 mujeres. Haría falta mucha más investigación para determinar quién en Estados Unidos, si es que hay alguien, se beneficiaría de un cribado más amplio y si podría reducir significativamente las muertes por cáncer de pulmón. Analizar a más personas puede dar lugar a más falsos positivos, lo que puede significar que los pacientes se sometan a biopsias y otras intervenciones que no necesitan. Y algunos cánceres que los médicos detectan son de crecimiento tan lento que quizá nunca causen daños, dijo Natalie Lui, cirujana torácica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.
“¿Y si estamos extirpando todos estos diminutos cánceres de pulmón que no habrían sido mortales?”, dijo Lui.
Por otro lado, piensa en los pacientes a los que atiende regularmente que tienen cánceres de pulmón agresivos o avanzados, pero que nunca han fumado. “Si se hiciera el cribado, podríamos salvarles la vida”, dijo Lui.
La buena noticia es que la supervivencia de los cánceres avanzados ha mejorado con nuevas terapias que mantienen a raya la enfermedad durante años en muchos pacientes.
Estos tratamientos han beneficiado a Leah Phillips, de Pewee Valley, Kentucky. Los médicos primero le diagnosticaron erróneamente asma y luego ansiedad. Más tarde, le dijeron que tenía neumonía. Cuando un oncólogo le dijo por fin en 2019 que tenía cáncer de pulmón metastásico, le dio entre seis y doce meses de vida. “Vete a casa y pon tus asuntos en orden”, Phillips recordó que le dijo. Ella tenía 43 años, y sus hijos 9, 13 y 14.
“No voy a dejar a mis hijos”, pensó Phillips. Tras pedir una segunda opinión, empezó a tomar un fármaco que ataca una de las mutaciones impulsoras del cáncer de pulmón. Rezó para llegar a la graduación de su hijo mayor. “Lloré durante todo su último año”, dijo.
En junio, vio cómo se graduaba su segundo hijo. “Ahora tengo que llegar al siguiente”, dijo.
Phillips, cofundadora de una organización sin ánimo de lucro llamada Iniciativa contra el Cáncer de Pulmón Joven para crear concienciación sobre esta enfermedad, dijo que la gente la miraba con recelo cuando les decía que tenía cáncer de pulmón, pero que nunca había fumado. No sabían que era posible.
Ya no es el cáncer de pulmón que les daba a los abuelos, les dice.
Nina Agrawal es reportera de salud del Times.
Fuente: TN
Salud
Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral
Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.
Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.
En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.
Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro
Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.
Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.
La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.
Qué tipo de juegos tienen más impacto
Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.
En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.
A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.
Bienestar mental y uso moderado
El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.
Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.
Fuente: TN
Salud
El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo
Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.
Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.
La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.
Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.
Una enfermedad con muchas aristas
La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.
En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.
“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.
Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis
El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.
A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.
Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.
Fuente: Infobae
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN