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A los 13 años le escribió una carta a un soldado de Malvinas y 42 años después de la Guerra se conocieron

María Melián tenía solo 13 años cuando estalló la guerra de Malvinas. En ese momento, los bombardeos y las trincheras estaban lejos de su tranquila vida en Tres Arroyos. Todo era nuevo en un país que venía golpeado por los conflictos internos, pero que no estaba acostumbrado a los enfrentamientos internacionales de ese calibre.

Héctor Urbieta, sin embargo, ya hacía un año que estaba haciendo el Servicio Militar Obligatorio. Tenía 19 años y estaba a punto de obtener la baja cuando el batallón que integraba fue enviado al sur del país. Luego de varios días, de manera casi repentina, ese grupo estaba pisando por primera vez Las Islas.

Sus vidas estaban completamente separadas, sin embargo, por esas casualidades del destino, terminaron unidos para siempre. Una carta que llegó por equivocación volando en la oscura y fría noche de Malvinas fue el inicio de un camino que 42 años después concluyó en un conmovedor abrazo.

La carta a un soldado

María no olvida los días terribles que vivió el país mientras los bombardeos se desataban en Malvinas. El último tren con pasajeros que vio pasar en Tres Arroyos había sido el que trasladó a los soldados que se encaminaban al sur. Es por eso que hoy insiste en recordar y mantener viva la memoria, pero desde el lado del amor. Por eso cuenta y cuenta su historia a todo aquel que quiera escucharla.

“Teníamos solo la radio Tres Arroyos y el diario La Voz del Pueblo y a través de ellos nos convocaron para que escribiésemos cartas a los soldados, nos dijeron que a ellos les iban a llegar, que íbamos a ser madrina de guerra”, precisó la mujer en diálogo con TN.

Así se despertó la inquietud de aquella niña que comenzaba su adolescencia y que se decidió a escribir tres cartas. Una de esas, una noche, llegó hasta Héctor de una forma muy particular. “Yo tenía la ilusión de que llegara, pero de ahí a que sucediera... Uno pensaba en la distancia, no era como es todo hoy”, rememoró.

Pero la carta llegó. Del otro lado del mar, el papel que llevaba sus palabras había sido recibido por Héctor. Aunque decir que la recibió es simplemente una manera de explicar que aquella carta le impactó, literalmente, en el pecho al joven soldado.

“Vengo de Corrientes, a los 18 años, entré al Servicio Militar porque era obligatorio en esos años. Fui a Curuzú Cuatiá en el comando de la tercera brigada de Infantería. Yo estaba a punto de salir de baja cuando nuestro batallón se alistó y emprendemos el viaje al sur”, recordó Héctor a TN.

Fue así cuando una noche, cargando y descargando cosas, la carta le pegó directo. Cuando la leyó, se encontró con la ternura de aquella pequeña y sintió que en la fría noche de Malvinas, todo comenzaba a tomar calor. Es por eso que decidió responderle. “La oscuridad de Malvinas basta con cerrar los ojos para entenderla. En ese contexto, mientras descargábamos los aviones, cuando no se prendía ni la luz de un cigarrillo, algo me tocó el pecho. Lo agarré, vi que era un sobre y lo guarde entre mi ropa. Al otro día vi que era una carta y que decía ‘para un soldado de la Marina’, pero yo era del ejército”, detalló el excombatiente.

“Esa carta, a mí y a mis compañeros, nos sirvió para seguir adelante, nos dio fuerzas leerla. Cada tanto me hacía saber que el pueblo argentino estaba con nosotros, que todo un país nos alentaba y la tuve mucho tiempo hasta que caí prisionero y ahí me la quitaron”, amplió el veterano de Malvinas. Sin embargo, la historia no culminó allí. Antes de que finalice la guerra, Héctor respondió y la respuesta a María llegó.

“Al mes, más o menos, el cartero que nos conocía a todos en el pueblo, gritó en la puerta que había una carta de Malvinas. Salí corriendo y la recibí: era la primera carta de Héctor, un chico de 19 años que me contaba que estaba defendiendo la patria y que me pedía disculpas porque yo le había escrito a un soldado de la Marina y él era solo un soldado de tierra” explicó María.

Hoy, a lo lejos en el tiempo, la mujer tiene hijos que duplican la edad de aquel jovencito y se sorprende al entender la importancia de aquellas palabras en la madurez que rápidamente debió ganar ante una situación así. “Me contó que estaba defendiendo la patria, que estaba orgulloso de eso. No hablaba de si estaba bien o mal. Me contó que era de San Luis del Palmar, una localidad de Corrientes, y me pedía que le vuelva a escribir, que le mande una foto y le cuente más de mi historia”, agregó.

“Yo le contesté la carta, la mandé con una foto y él me volvió a mandar una carta, pero ya estando en territorio argentino devuelta y quedó esa promesa de que nos íbamos a encontrar”, recordó. Sin embargo, nada salió como esperaban: “En aquel momento, cuando volvieron los chicos, la Argentina hizo una negación de todo lo que había sucedido y quedaron un poco olvidados”, lamentó la mujer.

Esa negación fueron años de no poder volver a comunicarse con su amigo. Las personas le decían que mejor no lo moleste, que no sabía quién era e infinitas excusas más. Inclusive, del lado de los veteranos, hubo quienes también se negaban a contar que habían estado defendiendo la patria o inclusive hasta hablar del tema.

De la forma que sea, María nunca perdió la esperanza de volver a encontrar a Héctor. “Durante años atesoré esas cartas. Va a ser siempre mi gran ejemplo de vida porque él es algo maravilloso para mí”, insistió la mujer. “Yo siempre pensé que seguramente estaba con frío o miedo, pero nunca me hizo ver eso”, añadió.

Un abrazo luego de 42 años

Durante varios años no lo buscó, pero la irrupción de las redes sociales la hizo repensar aquella idea. “Me hice una cuenta de Facebook cuando estalló todo y se me vino él a la cabeza. Lo busqué, le mandé una solicitud de amistad y esperé. En ese momento uno no abría las redes todos los días como hoy, así que cuando volvía a entrar ya tenía su respuesta y eran fotos de las dos cartas que yo le había mandado”.

La siguiente interacción entre ambos fue conocerse, a la distancia, pero recomponer ese vínculo que tantos años de lejanía se los impidió. “Siempre nos quedó eso de que un día nos teníamos que conocer y darnos un abrazo. Siempre le dije que era como mi timón, mi gran héroe”, insistió María.

La vida, con sus vueltas increíbles, la encontró a María formando parte de un colectivo de Malvinas del pueblo. Ella contó todas sus vivencias y la invitaron a formar parte para seguir replicando la historia viva de este país. Allí, además, les habló de Héctor. En medio de las lágrimas, todos quedaron atentos a su emocionante relato.

Los meses pasaron, pero la historia de ambos amigos siguió recorriendo lugares y quedó resonando en los compañeros del colectivo del que formaba parte María. Así, el 12 de octubre del año pasado, la invitaron a un asado, al cual ella se negó por problemas de salud, pero al que terminó asistiendo por la constante insistencia hasta de su marido.

En medio del asado, ella volvió a sacar sus cartas y a releerlas. “Islas Malvinas. 27 de mayo de 1982...”, dijo cuando una voz masculina que acaba de entrar a la sala acompañó su relato. Allí, detrás de ella, estaba Héctor, por primera vez en 42 años en carne y hueso.

“Fue una cosa gigante, tocarnos, mirarnos, fue algo increíble”, aseguró la mujer entre lágrimas. El conmovedor momento quedó registrado y demostrado en dichas imágenes, colmadas de amor y empatía. Ese abrazo, que se hizo esperar tanto, por fin tuvo lugar. Así, entre risas, anécdotas, lágrimas y más abrazos, transcurrió la noche.

Al día siguiente, los amigos se juntaron a desayunar, cada uno con sus respectivas parejas. Luego almorzaron y más tarde merendaron. Héctor se tenía que ir porque tenía otro compromiso, pero ese abrazo que se hizo esperar 42 años no iba a quedar tan corto. Así, de la mano, abrazados, entre risas y llantos, caminaron por el pueblo, recorriendo cada museo y recordatorio de Malvinas.

Antes de irse, Héctor le hizo un regalo a María: le dejó sus dos cartas para que ella “siga malvinizando”. “Son tuyas porque tu trabajo es malvinizar con esta historia que es la que vivimos los dos y que tiene mucho amor”, le insistió el excombatiente.

“Siempre quise darle ese abrazo, yo estaba seguro que la iba a conocer. Quería darle las gracias porque a mí me ayudó mucho su carta, me dio fuerzas para salir adelante. Muchas veces uno en la guerra se siente vencido, nos codeamos con la muerte, sufrimos hambre, frío. Fue realmente importante”, remarcó el soldado.

Sobre esto, también se refirió a la importancia de mantener la memoria viva por los compañeros que quedaron en Las Islas y por quienes sufrieron las consecuencias luego de volver. “Hubo una gran desmalvinizacion, se prohibió hablar de Malvinas, se mostraron mucho las miserias de la guerra, pero yo tengo compañeros, hermanos, camaradas que tuvieron hechos heroicos de traer a compañeros bajo fuego enemigo, ponerlo a resguardo. Eso poco se cuenta y es maravilloso”, recordó con emoción.

Hoy Héctor vive en Santa Fe y visita cada tanto Córdoba. Tiene tres hijas, once nietos y una compañera de vida que lo banca en cada aventura que él inicia. María también formó su familia, pero nunca se fue de Tres Arroyos. Ambos continúan su tarea de seguir relatando la historia viva para nunca olvidar y que las nuevas generaciones también sean parte de ella. “Una vez escuché que un veterano, que también difunde la causa Malvinas, dijo que no se puede amar algo que no conocés. Entonces nosotros lo que hacemos es enseñar lo que es Malvinas, que es parte de la patria, para que empiecen a querer ese pedacito de tierra”, explicó el excombatiente.

“Hoy tratamos de disfrutar la vida, Yo tuve una segunda oportunidad, la guerra no se la deseo a nadie y por eso vivo así”, concluyó Héctor.

Fuente: TN

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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”

De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.

Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.

Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.

Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida

Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.

Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.

En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.

Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.

Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?

La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.

La noche en que todo cambió

Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.

Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.

¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que . Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.

A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.

Una historia con fecha de vencimiento

Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.

Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.

Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.

Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.

La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.

El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?

Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.

Los trenes que los separaban también los volvían a unir

El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.

Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.

Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.

Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.

Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.

Fuente: TN

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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela

En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.

Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.

En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.

“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.

La situación en Venezuela hoy

Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.

Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.

Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.

El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794

El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.

Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).

Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.

Fuente: TN

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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección

Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.

En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.

Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.

La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.

El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.

No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.

En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.

“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.

El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.

Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.

Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.

La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.

La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.

Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.

Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.

Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.

Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.

También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.

Fuente: TN

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