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Volver a la rutina después de las vacaciones: cómo superar el bajón y cuánto podemos sostener el efecto relax

La sensación de página en blanco que provocan los primeros meses del año no viene sola. La hoja limpia del cuaderno trae consigo ansiedad porque se sabe que lo que viene posiblemente sea cuesta arriba y requiera de toda nuestra energía. Entonces, hay que capitalizar el descanso que se logró con las vacaciones y bajar el estrés con un aterrizaje suave: lograr que el verano sea un momento útil para una recuperación duradera del entusiasmo y la motivación.

Llevada a la práctica, esa teoría demanda estrategias y herramientas que minimizan el “bajón” de volver a la rutina. Lo primero, tal vez, sea aprender a no sentir expectativas irreales frente a esos días de desenchufe, que claramente no obran milagros.

“No podemos pedirle a las vacaciones que solucionen todos los problemas acumulados durante el año. Es, en cambio, un tiempo para recargar energías y retomar proyectos con una mirada más positiva”, dice la licenciada María Verónica Lapelle, psicóloga y subjefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Luego, la estrategia del “período de adaptación” de los jardines de infantes aplica a la vida adulta. “Tomarse uno o dos días de transición entre las vacaciones y el trabajo ayuda a reajustar el ritmo mental y físico: no llegar del viaje en la noche que es víspera del regreso laboral, organizar pendientes con tranquilidad, reordenar espacios y retomar progresivamente los horarios de sueño y una buena alimentación”, aporta la Lic. Analía Tarasiewicz, Psicóloga del trabajo y Directora de @trabaja.mejor.

Maritchu Seitún, psicóloga especializada en orientación a padres y autora de libros de crianza, recurre a su propia experiencia para recomendar el aterrizaje suave. “Una parte importante del dolor de que se terminen las vacaciones radica en no haber cumplido con objetivos poco realistas. Mi ejemplo personal: me llevé diez libros y leí solo tres. En marzo -recomienda- tenemos que empezar a hacer cosas que nos gustan y sostenerlas todo el año, porque eso le quitará presión a la lista de proyectos para el verano”.

Priorización inteligente: la clásica técnica del semáforo

El primer día de trabajo puede ser abrumador si se intenta abordar todo de golpe. La técnica de clasificar tipo triage las tareas y dividirlas entre “Urgentes”, “Importantes” y “Sin apuro” ayuda a no sentirse abrumado. Basta con revisar y filtrar con criterio, en lugar de responder por impulso.

Otros dos trucos que ayudan son evitar las jornadas maratónicas y trabajar por bloques de tiempo con descansos cortos, y dedicar el primer día a tareas de impacto rápido que generen sensación de avance sin ser agotadoras.

“Para evitar el desborde se pueden ejercer algunos rituales de reconexión, como por ejemplo volver a ponerse en contacto con el equipo, jefes o colegas, charlar de lo sucedido en nuestra ausencia y retomar la dinámica”, agrega Tarasiewicz. Solo los pilotos de Fórmula 1 pasan de 0 a 200 km/h en un instante.

La especialista recuerda que lo ganado en materia de descanso se mantiene con más facilidad si preservan pautas como “hidratación adecuada, alimentación equilibrada, ejercicio o caminatas que reduzcan la sensación de fatiga mental y pequeñas pausas diarias para evitar la saturación”.

Es normal sentir que el primer día no se está al 100%. Hay que tener mentalidad realista y autocompasiva, adaptarse sin culpa. Enfocarse en lo positivo del regreso, como reencontrarse con colegas o retomar proyectos interesantes, puede hacer la transición más llevadera”, dice.

Las vacaciones de los freelancers necesitan planificación

Los nómades digitales, freelancers y emprendedores enfrentan un desafío particular al regresar de las vacaciones: probablemente nunca hayan podido desconectarse del todo. Sin una estructura fija de horarios o un equipo que absorba sus tareas, suelen volver sintiéndose igual de agotados que antes de irse.

Por eso, tienen que planificar la futura desconexión. “Por ejemplo, avisar con anticipación a clientes y colaboradores sobre su escasa o nula disponibilidad, automatizar respuestas en email y redes para que nadie espere una contestación inmediata, delegar tareas o programarlas (desde vencimientos hasta reuniones) y definir una zona gris de trabajo mínimo: si algo requiere atención, establecer franjas horarias acotadas para ocuparse solo de lo imprescindible”, aconseja Tarasiewicz.

“Habiéndonos enamorado todos de nuestro celular, ahora tenemos que aprender a no dejarnos poseer por él, a recuperar nuestro tiempo de ocio, de encuentro familiar y con amigos. A nivel trabajo era muy sencillo irse de vacaciones cuando no había pantallas tan portátiles. Ahora tenemos que hacer un plan y cumplirlo a rajatabla, y para eso necesitamos mucha voluntad, pero también que nuestros compañeros, jefes y empleados no solo respeten nuestras vacaciones, sino también las suyas”, sostiene Seitún.

La vuelta a clases

En el caso de los chicos y chicas, que al volver muchas veces se enfrentan a la agenda escolar de manera inmediata, la especialista propone escribir en familia un pequeño diario con “los mejores momentos de las vacacionespara mirarlo cuando necesitemos un descanso. Si le sumamos algunas fotos o pequeños tesoros del viaje, lo convertimos en un álbum de emociones”.

“Pero además elijamos dos o tres actividades de las vacaciones para seguir haciéndolas durante el año lectivo: cocinar una torta, jugar una generala a la noche algún día de la semana, dar una vuelta en bici en familia el sábado”, recomienda.

Los chicos y chicas aprenden de los mayores si el comienzo de clases es una calamidad o una bendición. En ese punto, Seitún insiste en aclarar: “Como siempre hay un poco y un poco, los primeros que tenemos que elaborar la vuelta a la rutina somos los adultos. Podemos proponerles que inviten a casa a algún compañero para reencontrarse y retomar paulatinamente las rutinas”.

Por su parte, Tarasiewicz sugiere reducir el fuerte impacto que implica la transición entre las vacaciones y los horarios estrictos de sueño y actividades. Para eso, “dos semanas antes del inicio de clases, comenzar a ajustar los horarios de sueño de forma progresiva; reintroducir rutinas de comida en horarios similares a los escolares y reducir la exposición a pantallas antes de dormir para favorecer un descanso reparador”.

Pero además “se puede incentivar el entusiasmo de los niños y niñas si se los involucra en la compra de útiles escolares y mochilas para que sientan que están preparando algo especial; hablar sobre lo que más disfrutan de la escuela (una materia, los encuentros con sus amigos y los momentos recreativos) y fomentar la participación en actividades extracurriculares que les gusten”.

Para cuidar su bienestar físico y emocional, la especialista recuerda que es crucial asegurar que sigan en movimiento con juegos al aire libre o deportes, “y también dar espacio para que hablen sobre sus emociones porque eso les permite validar sus sentimientos respecto al regreso a clases”.

Planear un año más saludable

“Seamos realistas en relación con nuestro tiempo y energía y no armemos este año agendas agotadoras. Elijamos con los chicos y para ellos pocas actividades extraescolares, para que puedan pasar más tiempo en casa, aburrirse y pelearse con los hermanos, no para ocuparlo frente a las pantallas”, propone Seitún.

La especialista advierte: “No tiene sentido llegar a fin de año al borde de nuestras fuerzas físicas. Aprendamos a cuidarnos y a decirles que no a nuestros hijos. No hay vacación que alcance si estamos demasiado cansados. Y las escapadas son geniales, pero también estresan, así que no nos excedamos”.

En ese sentido, lo importante es que relajarse no se nos presente como una obligación más. “Busquemos una buena fórmula para nuestra familia, que puede incluir yoga, meditación, deportes, salidas con amigos o hobbies que nos permitan recuperar energía durante la semana. A veces -aclara Seitún- basta con acostarse en el piso a hacer respiraciones profundas para resetearse. Somos modelo de buen manejo del estrés para nuestros hijos y los guardianes de su bienestar”.

Otras ideas para prevenir el agotamiento posvacacional

  • Antes de salir de vacaciones, organizar la ausencia: delegar tareas, programar respuestas automáticas, avisar que no se estará disponible.
  • Ya en vacaciones, dedicar tiempo a hobbies, deportes o simplemente a descansar sin exigencias.
  • Desconectarse del trabajo: limitar el uso del celular y establecer horarios claros para revisar mensajes o correos.
  • Fomentar vínculos: pasar tiempo con seres queridos para fortalecer la salud emocional.
  • Practicar la flexibilidad: aprender a manejar imprevistos con humor y adaptabilidad.
  • Al regresar, mantener el balance: incorporar pequeños momentos de ocio o descansos durante todo el año. No normalizar el agotamiento.
  • Mejorar la calidad del sueño; hacer escapadas de fin de semana donde realmente se corte con el trabajo; incorporar micro-recreos diarios con actividades placenteras como meditación, lectura o caminatas o tomarse un día sin pantallas cada tanto para reducir la sobrecarga digital.

Si después de tomar estos recaudos de todos modos al volver sigue la necesidad de “vacaciones de las vacaciones” o sentimos que no tenemos la fuerza necesaria para encarar el año, es momento de revisar el modelo de trabajo o pedir ayuda profesional para que el próximo período de descanso resulte tan eficaz como pretendemos ser nosotros.

Fuente: TN

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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”

De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.

Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.

Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.

Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida

Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.

Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.

En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.

Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.

Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?

La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.

La noche en que todo cambió

Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.

Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.

¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que . Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.

A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.

Una historia con fecha de vencimiento

Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.

Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.

Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.

Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.

La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.

El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?

Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.

Los trenes que los separaban también los volvían a unir

El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.

Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.

Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.

Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.

Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.

Fuente: TN

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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela

En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.

Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.

En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.

“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.

La situación en Venezuela hoy

Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.

Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.

Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.

El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794

El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.

Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).

Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.

Fuente: TN

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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección

Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.

En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.

Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.

La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.

El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.

No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.

En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.

“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.

El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.

Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.

Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.

La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.

La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.

Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.

Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.

Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.

Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.

También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.

Fuente: TN

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