Salud
Radiografía del envejecimiento de los argentinos: el 30% tiene problemas de salud y 25% malestar psicológico
El envejecimiento de la población en Argentina presenta desafíos para la salud y el bienestar de los adultos mayores. Así lo postuló un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) al que Infobae accedió en exclusiva.
El estudio titulado Desafíos y oportunidades en el envejecimiento: Un balance de la última década en la Argentina analizó las desigualdades significativas que afectan la percepción de la salud, el acceso a la atención médica y el bienestar emocional de las personas mayores. Entre los datos reveladores, se destacó que una de cada cuatro personas mayores percibe que sus condiciones de salud son críticas y se evidencia que “el déficit del estado de salud es de 30,9%”.
Otros datos impactantes señalaron que el malestar psicológico afecta al 25,1% de la población mayor de 60 años, mientras que un 24,1% señala tener una mala calidad de sueño.
La percepción de la salud en las personas mayores
La Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) clasifica esta percepción en tres categorías: no tener problemas de salud, tener algunos pocos problemas de salud y tener bastantes problemas de salud o padecer de alguna enfermedad crónica o grave.
La forma en que los mayores perciben su salud varía de forma considerable, y el estudio de la UCA resalta esta diversidad. Mientras una parte significativa declara no tener problemas graves, una proporción importante enfrenta dificultades de salud que comprometen su calidad de vida.
Para muchos, las secuelas de la pandemia siguen siendo una carga, reflejándose en un aumento de las percepciones negativas sobre su bienestar físico. “Después de la pandemia (2022-2023), hay un aumento en la percepción negativa de la salud”, indica el estudio.
Este deterioro no afecta a todos por igual. Los mayores de 75 años presentan un déficit de salud percibido mayor en comparación con los adultos entre 60 y 74 años.
Esto no solo se explica por la edad, sino también por factores como la soledad y la viudez, que pueden exacerbar la sensación de vulnerabilidad.
Las mujeres mayores suelen reportar un mayor déficit en su salud percibida, especialmente después de la pandemia, lo que resalta la importancia de abordar las necesidades específicas de cada grupo. “El déficit es significativamente mayor entre las mujeres mayores que entre los varones mayores”, destaca el informe.
El estado conyugal influye de manera notable en la autopercepción de la salud. “Respecto del estado conyugal, en todos los subperiodos -excepto durante la pandemia que igualó a viudos y no viudos respecto de la autopercepción de su salud-, la incidencia de este déficit es mayor entre los viudos. Y después de la pandemia (2022-2023) esta diferencia es muy significativa (más de 10 puntos porcentuales entre los viudos)”, desarrollaron.
La educación se presenta como otro factor relevante para explicar estas diferencias en la percepción de la salud. El informe explicó que “entre los de menor nivel educativo -a lo máximo con secundario incompleto- el déficit es mayor. Es más frecuente que autoperciban su estado de salud como comprometido”. En contraste, “lo contrario ocurre con los de mayor nivel educativo -que al menos tienen el secundario completo- y son la minoría dentro de las personas mayores”, afirmaron.
La situación socioeconómica y la salud
La pandemia de COVID-19 afectó el acceso a la atención médica en Argentina, donde el 44% de las personas mayores no realizó consultas anuales durante el período 2020-2021, según datos del relevamiento del Observatorio de la UCA (Imagen Ilustrativa Infobae)
La pandemia de COVID-19 afectó el acceso a la atención médica en Argentina, donde el 44% de las personas mayores no realizó consultas anuales durante el período 2020-2021, según datos del relevamiento del Observatorio de la UCA (Imagen Ilustrativa Infobae)
El nivel socioeconómico tiene influencia en la percepción de la salud, según el documento. “La tendencia es muy clara: a menor nivel socioeconómico es mayor el déficit de su estado de salud autopercibido”, resaltó el relevamiento.
Las diferencias son “abismales” entre los extremos: “En el muy bajo el déficit tiende a duplicarse respecto del medio alto”. Esta vulnerabilidad del nivel muy bajo “es mayor a la encontrada entre los de edad más avanzada (75 años y más)”, lo que muestra la estrecha relación entre la pobreza y la percepción de la salud.
Para los mayores, acceda a una atención médica adecuada es esencial. Sin embargo, el informe muestra que cerca de un 20% de los adultos mayores no realizan consultas médicas anuales, una situación que comenzó durante la pandemia.
“En el contexto de la pandemia, el 44% de los mayores no hizo su consulta médica anual”, señala el estudio. Esto no solo afecta la prevención y tratamiento de enfermedades, sino que también genera preocupación por el cuidado integral de la salud de los más vulnerables.
El déficit de proyectos personales afecta a una de cada cinco personas mayores en Argentina, un fenómeno que se ha acentuado tras la pandemia, especialmente entre aquellos en situación de pobreza multidimensional extrema, según el estudio
El déficit de proyectos personales afecta a una de cada cinco personas mayores en Argentina, un fenómeno que se ha acentuado tras la pandemia, especialmente entre aquellos en situación de pobreza multidimensional extrema, según el estudio (Imagen Ilustrativa Infobae)
El malestar psicológico fue otro de los componentes incluidos. El informe definió que “en sentido amplio, el concepto de malestar psicológico se entiende como un déficit de los recursos emocionales y cognitivos de las personas”, lo que afecta su capacidad para enfrentar la vida cotidiana y relacionarse de manera satisfactoria.
Durante el período 2013-2023, “la incidencia del malestar psicológico en las personas mayores oscila entre el 20% y el 25%”, con picos al inicio del período (2013-2016) y en la etapa post-pandemia (2022-2023).
La soledad es otro factor que pesa en la vida de muchos mayores, especialmente entre aquellos que han perdido a sus cónyuges o viven solos. La falta de redes de apoyo social hace que enfrentarse a la vida cotidiana se vuelva una tarea solitaria y, a menudo, difícil.
La calidad del sueño
Además, la calidad del sueño es un indicador clave del bienestar general de las personas mayores. El déficit de sueño afecta a un 24,1% de ellos, siendo más prevalente entre quienes viven en situaciones de vulnerabilidad económica.
Dormir mal no solo afecta la energía y el ánimo durante el día, sino que también puede tener repercusiones serias en la salud física y mental, haciendo que los problemas de salud preexistentes se agraven. “El déficit en la calidad del sueño se potencia entre las personas mayores en hogares en condición de pobreza multidimensional extrema”, menciona el informe.
Y amplió: “Respecto de este indicador, hay dos grupos de nivel socioeconómico. Por un lado, los tres superiores -medio alto, medio bajo y también bajo- donde las diferencias en cuanto a calidad de sueño, si bien claramente existen, no son tan pronunciadas. En cambio, hay una ruptura fuerte -para peor- cuando se trata del nivel muy bajo. Allí hay un desmejoramiento -respecto de los otros tres niveles- muy visible. No solo las incidencias son diferentes sino también las dinámicas dentro del periodo analizado”.
“En el medio alto -el de mejor calidad de sueño-, durante la pandemia (2020-2021) no solo la incidencia no aumenta, sino que disminuye -duermen mejor-. Pero a la salida de la pandemia (2022- 2023), su calidad de sueño desmejora y la incidencia aumenta y llega a niveles nunca antes registrados. La misma pauta siguen los niveles medio bajo y bajo -mejoramiento durante la pandemia y posteriormente un brusco empeoramiento-. En cambio, entre los mayores del nivel muy bajo -el de peor calidad de sueño- la incidencia del déficit aumenta mucho durante la pandemia y luego desciende abruptamente, aunque a registros superiores a los previos”, apuntaron los autores.
La falta de actividad física afecta la salud
La actividad física favorece el bienestar psicológico, disminuye la ansiedad y el estrés, aporta beneficios a nivel cognitivo y habilita nuevos espacios sociales, como destaca el relevamiento de la UCA.
Hacer ejercicio regularmente reduce el riesgo de caídas y previene o retrasa la aparición de enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento. Sin embargo, el malestar psicológico, que incluye síntomas de ansiedad y depresión, impacta negativamente en el desempeño funcional de las personas mayores.
La publicación, en esta parte, se refirió al período 2022-2023: “Se evidencia que el déficit del estado de salud es de 30,9%, el malestar psicológico es de 25,1% y para calidad de sueño 24,1%. Las carencias para las variables psicosociales son representadas por un 16,9% para sentimiento de infelicidad, un 24,5% de carencia en el apoyo social y un 26,4% para la falta de proyectos personales. El objetivo principal de este informe de investigación es describir cómo se presentan las condiciones de salud y aspectos psicosociales en personas mayores que declararon tener problemas de salud”.
Estos datos reflejan cómo se percibe el estado de salud de las personas mayores, es decir, su percepción subjetiva sobre su bienestar, que abarca tanto problemas de salud como enfermedades crónicas o graves.
Fuente: TN
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN
Salud
Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular
Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.
Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.
El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.
No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo
“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.
En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.
Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.
Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel
El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.
Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.
No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.
En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.
Hábitos simples que pueden hacer una diferencia
“Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.
La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.
También conviene:
- usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
- no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
- limpiar con frecuencia la funda;
- evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
- consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.
En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.
Fuente: TN
Salud
La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla
Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.
Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.
Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.
Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.
La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:
- Antioxidantes.
- Vitaminas E, B6 y B12.
- Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.
Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.
Alimentos recomendados para una buena salud cerebral
Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.
La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:
- Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
- Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
- Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
- Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
- El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
- Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
- Legumbres: cuatro o más veces/semana.
- Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
- Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.
Otros alimentos que también son buenos
Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.
Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.
Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos
Cómo adoptar la dieta MIND
Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:
- Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
- Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
- Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
- Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
- Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
- Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
- Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.
Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.
Fuente: TN