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10 beneficios de la banana para la salud basados en pruebas científicas

Las bananas son frutas frescas, versátiles y relativamente económicas, ubicándose como una opción excelente para quienes desean agregar más alimentos saludables a su dieta. Originarias del sudeste de Asia, sus cultivos se han extendido a muchos climas cálidos alrededor del mundo.

Además de ser deliciosas y fáciles de transportar, están repletas de nutrientes esenciales que pueden beneficiar la pérdida de peso, la digestión y la salud del corazón. Contienen una gran cantidad de fibra y numerosos nutrientes beneficiosos, incluidos potasio, vitamina B6, vitamina C y varios antioxidantes y fitonutrientes.

Estos son 10 beneficios de las bananas para la salud basados en la ciencia:

1- Ricas en nutrientes

Las bananas proporcionan una buena cantidad de carbohidratos, agua, fibra y antioxidantes, pero muy poca proteína y nada de grasa. Una banana mediana tiene:

  • Calorías: 112
  • Grasa: 0 gramos
  • Proteína: 1 gramo
  • Carbohidratos: 29 gramos
  • Fibra: 3 gramos
  • Vitamina C: 12% del valor diario (VD)
  • Riboflavina: 7% del VD
  • Folato: 6% del VD
  • Niacina: 5% del VD
  • Cobre: 11% del VD
  • Potasio: 10% del VD
  • Magnesio: 8% del VD

Las bananas son una fuente rica y densa de nutrientes esenciales, y debido a su bajo contenido calórico y alto contenido de nutrientes, son ideales para incluir en una dieta balanceada.

2- Pueden mejorar los niveles de azúcar en sangre

Las bananas son especialmente ricas en fibra soluble, que durante la digestión se disuelve en líquido para formar un gel. Este proceso contribuye a la textura esponjosa de las bananas y desempeña un papel crucial en la regulación de los niveles de azúcar en sangre, esto al ralentizar el vaciado del estómago y moderar el índice glicémico.

Las bananas verdes contienen almidón resistente, una fibra que el cuerpo no digiere, lo que puede ayudar a mantener los niveles de azúcar en balance.

3- Pueden apoyar la salud digestiva

La fibra dietética es fundamental para mantener una buena salud digestiva. El almidón resistente en las bananas verdes sirve como un prebiótico que escapa de la digestión y llega al intestino grueso, alimentando a las bacterias beneficiosas en el intestino.

La pectina, una fibra encontrada tanto en bananas maduras como verdes, ayuda a prevenir el estreñimiento y ablanda las heces. Algunos estudios de laboratorio sugieren incluso que la pectina puede ayudar a proteger contra el cáncer de colon, aunque se necesita más investigación en humanos para confirmar este beneficio.

4- Pueden ayudar a perder peso

Aunque no existen estudios directos sobre los efectos de las bananas en la pérdida de peso, tienen características que los convierten en un alimento adecuado para este propósito. Con solo poco más de 100 calorías en una banana promedio, están llenas de fibra dietética y almidón resistente, lo cual puede aumentar la sensación de saciedad y ayudar a reducir el tamaño y la frecuencia de las comidas.

Las bananas verdes pueden ser particularmente útiles en una dieta enfocada en la pérdida de peso debido a su mayor contenido de almidón resistente.

5- Pueden apoyar la salud del corazón

El potasio es vital para la salud del corazón y el control de la presión arterial. Las bananas son una excelente fuente de potasio; una banana mediana proporciona el 10% del valor diario. Una dieta rica en potasio puede ayudar a reducir la presión arterial y disminuir el riesgo de hipertensión. Además, las bananas contienen magnesio, otro mineral importante para el corazón. La deficiencia de magnesio puede estar relacionada con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, presión arterial elevada y niveles elevados de grasas en la sangre.

6- Llenas de antioxidantes

Las bananas contienen varios tipos de potentes antioxidantes, incluidos flavonoides y aminas. Estos antioxidantes están asociados con diversos beneficios para la salud, como un riesgo reducido de enfermedades cardíacas y degeneración macular. Los antioxidantes ayudan a prevenir el daño oxidativo a las células causado por los radicales libres.

Si no se consumen suficientes antioxidantes, los radicales libres pueden acumularse con el tiempo y causar daño celular.

7- Pueden mejorar la sensibilidad a la insulina cuando no están maduras

La resistencia a la insulina es un factor de riesgo significativo en enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2. Algunos estudios sugieren que el consumo regular de almidón resistente puede mejorar la sensibilidad a la insulina, permitiendo que el cuerpo responda mejor a esta hormona que regula el azúcar en sangre. Aunque se necesita más investigación para entender cómo el almidón resistente de las bananas afecta la sensibilidad a la insulina, los primeros indicios son prometedores.

8- Pueden mejorar la salud de los riñones

El potasio es vital para la función renal saludable y para regular la presión arterial. Como una gran fuente dietética de potasio, las bananas podrían ser especialmente beneficiosas para el mantenimiento de la salud renal.

Un estudio de 2019 que incluyó a más de 5 mil personas con enfermedad renal crónica en etapa temprana encontró que una mayor ingesta de potasio estaba asociada con una presión arterial más baja y una progresión más lenta de la enfermedad. Sin embargo, las personas con enfermedad renal avanzada deben tener cuidado y consultar a un profesional de la salud antes de aumentar su ingesta de potasio.

9- Pueden apoyar la recuperación del ejercicio

Las bananas son frecuentemente mencionadas como el alimento perfecto para los deportistas debido a su contenido en carbohidratos de fácil digestión, potasio y magnesio, que funcionan como electrolitos. Durante el ejercicio vigoroso, los electrolitos se pierden a través del sudor, y reponerlos con bananas puede ayudar a reducir los calambres y el dolor muscular relacionado con el ejercicio.

Aunque aún falta investigación específica sobre los efectos de las bananas en la recuperación del ejercicio, son una excelente fuente de nutrición antes, durante y después de la actividad física.

10- Fáciles de agregar a tu dieta

Además de sus múltiples beneficios para la salud, las bananas son fáciles de agregar a la dieta. Se pueden añadir a yogur, cereales o licuados y funcionan bien como aderezo para tostadas integrales con mantequilla de maní. Incluso pueden usarse como sustituto del azúcar en recetas de repostería. Las bananas son fáciles de transportar y generalmente se digieren bien, haciendo que sean un snack conveniente y saludable para llevar a cualquier parte.

Fuente: Infobae

Salud

Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral

Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.

Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.

En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.

Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro

Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.

Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.

La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.

Qué tipo de juegos tienen más impacto

Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.

En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.

A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.

Bienestar mental y uso moderado

El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.

Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.

Fuente: TN

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Salud

El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo

Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.

Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.

La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.

Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.

Una enfermedad con muchas aristas

La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.

En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.

“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.

Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis

El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.

A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.

Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.

Fuente: Infobae

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Salud

Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad

La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.

Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.

En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.

La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.

“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.

En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).

Los matices de la ansiedad

Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.

La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.

Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.

“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.

No minimizar la ansiedad

Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.

Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.

Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional

El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.

“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.

Fuente: TN

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