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La donación de órganos en la Argentina aún no recupera los niveles previos a la pandemia

En Argentina, unas 9.900 personas esperan un órgano según los datos oficiales del Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina (Sintra). En el transcurso de este año, hasta el momento hubo 319 personas donantes, según los registros del INCUCAI. La realidad contrasta con 2019, cuando se promulgó la “Ley Justina”, año en el que se registró un récord de 4.510 donantes y se alcanzó la tasa de 20 donantes por millón de habitantes.

Justamente, este 30 de mayo se celebró el Día Nacional de la Donación de Órganos, una jornada promovida para concientizar sobre una práctica solidaria que salva vidas. En diálogo con Infobae, el doctor Manuel Mendizábal, jefe de Hepatología del Hospital Austral, indicó que se necesitan más medidas de difusión y apoyo para mejorar la tasa de donación.

El doctor Mendizábal tiene 44 años y hace 20 que se encarga de preparar a los pacientes trasplantados y con ellos mantiene un vínculo que no sólo se reduce al prequirúrgico o la ablación. “Es un seguimiento hasta que la muerte nos separe”, graficó en una entrevista con Infobae. Empezó su carrera muy joven en la especialidad, desde que comenzó su residencia. Es miembro de la Sociedad Argentina de Trasplante, se especializó en la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia, Estados Unidos, y actualmente es jefe de Hepatología y subjefe de Trasplante Hepático del Hospital Universitario Austral.

El 30 de mayo se celebró el Día Nacional de la Donación de Órganos, una jornada promovida para recordar al nacimiento del hijo de la primera paciente que dio a luz después de haber recibido un trasplante en un hospital público (Getty Images)El 30 de mayo se celebró el Día Nacional de la Donación de Órganos, una jornada promovida para recordar al nacimiento del hijo de la primera paciente que dio a luz después de haber recibido un trasplante en un hospital público (Getty Images)

—¿Cuánto cambió la práctica profesional del trasplante desde sus inicios en la especialidad?

— No hubo muchos cambios en cuanto a las técnicas quirúrgicas, a los cuidados pre y pos trasplante. La medicación inmunosupresora tampoco ha avanzado mucho, la que tenemos disponible es muy efectiva, pero todavía se puede mejorar reducir los efectos adversos, que igualmente son manejables. Hay muchísimos más centros de trasplante de lo que había hace 20 años, lo cual es bueno y malo, porque florecen centros de trasplante en ciudades pequeñas que no tiene sentido que compitan entre ellos. Es una situación difícil de controlar y en la que tiene que intervenir el Ministerio de Salud y el INCUCAI de acuerdo a las necesidades. Cada órgano tiene su complejidad, mi sesgo es el de trasplante hepático. Es más sencillo abrir centros de trasplante renal, mientras que el trasplante cardíaco o pulmonar tienen mayor complejidad; o el intestinal, que solamente se realiza en dos instituciones.

Lo más importante es la tasa de donación, que ha ido aumentando con el tiempo, pero todavía estamos en niveles muy bajos comparados a otros países como Brasil, y ni hablar como España, que tiene una tasa de donante por millón a la que todos queremos llegar (NdR: en 2022, ese país alcanzó una tasa de 46,3 donantes por millón).

—¿Cómo han evolucionado las enfermedades hepáticas? ¿Existe una mayor exposición de las personas a contraer enfermedades graves vinculadas a la hepatología?

El doctor Manuel Mendizábal es miembro de la Sociedad Argentina de Trasplante, se especializó en la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia, Estados Unidos, y actualmente es jefe de Hepatología y subjefe de Trasplante Hepático del Hospital Universitario AustralEl doctor Manuel Mendizábal es miembro de la Sociedad Argentina de Trasplante, se especializó en la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia, Estados Unidos, y actualmente es jefe de Hepatología y subjefe de Trasplante Hepático del Hospital Universitario Austral

— Históricamente, la infección crónica por hepatitis C era la principal indicación de trasplante en Argentina y Occidente. Esta indicación ha caído dramáticamente, se creó una medicación muy efectiva para tratar el virus de la hepatitis y los pacientes dejaron de evolucionar a la cirrosis. Lo que estamos viendo es una pandemia no infecciosa que es la del hígado graso, que no quiere decir todas las personas con hígado graso van a recibir una indicación de trasplante, sino que el síndrome metabólico que estamos viendo con el sobrepeso, diabetes, la hipertensión, y las dislipemias evolucionan de la esteatohepatitis no alcohólica, produciendo la cirrosis hepática. Esto se está convirtiendo en las principales indicaciones de trasplante junto al tumor hepático y el alcohol, que pienso que ha aumentado un poco pospandemia.

—¿El hígado graso es una condición biológica o se adquiere?

—Son las dos cosas. Existe una predisposición genética a tener el síndrome metabólico que incluye el hígado graso, pero si no ejercitamos y comemos de manera saludable, potenciamos esa tendencia para que se desarrolle de manera más agresiva. Lo importante es que no todos los pacientes con hígado graso evolucionan a cirrosis, sino que es un porcentaje muy menor, mientras haya una vida saludable, dieta balanceada y actividad física para evitar cualquier tipo de complicación.

— ¿Qué le sucede a una persona que atraviesa por un trasplante de órganos?

—El cambio es enorme con cualquier órgano trasplantado. Hay que imaginar un paciente en diálisis, que tiene que ir tres veces por semana a conectarse a una máquina durante cuatro horas. La calidad de vida es pésima; además, te debilita, perdés masa muscular e independencia. De repente llegás a un trasplante y todo eso desaparece con controles médicos y medicación, es un cambio muy importante. Lo mismo sucede con un paciente con enfermedad hepática crónica que tiene complicaciones como puede ser ascitis, que es la acumulación de líquidos en la panza, a la que hay que pinchar con una jeringa y vaciar cada dos o tres semanas. No se pueden realizar actividad habituales y sociales, pero el trasplante cambia radicalmente. Los pacientes se emocionan tanto que lo festejan como un segundo cumpleaños, con una reunión familiar, y nos suelen invitar a los médicos también. Hasta se genera un vínculo tan fuerte que el médico del trasplante pasa a convertirse en médico de cabecera, cuando no debería ser así, pero es la confianza que el paciente tiene con el equipo. A veces, es difícil hacer ese “destete”.

Los casos de hígado graso se encuentran en aumento debido al incremento de la pacientes con obesidad, sobrepeso y otras afecciones metabólicas (Gettyimages)Los casos de hígado graso se encuentran en aumento debido al incremento de la pacientes con obesidad, sobrepeso y otras afecciones metabólicas (Gettyimages)

—¿Cuál es la experiencia que más le impactó?

— Impactan mucho los casos de mujeres jóvenes, que vienen arrastrando enfermedades desde la pediatría, llegan a adultas, las trasplantan y después son madres. Hay pacientes que han elegido a médicos del equipo como padrinos de su hijo. Otros pacientes se involucran en campañas de donación, o concretan sus sueños cuando nos representan en los Juegos del Mundial del Trasplante, donde tienen natación, atletismo y otros deportes. Verlos participar con el logo del hospital, y que traigan sus medallas, moviliza bastante. La verdad es lo que te motiva seguir haciendo esto. No hay ningún día que uno no sienta un cosquilleo o que no se sorprenda con lo bien que evolucionan los pacientes. El día que no lo haga, ese día dejaremos de hacer trasplantes. Es lo que te seduce al final del día para seguir haciendo esto más allá de las inclemencias del país.

—¿Qué opina acerca de los criterios y las prioridades que establece el sistema para alcanzar el trasplante?

—Es un sistema muy transparente y trata de ser lo más equitativo posible, aunque no es perfecto. Lo que trata de hacer el sistema de lista es trasplantar al que está más enfermo primero, y que no sea algo por una cuestión de tiempo en lista. Se crean distintos sistemas de puntuación y eso le da un puntaje adicional a los pacientes con patologías específicas, algo que se va puliendo con el tiempo. Pero todavía hay pacientes que no terminan de quedar amparados por ese sistema. Personalmente me quedo con la transparencia: los pacientes pueden ver en qué posición estar, llamar al Incucai y consultar qué pueden hacer para tener prioridad. El INCUCAI no discrimina, todo lo contrario, asesora y me parece que lo maneja bien.

El trasplante cambia radicalmente al vida de los pacientes. "Se emocionan tanto que lo festejan como un segundo cumpleaños, con una reunión familiar, y nos suelen invitar a los médicos también", dijo el doctor Mendizábal (Getty Images)El trasplante cambia radicalmente al vida de los pacientes. "Se emocionan tanto que lo festejan como un segundo cumpleaños, con una reunión familiar, y nos suelen invitar a los médicos también", dijo el doctor Mendizábal (Getty Images)

—¿Qué cambios trajo la sanción de la “Ley Justina”?

—En 2019, el año en que se implementó ,hubo mayor número de donantes a nivel nacional, después vino la pandemia y no hemos podido llegar a ese número. La ley Justina define a todo paciente como todo donante, a no ser que eso sea rechazado en vida por el paciente. A mí eso me genera un poco de ruido y dicotomía que alguien termine donando sin su consentimiento, porque la donación es un acto de caridad, de amor, en el que uno está consciente de que va a querer donar. Las familias ayudan y apoyan, pero la pandemia nos hizo retroceder 15 casilleros, y todavía no llegamos a esos niveles alcanzados en 2019.

—En las últimas décadas aumentó la ingesta de alcohol en edades más temprana. ¿Cómo impacta en el organismo en relación al riesgo de estas enfermedades?

—Obviamente impacta de manera negativa a largo plazo el consumo temprano, y varía mucho entre varones y mujeres. Las mujeres tienen una tolerancia menor al alcohol, con menor cantidad de gramos diarios de ingesta pueden evolucionar más rápidamente a una enfermedad hepática crónica. A diferencia del tabaco, donde hay campañas públicas agresivas y muchos centros deportivos prohibieron los auspicios de compañías tabacaleras, con el alcohol eso no sucedió para nada, todo lo contrario. Hay una responsabilidad social en cuanto a la venta de alcohol al consumo y a la difusión, que tampoco está controlado. Creo que lo único relevante que se ha hecho es la ley de tolerancia cero de alcohol al volante, pero después en cuánto a largo plazo no hay ningún tipo de políticas públicas que se monitoreen activamente.

—¿Qué tipos de medidas son necesarias para que se incremente la tasa de trasplantes?

—Falta mucha de difusión de los medios y en redes sociales que muestran cuántas vidas puede salvar un paciente que dona. De un paciente que fallece joven pueden lograrse siete trasplantes; son siete pacientes que pueden prolongar su vida. Ese impacto la gente tiene que saberlo, además de que se tiene que saber que el proceso de ablación es transparente. Y tiene que haber apoyo económico del Estado en cuanto a la donación y la procuración. El equipo de procuración es el que mantiene al donante hasta que salga el proceso de ablación, ese equipo tiene que tener un apoyo fuerte en lo logístico, en la capacitación y en la remuneración. Nosotros también como sociedad científica tenemos que fomentar la educación médica del trasplante porque es una especialidad de nicho, los médicos no saben lo beneficioso que puede resultar. Estado, sociedad médica y pacientes tenemos que impulsar y fomentar la donación y el trasplante.

Fuente: Infobae

Salud

Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral

Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.

Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.

En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.

Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro

Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.

Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.

La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.

Qué tipo de juegos tienen más impacto

Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.

En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.

A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.

Bienestar mental y uso moderado

El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.

Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.

Fuente: TN

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Salud

El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo

Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.

Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.

La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.

Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.

Una enfermedad con muchas aristas

La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.

En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.

“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.

Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis

El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.

A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.

Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.

Fuente: Infobae

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Salud

Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad

La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.

Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.

En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.

La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.

“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.

En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).

Los matices de la ansiedad

Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.

La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.

Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.

“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.

No minimizar la ansiedad

Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.

Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.

Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional

El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.

“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.

Fuente: TN

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