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"La inteligencia artificial va a transformar muchos empleos"
En su columna sobre "La era de los datos" por Radio Facundo Quiroga, el consultor Horacio Ojeda abrió el debate sobre lo que significan los nuevos tiempos y lo prioritario que es adaptarse para no quedar fuera. Aseguró que el desempleo es el principal miedo ya que la Inteligencia Artificial llevará a adaptar ciertas profesiones y a crear otras, por lo que remarcó que la capacitación continúa y la integración es el mejor arma.
"Todo va a cambiar tan rápido, el impacto en la sociedad va a ser tan fuerte y el miedo al cambio es inherente al ser humano, el miedo a lo desconocido muchas veces. El primero tiene que ver con el desempleo, se pregunta mucho por la gente que quedaría sin empleos y demás. En realidad habrá un cambio en los empleos y en las habilidades que requieren las personas para poder adaptarse y las empresas para poder incorporar esos cambios, esas nuevas tecnologías. Es algo que ya ha ocurrido, cada vez que una tecnología disruptiva viene al mercado siempre hay gente que se ve afectada, empleos que se ven transformados y gente que se adapta más rápido o menos a esa situación. Por ejemplo, la revolución industrial hoy se puede decir que creó más empleos de los que destruyó pero la transición fue dificilísima y esos cambios generaron después que los sistemas educativos y demás se fueran adaptando pero no fue tan rápido", afirmó.
Respecto a cómo afrontar, Ojeda manifestó que "el desempleo es una preocupación, la inteligencia artificial va a transformar muchos empleos, es posible que en el mediano plazo se creen más de lo que se destruyen, pero en el corto plazo depende de la capacidad de adaptación y de las habilidades de cada uno y es un tema de construcción social, ninguno de estos temas lo podemos resolver solos. En eso el gobierno tiene mucho que ver, los sistemas de contención, la velocidad a la que se adapta el sistema educativo formal para inyectar esas nuevas habilidades y sobre todo también pensando en aquellas cosas que la inteligencia artificial y para las cuales necesitamos nuevas habilidades".
"Las personas nos estamos adaptando a diferentes velocidades según sea el contexto en el que nos manejamos, por eso los medios de comunicación son importantes y la motivación es a ir investigar, preguntar, curiosear un poco sobre el tema porque todos estamos aprendiendo", explicó.
Y agregó que "también aparece la ética con la que uno emplee la inteligencia artificial en cualquier proyecto, ese es otro gran desafío con la infinidad de riesgos que aparecen ahí".
Cómo nos distribuimos el valor creado por la inteligencia artificial es otra de las grandes preguntas que tampoco es de resolución individual. Al respecto indicó que "tiene que ver más con un colectivo. Generacionalmente, no es lo mismo alguien de la generación X que creció la gran mayoría sin teléfono celular, por ejemplo y ni hablar de pantallas táctiles y demás, con las generaciones Y, la generación Z porque es la mano de la aceleración de los cambios y la forma de vincularse. La educación es lo único que iguala de verdad y que combate el desempleo de verdad, la educación de calidad, tanto formal e informal, pero es muy importante la educación formal, y qué respuesta dan los gobiernos a esto. Hoy tiene que ver mucho con a qué velocidad la población misma entiende el cambio y adquiera las nuevas habilidades, y empieza a prepararse y a trabajar, a vincularse con eso".
"Algo que se llama estupidez artificial, tiene que ver con que la inteligencia artificial a pesar de que se vende como algo perfecto y demás, la verdad es que no lo es, tiene muchos errores. Esto forma parte del perfeccionamiento de los sistemas, puede haber fallas en el algoritmo como en los datos. No es algo perfecto. Y el otro tema son los cesgos discriminatorios que es algo relevante porque los sistemas de inteligencia artificial, para poder aprender, tienen un algoritmo, un sistema propio, pero además son entrenados con datos. Y esos datos en general provienen de cosas reales. Entonces, ahí los humanos fuimos entregando muchísimos datos, años y años de datos, a algoritmos para que aprendan, por ejemplo, a seleccionar personas, para que aprendan a otorgar créditos a las personas y hay que ajustar todos esos detalles, explicó.
Sobre esto, ejemplificó que "una consultora implementó un sistema entrenado con diez años de contrataciones de las grandes multinacionales y después sufrió muchas críticas y ahí hubo estudios que marcaban de que estaba en favor de los hombres. Nadie pidió discriminar positivamente. Sin embargo, evidentemente aprendió de los diez años de entrenamiento y a pesar de que nunca se mencionaba el género en el dato, en la base de datos el género nunca estaba. Lo que pasa es que, seguramente por las palabras que utilizaban en la descripción, por una serie de palabras que se utilizaban en las descripciones de los currículos, además aprendió a diferenciar qué es uno y qué es otro".
Por último, agregó que "la capacidad de adaptarse y que el aprendizaje muchas veces conlleva golpes y esfuerzo. Pero en este caso estamos hablando de golpes grandes, más complejos que pueden venir de la mano de posteriores soluciones increíbles como los que puede estar en la inteligencia artificial".
Fuente: MediosYEstrategias
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El 60% de los argentinos no trabaja de lo que estudió y solo 2 de cada 10 ejerce su profesión soñada
El desajuste entre formación académica y empleo es una de las principales características del mercado laboral argentino. De acuerdo con un relevamiento privado, el 61% de los trabajadores en el país se desempeña en un área que no está vinculada con lo que estudió y solo 2 de cada 10 ejerce su profesión soñada.
El dato surge de un estudio elaborado por Bumeran en base a 2.391 casos en Argentina, Chile, Ecuador, Panamá y Perú. El informe analiza la relación entre la formación, las aspiraciones y el trabajo efectivo, y muestra que la mayoría de los trabajadores no logra trasladar su educación al ámbito laboral.
Una brecha persistente
El informe muestra que la tendencia se mantiene estable en el tiempo. Aunque hubo una leve mejora respecto del año anterior —cuando el 63% no trabajaba de lo que había estudiado—, la proporción continúa siendo mayoritaria.
La distancia entre estudio y empleo se manifiesta con mayor intensidad en los trabajadores más jóvenes. Entre quienes tienen entre 18 y 30 años, el 74% no se desempeña en un área vinculada con su formación. A medida que aumenta la edad, la relación entre estudios y trabajo tiende a fortalecerse: el porcentaje desciende al 59% entre quienes tienen entre 30 y 50 años y al 52% en los mayores de 50.
Por género también se observan diferencias. El 70% de las personas que no se identifican ni como hombres ni como mujeres afirma no trabajar en algo relacionado con lo que estudió, mientras que esa proporción es del 61% entre los hombres y del 59% entre las mujeres. Estas últimas son, dentro del relevamiento, quienes presentan mayor correspondencia entre formación y empleo.
Expectativas, frustración y satisfacción laboral
Más allá del vínculo entre estudios y ocupación, el informe indaga en las percepciones de los trabajadores frente a esta situación. El 35% señala que siente agradecimiento por tener empleo, aun cuando no esté relacionado con su formación o con lo que aspiraba a hacer. En paralelo, el 31% expresa frustración por no poder desarrollarse en el área que estudió o soñó, mientras que un 12% manifiesta insatisfacción.
“Los resultados del estudio muestran una desconexión entre la formación y el desarrollo profesional. Argentina lidera la tendencia en la región con el 61% de los talentos que no trabajan de lo que estudiaron”, afirmó Federico Barni, CEO de Bumeran en Jobint.
La brecha entre expectativas y realidad laboral también se observa cuando se analizan los sueños de infancia. Solo el 20% de los empleados afirma trabajar actualmente en la actividad que deseaba cuando era niño, mientras que el 80% no logró concretar esa aspiración.
La insatisfacción laboral aparece como otro rasgo extendido. El 84% de los trabajadores afirma no sentirse satisfecho con su empleo actual, el nivel más alto entre los países relevados.
De la formación al empleo: trayectorias no lineales
Aun así, el estudio muestra que existe cierta coherencia entre los intereses de la infancia y las decisiones educativas. En Argentina, el 53% de los trabajadores estudió algo relacionado con lo que soñaba ser de niño, lo que indica que el desajuste se produce, en gran medida, en la inserción laboral y no en la elección de la formación.
Entre las carreras más elegidas aparecen Ingeniería (22%), profesorado (16%), Marketing (12%), Derecho (10%) y Periodismo (8%).
Sin embargo, al observar las ocupaciones actuales, el mapa es diferente. En el caso de las mujeres, los empleos más frecuentes son ventas (30%), docencia (25%) y tareas de caja (21%). Entre los hombres, predominan también las ventas (37%) y la atención en caja (17%), seguidas por ingeniería (9%).
Estas diferencias entre formación y empleo refuerzan el diagnóstico central del informe: la trayectoria educativa no siempre se traduce en una inserción laboral acorde.
Las nuevas tendencias
El relevamiento también aborda las habilidades que los trabajadores consideran más valoradas en el mercado laboral actual. Entre ellas se destacan las vinculadas a la informática, el trabajo en equipo y la capacidad de estrategia y negociación, lo que sugiere un cambio en las demandas del mercado respecto de las trayectorias formales tradicionales.
En paralelo, los sueños laborales de las nuevas generaciones muestran transformaciones. Las opciones más mencionadas incluyen actividades vinculadas a la creación de contenido y la exposición pública, como ser influencer o youtuber, lo que marca una diferencia respecto de las aspiraciones tradicionales relevadas en generaciones anteriores.
En conjunto, los datos reflejan un mercado laboral en el que predominan trayectorias no lineales, con recorridos que se alejan de la formación inicial y de las expectativas construidas durante la infancia.
Fuente: Infobae
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Cerraron una escuela de 128 años en un pueblo de Jujuy y crece la preocupación porque haya más casos
En Queta, Jujuy, no hay una plaza central, ni una municipalidad, ni calles con nombres. Queta es su escuela. Es el punto de encuentro donde las familias, dispersas entre cerros y distancias de tres horas a pie, se juntan para ser algo más que individuos aislados. Por eso, cuando el año pasado cerraron la Escuela N° 71, no solo pusieron un candado: firmaron el acta de defunción de toda una comunidad.
Ese edificio tiene 128 años. Allí se educaron cinco generaciones; por sus aulas pasaron bisabuelos, abuelos, padres e hijos. La lógica de la política de hoy dice que lo que antes funcionaba ya no sirve. Las razones son la baja natalidad y el éxodo, pero lo que no dicen es que el cierre de la escuela es, en realidad, un motor que acelera esa misma huida.
Bajo el eufemismo de “nuclearización”, el Ministerio de Educación de Jujuy (mediante la Resolución 2914) busca fusionar o agrupar escuelas que tienen entre 1 y 15 alumnos. En la provincia hay 102 establecimientos en esta situación, la mayoría en las zonas más pobres y de población indígena.
Si le preguntamos a un economista, nos hablará de “costo-beneficio” y dirá que una escuela con un solo alumno es ineficiente. Y tiene razón. Pero si el objetivo es frenar la desertificación del territorio, la eficiencia no puede medirse solo en pesos.
Entre 2007 y 2024, en Jujuy cerraron 60 escuelas rurales. Y muchas otras van a seguir la misma suerte. Corren peligro varias escuelas de la Puna y la Quebrada: 27 de ellas corresponden a la Región II (Tilcara, Maimará, y Humahuaca), 24 a la Región VII (Abra Pampa), y 22 a la Región I (La Quiaca).
En Salta, el panorama es igual de desolador: 66 escuelas cerradas en las últimas dos décadas. Nombres como Paso del Rey, Rivadavia o Santa Victoria Oeste aparecen en las listas de “peligro”. Lo que administrativamente parece un ahorro en lo humanitario es muy negativo.
Cuando una escuela cierra, el pueblo pierde su único referente del Estado, su centro de salud informal y su corazón social. Sin escuela, los padres pierden la última razón para quedarse. Las comunidades indígenas denuncian, con razón, que esto rompe el Pacto Social por la Educación.
Hace más de un siglo, la Argentina se pensó a sí misma abriendo escuelas en cada rincón para poblar el territorio. Se entendía que donde llegaba un maestro, llegaba la civilización, el arraigo y el futuro. Hoy estamos recorriendo el camino inverso.
Fuente: TN
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Era abogado, fue elegido entre los mejores chefs del mundo y abrió un bistró al lado de la estación Retiro
En el borde de las vías y con los trenes que llegan y salen como paisaje de fondo, el cocinero Facundo Kelemen acaba de inaugurar Chuchú, su nuevo restaurante dentro del Museo Nacional Ferroviario Raúl Scalabrini Ortiz.
El proyecto marca un giro en su recorrido: más grande, más familiar y más cotidiano, pero con la misma idea que atraviesa su cocina desde el comienzo: modernizar los clásicos argentinos y hacerlos muy bien.
Un restaurante junto a las vías
El nombre no es casual. “Lo elegí yo”, contó Kelemen a TN. Chuchú dialoga con el entorno ferroviario sin caer en la tematización excesiva: la ambientación “remite a los bistrós franceses y los diners norteamericanos" y hay detalles sutiles como rieles en los platos o alrededor de la barra, así como una ventana en forma de tradicional boletería que recibe a los comensales y los deja pispear lo que pasa en la cocina.
El espacio, además, implica un salto de escala importante respecto de su restaurante Mengano.
“Mengano es un proyecto muy chico y me divertía el tipo de desafío de hacer algo mucho más grande. Pasé de 35 cubiertos a más de 140, y si doblás mesas podés llegar a más de 300”, explicó.
Esa diferencia condicionó la propuesta: Chuchú debía ser necesariamente más accesible y más flexible en su funcionamiento cotidiano.
Ubicado en una zona con poca oferta gastronómica de este tipo y con una gran terraza protegida de la calle, el restaurante apunta tanto a familias como a trabajadores de oficinas cercanas y visitantes del museo.
Una revelación en Valencia y el paso de abogado a cocinero
La historia de Kelemen no empezó en una cocina. Antes fue abogado, incluso llegó a completar una maestría en derecho empresario. Y cómo a muchos estudiantes, un intercambio en el exterior le cambió la vida.
El suyo fue en Valencia, España, y terminó redefiniendo su rumbo. Allí, mientras vivía solo por primera vez, empezó a cocinarse a diario, su paladar se ensanchó y se descubrió una nueva pasión por la gastronomía. “Me intrigó mucho el sushi, por ejemplo, cómo hacerlo”, recordó sobre sus primeros experimentos.
De regreso en Buenos Aires, Kelemen combinó por un tiempo el ejercicio del derecho con clases de cocina, hasta que decidió dar el salto y renunció a su trabajo.
Su primera experiencia al frente de una cocina -la de un bar con un amigo -fue abrupta y caótica. “Fue medio un desastre”, se río, pero la experiencia marcó el punto de no retorno.
Después llegó una suplencia en un restaurante de Vicente López, unos años en Tegui y una temporada de stages en cocinas de Nueva York mientras su pareja estudiaba en la universidad de Columbia.
Fuente: TN