Salud
“Isma” tiene 13 y es un caso único en el país: superó una leucemia con dos trasplantes y conocerá a su ángel
Palidez, desmayos, dos vómitos por día, moretones y un peso de 22 kilos a los 10 años. Todo eso sufrió Ismael durante dos meses hasta que le diagnosticaron cáncer de médula. “Se estaba apagando”, dijo su madre antes de que aparezca Diego, el salvador al que conocerá en unos pocos días.
El infierno que vivieron María Eugenia e Ismael comenzó en octubre de 2019, cuando ella empezó a ver a su hijo pálido. A los pocos días se le sumó un severo problema estomacal, acompañado de vómitos y una fuerte reducción de peso. Los médicos estuvieron dos meses para detectar lo que tenía y los diagnósticos fueron de todo tipo: desde un trastorno alimenticio o una gastroenteritis hasta a una anemia. Finalmente, recibieron la peor noticia posible: Leucemia SMD y síndrome midoplásico.
La leucemia que sufría Ismael no era muy frecuente en la Argentina y suele darse en adultos cuyo cuerpo no produce suficientes células sanguíneas sanas. El médico que habló con María Eugenia fue más directo: “Me dijo que tenía muerte de médula. Ya no le funcionaba, estaba secándose y tenía muy pocos registros que lo mantenían con vida, necesitaba si o si un trasplante de médula para vivir”.
A partir de ese momento quedaba una sola esperanza: que alguna de sus tres hermanas mayores fueran compatibles con él y pudieran hacer un trasplante de médula. Eso no ocurrió y la esperanza de sobrevivir se diluyó. “El médico me dijo que Ismael tenía los días y las horas contadas, que algún órgano podía fallar”, recordó María Eugenia.
Pasaron los días, los meses y los años, Ismael estaba anotado en el INCUCAI, pero el trasplante no llegaba. La rutina era la misma: María Eugenia y su hijo vivían una semana dentro del hospital oncólogico de Córdoba capital y otra en su casa de Río Cuarto. Todo en plena pandemia por el covid-19. Ella, que trabaja como personal doméstico, cuenta que tenía que pedirle a sus empleadores que los lleven en autos porque “estaba débil y sus venas se reventaban”.
En el hospital lo sometieron a un tratamiento sumamente invasivo: siete días seguidos de quimioterapia y luego otros siete de descanso, llegó a tomar 28 pastillas diarias para sostener su estado de salud. Cumplió años dos veces en el centro de salud y el pedido siempre fue el mismo: “Me pedía que le regalara una médula”, cuenta a TN su mamá.
Los médicos le habían aconsejado a María Eugenia que su hijo tome una medicación que salía $500.000, algo impagable para su familia. Fue en ese entonces que apareció a quien ella nombra como “el ángel anónimo”, un apadrinador que pagó el tratamiento durante 11 meses. “Es uno de los ángeles que tuvo”, agrega.

Once fueron los meses que estuvo transitando el agresivo y costoso tratamiento, hasta que apareció la primera posibilidad de un trasplante. Se trataba de una persona que tenía compatibilidad con Ismael desde Estados Unidos. Al donante se le dieron tres fechas para presentarse, pero jamás se presentó a la donación. “Ahí el doctor nos dijo que estaba en la cuerda floja, que lo disfrutáramos en el día a día”, relata María Eugenia.
Todo el 2020 y gran parte del 2021 lo pasaron viajando todas las semanas de Río Cuarto a Córdoba capital para tratar de mantener con vida a “Isma”. En octubre de 2021 se abrió una nueva luz de esperanza y apareció un nuevo donante. El 6 de ese mes se realizó el trasplante, Ismael estuvo internado durante 18 días hasta que le dieron el alta.
Cuatro días después, madre e hijo arribaron al hogar “Soles” de Córdoba capital donde los asistieron y les prestaron una habitación para poder estar cerca del hospital. Esa misma noche, a las tres de la mañana, Ismael la despertó a María Eugenia con una hemorragia. Inmediatamente, fue trasladado al hospital de Córdoba, donde le hicieron una punción de médula ósea que dio negativa: apenas cuatro días después del alta, el pequeño ya no tenía más células del donante.
“Mi dolor en ese momento fue mucho, porque había pasado mucho tiempo esperando a un donante. Él estaba en un peso de 22 kilos, muy sufrido, muy desganado. No tenía fuerzas para caminar, se quedaba sin oxígeno. Decayó mucho”, explicó su mamá, quien lo acompañó durante dos meses y 28 días en el hospital haciéndose transfusiones diarias -dos veces por día- alimentándose por una sonda y sin salir a la calle “por vergüenza de que lo vieran así”.
Pasados tres meses del segundo mazazo apareció un nuevo donante. Sin embargo, ella no quería que Ismael tenga una nueva desilusión, entonces le prometió que lo iba a dejar decidir a él. “Le dije que respetaba su cuerpo. Que si no quería más, iba a respetar esa decisión porque era su cuerpo, no el mío”. Parecía no haber caso: “No quería hacérselo, estaba muy enojado. Sus músculos se habían atrofiado”.
Finalmente, lograron convencerlo, pero esta vez el tratamiento fue mucho más duro: lo sometieron a sesiones de rayos. “Era riesgoso que su cuerpo lo soportara, que sus órganos lo soportaran”, contó María Eugenia Cejas. El 29 de diciembre le hicieron el trasplante y tuvo que quedarse dos meses más en el hospital. En marzo le dieron el alta y se quedaron nueve meses en el hogar mientras se hacía controles diarios, análisis y tomaba 28 pastillas diarias.
En el transcurso de esos nueve meses se le realizaron punciones de médula para evaluar el valor de las células del donante. Él necesitaba que sus células sean 100% compatibles y en el primer análisis dio 97,8%. Luego dio 100% hasta el día de hoy, aunque los médicos no pueden confirmar que ese porcentaje no disminuya.
Después de tres años pudo pasar la navidad del 2022 en su casa, pero en el medio fue testigo de un infierno que así relata su madre: “Vio morir chicos, vio el dolor de los demás y escuchó llorar padres dentro de las internaciones del hospital. Lloraba por cada nene que se iba. Una vez se enojó y pedía que le pasé a él y no al niño. Aprendió a mirar más allá de su dolor”.
Hoy Ismael volvió al colegio, cursa el segundo año del secundario, pero consciente de que puede tener recaídas a futuro. “Lo hemos hablado y él sabe que no está curado. Necesita siete años en remisión para tener el alta definitiva”, cuenta su madre.

El encuentro virtual con su salvador y la posibilidad de conocerlo en persona
A más de un año del trasplante, María Eugenia e Ismael querían conocer a la persona que le salvó la vida. Se contactaron con el INCUCAI y le aclararon que si no había consentimiento de ambas partes, el encuentro nunca se iba a poder realizar. Casualidad o no, Diego Olguín -su donante- se había contactado con el Instituto una semana antes. Las almas querían unirse.
El tramiterío propio de un evento así demandó dos meses y la mañana del 15 de febrero -justo el día del cáncer infantil- llegaron los tan ansiados datos. “Cuando vi el nombre y el teléfono lo quería llamar a las 8 de la mañana. Aguanté hasta las 9, lo llamé y no atendió”. A las horas, sonó el teléfono: “Hola, soy el donante y quiero saber quién está del otro lado”, dijo Diego.
Diego le contó a TN que sabía que la persona que iba a recibir su médula era un niño y quería conocerlo. “En el primer llamado lo primero que me dijo fue gracias por salvarle la vida a mi hijo, son palabras que nunca me voy a olvidar en la vida. Fue un llamado más o menos de 15 minutos, yo hablé muy poquito y ella habló mucho. Me hizo un súper resumen, me agradecía, lloraba y yo también lloraba. Yo realmente no caía sobre lo que estaba pasando, fue un golpazo muy fuerte de emoción y de alegría”, detalla.

El contacto con Ismael se demoró un poco más porque ninguno de los dos quería presionarlo. “Obviamente, quería hablar con él, pero me conformaba con saber que él estaba bien”, dijo Diego. En el mientras tanto, las fotos fueron y vinieron de un lado a otro, hasta que un día María Eugenia le mostró a Ismael: “Se le llenaron los ojos de lágrimas y se quedó en silencio. Le dije que podía conocerlo si quería”. Dos semanas después ocurrió el contacto.
“Conocerlo a él fue un regalo, fue de yapa. Hicimos una videollamada y fue sumamente emocionante. Se dio todo muy natural. Yo sabía que era un poco tímido, así que le hablaba y trataba de que él estuviera cómodo. Y la verdad es que en un momento estuvimos muy cómodos los dos. Me contó de su vida, de sus experiencias, en cuanto a los tratamientos. Después se súper tranquilizó y estaba muy cómodo. Fue a su habitación, me empezó a mostrar todos los juguetes, tiene una colección de motos y yo estaba feliz hablando con él”, describió Olguín.
Luego los contactos se hicieron frecuentes y Diego identifica a Ismael como “una pieza fundamental” de su vida a la que quiere conocer mucho más a futuro. Y el tan esperado encuentro se dará el próximo 4 de abril en Buenos Aires, cuando el INCUCAI realice un evento por los 20 años del primer trasplante de médula ósea en la Argentina. “Son almas gemelas que se van a encontrar”, dice su mamá.
Fuente: TN
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN
Salud
Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular
Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.
Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.
El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.
No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo
“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.
En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.
Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.
Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel
El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.
Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.
No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.
En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.
Hábitos simples que pueden hacer una diferencia
“Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.
La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.
También conviene:
- usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
- no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
- limpiar con frecuencia la funda;
- evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
- consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.
En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.
Fuente: TN
Salud
La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla
Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.
Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.
Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.
Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.
La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:
- Antioxidantes.
- Vitaminas E, B6 y B12.
- Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.
Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.
Alimentos recomendados para una buena salud cerebral
Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.
La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:
- Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
- Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
- Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
- Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
- El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
- Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
- Legumbres: cuatro o más veces/semana.
- Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
- Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.
Otros alimentos que también son buenos
Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.
Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.
Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos
Cómo adoptar la dieta MIND
Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:
- Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
- Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
- Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
- Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
- Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
- Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
- Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.
Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.
Fuente: TN