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A 10 años del pontificado de Francisco: la necesidad de generar una nueva mentalidad en la Iglesia
Los televisores y las radios encendidas, el mundo pendiente, se nombraría en cualquier momento el nuevo Papa, el que debía suceder a Benedicto XVI, quien inusitadamente había renunciado a su puesto de Obispo de Roma, diciendo que: “he llegado a la certeza de que mis fuerzas, dada mi avanzada edad, ya no se corresponden con las de un adecuado ejercicio del ministerio petrino”. Así es, porque sus energías no le daban, dicho anuncio cargaba tras de sí verdades develadas que denotaban la profunda crisis sistémica y estructural que se estaba viviendo intramuros. Ya se habían debelado serios problemas en el Banco Vaticano, como también los abusos contra menores de edad cometidos por miembros del clero y, sumado a lo anterior, la revelación de documentos secretos que dieron cuenta de las implicancias que tendría la Santa Sede en eventos de corrupción. Él no podía hacer frente a toda esta realidad que se estaba comenzando a conocer, había mucha mugre debajo de la alfombra.
La expectación subía, se especulaban los nombres de quien tomaría el mando de la Iglesia Católica, se levantaban perfiles buscando con ello a quien podrías ser la mejor persona. Los especialistas llenaban las columnas de diarios y portales dando cuenta de su opinión, llegando buena parte de ellos a plantear que debía ser europeo, con un carácter fuerte para hacer frente a tan complejo panorama. El humo blanco, ya se había esparcido en ciudad de Roma, el nombre ya estaba claro y solo había que esperar.
Las cortinas comenzaron a abrirse, las miradas en la plaza de San Pedro se entrecruzan, las oraciones se escuchaban en la intimidad de la esperanza, el silencio se hizo carne. El micrófono se enciende y el protodiácono Jean-Louis Tauran, siguiendo la tradición, notifica a las gentes: “Os anuncio una gran alegría: ¡tenemos papa! El eminentísimo y reverendísimo señor don Jorge Mario, cardenal Bergoglio de la Santa Iglesia Romana, quien se ha puesto el nombre de Francisco”.
Con una caminata lenta y la mirada en la muchedumbre se asomó al balcón central de la Plaza de San Pedro. Se veía sereno, vestido de blanco, llamó la atención que no vestía la muceta roja sobre sus hombros (una pequeña capa hasta los codos ribeteada con pelo blanco), símbolo regio, costumbre arraigada desde el siglo XIII.
Marcó los silencios, levantó su mano derecha saludando, sonrió y comenzó diciendo: “Hermanos y hermanas, buenas tardes. Sabéis que el deber del cónclave era dar un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo; pero aquí estamos... Y ahora quisiera dar la bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para que el Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la bendición para su obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí...”
De esta forma, asumió Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco, un hombre que desde su sola mención marcó ser el primero en varios aspectos: el primer papa no europeo, latinoamericano, y por ende primer argentino, primer jesuita en ocupar dicho cargo y primer sumo pontífice en llamarse Francisco.
Nacido el 17 de diciembre de 1936, en Buenos Aires, Argentina, descendiente de familia de emigrantes piamonteses llegados a las costas americanas en febrero de 1929, siguiendo los pasos de millones de compatriotas que por diversas razones buscaron mejores posibilidades económicas y de estabilidad familiar. Debemos recordar que desde el 1800 a 1950, encontramos la llegada de italianos a puertos Americanos principalmente a Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Chile y otros países. De esta forma, llega la familia Bergoglio a Argentina, serán sus abuelos Giovanni Angelo y Rosa Margherita, quienes dejando una pequeña cafetería en Turín, fueron los promotores de la idea del viaje siguiendo a un hermano de Giovani que ya estaba establecido en este país. Hijo de Mario quien se desempeñó como contador y empleado en ferrocarril y su madre, Regina Sivori, trabajaba en casa y se preocupaba de la educación de los cinco hijos.
Estudió Jorge Mario en el colegio salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles de la localidad de Ramos Mejía para posteriormente cursar estudios en la escuela secundaria industrial E.N.E.T N.º 27 Hipólito Yrigoyen, diplomándose de técnico químico, eligiendo luego, a los 21 años el camino del sacerdocio entrando en el seminario diocesano de Villa Devoto y el 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús, completando sus estudios de humanidades en Chile en 1963. Posteriormente continuó sus estudios en filosofía y teología, siendo ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, accediendo a la profesión perpetua el 22 de abril de 1973. Desde entonces cumplió varios deberes en la Orden alcanzando a ser provincial de la misma desde 1973 hasta 1979, durante la dictadura militar argentina. Por sus competencias particulares y su capacidad fue con los años nombrado Obispo, Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal. Hasta llegar al Papado después de un cónclave que duró 25 horas y media con al menos cuatro votaciones de los 115 cardenales electores.
El mundo actual denota cambios en todos los aspectos, desde la vida cotidiana hasta los procesos de análisis históricos. Actualmente las campanas que llamaban a cumplir labores cotidianas no se escuchan, sino solo el deambular de vehículos y personas por las calles atestadas de preocupaciones, entre miradas a los edificios cada día más altos, y los asfaltos que le ganan a las plantaciones de antaño. Es un mundo desilusionado de estructuras de siempre, que dejaron entrever por los cerrojos de las puertas las pérdidas de control moral y ético, hundiéndose en la desventura de los márgenes de la corrupción, de los sinsabores del dinero fácil y del abuso de poder cayendo en las mentiras develadas en las realidades del pueblo, que buscando veracidades choca con la puerta de los hombres sin conciencia.
Francisco, teniendo claro los antecedentes se arremanga la camisa, se coloca los zapatos más cómodos que tiene, los que hace traer de Argentina, los mismos que usaba cuando cumplía funciones en su país, dejando con esto los mocasines rojos. Se cuelga una cruz de hierro y se coloca el anillo de plata y no de oro, no más joyas que atenten ante la pobreza del mundo. Además comienza a usar un casquete muy sencillo. Los autos no pueden ser de lujo solo deben cumplir su función de transportar.
La humildad no solo emerge en las palabras sino en el actuar. Marcando pautas a seguir, como fue el caso ocurrido en la semana Santa del 2013 donde asistió al centro correccional de menores Casal del Marmo, en Roma, donde lavó los pies de los reclusos. Son muchos los ejemplos de este argentino fanático del futbol e hincha de San Lorenzo, como lo fue que al ser elegido Papa una de las primeras cosas que hizo fue dirigirse personalmente a un céntrico hospedaje de Roma para pagar la cuenta donde se había hospedado, hoy está convencido que todo aquel que ocupe un cargo debe cancelar su hospedaje, como ya lo dispuso en febrero 2023 en donde se eliminan los alquileres gratuitos o económicos de las casas de propiedad de la Santa Sede a los cardenales, obispos y otros altos dirigentes vaticanos.
Durante estos diez años comienza a dejar de lado muchas costumbres papales que no permitían ver el sol. Ya no más vivir en los departamentos papales, alejado de la realidad, sino permanecer en una habitación de la residencia, denominada Casa Santa Marta, lugar ocupado desde su elección. Celebrando misa, no cerrada y para unos pocos, sino invitando cada mañana a los trabajadores del Vaticano y a los fieles católicos que desean acompañarlo. Almuerza en varias ocasiones en el casino, punto de reunión de los trabajadores del vaticano.
Pero el problema era de fondo y no solo de forma, algo ya sabía, pero no estaba al tanto de su profundidad. Un hombre que conocía la pobreza y las complejas realidades que viven las familias que menos tienen, un jesuita que toda su vida había sido parte de un continente que se atrevió a plantear una teología desde su realidad, la teología de la Liberación. Un pedazo de tierra que durante mucho tiempo fue y en algunos casos sigue siendo el patio trasero de los poderes imperantes, un continente en donde la vivencia católica se plasma desde la realidad y no solo de los discursos y proclamas Vaticanas. Un lugar no tocado directamente por las guerras mundiales pero sí enlutado por las dictaduras militares. Un bello espacio geográfico en el que las cordilleras se alzan como tocando el cielo, dejando sus cúspides nevadas donde los ríos cruzan y dan forma a lugares verdes y bosques milenarios, un verdadero pulmón de la humanidad.
¿Cómo enfrentar los problemas que se iban conociendo? ¿Cómo hacerse cargo del legado de los pontífices anteriores? Durante este tiempo, en lo personal he visualizado dos líneas claras de ejecución: la primera y más compleja hace referencia al tema de los abusos de poder, conciencia y sexuales y, la segunda, concerniente la reforma en la curia. Estamos claros que se pueden visualizar más, pero estas conllevan cambios en la dinámica global de la iglesia dirigida por Francisco.
Fuente: Infobae
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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”
De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.
Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.
Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.
Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida
Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.
Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.
En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.
Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.
Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?
La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.
La noche en que todo cambió
Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.
Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.
“¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que sí. Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.
A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.
Una historia con fecha de vencimiento
Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.
Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.
Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.
Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.
La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.
El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?
Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.
Los trenes que los separaban también los volvían a unir
El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.
Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.
Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.
Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.
Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.
Fuente: TN
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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela
En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.
Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.
En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.
“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.
La situación en Venezuela hoy
Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.
Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.
Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.
El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794
El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.
Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).
Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.
Fuente: TN
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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección
Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.
En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.
Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.
La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.
El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.
“No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.
En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.
“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.
El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.
Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.
Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.
La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.
La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.
Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.
Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.
Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.
Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.
También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.
Fuente: TN