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7 consejos para aumentar la energía de forma natural y no sentirse cansado

Los buenos hábitos son una condición indispensable para una tener buena salud física y mental. Muchas personas llevan una dieta balanceada y hacen ejercicio y, sin embargo, con frecuencia se sienten cansados. Los expertos coinciden en que un conjunto de pequeñas acciones cotidianas es lo que da resultados para sentirse saludable y enérgico.

Si uno come abundantes porciones de frutas y verduras pero duerme poco, o practica deporte pero no puede controlar el estrés, el cansancio vencerá. Aquí una lista de 7 consejos para practicar a diario y aumentar los niveles de energía de manera natural:

1. Controlar el estrés

Los expertos aconsejan buscar técnicas y herramientas para lidiar con los contratiempos en lugar de extender el proceso traumáticoLos expertos aconsejan buscar técnicas y herramientas para lidiar con los contratiempos en lugar de extender el proceso traumático

Las situaciones traumáticas consumen grandes cantidades de energía corporal. El estrés agobia y provoca agotamiento, en la mente y en el cuerpo. Para entender este proceso, el doctor Daniel López Rosetti, cardiólogo y jefe del servicio de Medicina del Estrés del Hospital Municipal de San Isidro, explicó en Infobae que el primer mecanismo corporal ante el estrés agudo es prepararse para luchar o huir del otro (ese otro puede ser una persona, un problema o cualquier dificultadad).

Frente a ese evento intenso, como usted siente que tiene que correr o huir, el corazón va a ir más rápido porque va a necesitar más sangre para los músculos. La presión arterial va a subir porque va a necesitar más presión para irrigar a los músculos para luchar o para huir. También se altera el azúcar en sangre, que es un combustible, y los niveles de azúcar se elevan porque usted necesita más combustible para los músculos”, detalló López Rosetti.

Este es un mecanismo habitual frente a escenarios complejos y traumáticos, sin embargo atravesar este proceso es caro emocional y físicamente. Por eso, López Rosetti recomendó que “cuanto menos veces en su vida reaccione con ira o estrés agudo, es mejor para su bienestar mental, psicológico y emocional”.

En el camino para controlar el estrés, existen muchas opciones: desde hablar con un amigo o familiar, unirse a un grupo de apoyo o consultar a un psicoterapeuta. También la meditación, el yoga u otra práctica de relajación son recursos para gestionar las emociones negativas.

2. El secreto del buen dormir

Dormir bien por la noche es importante en todas las etapas de la vida, pero particularmente a medida que se envejece (Getty)Dormir bien por la noche es importante en todas las etapas de la vida, pero particularmente a medida que se envejece (Getty)

“La anormalidad en el ciclo del sueño es una consecuencia de la vida moderna, las personas redujeron la cantidad de horas que duermen y eso deteriora la salud, tanto a nivel físico como mental. La falta de sueño genera malestar o embotamiento mental y además aumenta el riesgo de adoptar estilos de vida no saludables (como fumar, incrementar la ingesta de alimentos sin tener hambre, postergar responsabilidades) y altera la estabilidad del estado anímico”, explicó la neumonóloga Mirta Castro, especialista en sueño y miembro del Comité Sueño, Oxigenoterapia y Asistencia Ventilatoria de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria.

Según los expertos, una persona debe dormir entre 7 y 9 horas para poder renovar energías y afrontar las actividades del día siguiente. Aunque advierten que no existe un “número mágico” de horas de sueño que permita, ineludiblemente, obtener un descanso reparador. De todas maneras, sí existe certezas sobre qué ocurre cuando se descansa profundamente.

Durante el sueño, el cuerpo se “resetea”. Es decir que en ese tiempo el organismo afronta una serie de acciones que garantizan los procesos de recuperación. Cuando esto no ocurre, existen chances de que surjan problemas tales como: enfermedades cardíacas, disfunción eréctil y un sistema inmunitario debilitado.

3. Actividad física cada día

La Organización Mundial de la Salud recomienda realizar 150 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa (Getty Images)La Organización Mundial de la Salud recomienda realizar 150 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa (Getty Images)

Cuando realizamos actividad física el organismo se oxigena y descarga tensiones. El ejercicio le aporta a las células más energía para quemar y hace circular el oxígeno. Además, puede conducir a niveles más altos de dopamina en el cerebro, lo que ayuda a mejorar el estado de ánimo.

El ejercicio ayuda a liberar hormonas saludables como las endorfinas, oxitocina, serotonina, dopamina, las llamadas hormonas de la felicidad, que contrarrestan el estrés oxidativo del día a día, además de mejorar el descanso, entre otras cosas”, dijo a Infobae Francisco Ozores, profesor nacional de Educación Física, especialista en fitness y diplomado en Nutrición Deportiva.

Una forma sencilla de moverse más es simplemente caminar, una actividad cotidiana al alcance de todos. Seguir pequeños trucos al principio puede ayudar para sumar pasos cada día: dejar el auto más lejos del lugar de destino, evitar el transporte público para distancias menores a 15 cuadras, buscar recorridos silenciosos o apacibles cerca del hogar para hacer caminatas diarias de al menos 30 minutos.

4. Obtener energía de los alimentos

(Getty Images)(Getty Images)

Los alimentos con un índice glucémico bajo, cuyos azúcares se absorben lentamente, son los más recomendados para potenciar la energía, en contraposición a los platos altos en carbohidratos, que tienen los índices glucémicos más altos.

Además de los componentes del plato para comer bien, los expertos de Harvard subrayan que el tipo de carbohidratos en la alimentación es más importante que la cantidad de éstosEsto se debe a que algunas fuentes de carbohidratos, como los vegetales (a excepción de las patatas/papas), las frutas, los granos integrales y las legumbres, son más saludables que otros.

Por eso, lo aconsejable es mantener un plan de alimentación que incluya muchas frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Además, elegir alimentos que aportan energía al cuerpo, como la banana, la palta y el brócoli (contienen potasio para la recuperación muscular), el huevo, los frutos secos, las semillas de chía, la avena y los cereales integrales en general, legumbres, carnes rojas magras y pescado.

5. Evitar el cigarrillo

La nicotina como los otros químicos del cigarrillo llegan hasta la sangre a través de los pulmones. Desde allí, la nicotina se propaga rápidamente por todo el cuerpo (Getty)La nicotina como los otros químicos del cigarrillo llegan hasta la sangre a través de los pulmones. Desde allí, la nicotina se propaga rápidamente por todo el cuerpo (Getty)

Fumar daña la salud y aumenta exponecialmente el riesgo de desarrollar enfermedades graves. Cada año, más de 8 millones de personas mueren a causa del tabaco. Sin embargo, además de las consecuencias severas en el organismo, aún para quienes consumen 5 cigarrillos por día, el tabaco produce cansancio al debilitar los músculos.

La nicotina del tabaco es un estimulante, por lo que acelera el ritmo cardíaco, eleva la presión arterial y estimula la actividad de las ondas cerebrales asociadas con la vigilia, lo que dificulta conciliar el sueño.

Una invesigación de la Universidad de Amsterdam, en Holanda, demostró que las personas que fuman se cansan más rápido que los de los no fumadores sin importar la cantidad de cigarrillos que consuman. La fatiga corporal está asociada a la baja oxigenación que provoca la nicotina.

6. Limitar el alcohol

El alcohol hace que los vasos sanguíneos se dilaten, y esto puede provocar dolores de cabeza (Getty)El alcohol hace que los vasos sanguíneos se dilaten, y esto puede provocar dolores de cabeza (Getty)

Los expertos de la Clínica Mayo de EEUU, destacan que el alcohol puede provocar una caída del azúcar en sangre. Si el nivel de azúcar en sangre cae a niveles muy bajos, puede aparecer fatiga, debilidad y alteración del estado de ánimo.

El efecto sedante del alcohol es especialmente fuerte al mediodía. Del mismo modo, hay que evitar tomar una copa o un vaso de cerveza al salir del trabajo, si se quiere tener energía por la noche.

Además, las bebidas alcohólicas pueden provocar sueño o somnolencia, pero impiden que se alcancen las fases del sueño más profundas y suele provocar que las personas se despierten en medio de la noche. Inevitablemente, ese mal descanso produce cansancio.

7. Tomar mucha agua

La mejor manera de vencer la deshidratación es beber antes de tener sedLa mejor manera de vencer la deshidratación es beber antes de tener sed

Si al organismo le falta hidratación, uno de los primeros signos es una sensación de fatiga. Beber agua en sus múltiples formas es imprescindible porque mantener el cuerpo hidratado es algo esencial para la vida.

Un consumo suficiente permite eliminar toxinas, mantener la piel sana, otorga energía y contribuye a una buena digestión.

El agua está en todas células del cuerpo y esas células necesitan agua para funcionar de manera eficiente. Desde lubricar las articulaciones hasta bombear sangre a los músculos, se necesita agua para realizar casi todas las funciones corporales.

Lo recomendable es tomar 8 vasos de agua o, su equivalente, dos litros por día, obviamente el requerimiento de líquido varía según el tamaño corporal, la sudoración y el tipo de actividad física que se realice. Sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en que 8 vasos al día sigue siendo una referencia válida para evitar el cansancio y mantener la energía corporal.

 

 

 

Fuente: Infobae

Salud

Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad

La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.

Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.

En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.

La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.

“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.

En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).

Los matices de la ansiedad

Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.

La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.

Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.

“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.

No minimizar la ansiedad

Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.

Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.

Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional

El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.

“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.

Fuente: TN

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Salud

Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular

Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.

Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.

El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.

No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo

“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.

En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.

Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.

Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel

El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.

Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.

No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.

En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.

Hábitos simples que pueden hacer una diferencia

Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.

La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.

También conviene:

  • usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
  • no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
  • limpiar con frecuencia la funda;
  • evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
  • consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.

En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.

Fuente: TN

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Salud

La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla

Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.

Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.

Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.

Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.

La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:

  • Antioxidantes.
  • Vitaminas E, B6 y B12.
  • Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.

Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.

Alimentos recomendados para una buena salud cerebral

Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.

La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:

  • Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
  • Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
  • Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
  • Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
  • El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
  • Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
  • Legumbres: cuatro o más veces/semana.
  • Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
  • Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.

Otros alimentos que también son buenos

Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.

Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.

Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos

Cómo adoptar la dieta MIND

Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:

  • Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
  • Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
  • Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
  • Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
  • Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
  • Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
  • Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.

Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.

Fuente: TN

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