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Salud

El nuevo protector solar “eléctrico” revoluciona la industria

La feria de tecnología más importante del mundo presentó un producto que pretende optimizar la forma en la que nos protegemos del Sol, aunque todavía tiene algunos problemas a solucionar.

La CES 2019 involucra un abanico muy extenso en cuanto a los rubros de innovaciones tecnológicas, uno de ellos es el de la salud. Es por eso que la compañía alemana Wagner Group desarrolló un protector solar revolucionario que pretende salir al mercado en el mes de mayo.

El producto se llama Ioniq, es un spray que tiene el objetivo de proteger la piel sin dejar las manos pegajosas y alcanzar todas las partes del cuerpo con mayor efectividad.

El sistema funciona mediante la atracción de un líquido magnético a la piel de manera automática. Se basa en los campos magnéticos entre la piel y el dispositivo. Dentro del envase hay dos almohadillas metálicas que cuando se presionan generan una carga eléctrica en el cuerpo.

El concepto teórico es el mismo que se aplica a cuando el pelo es atraído a un globo por la carga eléctrica.

Aplica la misma tecnología que se utiliza para la pintura de los autos ya que la compañía en realidad se especializa el revestimiento para pinturas y otros líquidos para la industria automotriz.

Sin embargo, a pesar de lo revolucionario del producto, todavía existen algunos detalles y errores resolver. Por ejemplo, no se puede aplicar en el cuerpo si la persona tiene un marcapasos; genera un toque eléctrico cuando hay un contacto con otra persona después de usarlo; y no es recomendable aplicarlo en la cara por la posible entrada de partículas eléctricas en los orificios de la nariz, los oídos o los ojos

La proyección que hacen desde la compañía en cuanto al precio es de US$100 pero todavía no está confirmado.

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Salud

¿Un análisis de sangre podrá ayudar a detectar el alzheimer?

Esta enfermedad neurodegenerativa afecta a más de medio millón de argentinos. Conocé todos los detalles de un estudio pionero.

Según una investigación efectuada por científicos del Conicet y la Fundación Instituto Leloir (FIL), un análisis de sangre podrá ayudar a detectar precozmente el alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que padece más de medio millón de argentinos.

Distintas demostraciones experimentales en pacientes y modelos animales de esta patología sugieren que, en el cerebro afectado, se reduce el consumo de glucosa, fuente esencial de energía para las neuronas. Los científicos llegaron a la conclusión de que esa alteración puede ser detectada en las plaquetas, uno de los componentes de la sangre que se encargan del proceso de coagulación y reparación de vasos.

“Las plaquetas podrían reflejar los déficits energéticos y los procesos de estrés inflamatorio y oxidativo que tienen lugar en el cerebro de los pacientes con alzheimer”, destacó la doctora Laura Morelli, directora del estudio y miembro del Laboratorio de Amiloidosis y Neurodegeneración en la FIL.

“Lo que hicimos en el laboratorio fue aislar las plaquetas de la sangre (en ratas) y determinar la capacidad de las mitocondrias para consumir oxígeno y generar energía. Comparamos dos grupos de animales, uno sano y otro enfermo, y vimos que en el último grupo las mitocondrias trabajaban de menos”, explicó la profesional en diálogo con la agencia Télam.

“Esos resultados avalan el uso de plaquetas como indicadores de la función energética cerebral. Esa determinación ayudaría a reflejar a nivel periférico algo que está ocurriendo a nivel central en el organismo, y que sumado a otros análisis específicos podría definir un diagnóstico temprano de alzheimer”, reveló Morelli.

Por último, la doctora se refirió a si en un futuro cercano este examen pionero se pude transformar en un análisis de rutina en la gente: “En general todo lo que le hace bien al corazón le hace también bien al cerebro, pero la realidad es que no hay todavía un tratamiento o droga específicos para el alzheimer, por lo que nos abocamos a mejorar la calidad de vida del paciente. Todavía falta para que este estudio se transforme en un análisis de rutina, pero es muy importante descubrir biomarcadores o indicadores que nos permitan abordar a tiempo el alzheimer en humanos”.

Y completó:

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Salud

La temerosa cantidad de hombres y mujeres obesos que habrá en 2030

La cifra es tremendamente impactante y te va a sorprender.

El 80% de los hombres y el 55% de las mujeres serán obesos en España en 2030, según un estudio presentado hoy, que cifra en 3.000 millones de euros el sobrecoste al sistema de salud. Los datos “están en la línea de lo que está pasando en Europa, una línea de moderado crecimiento de la prevalencia del exceso de peso en la población adulta”, dijo Álvaro Hernáez, uno de los responsables de la investigación realizada por el hospital del Mar de Barcelona.

Entre 1987 y 2014 se produjo un incremento anual del sobrepeso del 0,28% en hombres y del 0,10% en mujeres, y el incremento de la obesidad osciló entre el 0,5% en los hombres y el 0,25% en las mujeres, según los investigadores.

En 2016 había 3 millones de personas más con sobrepeso u obesidad que una década antes. Si la tendencia continúa igual, en 2030 habrá 27 millones de obesos afectando al 80% de los hombres y al 55% de las mujeres.

“En los hombres, el exceso de peso es más corriente hasta los 50 años. Después, a partir de los 50, aumenta más la obesidad entre las mujeres. Son cuestiones intrínsecas relacionadas con el metabolismo hormonal. A partir de cierta edad, a las mujeres les cuesta más controlar su peso”, explicó Albert Goday, endocrinólogo y otro de los autores del estudio. El gasto sanitario derivado del sobrepeso se situó en 2016 en 1.950 millones de euros y si la evolución se mantiene podría superar los 3.000 millones en los próximos 12 años.

El exceso de peso aumenta el riesgo de sufrir enfermedades como la diabetes, la hipertensión, el ictus, el cáncer y dolencias cardiovasculares. La mitad del gasto es para los costes directos que suponen la atención médica y la medicación, mientras que la otra parte son los costes indirectos que incluyen las bajas laborales, ayudas, etc. Los expertos reclaman para romper la tendencia una mayor educación nutricional y políticas para promover hábitos saludables pues “es cuestión de educación sanitaria pero también de política de precios, como la tasa a los refrescos”, apuntó Goday.

La tendencia, claro está, excede a España: va en la misma dirección en Europa y en el resto del mundo.

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Salud

Era fanática del gimnasio, pero su cuerpo dijo basta y ahora alerta: “El ejercicio casi me mata”

La tenebrosa experiencia de una mujer que quiso “subir un escalón más”, superó los límites saludables y sufrió un mal llamado rabdomiólisis.

Tina Matin era una mujer proactiva que hacia deporte rutinariamente. En marzo de 2016 logró terminar la media maratón de Nueva York, tras la cual continuó entrenando todos los días. Estaba en uno de sus mejores estados físicos, entonces decidió aumentar la intensidad de su entrenamiento con una nueva instructora que trabajaba en el gimnasio de lujo donde hacía ejercicio.

Matin compartió lo que ocurrió después con la periodista Mirel Ketchiff, editora de la sección de Salud de la revista Shape.

Esta es su historia en primera persona:

“Hago ejercicio, diría yo, cuatro o cinco días a la semana por lo menos. Por lo general corro entre 30 y 50 kilómetros semanalmente, pero también hago barre, yoga y trato de tomarme un día de reposo. Así que no todo es súper duro.

Corrí la media maratón de Nueva York en marzo de 2016, y después, iba al gimnasio todos los días. Tenía muy buen estado físico, pero le dije a una nueva entrenadora con la que estaba a punto de empezar a entrenar que me sentía como si me hubiera estancado un poco y que mi objetivo era llegar al siguiente nivel y, tal vez, adelgazar un poco también.

En abril, tuvimos nuestra primera sesión, un entrenamiento de cuerpo completo, que mi gimnasio ofreció gratuitamente como beneficio. No siempre hago ejercicio con un entrenador. Lo hice antes de mi matrimonio, sin embargo, a veces sentía que ese entrenador no me estaba exigiendo lo suficiente; era mucho trabajo de zona media y de fuerza, es decir, solo movimientos muy controlados.

Lo que era diferente de este entrenamiento era que sentía que estaba perdiendo el control. He hecho ejercicio antes por mi cuenta, en clases y con entrenadores, y sé lo que es ejercitar de la forma apropiada. Pero en algunos de estos ejercicios, especialmente en las dominadas negativas que ella me hacía hacer (en los que saltas de una caja o subes del suelo a la parte superior de una dominada y bajas lentamente), me sentía como si estuviera cayendo demasiado fuerte o simplemente perdiendo el movimiento lento y controlado al que estaba acostumbrada. Estaba saltando y sujetándome de la barra, pero en lugar de volver a bajar, me estaba desplomando hacia abajo, una y otra vez. Sentía que me estaba impactando, impactando mi cuerpo.

Y recuerdo que le dije a esta instructora: ‘Estoy fracasando’. Estaba sufriendo un fallo muscular, ese punto en el que mis brazos temblaban y estaba literalmente colapsando una y otra vez. Pero ella decía, supongo que para motivarme, ‘¡Uno más, dos más, puedes hacerlo!’. Así que seguí adelante. Estaba motivada y mi entrenadora, de pie a mi lado, me alentaba: no quería abandonar en medio de un gimnasio delante de todo el mundo.

Dentro de las siguientes dos o tres horas, estaba en el trabajo y me sentía realmente dolorida. Fue un dolor muy intenso, del tipo que suele aparecer uno o dos días después de hacer ejercicio, pero en esta ocasión ocurrió a las dos o tres horas después de la sesión. Me sentía ridículamente adolorida y ni siquiera podía abrir las puertas pesadas del trabajo; no podía extender o doblar los brazos completamente. Le envié un mensaje a mi entrenadora y le dije: ‘Me duelen mucho los brazos, se sienten como si fueran fideos’. Ella me dijo: ‘Hiciste un gran trabajo, estarás mejor en uno o dos días’.

Así que seguí con mi día y pensé: ‘Tal vez no he hecho mucho trabajo en la parte superior del cuerpo últimamente’. Pero creo que fue una de las primeras señales de advertencia, haber estado tan adolorida en tan poco tiempo y haber perdido capacidad de movimiento.

Al día siguiente era sábado, y todavía estaba muy dolorida. Pero salí a correr, de todas maneras, porque a veces eso me ayuda a relajarme un poco. Terminé de correr, pero igualmente sentí un dolor agudo en mis brazos, hombros, pecho y en la parte superior de la espalda, también.

Esa noche salí y mientras me preparaba, me puse un suéter recortado que era unas pulgadas más corto de lo que debería haber sido, al punto de que pensé que la tintorería podría haberlo encogido, hasta que recordé que aún no la había llevado a la tintorería. Ese fue la segunda alarma roja: obviamente estaba en esa etapa de hinchazón, pero yo pensaba que mi ropa se estaba achicando.

Esa noche tomé un poco de vino y un cóctel durante la cena, tal vez cuatro o cinco tragos en el transcurso de seis o siete horas. Al día siguiente almorcé con un amigo y todavía no podía enderezar o doblar los brazos, ya dos días después del entrenamiento. De regreso a casa me cambié de ropa, y fue entonces cuando me miré al espejo y pensé: ‘Dios mío’. Me parecía al Hombre Michelin.

La ruptura de fibras musculares libera una proteína que puede dañar al riñón

La ruptura de fibras musculares libera una proteína que puede dañar al riñón

Busqué en Google ‘brazos muy hinchados después del ejercicio’ y empecé a ver resultados sobre una enfermedad, la rabdomiólisis, que es básicamente cuando hay tanta desintegración de los tejidos musculares que se vierte una proteína dañina en la sangre que puede ser muy peligrosa. Puede manifestarse después de entrenamientos intensos, pero realmente cualquier forma de daño muscular que sea lo suficientemente severo puede causarlo. Mi marido empezó a buscarlo en Google y dijo: ‘Bueno, es tan poco común, y tu orina no es de color cola’, que según lo que él estaba leyendo era el síntoma principal. Pero aun así decidí ir a urgencias por la hinchazón.

Así que fui y no mencioné siquiera la rabdomiólisis, pero les dije: ‘Hice ejercicio, estoy muy inflamada, me duele’. Me hicieron una muestra de orina y un análisis de sangre inmediatamente, y mientras esperaba me conectaron una vía intravenosa, porque pensaron que estaba deshidratada. Y volvieron con el análisis de sangre y dijeron: ‘Sí, es rabdomiólisis, y te vamos a internar en el hospital’. Ahí fue cuando pensé, vale, esto es realmente serio.

Me admitieron en el ala de cardiología, porque mis niveles de potasio eran muy altos, lo que alerta, porque significa que puedes tener un ataque al corazón. Siempre he sido sana; ahora estaba sentada en el ala cardiológica con una vía intravenosa que administraba un líquido continuo –que es el único tratamiento para la rabdomiólisis– en la mano, porque mis brazos estaban tan rígidos e hinchados que no podían encontrar ni una vena en ellos. Los médicos me pesaron, y pesaba cuatro kilos más que mi peso normal debido a la inflamación. Pensé que debían estar equivocados. ¡No subes cuatro kilos en un día!

Los médicos tenían que analizar mi sangre cada cuatro y seis horas; incluso me despertaban durante la noche. Estaban probando los niveles de una enzima muscular llamada CPK. El nivel de CPK para una persona normal debe estar entre 10 y 120 UI/litro. Fui admitida con 38.000 UI/litro.

Por supuesto que le dije a mi marido: ‘¡Te lo dije!’ Él leyó que es muy raro, pero le dije a cada uno de los médicos que vi (vi a cinco o seis médicos en diferentes ocasiones durante todo este proceso), y cada uno dijo que habían visto un caso similar en la última semana. Me decían: ‘Oh, sí, ya sabes, con CrossFit y SoulCycle, es más común. Y después de la maratón vimos un montón…’.

La buena noticia es que no sufrí ningún daño renal. El gran problema con la rabdomiólisis es que toda la enzima muscular que se descompone en la sangre tiene que salir del cuerpo, por lo que pasa a través de los riñones. Y cuando está a un nivel tan alto, si no lo diluyes con toneladas y toneladas de agua –más de lo que puedes beber (estuve con una intravenosa continua durante cuatro días completos hasta que quedaron satisfechos con mis niveles de CPK)– puede provocar insuficiencia renal.

Más tarde, cuando busqué en Google ‘rabdomiólisis’ con mayor frecuencia, me di cuenta de que algunos blogs y en ciertas comunidades de fitness, como CrossFit, tienden a hablar de la afección de forma casual: leí que la gente hablaba de ‘conocer al tío Rhabdo’, o hacía referencias de ese estilo. Hablaban de ello como si fuera similar a un calambre o casi como una insignia de honor. Eso es peligroso; es algo muy serio, la gente muere. No es algo que se pueda ignorar.

Pero mis médicos me dijeron que no veían ninguna indicación de que mi condición fuera tan extrema. Mi orina nunca cambió de color, que es el síntoma definitivo de que algo anda mal. Por lo general, dijo un médico, la gente solo viene cuando está en ese punto de peligro y puede ser mucho peor.

Aun así, al principio pensé que pasaría una noche en el hospital y luego me mandarían a casa. Pero no me dieron de alta hasta cuatro días después, e incluso entonces fue solo porque causé tanto revuelo; estaba desesperada por estar en casa. Lo más frustrante es que no hay un estimado de tiempo de internación que puedan darte. Todos los días, le preguntaba: ‘¿Cuánto tiempo más?’ Y ellos respondieron: ‘No lo sabemos. Depende de la persona’. Aprendí que cuanto más musculoso eres, peor puede ser, ya que tienes mucho más músculo que descomponer.

Incluso después de cuatro días, mi CPK se había reducido a solo 17.000 UI/litro. Me dejaron ir a casa siempre y cuando prometiera seguir su plan de tratamiento: beber toneladas de agua, no comer alimentos salados, no tomar cafeína, no beber alcohol, no hacer ejercicio o sudar en absoluto; solo podía caminar 10 o 15 minutos a la vez. ‘No puedes arriesgarte a deshidratarte para nada’. Dijeron que lo hiciera durante al menos tres semanas. Fue muy frustrante pasar de ser una persona tan activa a no hacer nada.

Dos o tres días después de salir del hospital, mi CPK bajó a 13.000 UI/litro, lo que me tranquilizó. Y una semana después de eso, mis niveles volvieron a ser completamente normales. Lo loco es que a lo largo de todo esto, me sentí totalmente normal. Excepto por la hinchazón; me sentí hinchada por la intravenosa, pero eso es todo. No tenía fiebre, nada.

Mis médicos me dijeron que tenía que esperar un mes para volver a hacer ejercicio.La cuestión es que no hay mucha información sobre qué ejercicios hacer después de la rabdomiólisis. Un médico dijo: ‘No hagas ningún ejercicio para la parte superior del cuerpo’, porque eso fue lo que me provocó la mía. Así que ahora he estado corriendo de nuevo, y hago yoga, que nunca me ha hecho daño. Hago más clases de estiramiento y clases de regeneración, como el barre. Pero solía hacer entrenamientos intensivos o clases de HIIT una vez a la semana, a las cuales no he vuelto. Para ser honesta, tengo miedo de forzarme a mí misma. No confío en mí misma; sé que al menos una vez me esforcé tanto que terminé en el hospital. Y los médicos no saben si es más probable que esto vuelva a suceder ahora que ya ha ocurrido.

También me niego a volver a entrenar con un instructor por ahora. Creo que no puedo culpar a nadie más que a mí misma; no me detuve, y estoy segura de que no ayudó que corriera y bebiera al día siguiente, ya que me deshidraté. Pero al mismo tiempo, todos los médicos me dijeron: “Tienes que decirle al gimnasio y a tu entrenador lo que pasó”. No quería que nadie se metiera en problemas, y sé que también fue mi culpa, pero también es cierto que el entrenador debería conocer los síntomas de la enfermedad. Sus acciones contribuyen: tanto en la medida en que te exigen como en lo que dicen después del entrenamiento si te quejas de tus dolores musculares.

Así que llamé a mi gimnasio y resultó ser una de esas llamadas en las que la empresa intenta desligarse de cualquier tipo de responsabilidad, a pesar de que yo tenía claro que mi accionar había jugado un papel relevante y que no estaba tratando de que despidieran a nadie. Me dijeron que mi nutrición no debe haber sido muy buena para causar esto, me preguntaron si le dije al entrenador que tenía que parar, me dijeron que ella no había hecho nada malo. Me dijeron que incluso revisaron mi correspondencia con ella, lo que me hizo volver a mirar nuestros mensajes de texto, y vi que dos horas después de la sesión de ejercicios le había dicho que estaba muy dolorida. Durante el entrenamiento, usé las palabras, “mis músculos están fallándome”. La entrenadora principal, que estaba de guardia, dijo que en sus 15 años como entrenadora sólo había visto un sólo caso de rabdomiolisis. Pero mis médicos dijeron que acababan de ver a un paciente la semana pasada. No es una enfermedad tan rara que sólo afecta a los adictos al CrossFit o a los fisicoculturistas.

Hace unas semanas me encontré con un viejo instructor con quien solía entrenar. Le conté todo, casi como si fuera una historia divertida. ¿Y sabes una cosa? Ni siquiera había oído hablar del rabdomiólisis. Estamos hablando de entrenadores en un gimnasio de lujo que se enorgullece de su enfoque “científico” hacia la gimnasia. Pero obviamente el gimnasio no les está diciendo a sus entrenadores sobre el rabdomiólisis. Eso es frustrante, y da miedo, porque le puede pasar a cualquiera.

Fuente: Infobae

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Salud

Los 5 alimentos que hay que cambiar cuanto antes para perder peso

Tomá nota de estos 5 ejemplos que te serán de gran ayuda durante el verano.

Ya pasaron las fiestas de fin de año, las comidas largas y abundantes y es momento de comenzar a controlar lo que ingerimos, cómo lo hacemos y qué alimentos debemos incorporar con la temporada de calor que, por el clima, nos puede ayudar a incorporarlos mejor.

De acuerdo con la Fundación Española de la Nutrición (FEN), vivir en una sociedad como la de hoy en día, genera una obsesión por la imagen y el culto al cuerpo que ha invadido todo ámbito publicitario, cita el portal especializado Su Medico. Es precisamente el deseo hacia esa imagen o ideal de belleza corpóreo la que puede conducir a extremos que producirán severos daños en la salud.

Cómo empezar a comer sano: intercambia alimentos

En la búsqueda de “lucir mejor”, “ser más delgado”, “ser musculoso” o “verse como tal”, algunas personas utilizan métodos poco seguros y que no son recomendados por ningún especialista de la salud.

Ejemplo de esto son las dietas extremas o adelgazantes, las dietas milagro, los alimentos milagro y los productos y pastillas “mágicos”. Se ha relacionado peligrosamente la salud con la belleza.

Cómo empezar a comer sano. Por ello, una buena manera para empezar a comer sano es el pequeño “truco” de intercambiar alimentos; los alimentos nutritivos y frescos siempre serán la mejor fuente de nutrientes y en cantidades adecuadas son la opción ideal para lograr una alimentación saludable, sencilla y sostenible.

Te decimos 5 alimentos que puedes intercambiar para obtener más nutrientes en tu cuerpo, sentirte mejor y evitar enfermedades como el sobrepeso y la obesidad:

1. Helado por paleta de hielo helada. En la época de calor puedes caer en la tentación de elegir un helado; este aporta 415 calorías que provienen básicamente de azúcar y grasa. En cambio, una paleta de hielo helada puede ser tu mejor postre y si la elaboras en casa es mejor; aporta 95 calorías y si está hecha con frutas o verduras también aportaría fibra y vitaminas.

2. Refresco por agua natural. Parece la recomendación más sencilla y obvia pero resulta el intercambio más complicado para muchos. Si te cuesta mucho trabajo, puedes empezar por intercambiar el refresco por agua de frutas hecha con agua mineral.

3. Dulces por fresas. Si estás en la oficina o en casa y tu mayor tentación son los caramelos y chocolates, mejor lleva contigo frutas que puedas tomar entre tus dedos como fresas, frambuesas o uvas. Tu nueva botana será rica en antioxidantes, vitaminas, fibra y minerales.

4. Pasta común por pasta de verduras. La pasta de harina común puede ser sustituida por pastas elaboradas por ejemplo de calabaza, chícharo o zanahoria. Otra opción es elegir la pasta integral.

5. Arroz por quinoa. Esta opción es la más costosa de todas debido a que la quinoa es un alimento en tendencia que aporta proteína, fibra y es de bajo índice glucémico, comparado con el arroz.

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