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Con 18 años, inventó anteojos especiales para que los ciegos reconozcan objetos cercanos y se los regala

Rodrigo Ñáñez diseñó unos que tienen sensores de sonido y vibran. Lo hizo en su colegio, el Nuestra Señora de Itatí, en Lomas de Zamora.

Hacer algo para ayudar a la gente. Esa era la premisa que dio origen a la innovación de Rodrigo Facundo Ñañez, el joven vecino de Villa Centenario -un populoso barrio de Lomas de Zamora- que mejoró el software de unas “gafas inteligentes” para personas ciegas. “Investigando, vi que existía un modelo de gafas pero que era costoso y no tenía un buen funcionamiento. Lo que quise hacer fue reinventar un objeto caro para reducir su costo”, explica el alumno del Instituto Técnico Nuestra Señora de Itatí.

Pero el primer contacto con la mecánica se remonta a la niñez del vecino de Centenario. Cuando era pequeño, su papá y su abuelo lo introdujeron en este mundo armando y desarmando bicicletas.

Hoy, con más conocimientos en la materia, Rodrigo pudo desarrollar un prototipo de las gafas inteligentes en el marco de la materia Sistemas Digitales, que presentó en la muestra anual de su escuela, en octubre. “Lo que hice fue poner el ultrasonido con ciclos más cortos, para que no se cuelgue el sistema”, explica el joven.

Se trata de un modelo de lentes para personas ciegas, que alerta a quien los usa sobre la presencia de un objeto a una distancia de un metro. “Cuando algo interrumpe la visión del sensor ultrasonido, comienza una vibración suave y a medida que la distancia se acorta, vibra aún más”, detalla.

Los lentes utilizan energía y deben ser recargados a través de un cable USB. “Trabajan con cargador portátil de celular, pero tiene un consumo bajo y calculo que con una carga de una hora sirve para todo un día”, resalta Rodrigo.

Sin embargo, aún está en la búsqueda de que su proyecto mejore y piensa en impresiones 3D para emprolijar su creación. “Estoy haciendo el diseño 3D para imprimirlo y pasar el modelo para que quede todo escondido”, confiesa y agrega: “Un nene y un hombre más grande usaron las gafas, pero ahora las quiero imprimir para regalárselas”.

Pero la solidaridad de Rodrigo no quedó en un proyecto escolar para aprobar una materia. Paralelamente, tiene otras creaciones en su casa que también apuntan a mejorar la calidad de vida de otras personas. “Tenemos un proyecto con otro compañero que se trata de una vincha que colocada en la cabeza funciona como mouse de la computadora y también para la tablet. Es para personas con capacidades motrices diferentes”, cuenta el vecino de Villa Centenario. Y no se olvida de los chicos que tienen trastorno del espectro autista: “Hicimos una aplicación para que puedan formar una oración. Tenemos que emprolijarla”, cuenta.

Luego de su logro, el vecino de Centenario espera que se le abran otras puertas para seguir dejando volar su imaginación y dar vida a otras creaciones. “El año que viene hago pasantías y después quiero trabajar”, cuenta con convicción.

Mientras tanto, no pierde el tiempo y trabaja diariamente en la pizzería que tiene su familia en Villa Centenario.

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